jueves, 2 de julio de 2020

Altea una ciudad renacentista de nueva planta, por M del Rey



Altea es una ciudad de nueva planta, una nueva ciudad creada en los inicios del siglo XVII, la única que encontramos en el Mediterráneo español, que además conserva conserva el trazado fundacional del 1617, tanto en su estructura viaria, como algunos fragmentos de lienzos de sus murallas, en concreto los situados al Norte y Sur, junto a algún otro elemento.

  Perspectiva de la Altea amurallada del siglo XVII, a partir del plano de F. Ricaud. Autor M del Rey

Podemos distinguir el Portal Vell, la antigua entrada de Valencia, una de las dos puertas originales de acceso. La antigua Puerta de Polop desapareció, estaba situada frente a la Calle San José, junto al Castillo. Una tercera puerta, la del Mar o el Portal Nou, se abrió en 1743, dada la importancia de las viviendas extramuros en el barrio de Pescadores.  El paisaje interior conserva el viario, el parcelario y algunos edificios originales, así como una muy buena arquitectura de los siglos XVIII, XIX y XX.  Constituye el núcleo turístico por excelencia de Altea. Coexistiendo este uso con el residencial.

          Alzado del lienzo norte de la muralla de Altea en su estado actual. Documentación a partir de          la Nube de puntos escaneada con dron. Se pueden observar los fragmentos del paso de guardia.
                                               Dibujo de Miguel del Rey

Al arquitecto Gaspar Gregorio de Valencia, Cristóbal Antonelli y el carmelita Fray Mariano se les encargó por el Mestre Racional, a finales del siglo XVI, que a su paso por Altea en sus viajes a las obras de construcción del Pantano de Tibi, buscaran a instancia de la Corona, la ubicación más idónea a una nueva ciudad. Si bien no hay constancia fehaciente de que la ciudad construida fuera la proyectada por los anteriormente citados arquitectos e ingenieros militares, sí se puede afirmar que a ellos se debe la ubicación de la “Nueva Altea” y posiblemente sus trazas. No se puede negar la influencia en ellas de Cristóbal Antonelli, ni de los conocimientos en arquitectura militar del virrey Vespasiano Gonzaga. Cristóbal trabajaba para la Corona y por esas fechas andaba construyendo la Torre de la Galera. Su tío, Juan Bautista, había construido el Fuerte de Bèrnia y reconstruido el Castillo de Cap Negret a mediados del S. XVI. Ambos, como se ve, vinculados a Altea.  

Sección de una de las casas originales del siglo XVII, con el paso de guardia en el frontis de fachada  

La Fortaleza de Altea, su recinto amurallado, sus baluartes y su castillo, de la cual nos ofrece las trazas el plano del ingeniero militar F. Ricaud en 1740. fueron la ciudad de nueva planta más importante de su época en el antiguo reino de Valencia y una mole imponente en su tiempo frente a la piratería. Una implantación estratégica que condujo a un éxito demográfico y económico tal, que su población se multiplicó de manera extraordinaria hasta convertirla en una de las villas más pobladas del reino en el S. XVIII.

martes, 30 de junio de 2020

El perfil del Poblet d'Altea la Vella, por Miguel del Rey



                                            Primera imagen de Altea la Vella. S. XVIII. 

A las faldas de la Sierra de Bèrnia la topografía se define por una serie de colinas, hoy boscosas, surcadas por barrancos y ajustados valles con alguna planicie agraria; sobre una de las colinas encontramos el Poblet, también llamado Les Cases de Altea la Vella, hoy Altea la Vella, la pequeña agrupación de casas cuyo origen con algún que otro letargo se remonta a los inicios del poblamiento alteano, allá por el siglo IV antes de Cristo.
                                           
                                                                 Perfil del Castellet

Si hay algo que identifica a este pequeño caserío es su perfil característico, además del carácter de sus gentes, hospitalarias y abiertas a esa nueva colonización que desde hace unos decenios ha transformado paisaje y paisanaje. Desde la distancia, sobresale su blanca mancha sobre las colinas verdes que lo rodean. Levantado sobre un promontorio de doble cima, la parte más alta, el Castellet, es el núcleo original de Altea la Vella; el lugar donde se situó el asentamiento ibérico y el islámico.
                                          Perfil de Altea la Vella a mediados del siglo XX

La cima más baja de aquella doble colina incluye el icono principal, el que proporciona el perfil de la iglesia de Santa Anna, con cúpula semiesférica y su ajustado campanario rematado por otra pequeña cúpula. Este perfil, creado en 1886, se ha conservado en el tiempo. Fue en ese momento cuando se construyó la Iglesia que sustituyó a la antigua ermita que mantenía la forma dieciochesca que nos  muestra la iconografía de la época.  Quizás uno de los principales retos del Poblet, junto a conservar su identidad social, sea el seguir haciendo visible su elemento icónico por naturaleza, este perfil que lo identifica. La colmatación urbana, las sobreelevaciones domésticas, están agobiando y ocultando poco a poco aquello que lo identificó entre los años 1886 y 1980, su punto álgido. Un Poblet y un perfil que para muchos alteanos es una huella imborrable en el imaginario colectivo.

                                                 Perfil de Altea la Vella sobre 1975.

Publicado en el libro "Paseando por las alteas", Valencia 2016, M. del Rey

lunes, 29 de junio de 2020

Almàssera del Polopí en Altea, por Miguel del Rey




(val) Contenidor espacial amb una arquitectura industrial relativament primitiva de pilars portants i murs de tancament amb estructura d'encavallades d'acer en coberta. Façana inacabada en l'arrebossat dels seus elements.
Elements d'Interès: Instal·lacions industrials per a l'elaboració de l'oli en molt bon estat: premses de diversa capacitat, molí d'oli amb dues pedres de moldre, amb un eix giratori mogut per electricitat i vinculat per corretges transmissores a cadascun dels elements. Hi ha un bon joc de orses de fang de molt divers origen i valor.


(cast) Contenedor espacial con una arquitectura industrial relativamente primitiva de machones portantes y muros de cerramiento con estructura de cerchas de acero en cubierta. Fachada inacabada en el revoco de sus elementos.
Elementos de Interés: Instalaciones industriales para la elaboración del aceite en muy buen estado: prensas de diversa capacidad, molino aceitero con dos piedras de moler, con un eje giratorio movido por electricidad y vinculado por correas transmisoras a cada uno de los elementos. Existe un buen juego de orzas de barro de muy diverso origen y valor.

La Arquitectura de la Almazara.-
La almazara fue construida entorno a los años 1920, adosada a los edificios de vivienda colindantes, habiéndose mantenido hasta la fecha en las mismas condiciones de origen en lo relativo a su arquitectura, mientras que en el interior nos muestra un catálogo de las diversas tecnologías industriales que en el tiempo ha tenido esta industria de transformación de la aceituna.
Arquitectónicamente se trata de una estructura de nave porticada cubierta por cerchas de acero de sección ajustada y elegante soportada por pilares de ladrillo de dos palmos. El cerramiento es primario construido por bloque de de hormigón primario compuesto de hormigón y áridos rodados, de construcción muy rústica: fabrica construida sin revoco ni aislamiento o impermeabilización alguna, sin revoco interior o exterior, particularidad que proporciona a la fábrica una dureza particular, acrecentada por la existencia de mechinales propios de un posible andamiaje para terminar en su día una obra inacabada.
La cubierta a dos aguas que proporcionan las cerchas configura una fachada con los muros hastiales, una fachada que se estabiliza su esbeltez con pilares que potencian la imagen de una edificio basilical. La puerta centrada, las ventanas superiores, los pilares y machones acabados en pirámide, enfatizan la forma y proporcionan un aspecto rotundo.

El espacio Interior.-
Es una sala única, diáfana, con una pequeña entreplanta lateral, que en su interior conserva un verdadero universo de instalaciones industriales relativas a la cultura del aceite y su elaboración, con cantidad de elementos muebles y maquinaria de interés arqueológico Instalación con tracción eléctrica desde aproximadamente 1950, previo a ello la tracción era animal.

El espacio exterior.-
Lo forman unos espacios libres paralelos al antiguo camino de Alicante y situados frente a la fachada del edificio, donde hay restos de lo que fueron los antiguos depósitos de oliva de los usuarios de la instalación. Existe arbolado adulto.
Los edificios posteriores no presentan especial interés.

miércoles, 24 de junio de 2020

San Juan Bautista. Panel cerámico alteano, por Miguel del Rey



El panel de San Juan Bautista está formado por 12 piezas y dispuesto en rectángulo verticalmente. Se puede datar a mediados del siglo XIX. Ubicación: Altea

Su estado de conservación es buena y la calidad de los azulejos excelente, siendo de destacar más que el dibujo, el cromatismo y el valor pictórico del motivo. Nos muestra una escena entonada en azules y ocres de San Juan Bautista en el desierto y al fondo el agua del río Jordán y una cordillera tras él. Presenta al santo con la iconografía típica que rodea al primo de Cristo acompañado por el Cordero de Dios. Texturas y vestimenta están muy bien trabajadas y en este caso el tratamiento de la piel de cordero de la vestimenta es parte importante del tema. El paisaje toma un gran protagonismo, con un fondo muy bien trabajado en que hay que distinguir la disposición cromática y la intensidad descriptiva. En la parte baja una vitola con fondo blanco lleva la inscripción: “SN. JUAN BAUTISTA”.
Publicado en el libro "Paseando por la alteas". M del Rey. Valencia 2016

martes, 23 de junio de 2020

Riurau y Casa Martínez en Altea, por Miguel del Rey


Riurau y Casa Martínez, en la Pila. Altea  (cast)                          s. XIX
Camí del Sol del Barranc- La Pila
Personaje vinculadodon Miguel Martínez Lloret
Texto publicado en "Paseando por las alteas"


La casa Martínez en la Pila forma parte de un conjunto de edificios rurales que se encuentran al norte del Camí del Sol del Barranc. El edificio, hoy muy desfigurado, fue uno de los más interesantes de la arquitectura rural alteana, tanto por su propia estructura de granja agraria amplia y compleja, como por incluir una serie de elementos canónicos propios de la casa rural alteana de la segunda mitad del siglo XIX; en particular hay que destacar un espléndido riurau, hoy poco valorado, construido en mampostería vista de piedra de Les Quintanes, adosado a la casa original, por lo que se puede entender que la casa es anterior a la exploración agraria de una masía centrada en el cultivo de la uva pasa. La planta baja y el riurau están en buen estado y en su arquitectura podemos imaginar una muestra de la calidad de su antiguo esplendor. El espacio interno del riurau, a pesar de su desfigurada fachada, se conserva con el encanto de un lugar de vida doméstica con su estructura original.


El sistema de arcos rebajados que encontramos en este Riurau dels Martínez, sus proporciones y su forma es característico de estos secaderos de uva pasa de la parte sur de la Marina, los encontramos muy similares en Benissa y Calp. En este caso hay que señalar el interés de las fábricas de mampostería de piedra negra y el trazado de sus arcos rebajados. Además de la condición de ser un riurau inserto en un volumen de dos alturas, con una cambra -una planta superior- de uso económico para almacenamiento de cosechas, apoyando siempre este uso agrario y muy variado de los secaderos, pues desde siempre estos riuraus han sido secaderos, no solo de uva pasa, también lo han sido y en gran medida de almendra, de higos y otros productos del lugar.

Personajes vinculados:
Fue la vivienda habitual de Miguel Martínez Lloret y su esposa Clara Martínez Benimeli, una familia de la burguesía agraria alteana. Miguel Martínez dirigió durante 1936 la revista Altea y fue padre de personajes populares como Magdalena, Miguel (de Trampa), Pedro y María Martínez.


RIURAU I CASA MARTÍNEZ,  La PILA s. XIX   (Val.)
La casa Martínez a la Pila forma part d'un conjunt d'edificis rurals que es troben al nord del Camí del Sol del Barranc. L'edifici, hui molt desfigurat, va ser un dels més interessants de l'arquitectura rural alteana, tant per la pròpia estructura de granja agrària àmplia i complexa, com per incloure una sèrie d'elements canònics propis de la casa rural alteana de la segona meitat del segle XIX; en particular cal destacar un esplèndid riurau, hui poc valorat, construït en maçoneria vista de pedra de Les Quintanes, adossat a la casa original, de manera que es pot entendre que la casa, i el mas, és anterior a l'exploració agraria centrada en la pansa. La planta baixa i el riurau estan en bon estat i en la seua arquitectura podem imaginar una mostra de la qualitat del seu antic esplendor. L'espai intern del riurau, malgrat la desfigurada façana, es conserva amb l'encant d'un lloc de vida domèstica amb la seua estructura original.

El sistema d'arcs rebaixats que trobem en aquest Riurau dels Martinez, les proporcions i la forma son característics d'aquests assecadors de raïm passa de la part sud de la Marina, els trobem molt similars a Benissa i Calp. En aquest cas cal assenyalar l'interès de les fàbriques de maçoneria de pedra negra i el traçat dels seus arcs rebaixats. A més de la condició de ser un riurau inserit en un volum de dues altures, amb una cambra -una planta superior- d'ús econòmic per a emmagatzematge de collites, recolzant sempre aquest ús agrari i molt variat dels assecadors, doncs des de sempre aquests riuraus s'han estat assecadors, no només de raïm passa, també ho han estat i en gran mesura d'ametlla, de figues i altres productes del lloc.

Personatges vinculats:
Va ser la vivenda habitual de Miguel Martínez Lloret i la seva esposa Clara Martínez Benimeli, una familia de la burgesia agrària alteana. Miguel Martínez va dirigir durant 1936 la revista Altea i va ser pare de personatges populars com Magdalena, Miguel (de Trampa), Pedro i Maria Martínez.



miércoles, 10 de junio de 2020

LA CASA DE LA SENYORIA Ingeniería militar en la Altea del siglo XVI y XVII, por Miguel del Rey


LA CASA DE LA SENYORIA  Ingeniería militar en la Altea del siglo XVI y XVII*
*Publicado en el libro “Paseando por las alteas”, M del Rey, pg 348-349. Librería Mascarat/Altea

De la antigua Casa de la Senyoria nos queda el solar configurado como glorieta sin referencias a su esplendoroso pasado. Alguna vetusta imagen del pueblo desde la playa, o desde las huertas del Palasiet, nos dan noticia de su potente volumen, en particular la fotografía de autor desconocido fechada en 1908 -podemos verla en la pagina siguiente- que nos permite conocer el edificio poco tiempo antes de su derribo, donde se distingue parte del peto de su terraza, cubierta ya con tejado en ese momento. Era un contundente baluarte a la manera de torreón de esquina que flanqueaba el extremo noreste de la fortaleza que, como indica la planta de F. Ricaud, equilibraba el sistema defensivo amurallado alteano, tal como hemos comentado en apartados anteriores. Un bastión, éste, que debió tener en sus orígenes cubierta aterrazada a la manera de battería a la italiana para así poder defender la parte de la costa levante y sobre todo guardar o prevenir las posibles aguadas de moriscos, piratas corsarios o ingleses, en el estuario del río Algar, entrecruzando el fuego de sus cañones con los de la torre o el Castillo de Cap Negret.


     La imagen de la Casa de la Sernyoria, solo la conocemos a partir de esta fotografia de 1908, de autor desconocido

De la Casa de la Senyoria tenemos poca documentación, no más que la planta indefinida de F. Ricaud, grafiada en 1740, y las imágenes que ofrecemos, tanto la que acompaña este texto, como la presentada en la pág. 108 (ver 2-01). Imágenes de gran interés en las que se nos muestra el fuerte carácter defensivo del edificio en el momento previo a su derribo. Su imagen y potencia no dejaba duda sobre el poder señorial frente al municipal, vista la poca potencia formal y defensiva del bastión de la Casa del Comú. Se pueden hacer una serie de observaciones con estos documentos esenciales en la historia de Altea, el plano y estas fotografías de finales del XIX e inicios del S. XX. La primera relativa a su planta la cual, quizás, no fuera lo cuadrada que nos marca el plano del ingeniero, pues de las formas en la fotografía se percibe una tendencia más romboidal en su volumen; y la segunda sobre el potente aspecto de la arquitectura del bastión, ese altísimo edificio donde la sillería, el talud del cuerpo basamental y el cordón que impostaba y remataba su volumen bajo la línea de la battería. Una arquitectura que evidenciaba no sólo el poder, sino también el fuerte carácter defensivo de la propia fortaleza, intentando que su vista desde el mar disuadiera de cualquier intento de asalto. De todo ello nos quedan las imágenes y los planos, además del vacío  de la glorieta dende se asentaba y el talud de los muros que la configuran, donde entre sus piedras queda alguno de los antiguos sillares de piedra del viejo edificio. 

                                Plano de F. Ricaud, 1740, parcial- La casa de la Senyoria se indica con la letra G

No hay descripciones exactas de su arquitectura, sólo un relato literario en la novela Bartolomé (del Rey, 2013); entresacada su descripción de las imágenes y planos existentes, la cual puede ayudarnos a entender como podría ser el espacio interno de la Senyoria: “... las losas calizas del vestíbulo, lavadas a conciencia estos días, les conducen a la entreplanta donde está la sala. En algunos peldaños y en los descansillos, velones y candelabros dan un ambiente cálido a ese caserón desvencijado, casi abandonado, que construye la esquina nordeste de la fortaleza....  siempre pensó (Bartolomé) que la sala estaba necesitada de un mejor acomodo, era como antigua, con sus muros encalados, los modestos techos de vigas y arquillos, su forma ligeramente angulada configurando la esquina nordeste del baluarte. Lo mejor de estos salones siempre fueron las ventanas, tanto la que mira hacia Bernia, como las dos que abren al mar, dominando la bahía...”(Bartolomé, pág, 191, 1ª ed.)

jueves, 4 de junio de 2020

El puente de la carretera 332 sobre el Algar, por Miguel del Rey


El puente sobre el Algar
Publicado en el libro “Paseando por las alteas”, M del Rey. Valencia 2016, pag 142

Obras de ampliación del puente en los años 60 del s XX
    Foto publicada por l'Associació de Veïns de L'Olla - Cap Negret.
(cast) Es una estructura másica de 20 arcos levantados sobre basas originalmente de sillería, con una longitud de 258 m., más dos largos embarques a ambos lados.  Construido en 1880, resolvió definitivamente el paso del río Algar, que hasta entonces se hacía vadeando, cuando era posible, el río por el Camino Real. En ocasiones por pontones y cuando el agua era abundante, sorteando el río y embarcando personas y carruajes en barcazas por la desembocadura. El puente está definido por arcos rebajados de unos 9 metros de luz que descansan sobre basas aplantilladas; arcos y basas construidos con piedra caliza, donde las dovelas de los arcos formeros y las piezas que forman el tajamar son de dura piedra caliza de color más claro, posiblemente de Campello, mientras que el resto es posiblemente piedra de las canteras locales. Para dar más anchura a la calzada, las basas fueron ampliadas quizás de manera despreocupada, conservando a ambos lados las formas aplantilladas de origen, aunque perdiendo parte de la impostación de atraque del arco. El puente ha perdido su bien trabajado pretil y los ajustados burladeros que disponía en su forma original.

                                Primer tercio S. XX- Foto colección Pedro Juan Orozco

El Pont del Riu ha sido un lugar de encuentros, de paseos, de límites. Fue durante muchos años el extremo hasta donde podían llegar las parejas en determinada época; ha sido siempre un lugar con cierto misterio, que bajo sus bóvedas y en las aguas del río alberga una vida vegetal y animal que nunca fue en exceso valorada. Quizás ha sido la vara de medir la anchura de un río, que sin los puentes o viaductos, no hubiera tenido el empaque que da la dimensión y que niegan las aguas, generalmente escasas bajo sus arcos.

El pont sobre l’Algar

(Val) És una estructura màssica de 20 arcs alçats sobre bases originalment de carreus, amb una longitud de 258 m, més dos llargs embarcaments a ambdós costats. Construït en 1880, va resoldre definitivament el pas del riu que fins aleshores es feia travessant, quan era possible, el riu pel camí Real. De vegades, per pontons i quan l’aigua era abundant, evitant el riu i embarcant persones i carruatges en barcasses per la desembocadura. Definit per arcs rebaixats d’uns 9 metres de llum que descansen sobre bases aplantillades; arcs i bases construïdes amb pedra calcària, on les dovelles dels arcs formers i les peces que formen el tallamar són de dura pedra calcària de color més clar, possiblement de Campello, mentre que la resta és possiblement pedra de les pedreres locals. Per a donar més amplària a la calçada, les vases foren ampliades potser de manera despreocupada, conservant a ambdós llocs les formes aplantillades d’origen, encara que perdent part de la impostació d’atracada de l’arc. El pont ha perdut la seua ben treballada muradella i les ajustades barreres que disposava en el seu disseny original.
                                                                 El pont en l'actualitat
El pont del riu ha sigut un lloc de retrobades, de passejos, de límits. Va ser durant molts anys l’extrem fins on podien arribar les parelles en determinada època; ha sigut sempre un lloc amb cert misteri, que baix les seues voltes i en les aigües del riu alberga una vida vegetal i animal que mai va ser en excés valorada. Tal volta ha sigut la vara de mesurar l’amplària d’un riu que, sense els ponts o viaductes, no haguera tingut la importància que li dóna la dimensió i que neguen les aigües, generalment escasses baix els seus arcs.

martes, 2 de junio de 2020

Francesc Martínez i Martínez, Cervantes y Altea, por Miguel del Rey

 Francesc Martínez i Martínez y su pasión por Miguel de Cervantes 


Sobre las antiguas murallas renacentistas alteanas, el juez y gran folclorista don Francesc Martínez i Martínez construyó a principios del siglo XX su casa, quizás levantada sobre un edificio anterior y las antiguas murallas renacentistas, que conservan sus bóvedas en los sótanos de la casa.  El edificio lo dedicó a Miguel de Cervantes, su pasión por la obra del autor le llevó a vivir en una casa “cervantina” entendida a la moda del momento: ecléctica con elementos mudéjares. En el tímpano un medallón con el retrato de un caballero engolado y la inscripción “CERVANTES” da nombre a la casa y evidencia su interés por nuestros máximo escritor. A ambos lados de la puerta se abren sendas ventanas geminadas con arquillos de medio punto sobre parteluz. En la planta primera dos balcones adintelados acaban en arcos lobulados y sobre la puerta un arabesco central enmarcado. Remata el edificio una galería de arquillos a la aragonesa y un potente alero de canes de madera

                                               

Francesc Martinez i Martinez, uno de los más ilustres hijos de Altea, escritor, gran folclorista y conocedor del derecho y las costumbres locales, compagino su profesión de juez con su actividad favorita: los estudios históricos, literarios y folclóricos. 

Su tarea se centró fundamentalmente en dos ámbitos: los estudios sobre la figura de Miguel de Cervantes y su principal obra, el Quijote; junto a una amplia e interesante serie de trabajos sobre temas relacionados con el folclore, la literatura y la historia de los valencianos. Se formó intelectualmente en Valencia donde desarrollo los estudios de Derecho para más tarde ejercer la carrera en Valencia, en Villajoyosa y más tarde como juez municipal vivió definitivamente en Altea. Fue uno de los responsables del Centro de Cultura Valenciana, durante y después de la República.

                                               

Su casa en la Calle Santa Bárbara es fiel reflejo de su pasión cervantina. Reunió en ella una de las más nutridas bibliotecas sobre Cervantes, que hoy posee la Diputación de Valencia. Si bien entre los alteanos se le conoce por su obra “Coses de la meua terra”, una obra esencial del folclorismo valenciano que dibuja nítidamente el alma alteana y de La Marina. No hay que olvidar su pasión, que junto a la obra y vida de Miguel de Cervantes fue la lengua, la valenciana, a la que dedicó años de estudio y voluntad de normalización, pero también la castellana, lengua que tanto valoraba.


lunes, 1 de junio de 2020

La Carretera Nacional 332 a su paso por Altea. Miguel del Rey



                              Altea 1915- acceso por Alicante. Colección Pedro Juan Orozco

(cast) La carretera de la costa mediterránea, la Nacional 332, fue una obra de gran trascendencia social, política y económica, marcó la geografía humana de estas tierras de la Marina y a los trazados de muchos de nuestros pueblos, entre ellos a Altea.
    
 Su existencia y su trazado permitieron el comercio por tierra, que hasta entonces era muy complicado al existir dos grandes barreras naturales, el Mascarat y el río Algar, lo cual obligaba a que las vías de comercio fueran eminentemente marítimas hasta la segunda década del siglo XIX.  Hay que señalar la fecha de 1860, cuando se construye el tramo Alicante-Altea, dejando obsoleto el antiguo Camí d'Alacant y abriendo una brecha importante en el arrabal de Sant Pere o de Pescadores que generó la calle del Mar, la primera estructura lineal de ensanche configurada como una larga calle entre el convento y los aledaños y corrales del antiguo matadero, potenciándose y alargándose más tarde con la construcción de la Estación del ferrocarril y el conjunto de casas e instalaciones hoteleras que en la segunda década del S. XX configuraron lo que hoy conocemos como núcleo tradicional.


                                 Obras en el paso del Mascarat en la ampliación de 1931

En 1880 se hizo llegar hasta Valencia gracias al túnel y puente del barranco del Mascarat, un obstáculo natural muy considerable hasta ese momento y en el que se invirtieron durante décadas mucho esfuerzo y dinero público. Empresarios alteanos participaron en la contratación de estas obras públicas, con gran provecho personal en algún caso. Hasta bien entrado el siglo XX era una carretera sin asfaltar; su firme, de piedra machacada y compactada con un acabado a la manera de macadán, era apto para las diligencias, carros y otros vehículos de tracción animal, pero el polvo y los baches la hacían incómoda y también irrespirable para los viajeros. 

El asfaltado y adoquinado en el interior de los pueblos fue una obra de la época de Primo de Rivera, y su programa de Obras Públicas. Precisamente un texto editado en 1939 (1) de Le Corbusier relata un viaje del año 1931 y dice: “Se trataba de la primera autopista trazada con exactitud, con bordes limpios, pintados en blanco, curvas con peralte y amplias panorámicas. Llevaba de los Pirineos a África. Nos impresionó ya desde la frontera,.... a la altura de Valencia, donde los vecinos le habían bordeado de rosales, arbustos y palmeras, como en una fiesta. De golpe, salían de un estado de cosas milenario y se encontraban en contacto con el mundo moderno....”

                                    Senyoretes de la familia Gadea passajent per la carretera 
                               en torn a l'any 1910- Foto de la col·lecció de Andrés Gimenez.

(Val) La carretera de la Costa mediterrània, la Nacional 332, va ser una obra de gran transcendència social, política i econòmica, va marcar la geografia humana d’aquestes terres de la Marina, i en especial, pel que a nosaltres respecta, va marcar la societat i al poble d’Altea. La seua existència i el seu traçat van permetre el comerç per terra que fins aleshores era molt complicat pel fet d’existir dos grans barreres naturals, el Mascarat i el riu Algar, la qual cosa obliga a què les vies de comerç foren eminentment marítimes fins a la segona dècada del segle XIX. Cal assenyalar la data de 1860, quan es va construir el tram Alacant – Altea, deixant obsolet l’antic Camí d’Alacant i obrint una bretxa important en el raval de Sant Pere o de Pescadors que va generar el carrer de la Mar, la primera estructura lineal d’eixample configurada com un llarg carrer entre el convent i els limítrofs i corrals de l’antic escorxador, potenciant-se i allargant-se més tard amb la construcció de l’Estació del ferrocarril i el conjunt de cases i instal·lacions hoteleres que en la segona dècada del segle XX configurant el que hui coneixem com a nucli tradicional.
                        
L’any 1880 es va fer arribar fins a València, gràcies al túnel i pont del barranc del Mascarat, un obstacle natural molt considerable fins a aqueix moment i en el qual es van invertir durant dècades molt d’esforç i diners públics. Empresaris alteans van participar en la contractació d’aquestes obres públiques amb gran profit personal en alguns casos. Fins ben entrat el segle XX era una carretera sense asfaltar; la seua ferma de pedra picada i compactada amb un acabat a la manera de macadam, era apte per a les diligències, carros i altres vehicles de tracció animal, però la pols i els clots la feien incòmoda i també irrespirable per als viatgers. 

L’asfalt i empedrat de l’interior del poble va ser una obra de l’època de Primo de Rivera i el seu programa d’Obres Públiques.  Precisament un text editat en 1939 (1) de Le Corbuiser relata un viatge de l’any 1931 i diu “Se trataba de la primera autopista trazada con exactitud, con bordes limpios, pintados en blanco, curvas con peralte y amplias panorámicas. Llevaba de los Pirineos a África. Nos impresionó ya desde la frontera,... a la altura de Valencia, donde los vecinos le habían bordeado de rosales, arbustos y palmeras, como en una fiesta. De golpe, salían de un estado de cosas milenario y se encontraban en contacto con el mundo moderno....”

miércoles, 27 de mayo de 2020

Un ángel en la frontera. Loa a Miguel Giner, por Miguel del Rey


Un ángel en la frontera. Loa a Miguel Giner*
Como continuación de la entrada sobre el Casino de Peparra, es interesante sacar a colación un personaje que nació y habito en ella y que tiene una honrosa y valiente historia que merece estar en la memoria de los alteanos y las personas de La Marina.


                                    Miguel Giner con uniforme del Cuerpo pericial de Aduanas
                                      Sello conmemorativo a Miguel Giner del Estado de Israel


La historia, ocurrida en la frontera pirenaica en 1943 en plena Guerra Mundial y cuyo protagonista es el alteano Miguel Giner, tiene los ingredientes de un guión cinematográfico, de una de esas historias calladas de riesgo, humanidad y grandeza de espíritu.

En el pequeño puesto fronterizo de Les en los primeros meses de 1943, en plena posguerra española y con la presión de la locura nazi en su máxima expresión, el responsable de la Aduana era Miguel Giner Giner. Un grupo de judíos formado por niños y mujeres junto a unos hombres que decían ser polacos, en un gran estado de excitación, intentan pasar la frontera huyendo del terror y cumpliendo órdenes no se les permite el paso. El responsable y su mujer –pues la aduana era el mismo domicilio conyugal- tras el altercado quedan desolados ante los gritos de socorro de estas personas al subir a un camión de alemán que los devuelve a Francia, una escena que no se les borraría de por vida. Unos días más tarde el alteano conoce de boca de un oficial alemán responsable de la frontera de Bagneres de Luchón la suerte de los desgraciados: “esos judíos que llegaron aquí y los que capturamos en las montañas se los entrego a los SS y la Gestapo, ellos los matan”. Estas palabra confirmaron las peores sospechas de Miguel Giner y fue plenamente consciente del horror, del destino de aquellas personas rechazadas en la frontera. Tras ello no solo cuestionó la moralidad de las órdenes recibidas, se dispuso a ayudar de manera callada a los cada vez más numerosos grupos de fugitivos de la barbarie que conseguían llegar por las montañas, labor que realizó apoyándose y facilitando la complicidad de ciudadanos anónimos del pueblo y con la callada colaboración de Dolores Llopis Benimeli, su mujer.



La historia se desveló no hace mucho tiempo tras una llamada telefónica de Vicente Giner, el hijo del matrimonio -un niño en aquella época- a un periodista de investigación, a Eduardo Martín de Pozuelo, quien reconstruyó la historia y la publicó en varios capítulos en “Magazine”, en “La Vanguardia” y en otros periódicos, a resultas de dar luz sobre unos hechos que íntimamente guardó Vicente durante setenta años y de los que quiso informar para dar a conocer las acciones de personas anónimas y callados funcionarios españoles ante el holocausto nazi. Historia que se ha dado a conocer fuera de nuestras fronteras a través de la gestión de su sobrino, mi primo Félix Aynat, quien ha sabido atender la voluntad de la familia con el ansia de conocimiento de periodistas, investigadores, instituciones, etc.

La historia, por su humanidad, por su riesgo y valentía, merece ser conocida y honrar a sus actores; por ello queremos acercarnos a Miguel y Dolores, el matrimonio alteano protagonista de esta heroicidad. Miguel Giner nace en Altea sobre 1900 y queda huérfano de padre a los 12 años. Catalina Giner, su madre, vuelve al seno familiar, a la casa nº 2 de la calle muchos años llamada del Alferez Beneyto, hoy costera de Moncau, donde vivieron junto a los hermanos José, Vicente y Salvador Agulló Zaragozí. Se trata del edificio que siempre conocimos en Altea como “el Casino”, aquel precioso Casino de Peparra con amplia terraza soportada por columnas de fundición sobre la plaza del Convento y cuyo salón debió por entonces guardar los encendidos ecos de los discursos liberales: los del diplomático, vividor y revolucionario alteano Miguel Jorro, o las diatribas de los seguidores del partido radical de Vicente Beneyto, allá por los finales del siglo XIX.

Miguel Giner, nuestro protagonista nace con el siglo y a sus 25 años aprueba las oposiciones al Cuerpo Pericial de Aduanas, ocupando precisamente la plaza de la Aduana de Altea.  Se casa con Dolores en 1928, de cuya unión nacen Vicente (1930) e Isabel (1931). Al estallar la Guerra Civil lo trasladan a Barcelona, donde marcha el matrimonio dejando a sus hijos al cuidado de la familia en Altea. Al finalizar la guerra un nuevo traslado al Valle de Arán, al puesto fronterizo de Les, reúne a  la familia, primero va con sus padres Isabel y más tarde se une a ellos el hijo mayor, Vicente.

Aduana de Les

Precisamente es en Les donde ocurren los hechos a los que nos referimos y que se inician a finales de Junio o principios de Julio de 1943, un puesto de frontera de clima de montaña donde la dura posguerra trascurre sin excesivas privaciones, las normales de un pueblo -en aquél tiempo- aislado por la nieve del resto del país unos ocho meses. Tras el primer grupo llegaron otros muchos que encontraron la comprensión de la aduana y de los guardias que “evitaban” ver a los cada vez más numerosos grupos de fugitivos y a los vecinos que les ayudaban, para así conseguir su objetivo: pasar la frontera y salvarse de una muerte segura; todo ello hasta que cambiaron las ordenes de Madrid y se permeabilizo el paso de estos fugitivos. Entre los primeros grupos llegaron Inge Berlín, a sus 19 años, o la joven madre Esther Guita, con su hija Françoise Bielinsky, que pasaron la montaña por Les huyendo desde Paris tras dejar en un campo de concentración al padre de la criatura. Estos hechos han sido estudiados y verificados por instituciones como la Fundación Internacional Raoul Wallenberg que trabajan sobre la Memoria Histórica del Holocausto. Los beneficiados por aquellos hechos son multitud, diseminados por las Américas, por Israel, por todo el mundo, personas agradecidas a un ángel discreto, callado, anónimo, que falleció en 1969 en Alicante, su posterior residencia, y que nunca habló de aquellos horribles recuerdos de 1943, ni de su posterior actividad que tanto le honra. Su persona y su actitud nos muestran un perfil humano y una condición moral singulares, pero gracias a Dios repetidas en un grupo de conciudadanos que supieron reaccionar en esos momentos de horror y miseria humana. Sea pues valorada la acción de Miguel y de Dolores, y apreciada en todo lo que se merece en su querida Altea a través de la información que nos suministra Felix Aynat Llopis.


Miguel del Rey Aynat, Altea, Mayo de 2014
En honor de mi tío Miguel Giner 
*Publicado por Diego Coello en INFORMACIÓN de Alicante- 2014



martes, 26 de mayo de 2020

Casino de Peparra. Altea, por Miguel del Rey

CASINO DE PEPARRA     Finales del S. XIX
Publicado en el libro “paseando por las alteas”M. del Rey, pg 260 Valencia 2016




Edificio característico en la iconografía alteana por su vinculación formal con la fachada del Convento, y en la geografía física alteana, por ser paso habitual para bajar hacia la placeta bajo el porche de su terraza. Albergó uno de los históricos casinos del siglo XIX y principios del S. XX: el Casino de Peparra, el casino liberal que cobijó el ocio, las tertulias y las acaloradas discusiones políticas y sociales de la inquieta sociedad alteana de la última mitad del siglo XIX.


El edificio actual conserva la volumetría y ciertos elementos característicos que lo identifican en el imaginario colectivo alteano y comparte protagonismo con la iglesia de San Francisco, a la que está adosado y enrasado en el plano de fachada. 


El edificio conservó hasta los años 60 el sabor decimonónico, y en él hay que distinguir la existencia de una característica terraza soportada por columnas de hierro fundido, posiblemente las primeras que se construyeron en Altea -unas similares, quizás más modernas, las encontramos en el porche de la Villa Mar i Cel- , columnas propias de la arquitectura del último tercio del siglo XIX, que se levantan sobre un podio construido con piedra negra de les Quintanes, podio de acceso a la histórica escalera que da paso a la fachada de la iglesia del antiguo convento. Anexo al edificio, existe un cuerpo de edificación de dos plantas que permite visualizar el sistema de cúpulas y cubiertas del antiguo Convento.

sábado, 23 de mayo de 2020

El paisaje alteano: Las playa del norte, por Miguel del Rey


El paisaje alteano: Las playas del norte*, por Miguel del Rey
*Publicado en el libro “paseando por las alteas” M.del Rey, valencia 2016. De venta en Librería Mascarat







Al norte del puerto de La Galera, pasando por un estrecho andén, se accede a la playa de la Solcida, una cala cerrada por el morro erosionado del tossal de la Galera. Un lugar padisíaco, virgen, con aguas tranquilas y unos límites visuales que permiten imaginar cuál debió ser la belleza de estas costas antes de su proceso de antropización desenfrenado. Este accidente geográfico determinó el paisaje litoral y también en parte la historia del territorio alteano. Su presencia obligó a replantear el trazado de la propia Vía Dianium que discurría por la costa, la cual, para salvar este obstáculo natural, debió elevarse hasta la parte alta de la Galera, donde se ha perdido su rastro entre las urbanizaciones existentes. Su orografía propició que su entorno fuera lugar donde piratas y corsarios escondían sus naves entre calas y promontorios, lo que obligó a construir en el siglo XVI ciertas torres de defensa, de la que se da referencia en el apartado 11-02: las torres de Cap Negret y la Galera.





martes, 19 de mayo de 2020

Una visita al Mercado del Martes en la Altea de finales del s.XVIII, por Miguel del Rey


Una visita al mercado del Martes en la Altea de los años 1780
*Fragmento del cap. VII, pag. 121 y 122 del libro "Bartolomé. Entre la Ilustración y la Revolución" de Miguel del Rey, Valencia 2014.


Los martes por la mañana hay gran bullicio extramuros del Portal Vell; es el tumulto del mercado semanal, una vorágine de puestos, lonas y personas de diversas procedencias que traen las mas variadas mercancías e incluso algunos animales vivos para su venta. Se extiende el mercado a lo largo del lienzo norte de la muralla y en él hay mujeres que buscan tejidos de lino o seda, ropas para hacerse vestidos, a la vez que otras, protegidas por sus sombrillas, pasean entre los puestos de blondas y telas adamascadas de colores diversos a la búsqueda de materiales para confeccionarse su ajuar. 

Los vendedores desde los puestos les muestran sus productos, las animan a los visitantes a comprar, mientras que jovencitas casi niñas las miran con envidia desde los puestos, trabajando con sus finos dedos para acabar mercaderías de primor, ayudadas por algún joven esclavo negro o morito que hace las peores labores. Junto a estos puestos están los sogueros, rodeados de marineros que compran cabos, cuerdas y avíos de pesca y los que tejen la palma, las mujeres que hacen sombreros y capazos. Mas alejados otros grupos se afanan en ofrecer las mejores hortalizas, donde un tropel de mujeres busca avíos para los hervidos y cocidos; las criadas atareadas completan encargos y se mezclan con campesinos en busca de plantones de buena calidad para las huertas que deben plantar, sin falta, antes de San Jorge.

Las gentes observan, miran, hablan, comentan los sucesos locales y en un griterío casi imposible, intercambian mercaderías protegidos del sol por lienzos de lonas colgadas de los más insólitos lugares. Es un universo de luces y sombras, de olores y gritos humanos y animales, donde los comerciantes de la comarca y foráneos disponen las mercaderías traídas a lomos de mulas: quesos de las montañas de Aitana, embutidos que elaboran los repobladores mallorquines de Tárbena y Castell de Castells, aceitunas y encurtidos, salmueras, pescados secos y salazones de la misma Altea y de la Vila; higos y uvas pasas del lugar, almendras y nueces, arrop i tallaetes traído de Xàtiva y azúcar elaborado en el trapig de Oliva. Gallinas, pavos, conejos, corderos, cabras, mulas… Y en algunos puestos se pueden ver los olorosas especies de ultramar, el clavo y la canela, la nuez moscada, los cominos y las pimientas de colores fuertísimos que traen los galeones desde las Américas o Filipinas, junto al aguardiente y el gin menorquín, y también el chocolate caribeño que empieza generalizarse como un producto elegante para degustar en las reuniones sociales y en las fiestas junto a otro aún más exótico y carísimo: el café.

Es el mercado propio de una sociedad en desarrollo, quizás un poco más retraída por una coyuntura de malas cosechas y bajos precios, pero con el empuje de una demografía en expansión que ha multiplicado por cinco a la población solo en los últimos 60 años. Roseta lleva una canasta y acompaña a doña Elvira a comprar embutidos y quesos. “Chuletillas de cordero nos hacen falta” – le dice a Roseta-. “Mira donde hay buena carne y las compras, yo me voy a ver a la señora. Verdura no hace falta, la traerán esta mañana de Altea la Vella, junto a harina y al aceite que le ha pedido a Joaquín”

Ligeramente separados, cerca de los puestos de sogas, cuerdas y los productos de palma que se utilizan en el campo y en la mar, hay unos puestos de venta de productos textiles: blondas de Flandes y algodones finos hilados en Catalunya, que compiten con las populares mantas de Benilloba y Bocayrent, y con las telas de las modernas hilaturas que se están montando en Alcoi. Es el lugar donde a Elvira le gusta acabar su visita. Se dirigen a un puesto concreto y allí preguntan por unas blondas; el gitano de Benilloba que las atiende ya las conoce, son buenas clientas de las finas mercancías que trae de encargo. A la vista del género, Elvira piensa que esos mantones y encajes le vendrán bien para el ajuar que necesita en el próximo viaje a Valencia: el día del Corpus en la Casa del Almirante debe estar a la altura....

domingo, 17 de mayo de 2020

Hacia una nueva realidad en arquitectura, por Miguel del Rey


Entrevista solicitada por la periodista Hortensia García para el periódico Levante, de la cual publica el extracto en el dominical del 17 de Mayo de 2020

Estos tiempos propician la reflexión y quizás torbellinos de ideas o quizás de dudas. No dejo de pensar en el modelo económico de grandes áreas de nuestra tierra, en esas comarcas turísticas tan castigadas en su paisaje, y en las que el haber jugado todo a una carta puede ser tremendo. Pero ese es otro tema quizás para abordarlo con tiempo.

Profesionalmente los dos polos de atención que entran hoy en crisis de manera inmediata son la vivienda y el espacio público; para reflexionar sobre ellos quizás debiéramos apoyarnos en experiencias pasadas, en lo ocurrido a partir de situaciones similares: el cólera  a finales del s. XIX, las tisis y la gripe en los inicios del siglo XX; revisar lo ocurrido puede darnos un poco de luz.
El higienísmo tuvo propuestas cambiantes sobre la vivienda y el habitar, en el primero momento optó por colonias de casas unifamiliares, nuevas estructuras urbanas se acercaban al campo y abandonaban los núcleos históricos: la ciudad lineal fue un ejemplo. Más tarde, con las Siedlungen, la casa unifamiliar es sustituida por el bloque de media altura, manteniendo una relación directa con la tierra, con los huertos urbanos colectivos o particulares. Más tarde otra propuesta, el bloque en altura sobre pilotis, liberando el suelo y recuperando la cubierta verde, optando siempre por la terraza doméstica. Creo debemos repensar aquellas propuestas y entender que en la actualidad la vivienda no solo debe ser "unidad de habitación", quizás también debe ser lugar de trabajo ocasional, de esparcimiento y complemento de producción alimentaria.

Creo se puede vivir con estandares de densidad adecuada, liberando suelo, bien como espacio lúdico o como huertos comunales o privados de producción, habitar en altura con buenas vistas y ventilación cruzada, terrazas habitables, controles solares eficaces, diseños medioambientalmente propositivos y potenciando las energías renovables. Quizás el espacio interno es lo más conflictivo, deberán de poder compartimentarse en determinadas circunstancias, aumentando a la vez almacenamiento y servicios.

Sobre el espacio público.  El paradigma en este caso es quizás más complejo e implica un cambio en el modelo de comportamiento social. La ciudad con lugares públicos que incitan al consumo, al ocio colectivo, a verse y ser visto y encontrase socialmente, entran en crisis. Ello implica nuevas alternativas en el diseño de los nuevos espacios públicos, en el ocio y el turismo y por supuesto en el rediseño de los existentes. Lo extensivo, la baja densidad inciden en la revisión total de la oferta de espacio y de ocio.

De entre la amplia casuística de los espacios públicos, me centraré en uno que entiendo, por el tiempo en que entramos debe tener un protagonismo particular: los bordes marítimos. Son lugares que ofrecen condiciones medioambientales positivas: sol, aire libre, poca contaminación, pero con el handicap de la densidad de ocupación en determinados momentos. En estos lugares el paseo marítimo, figura ya en crisis, entra en caída libre por su densificación, ruptura con el paisaje y serios problemas de conservación.

Nuevas alternativas se han definido en parques naturales, pero el borde marítimo no debe circunscribirse a estos espacios singulares; esté donde esté, reclama su protagonismo y capacidad expresiva singular de paso hacia la naturaleza, transformando la definición líquida de zona maritimo-terrestre en espacio de intercambio con la naturaleza, que en cada lugar tendrá su condición.
En las zonas amplias, la nueva realidad del borde marítimo reclama la definición de una franja poco adjetivada, no lineal ni excesivamente construida, capaz de adecuarse a las condiciones naturales del lugar, a su vegetación y capacidad expresiva, con propuestas diversas de usos y recorridos que lleven a nodos de actividad de gran extensión y con sombra garantizada para poder extender su uso más allá de unas cuantas sombrillas o toldos, incluyendo si es posible, restos de aquella edificación que en su momento ocupó esta primera línea de manera algo particular. En espacios más ajustados, el diseño y la imaginación deben ofrecer bordes singulares creando alternativas de interacción fecunda con el mar.

El mundo rural es otro espacio de particular relevancia, su oferta como lugares de habitación diseminada o poco densa en esa España vaciada, puede ser una opción, restaurando patrimonio y creando un hábitat de calidad en buena relación con la tierra y el paisaje.


sábado, 16 de mayo de 2020

El Camí Vell de Godella por Miguel del Rey



El camino de Godella es una de las vías históricas más importantes del noroeste del término de Valencia. El camino nace de una desviación a la derecha del camino de Moncada y recorre
el antiguo Pla de Sant Bernat, una de las zonas más características de la huerta histórica valenciana, regada por aguas de la acequia de Tormos y del antiguo brazo de Petra. El camino y
su trazado, así como los edificios más importantes a lo largo de su recorrido están perfectamente datados y localizados en el plano de Ascensio Duarte (s. XVI). Su transformación en atajo interurbano ha convertido este precioso camino rural en una peligrosa carretera que debe rescatarse para su condición patrimonial y funciones de estructura rural del territorio, junto con otras funciones lúdicas o culturales.

Pertenece a una malla secular que tan sólo empezó a ser rota y substituida a partir del siglo XIX por las nuevas infraestructuras que empezaron a hacerse: las carreteras reales y los primeros ferrocarriles que convirtieron los caminos forales en “camins vells de....”. (GUINOT, E. 2008)

El Camí Vell de Godella inicia su trazado en el de Moncada, muy próximo al lugar donde se sitúa la
alquería de Falcó y en el borde norte de la ciudad. Hoy la desviación ha desaparecido con las obras de la Ronda Norte de Valencia, siendo conflictivo localizar el inicio de un camino.

Su recorrido sinuoso atraviesa huertas de Tormos para concluir en la Cruz de Godella, en la Plaza Magdalena Sofía, junto al antiguo Palacio de Godella, y sobre el cauce de la acequia de Moncada.

Al igual que el Camí de Moncada, este Vell de Godella es un eje articulador del trazado viario donde confluyen y parten otros caminos de menor entidad, sendas, entradas y azagadores (Camí de Borbotó, Assagador del Camí de Godella, Entrada de Casa Roca, etc.) Su implantación en el territorio es algo ajena a la trama del parcelario e incluso a los trazados de las infraestructuras hidráulicas; no obstante es este mismo factor no es desestructurante, el camino se integra en la red general, en la tela de araña histórica que teniendo como centro la ciudad de Valencia se extiende por toda la Huerta, incorporando una nueva lógica, la de caminos, ajena a la hidráulica, que construye el paisaje.


El recorrido del camino permite observar la transición entre el cultivo de huerta y el de huertos a medida que nos separamos de la ciudad de Valencia. Si en los primeros tramos se atraviesa un parcelario con predominio de parcelas hortícolas, con fuerte densidad de granjas agrarias y algunas importantes alquerías, a medida que nos acercamos a Godella baja la densidad de casas y aumenta la presencia de huertos de frutales, con predominio de naranjo en el extremo, bajo el cauce la acequia de Moncada.



Es un camino muy transitado, necesario para acceder a las parcelas y casas existentes entorno a Borboto, Poble Nou, Godella y una parte importante del Pla de Sant Bernat. Es utilizado como ataja `para transitar entre Godella y el norte de la ciudad de Valencia, lo que provoca un tráfico rodado excesivo. La inexistencia de andén peatonal o de bicicleta hace peligroso el tránsito de peatones y el paso por una zona de fuerte interés paisajístico.

A lo largo del camino encontramos una serie de elementos hidráulicos de gran valor, como el Molí de Sebastiá o de Colau, les Llengues de Borboto-Ferrús, la acequia de Tormos de Tormos, etc. Elementos que deben valorarse como patrimonio de valor singular. Evitando el soterramiento de estos elementos, como cauces de acequias, llengues, partidores, etc

Este camino permite visualizar amplias panorámicas de las huertas de Borbotó, Benicalap, Poble Nou, Carpesa, Benifaraig, Tavernes Blanques, etc. con los fondos de siluetas de distintos núcleos rurales, y al sur el perfil de la ciudad de Valencia. En el límite oeste y coincidiendo con el trazado de la acequia de Moncada se eleva una cornisa natural sobre el plano de la huerta, creando un balcón de gran valor paisajístico. Es interesante valorar este balcón, creando una vía verde a lo largo del trazado de la propia acequia, pues junto a las vistas y el paisaje, podemos valorar el propio cauce de la acequia y el agua los días coincidentes con tanda. Encontramos también gran densidad de elementos patrimoniales: Cruz de Godella, Casalicio, Jardines de las casas de la Calle Mayor sobre la Acequia, Torre de Serdanyola, Restos del antiguo Palacio de Godella, Iglesia del Colegio del Sagrado Corazón, Parque de la Eixereta, etc.

Su trazado histórico lo podemos ver perfectamente delimitado en el Plano de Ascencio Duarte 1595 (A.Cassaus, 1695)

* Parcial de la ficha realizada para el PATH-2017 (MdR)









jueves, 14 de mayo de 2020

El Riurau de la Soliva en Calp, por M. del Rey / JV. Sánchez / A. Ortolá


Riurau de la Soliva, Calp *



(val) El paisatge de la partida de la Soliva és un paisatge en transformació, hui arruïnat, va ser una de les partides més preuades entre les terres agràries de Calp, paratge d'oliveres, com indica la toponímia, cultiu dominant en zona al costat dels ametllers i la vinya. Els seus aterrassaments són amplis Una requalificació com a sòl industrial i un molt poc interessant Pla Parcial han redissenyat el lloc perdent tota la memòria històrica, sense atendre als valors culturals o paisatgístics exitentes, provocant la ruïna dels edificis i de tot el seu vestigi històric, fins i tot les restes i traçats d'antics camins d'origen romà i medieval.


La casa de la Soliva data segurament de mitjans del S. XIX, ubicada al costat d’un xicotet paratge situat i pròxim al barranc del Pou Roig. Es tracta d’una masieta que dominava una sèrie de terres cultivades per ametlers i raïm negre. Des d’un punt de vista arquitectònic, presenta un cos central o principal de forma rectangular, amb sostre principal en teula àrab i a dos aigües. En la part de darrere trobem un corral, mentre que a la part frontal de la casa, destaca de forma clara el riurau amb quatre ulls adintelats, si bé, compta també amb un altre ull lateral en forma d’arc carpanell. En la part de ponent d’aquesta estructura, existeix un pou al que té vinculat un safareig. El riurau de la casa de la Soliva, manté tots els materials originals, és a dir, biguetes de fusta de pi i sostre construït amb canyís, tots ells nugats amb cordell d’espart. Malauradament, l’any 2016 va caure bona la part del sostre del riurau.

(cast)  El paisaje de la partida de la Soliva, hoy arruinado, un paisaje en transformación. Fue una de las partidas más preciadas entre las tierras agrarias de Calp, paraje de olivos, como indica la toponimia, cultivo dominante en zona junto a los almendros y la viña. Sus aterrazamientos son amplios Una recalificación como suelo industrial y un muy poco interesante Plan Parcial han rediseñado el lugar perdiendo toda la memoria histórica, sin atender a los valores culturales o paisajísticos existentes, provocando la ruina de los edificios y de todo su vestigio histórico. incluso los restos y trazados de antiguos caminos de origen romano y medieval.


La casa de la Soliva fecha seguramente de mediados del S. XIX, ubicada junto a un pequeño paraje situado y cercano al barranco del Pou Roig. Se trata de una Masieta que dominaba una serie de tierras cultivadas por almendros y uva negra. Desde un punto de vista arquitectónico, presenta un cuerpo central o principal de forma rectangular, con techo principal en teja árabe y en dos aguas. En la parte de atrás encontramos un corral, mientras que en la parte frontal de la casa, destaca de forma clara el riurau con cuatro ojos adintelados, si bien, cuenta también con otro ojo lateral con arco de carpanel. En la parte de poniente de esta estructura, existe un pozo al que tiene vinculado un lavadero. El riurau de la casa de la Soliva, mantiene todos los materiales originales, es decir, viguetas de madera de pino y techo construido con cañizo, todos ellos atados con cordel de esparto. Desgraciadamente, el año 2016 cayó buena la parte del techo del riurau.
 * Texto extraído parcialmente de la revista Riuraus Vius n 6