miércoles, 12 de mayo de 2021

Arquitecturas Ausentes: Las Vegas, un bar con mucho arte, por Miguel del Rey

 

EL BAR MUSEO LAS VEGAS*                        Sobre 1960 en la C/ Conde de Altea

*Publicado en el libro “Paseando por las alteas”, Miguel del Rey, Valencia 2016

Un grupo de amigos frente al Bar Las Vegas.  Colección L.F

Las Vegas fue en Altea, junto al Bar Terraza, uno de los primeros establecimientos que se abren en Altea a finales de los años 50, rayando los 60, con una nueva manera de entender la hostelería. Un bar de tapas, un bar de vermut, un bar de copas, pero con cócteles particulares y entendiendo que una nueva clientela está presente en la economía alteana: los turistas.

Sus clientes marcan un carácter que Pepe Hortelano supo potenciar perfectamente para su negocio: Las Vegas, por su nombre es un referente en sí de modernidad; con ello pretendía atraer a la bohemia artística que por aquellos años vio en Altea un lugar propio, adecuado a su manera de vivir, un lugar que ofrecía algo particularmente interesante: un paisaje y unas formas, unido a una manera de entender la vida, lo cual fascinó a una élite de pintores y artistas nacionales y junto a ellos, a sus colegas centro y noreuropeos, personajes muy diversos y tan carismáticos como Rita Hayworth o Ernest Hemingway.

Don José María Planelles, ese inolvidable alcalde moderno de aquella Altea postfranquista, nos cuenta en su precioso libro “Benjamín Palencia y Nosotros”, Alicante 1963, como se gestó este “Bar Museo Las Vegas” y de qué manera se aproximó a estos personajes, con su “cen quiu veri moch”, y “cómo a cambio de un buen resopón a base de huevos fritos y buen vino tinto, un grupo de pintores empezó a pintar unos frescos en sus paredes. Allí el sueco Bengt Ellis, con el torso desnudo, pintaba personajes del mar, Sum Miller insistía en sus burros, Mike Trompe pintaba mujeres enlutadas...“.

 Una escena marinera, fresco de B. Palencia existente en el Bar las Vegas, hoy desaparecido, Imagen extraída del libro “Benjamín Palencia y nosotros” Alicante, 

Una preciosa referencia a este paradigmático bar fue la loa del entrañable don José María a la “nikolasca”(1), la bebida insignia de Las Vegas. la construye a partir de una conversación que presenció entre Pepe Hortelano y Benjamín Palencia, dos buenos amigos:

  “   - Bueno, vamos a ver qué es eso (dice el pintor).

Pepe corta sendas rodajas de limón, les pone un terrón de azúcar encima, y las espolvorea con café molido. Al lado una copa de coñac, y le contesta:

- Nos comemos el limón con el azúcar y el café, y nos bebemos los coñacs. ¡Nikolasca! Delicioso...”

Fotografía con dedicatoria de B. Palencia. Colección Familia Hortelano.

domingo, 9 de mayo de 2021

Los trabajos y los días, fotos de Hilga Miller con texto de Hesiodo-1

(cast) Al salir las Pléyades, hijas de Atlas, comienza la cosecha, y el cultivo cuando ellas se oculten. Se ocultan durante cuarenta días y cuarenta noches; y cuando el año corrido, aparecen de nuevo en el momento en que se afila el hierro. Tal es el uso campestre entre los que cultivan las tierras fértiles de los profundos valles, lejos del mar resonante. Tienes que estar desnudo cuando siembres, desnudo cuando aras, desnudo en la cosecha, si quieres llevar a cabo los trabajos de Demeter en el momento propicio, si quieres que cada cosa crezca en su estación ...

“Els treballs i els dies”. Hesíode * por Miguel del Rey ,a partir de las fotos de Hilga Miller, publicado en la revista “Riuraus Vius” nº 6- Calp-Altea


(val) En sortir les Plèiades, filles d’Atlas, comença la collita, i el cultiu quan elles es ocultin. S’oculten durant quaranta dies i quaranta nits; i quan l’any va corregut, apareixen de nou en el moment en què es esmola el ferro. Tal és l’ús campestre entre els que cultiven les terres fèrtils de les profundes valls, lluny del mar ressonant. Has d’estar nu quan sembris, nu quan llaures, nu en la collita, si vols Ilevar a terme els treballs de Demeter en el moment propici, si vols que cada cosa cresca en la seua estació ...






martes, 4 de mayo de 2021

Riurau del Tío Amadeo en Altea, por Miguel del Rey

RIURAU DEL TÍO AMADEO*. Finales del S. XIX, inicios S. XX. Partida de Sogai / Altea

* Textos publicados en la “Gúia de Altea” M. del Rey  (Val 2014) en castellano e inglés, y en “Paseando por las alteas” M. del Rey en castellano y valenciano (Val 2016)

(cast) Esta pequeña granja rural se sitúa en la ladera de una de las colinas al norte del cauce del Algar, sobre terrazas soleadas propias para lo que fue el cultivo y la elaboración de la uva-pasa. La casa responde al tipo básico de casa compacta de dos crujías que encontramos en el resto del territorio valenciano; casas campesinas de vivienda en planta baja más una planta superior para almacenamiento de cosechas, cubiertas a dos aguas y alero horizontal. La casa incluye un riurau adosado a fachada principal, más otro corto secadero que se desarrolla frente a la fachada lateral. Es uno de los ejemplos más genuinos de lo que fue la arquitectura agraria alteana del siglo XIX, desgraciadamente en muy mal estado en la actualidad.

La estructura y su partición interna es la típica de estas casas: una primera crujía que incluye un vestíbulo central y estancias laterales, más una segunda con un espacio amplio donde se encontraban la cocina, y una gran estancia de vida doméstica con escalera de acceso a planta alta con usos de almacenamiento de cosechas.

El riurau que nos presenta este edificio es del tipo de vanos adintelados soportados por potentes machones, lo que ofrece una imagen fuerte y muy limpia al coincidir el dintel con la línea de carga y zunchado de cubierta. Esta forma de construir el riurau la encontramos en la parte central de la Marina, entre Pedreguer y Altea, con ejemplos muy característicos en Calp. En esta masía se han perdido el resto de piezas y elementos de la cultura de la uva pasa: horno de escaldar la uva y el sequer, el espacio exterior para extender los cañizos, del que quedan restos en la explanación existente en una terraza de la colina sobre la que se asienta esta granja agraria.

(val) Aquesta xicoteta granja rural se situa en la vessant d’un dels tossals al nord del llit de l’Algar, sobre terrasses solejades pròpies per al que va ser el cultiu i la elaboració de la pansa. La casa respon al tipus bàsic de casa compacta de dues crugies que trobem en la resta del territori valencià; cases camperoles d’habitatge en planta baixa més una planta superior per a l’emmagatzematge de collites, cobertes a dues aigües i ràfec horitzontal. La casa inclou un riurau adossat a façana principal, més un altre curt secador que es desenvolupa enfront de la façana lateral. És un dels exemples més genuïns del que va ser l’arquitectura agrària alteana del s. XIX, desgraciadament en molt mal estat en l’actualitat.

L’estructura i la seua partició interna és la típica d’aquestes cases: una primera crugia que inclou un vestíbul central i estàncies laterals, més una segona amb un espai ample on es trobaven la cuina, i una gran estància de vida domèstica amb escala d’accés a planta alta amb usos d’emmagatzematge de collites.

El riurau que ens presenta aquest edifici és del tipus d’obertures amb llindes suportades per potents pilars, el que ofereix una imatge forta i molt neta al coincidir la llinda amb la línia de carrega i congrenyat de coberta. Aquesta forma de construir el riurau la trobem en la part central de la Marina, entre Pedreguer i Altea, amb exemples molt característics en Calp. En aquest mas s’han perdut la resta d’elements de la cultura de la pansa: forn d’escaldar el raïm i el sequer, l’espai exterior per a estendre els canyissos, del que queden restes en la explanació existent en una terrassa del tossal sobre la que s’assenta aquesta granja agrària.


(Inglés) The “masía” is placed on the slope of one of the hills located on the north of Algar River, on typical sunny terraces dedicated to the growth and recollection of raisins. The house responds to the basic type of a compacted house with two bays that you can find on the rest of the Valencian territory; housings on the ground floor plus a superior floor which is used as a harvest warehouse. These houses also have a gable roof with a horizontal eave. The house also includes an attached “riurau” to the main façade plus another shorter eave that develops laterally. The house is one of the most genuine examples of the 18th / 19th century agricultural architecture; unfortunately they are currently in a really bad condition.

The structure and its interior partitions are typical of these houses, the rest of the spaces between supporting elements includes a central hall and lateral rooms, plus another one with a similar wide space where the kitchen and a huge living room are placed. The living room has an access stair that leads to the superior floor which is used as a harvest warehouse.

viernes, 23 de abril de 2021

Bandoleros en Confrides... Un relato de Miguel del Rey

 

Hoy día de Sant Jordi, solo para amantes de la literatura, presento una descripción incluida en mi libro “Bartolomé, entre la Ilustración y la Revolución”*, donde se describe una viaje entre Gorga -en la Vall de Çeta- y la Costa -Altea, Xàbia y La Vila-, de una familia adinerada, en los momentos inmediatos al final de la Guerra de la Independencia, un momento convulso y difícil donde el bandolerismo toma ya carta de naturaleza. El paso por Confrides es peligroso….
* "Bartolomé, entre la Ilustración y la Revolución", Valencia 2014, Miguel del Rey

           "Para organizar el viaje de vuelta hacia la costa, Bartolomé ha mandado aviso a Francisco Javier Alveno –su cuñado- diciéndole que esa mañana pasarán por el puerto de Confrides. Desea que atienda las cuestiones oportunas para que las partidas armadas no les molesten. Le ha pedido que se acerque hasta Ares para acompañarles a pasar el puerto. El grupo no debe viajar con dinero o joyas, todo lo recogerá alguien de confianza y lo bajará en un viaje menos aparatoso hasta Altea o Xàbia. Es muy probable que aún con el salvoconducto de su cuñado no estén libres de alguna impertinencia por parte de éstas gentes desesperadas por un futuro incierto y más aún sedientas de venganza ha-cia colaboracionistas y afrancesados. Por la noche, Purificación y Luisa insistieron en bajarse algo de dinero y algunas joyas a pesar de la rotunda negativa de Bartolomé, el cual, de madrugada mandó venir al carpintero para hacer un pequeño doble fondo bajo el suelo del carruaje del Bolufer, cerrado de nuevo con tablas viejas y sobre las que han dejado caer la alfombra de viaje del coche. Cargan algunas viandas -embutidos en su mayor parte- y igual que alguna bolsa de dinero dispuesta para ser fácilmente encontrada en un posible registro y toman el camino al salir el sol.

    Las tres hermanas Olcina y la hija de Francisca, Vicenta María, viajan juntas en el coche del Aragonés con la chiquillería menuda de la familia y escoltados por Pedro María Aragonés a caballo. José Bolufer con los chicos mayores ocupa el otro coche, acompañados por Bartolomé, cuyo caballo va atado al propio carruaje.

-           ¿Cómo ves las cosas Bartolomé? –dice José Bolufer-

-           ¿Te refieres a la nueva situación tras la huida de los franceses?

-           Me refiero a todo. ¡Dios mío, qué tiempo nos ha tocado vivir! Las noticias en el campo de Xàbia y Denia no son nada buenas. La anarquía se ha adueñado del territorio. ¡No sé si estás al tanto de cómo están las cosas! – le dice cuando observa que los chicos están algo distraídos-. La ausencia de poder –continua- ha dado alas a las parti-das de bandoleros.

-           Si es por los bandoleros, no sólo están en las tierras del Marquesado, pronto los vas a ver; en el momento que pasemos Ares, seguro que tendremos algún encuentro. Si aparecen, mantén la calma y ante todo no te des a conocer, quédate con los chicos. En el momento que pasemos Benasau subiré a caballo e iré caracoleando a los coches o distanciándome para ver el camino por delante. Si dicen alguna impertinencia, no digáis nada, ni contestéis, digan lo que digan. Espero que Francisco Javier, mi cuñado, se una a nosotros, está atento al viaje; seguro que nos alcanza en breve. Si no fuera así ya ha-blaré yo con quien sea; tú no dejes a los chicos y en el caso de una situación más con-tundente, te resistes, pero un poco y luego les das la bolsa.

-           No sabía que el Alveno estaba tan amigable con esa gente.

-           ¡No te confundas con él! Es un patriota y da gracias a que venga en nuestro apo-yo

-           Bueno… éstas cosas no me gustan nada ¿Y lo de los Olcina?¿Cómo lo ves?

-           Vicente lo preparará todo ¿no es así?

-           Eso ha dicho. Aunque lo he visto un poco nervioso –dice el Bolufer-.

-           Coincido con él en que no es el momento de ir a Valencia, ni de hacer la parti-ción. Que por cierto ya está prácticamente resuelta tras la tasación de nuestra suegra, que en paz descanse. Una mujer muy previsora -dice Bartolomé- ¿No te parece?

-           Y muy amante de sus hijas. La valoración de la herencia libre no sé si traerá co-la. Por cierto, nunca hablamos del regalo áquel que les hizo a Luisa y a tu mujer el año pasado. Fue una acción que le honró.  Fueron las más valiosas mil ochocientas libras que he visto en mi vida. Liquidaron el desprecio que en su día le hicieron a Pura.

-           Del dinero de mi mujer y de las donaciones de los Olcina no tengo nada que objetar. Hace tiempo que no me preocupa su dote. Ni cuando era poca, ni ahora. Si se lo dieron... suyo es.

-           Veo que no se te olvidó el resquemor que te dejó lo de la dote. Son cosas pasadas, olvídate ¿Y con lo tuyo que vas a hacer? ¿Si se estabiliza la situación, vas a retomar el negocio de navegación en Altea?

-           No sé. No es el momento de preocuparse por estas cosas. Lo que me tiene en vilo ahora es como vamos a reconducir el cobro de censos. Quién nos iba a decir que la invasión francesa sería favorable a aplicar censos y luismos a la manera del “Antiguo Régimen”, como ellos dicen.

-           Los franceses apoyaban el cobro de ésos censos porque se quedaban con parte del dinero.

-           ¡Por lo que fuera! Veremos ahora cómo rehacemos los cobros y como se tomarán los señores las posibles lagunas en el pago.

-           Lo más grave será rehacer las arcas de la Corona. Sin comercio y con la idea de independencia que parece que por ciertas colonias se dan, no sé de donde saldrá el oro para organizar lo público si fallan las partidas que vienen de las Indias.

-           ¿Padre, si vienen hombres armados, dispararemos? Dice uno de los chicos mayores.

-           Nadie va a disparar y no va a pasar nada. Vosotros callados si aparece alguien. Y al suelo si el tío os lo dice.

-           Don Bartolomé, debería subirse al caballo –dice el cochero-. No oigo trinar a los pájaros desde hace un rato; ésto está demasiado quieto.

-           Gracias. Subo y cabalgo hasta Ares delante de ti. Ve atento y no saques el fusil en ningún caso. Los coches siempre juntos.

-           Padre, no se vaya -dice el joven Antonio-

Don Pedro María Aragonés, a caballo y vistiendo uniforme de oficial de la marina española, queda al cuidado de los dos carruajes mientras Bartolomé se aleja y ojea por las lomas cercanas, se acerca a los recodos del camino. Antes de entrar en Ares, un silbido suave pero insistente le hace otear el bosque. Dos figuras se distinguen bajo la intensa sombra de una encina. Echa mano instintivamente al pistolón que previamente había cargado. Seguro que uno de ellos es Francisco Javier. Está convencido. A medida que se acerca la segunda figura le empieza a ser familiar ¿quién será? Le hacen señas. Van vestidos con chaquetilla corta y pantalón ajustado con manta enrollada al hombro. “¡Tomás!” Susurra Bartolomé.

-           ¡Que gusto veros! ¡Javier! ¡Tomás! Verdaderamente la amistad se demuestra en ciertas ocasiones.

-           Siento lo de tu suegra –le dice su cuñado-. Las veces que hablé con ella me pareció una señora amable, a la vez que culta; igual que don Miguel Olcina.

-           Su muerte estaba anunciada. Bueno, vamos a ver. Las mujeres están preocupa-das. ¿Como va todo por ahí Tomás?¡Que gusto verte!

-           Todos bien, pero… tal como están las cosas y cuando Javier me lo comentó, no podía por menos acompañarles ¿cómo se les ha pasado por la cabeza viajar en éstos momentos y con dos coches?

-           No exageres Tomás. No van a tener problemas, pero tu sobrina, la de Vila-Joiosa, debe bajar también por Guadalest. No sé cómo está Aitana por la vertiente sur. Diles que lo más prudente es que viajéis todos juntos hasta la costa; al menos hasta Polop. Ahora es el momento en que debemos hacernos los encontradizos con la partida que está cerca del puerto de Confrides: saben algo. Tomás conoce a alguno de ellos y ésta mañana ha pasado por allí para hacerse el encontradizo y por cómo le han hablado les debe haber llegado alguna información sobre un grupo de viajeros. A mí no me han visto, he dado la vuelta por las sierras de la Solana y no he pasado por el puerto. Nosotros hace más de dos horas que nos hemos encontrado en el lugar convenido. No hay que perder tiempo. Iremos los dos y les saludaremos. Tomás apoyará al señor de Aragonés con los coches por si hubiera problemas; habéis sido en exceso confiados con tan pocos hombres de apoyo.

Javier repasa todos los puntos. Pregunta si trajeron lo que les dijo: las viandas y alguna cosa para ayudarles en su vida montaraz. Indica que le deje hablar a él, aconseja a Bar-tolomé que se muestre campechano y no se altere frente alguna impertinencia en el trato. A lo lejos se ve llegar el grupo de coches. Los chiquillos de Ares han subido al camino al ver de lejos la polvareda. Bartolomé baja hasta el camino y hace cargar lo ya previsto en las alforjas. Se despide del grupo y les dice que les sigan a una distancia prudente, sin parar cuando él se meta un poco en el monte a la altura del puerto. Y una vez pasado éste, que no les esperen al vencer la cuesta, y que tomen carrera hasta Confrides; él y Javier les alcanzarán. Habla con el Aragonés sobre la estrategia, informa al señor de Bolufer. Tomás saluda a las señoras y queda en retaguardia del grupo. Purificación está aterrorizada al ver toda esta preparación. Se oyen los ruegos a su marido: “¡Bartolomé, por Dios...!”

Al llegar al alto del puerto los dos cuñados se desvían hacia la derecha y toman un ca-mino que se adentra en el monte. Los carros van cerca de ellos, les ven meterse en el bosque. Purificación está preocupadísima y les propone a las señoras rezar el rosario. Siguen su camino, aceleran en la bajada, tal como les han dicho, sin llegar nunca a galopar.

-           Buen día. -dice Francisco Javier a un personaje que sale de detrás de una roca y se queda en el medio del camino-.

-           Este capitán español quiere saludar al jefe.

-           Mucho capitán … pero en los coches que han pasado habían mujeres bien vestidas.

-           En los coches no había nada que te importe.

De entre la espesura surge alguien que parece mandar la partida; un personaje grueso, mal carado, con ademanes más que groseros: “¿Es usted Bartolomé de Calces? Pues dé recuerdos a su hermano de mi parte”. El Calzas le saluda con un gesto, llevándose el dedo índice a la frente y separándolo ligera y rápidamente: “Con gusto se los daré”

Francisco Javier Alveno retoma la palabra: “El señor de Calces, quiere dejaros algo para comer y pasar el tiempo mientras guardáis el paso por el puerto”. Les deja caer las al-forjas que había preparado. “Tenéis pan negro, algo de embutido, salazones y paquetes de picadura. ¡Ah! y una bota de vino”.

-           Señor de Calces, todo es bueno y los hombres tienen buena gana. Por cierto, también nos vendría muy bien algo de dinero.

Saca una bolsa con libras y algún escudo, que ya había preparado por si acaso. La so-pesa, para que el personaje la valore, y se la lanza al aire diciéndole el Calzas: “Siempre viene bien el dinero, sobre todo si es para una buena causa. Sólo espero que guardéis bien éste paso y no dejaréis que por él pase francés alguno”.

-           Así será. Y por cierto, sabe vuestra merced ir por el mundo- dice el jefe de la partida, entre arrogante y cínico- ésa capa de le cubre es de buen paño, vendría que ni pintada para hacer guardia por la noche... y vuestra merced seguro que estará a resguardo en la chimenea mientras nosotros cerramos el paso a los franceses. Por cierto ¿han visto franceses entre Alcoi y Confrides? Por aquí no pasarán ni los franceses, ni los afrancesados, ni los que nos sangran con los censos. Las cosas ya no van a ser como eran.

-           En cualquier caso, no queda ni un francés en muchas millas. Así pues, señores, que Dios sea con ustedes.

-           Caballero, olvida dejarnos la capa...

Francisco Javier les dice a los guerrilleros que va a acompañar a don Bartolomé hasta la calzada y volverá con ellos para organizar la resistencia ante la nueva situación al haberse largado los franceses. Al unirse a su cuñado, observa la indignación de Barto-lomé: “Ya me dirás cómo nos quitamos ahora a ésta gente de encima. Armados y due-ños de los caminos”

-           ¡Pues así están las cosas cuñao! El problema será desacostumbrar a ésta gente que se ha hecho a la vida montaraz y no tienen otra cosa que hacer.

-           ¿Has visto la desfachatez en la manera de robar? ¿Qué me dices de las amena-zas? ¡No han sido veladas! Fueron bien directas.

-           También he visto tu sangre fría. Has estado muy bien ¡Corre! Únete al grupo y apretad, pero con cuidado en las cuestas abajo; bajar la ladera de Aitana sin parar, llegar cuanto antes a Callosa. No creo que tengáis problemas, allí no puedo hacer nada. Me vuelvo con estos... no sea que se lo piensen dos veces. Lo de la capa ha colmado la desfachatez...

-           ¡Olvídalo! Pero aguántalos... se estarán repartiendo el botín con las navajas en mano. Gracias por todo y tú, atento a tu persona. Un saludo a mi hermana y a tus hijos. No podemos parar a verla, pero bajad cuando podáis por Altea, sabéis que siempre sois bienvenidos.

Bartolomé galopa fuerte y alcanza al convoy; da las órdenes para que sigan rápido has-ta Benimantell, allí pararán un rato a comer algo. Se acerca a las señoras para tranquilizarlas. Su mujer pretende darle la mano por la ventanilla.  Le pregunta qué ha sucedido, cómo es que va sin capa con el frio que hace... Pedro María se acerca a él con el ca-ballo para conocer lo sucedido.

-           ¿Cómo fue?

-           Ya te contaré con detalle. No se puede esperar nada bueno de estos personajes

-           Para tu conocimiento, peor están por las montañas de Crevillente y los alrededo-res de las sierras de Alicante. El Barbut es el dueño de los caminos y de los negocios.

En la fonda de Benimantell piden comida, mientras los viajeros interrogan a Bartolomé sobre lo sucedido. Él, en presencia de los niños, suaviza la descripción y sobre todo sus impresiones. Pero indica que la comida será frugal, deben partir inmediatamente hacia Altea. Les hace alguna seña a las señoras de que ya les contará. Su mujer le aconseja que se abrigue y sale de la posada para buscar ropa de abrigo entre el equipaje. “Bartolomé, cuánto he sufrido ¿estás bien?” –le dice, cogiéndolo del brazo-. El caballero con-testa a medias sus preguntas, lo cual aumenta el desconcierto de la señora. José Bolu-fer les ha seguido y le ruega a Bartolomé que le comente. No puede soportar desconocer los detalles.

-           ¿Qué quiereís que os diga?- dice Bartolomé- hasta me han robado. Con guante blanco, pero robado.

-           ¡Por Dios! ¿Pero te atracaron?

-           Ya iba preparado. Llevaba una bolsa con dinero, además de las viandas que me dijo mi cuñado. ¡Pero hasta la capa!

-           Me tienes que decir exactamente qué pasó. Mañana cuando salga hacia Xàbia seguro que vamos  a tener problemas. ¡Si ya se lo dije a Francisca! No son tiempos para ir por éstos caminos. Mañana tengo que estar preparado

-           No puedes ir solo, te acompañaremos hasta Calp y desde allí dos hombres con buenos trabucos te escoltarán hasta tu casa. Saldrás a primera hora, y debes ir con la galerita de casa, no debes llevar el coche, es un poco escandaloso. Ya te lo mando yo dentro de unos días. Pasado Gata, no creo que tengas problemas hasta casa.

En Altea, Bartolomé hace entrar el carruaje en la cochera y procede inmediatamente a recuperar el cofrecillo que había guardado. Lo abre y ve estupefacto que contiene todas las joyas de las hermanas y las 1.811 libras de Purificación. Lo recoge. Cierra con la ayuda de su hijo Juan el doble fondo del suelo y sube entre perplejo y algo indignado por la temeridad de bajar todo ese dinero sabiendo cómo están las cosas. Purificación, con una sonrisa le recibe en la puerta de su alcoba

-     ¿Parece que te has llevado una sorpresa?

-           ¡Una temeridad! ¿Cómo se te ha ocurrido? Se nota que no les viste las caras a los de la montaña.

-           No voy a dejar de resolver mis asuntos por cuatro descamisados –dice la Olcina con fingida suficiencia- y menos ahora que dispongo de dinero para mis necesidades.

-           ¿Qué tienes previsto? Con ésas medias palabras, seguro que ya tienes dónde invertirlo.

-           Si usía tiene a bien mañana acompañarnos, Luisa y yo misma le mostraremos una casa estupenda que hemos visto a buen precio. No todo tiene que ser en ésta familia -dice con una sonrisa- propiedad de los Calzas... "      


viernes, 16 de abril de 2021

La casa del Penyo. Casa del pintor Joaquín Mompó en Altea, por Miguel del Rey

 La casa del pintor Joaquín Mompó*  C/ Conde de Altea. Inicios del S. XX

*Fragmento del artículo publicado dentro del Cap. “Arquitecturas ausentes” del: Paseando por las alteas.  Val. 2016.Miguel del Rey



Fachada de la Casa Mompó más tarde Casa El Penyo. Sobre 1979. Colección MdR

La casa fue construida en las primeras décadas del siglo XX por el pintor Joaquín Mompó para deleite personal y de sus amigos; no esperaba en aquel momento la asfixia de la edificación circundante ni el tráfico que la rodeó. Tras abandonarla su promotor, fue morada de la familia del Penyo que conservó el edificio hasta que fue derribado en plena transformación urbana de la calle Conde de Altea en los años 1980. Con la casa desaparecieron los frescos del pintor Genaro Palau, gran amigo del propietario, frescos que vestían el espléndido salón con su mirador, un espléndido “bow window” de los primeros construidos en Altea, abierto a una playa virgen que con el tiempo dejó de ser virgen y playa hoy, por cierto, recuperada. De la casa quedan pocas referencias, sólo la imagen de fachada con aquella sencilla composición que reflejaba la entreplanta sobre la que se desarrollaba el plano de servicio de la casa, su planta noble. 

 

  Fresco del maestro Genaro Palau,  Marina alteana. Imagen remasterizada por este autor sobre la base de los clichés gentilmente facilitados por Don Luis Fuster.

La vida bohemia, en parte licenciosa, vinculada a la Altea de los años 1920 y 30, marcó la presencia de Mompó y sus amigos y dio un cierto carácter a la casa; de ella nos queda el documento gráfico de los frescos de su amigo, rescatados por la cámara de Don Luis Fuster y restituidos en sus proporciones por este autor. Frescos que nos dan una imagen de aquella Altea de la primera mitad del siglo XX a través de los atentos y poéticos ojos del pintor, un paisajista reconocido. Quedan también referencias varias de la incesante actividad de sus moradores, su presencia en la vida social, sus reuniones con otros artistas, con intelectuales o con las fuerzas vivas del pueblo. Se tiene también noticia de los bailes o sesiones musicales organizados en el salón de la casa, como nos muestran ciertos apuntes del Don José Pérez Albiñana sobre la actividad de la Sociedad Filarmónica y sus miembros en aquellos años.


Apunte del mestre Pérez sobre el baile realizado en la Casa Mompó el 14 de Junio de 1924. Archivo privado familiar. Copia gentileza de L. F. 

 Los pintores Palau y Mompó -segunda línea a la izquierda- los podemos ver en la foto con motivo del homenaje a Francesc Martínez i Martínez que se le hizo en la Fonda de Ronda sobre 1926 con motivo del aniversario de su obra “Coses de la Meua Terra” (R. Llorens, 1983, pág 330) 

miércoles, 7 de abril de 2021

Paisajes perdidos: Embarcadero de l'Olla en Altea, por Miguel del Rey

El embarcadero de l'Olla en Altea, con proyecto de 1931, es uno de nuestros paisajes perdidos, del que aún nos quedan restos evidentes y de interés, pura arqueología industrial y etnografia alteana.*

* Publicado en el libro Paseando por las alteas, M. del Rey, Val 2016. 


Planos de los pantalanes incluidos en el “Proyecto para construir de forma permanente unas instalaciones...”, de 1931.Colección particular. Foto. MdR

El Negociado de Puertos de la Provincia de Alicante en fecha de 24 de Mayo de 1931, otorga la concesión  “...a Don Francisco Ferrando para la ocupación con carácter permanente en la zona marítimo-terrestre en Altea, en la parte denominada la Olla, una parcela de 100 m de longitud, contados desde el barranco del Brell o de la Garrofa y al S. O. del mismo, con destino a almacenamiento de materiales pétreos...”.

El proyecto redactado incluye almacenes y dos embarcaderos para el comercio de la piedra basáltica extraída de las canteras de pórfidos de Cap Negret y Calces, negocio que regenta la empresa “Ripoll”. Hay que señalar la importancia de la documentación, pues a la vez que nos muestra el interés de este negocio minero, nos da noticia de la tecnología de la época, de la arquitectura industrial, cuyos restos aún perduran en los antiguos almacenes existentes junto a los restos del embarcadero, además de ofrecernos un precioso plano de la rada de Altea, un plano costero muy bien documentado y detallado  presentado en otros apartados del libro "Paseando por las alteas". La documentación describe los embarcaderos construidos sobre dos estructuras en pantalán estable que se adentraban en el mar, hasta casi media distancia de la Illeta. 

Almacén de materiales de 1931. Foto MdR

El edificio de oficinas y almacenes existe en la actualidad habilitado en parte como vivienda. En el lugar podemos encontrar restos de artilugios, la báscula, etc., situado todo ello  en zona Marítimo-Terrestre a la espera de un necesario estudio arqueológico y su catalogación municipal. Su último servicio a Altea podría ser su recuperación como embarcadero en pantalán alternativo al liberar el puerto que destroza el paisaje en la Cala del Soio.

                                     Restos de las instalaciones del embarcadero. Foto MdR


sábado, 6 de marzo de 2021

Casino de Jaumet en Altea, por Miguel del Rey

 Casino de Jaumet o antigua Bar Terraza. Finales del S. XIX*

*Publicado en el libro "Paseando por las alteas" en edición castellana o valenciana. Valencia 2016. Miguel del Rey


 

(cast) El casino de Jaumet o antiguo Bar Terraza, es uno de los edificios singulares del imaginario colectivo de Altea, vinculado a la propia imagen del “ensanche” decimonónico alteano, define uno de los lugares más característicos: els Quatre Cantons. Ha albergado un bar con terraza, que se ha mantenido constantemente en uso desde finales del S. XIX hasta hoy en día. El antiguo Casino de Jaumet fue una institución en este tipo de salas de ocio desde los últimos años del siglo XIX, denominado en el último tercio del S. XX como Bar Terraza, fue muy frecuentado como bar de partida y de suculentas tapas, aportando a la vez una biblioteca internacional de préstamo, muy activa en los años 60 y 70 del S. XX. Es una casa compacta de varias crujías en paralelo a fachada, con un sistema compositivo centrado en ambas fachadas: la frontal y lateral, con un balcón central y dos ventanas laterales en cada caso. Es de señalar, pues caracteriza su arquitectura, los muros de fachada construidos con una bien trabajada fábrica de sillarejo, impostados en cada uno de sus niveles. La piedra de les Quintanes adquiere en este edificio un valor particular. La escalera tiene un trazado característico, ajustado pero elegante, propia de su época de construcción. Elementos de arquitectura característicos: balcones, dinteles, impostaciones, aleros, etc.

 

La casa nº 1A  de la calle del Mar, en parte está vinculada, por su acceso, al Casino de Jaumet. Se configura como una casa de dos crujías en paralelo a fachada, con un sistema compositivo seriado en fachada y con unos acabados y un lenguaje propio de una de las más elegantes arquitecturas que encontramos en Altea. Su modernismo sobrio y comedido, se distingue por sus buenos oficios y por el diseño de sus formas. La fachada se encuentra en muy buen estado y la remodelación que ha efectuado la empresa que ocupa la planta baja ha respetado la fachada y la unidad del espacio. Nos encontramos pues, frente a una de las más destacables fachadas alteanas y la mejor muestra de un sobrio modernismo en nuestro pueblo.

(val) El casino de Jaumet o antic bar Terrassa, és un dels edificis singulars de l’imaginari col·lectiu d’Altea, vinculat a la mateixa imatge de l’eixample huitcentista alteà, defineix un dels llocs més característics: els Quatre Cantons. Ha albergat un bar amb terrassa, que s’ha mantingut constantment en ús des de finals del s. XIX fins hui en dia. L’antic Casino de Jaumet va ser una institució en aquest tipus de sales d’oci des dels últims anys del s. XIX, denominat en l’últim terç del s. XX com a Bar Terraza, va ser molt freqüentat com a bar de partida i d’apetitoses tapes, aportant a la vegada una biblioteca internacional de préstec, molt activa en els anys 60 i 70 del s. XX. És una casa compacta de diverses crugies en paral·lel a façana, amb un sistema compositiu centrat en ambdues façanes: la frontal i lateral, amb un balcó central i dues finestres laterals en cada cas. És d’assenyalar, ja que caracteritza la seua arquitectura, els murs de façana construïts amb una ben treballada fàbrica de carreus i maçoneria, impostats en cada un dels nivells. La pedra de les Quintanes adquireix en aquest edifici un valor particular. L’escala té un traçat característic, ajustat però elegant, pròpia de l’època de construcció. Elements d’arquitectura característics: balcons, llindes, impostacions, ràfecs, etc.

La casa n. 1-A  del carrer de la Mar, en part està vinculada, pel seu accés, al Casino de Jaumet. Es configura amb una casa de dues crugies en paral·lel a façana, amb un sistema compositiu seriat en façana i amb uns acabats i un llenguatge propi d’una de les més elegants arquitectures que trobem a Altea. El seu modernisme sobri i mesurat, es distingeix per bons oficis i pel disseny de les seues formes. La façana es troba en molt bon estat i la remodelació que ha efectuat l’empresa que ocupa la planta baixa ha respectat la façana i la unitat de l’espai. Ens trobem llavors, davant d’una de les més destacables façanes alteanes i la millor mostra d’un sobri modernisme en el nostre poble.

 



*Publicado en el libro "Paseando por las alteas" Valencia 2016. Miguel del Rey

miércoles, 3 de marzo de 2021

La antigua calle de la Senyoria en Altea, por Miguel del Rey

 ANTIGUA CALLE DE LA SENYORÍA Y SUS CASAS    S. XVII - XVIII- XIX*



Antic Carrer de la Senyoria . foto MdR

(cast) Uno de los elementos más interesantes de la antigua Fortaleza de Altea es su trazado viario original del S. XVII. conservado íntegramente. Entre sus calles hay que destacar la C/ Salamanca, antiguo Carrer de la Senyoria, situado de espaldas al lienzo noreste de la muralla, al fondo del cual se levantaba la Casa de la Senyoria, la Casa del Delme, donde se pagaban los tributos al señor de Palafox. Configura la calle un elegante frontis de casas reconstruidas por la burguesía alteana a lo largo de la segunda mitad del S. XVIII o inicios del S. XIX, sobre las casas originales del s XVII que configuran el lienzo norte de la muralla, ocupando en ocasiones más de una de las parcelas fundacionales y presentando en la actualidad una unidad lingüística que se ha conservado en el tiempo. De la calidad arquitectónica y elegancia de sus casas dan fe las escaleras y las salas de algunas de estas viviendas, con sus paneles y solados de azulejería originales o influenciados por los modelos dieciochescos valencianos. Son casas adosadas a la muralla, de la que forman parte y que incluye restos del paso de guardia original. Los sótanos de estos edificios están resueltos en muchos casos por las estructuras abovedadas renacentistas. Son de destacar el propio Portal Vell, la esquina de la casa n. 1 de la calle, las casas n. 3 y 5, así como los balcones abocinados de la casa n. 9.

Façanes del carrer de la Senyoria i de la muralla nord. Planol MdR

ANCIENT SENIORIA STREET AND ITS HOUSES

(inglés) One of the most interesting elements of the old Altea’s fortress it’s it original road network dated of the 17th century and totally survive. Between their streets we have to outline Salamanca Street, which was the old Senyoria Street and it was located on the back of the northeast wall façade. It forms an elegant façade of houses which were built by Altea’s middle class along the second half of the 18th century or beginning of the 19th century, which occupies sometimes more than one functional plot and presenting a linguistic unity that have been survived along time. The stairs and some rooms of these houses gave faith of their architectural quality and elegance, with its panels and original tiles flooring which are influenced by the 18th century Valencian models. These are houses attached to the walls they belong to and walls also include some of the original guard pass remains. The basements of these buildings include some renaissance domed structure in many cases. There has to be outlined Portal Veil , the corner of the  house No. 1, 3 and 5, as well as the trumpet-shaped balconies of the house No.9.

* Publicado en la “Guía de Altea”, con textos en castellano e inglés. Un libro de bolsillo para mostrar a nuestros visitantes el valor del patrimonio alteano.

lunes, 1 de marzo de 2021

Casa Cervantes y bóvedas renacentistas en Altea, por Miguel del Rey

Casa Cervantes y bóvedas renacentistas en los sótanos casa nº2 de la calle Sta. Bárbara

S.XVII / Inicios del S. XX *

 

La Casa Cervantes es un edificio ecléctico con elementos mudéjares, compuesta de tres plantas cuya fachada incluye yeserías de buena traza. En el centro se abre la puerta de acceso, remarcada por pilastras, dintel y arco de medio punto de descarga. En el tímpano se ubica un medallón con el retrato de un caballero engolado con la inscripción “CERVANTES”, que da nombre a la casa. 


A ambos lados de la puerta se abren sendas ventanas geminadas con arquillos de medio punto sobre parteluz. En la planta primera podemos ver dos balcones adintelados, acabados con arcos lobulados y sobre la puerta un adorno central enmarcado. Remata el edificio una galería de arquillos a la aragonesa y un potente alero de canes de madera. La casa la construyó don Francésc Martínez i Martínez, juez y gran folclorista alteano en el tránsito entre los siglos XIX y XX, siendo su residencia en Altea mientras fue juez de la villa.

 

Bóvedas Renacentistas en C/ Santa Bárbara, 2.

En los sótanos de esta casa encontramos en perfecto estado el sistema de bóvedas renacentistas que construían la base de la antigua muralla de inicio del S XVII. Entre ellas podemos ver las más antiguas encofradas con cañizo y construidas con un mortero de cal y ripio, mientras que otras más modernas se han reparado con una lámina de ladrillo plano. El cuerpo aéreo del edificio, reconstruido en su momento, posiblemente a lo largo del S. XIX, presenta tres plantas y ocupa posiblemente más de lo que fue una parcela de las originales. El edificio, de estructura asimétrica, presenta un sistema compositivo jerarquizado donde es valorada la planta primera. Hay que destacar el volumen del edificio, el cual se ajusta a la línea de muralla en las plantas superiores, no en los sótanos. Hay que señalar el interés de los trabajos en hierro.

*Publicado en la “Guía de Altea”, Miguel del Rey, 2014


sábado, 20 de febrero de 2021

La Posada San Miguel en Altea, por Miguel del Rey

Vista de la Posada en 1982, Foto Miguel del Rey 

La Posada San Miguel en Altea, uno de los recuerdos más vivos de un pasado culinariamente espléndido y de una historia ligada a la formación del pueblo de Altea en su parte baja.*

 * Texto extraído del libro “Paseando por las alteas”. Miguel del Rey, Valencia 2016.

San Miguel sigue humillando eternamente a Lucifer, su antiguo compañero celestial, en el panel de azulejos de la antigua posada de San Miguel, pero quizás en él ha variado el ademán; la antigua arrogancia del arcángel desapareció debido a la poca eficacia del ser celestial en la defensa de aquella preciosa y nunca demasiado llorada Posada, que bajo su advocación estuvo casi doscientos años recibiendo viajeros y comerciantes que viajaban con sus recuas de mulas junto a la playa del Bol, frente a los muros del huerto del Convento. Fue la decana de las posadas de Altea. Nacida con visión de futuro a inicios del siglo XIX, adelantándose a su tiempo y situándose en el lugar lógico donde debía pasar el nuevo camino Real, dado que por entonces aún circundaba Bellaguarda y al pueblo se entraba por la Plaza de La Cruz, pues el camino de acceso llegaba desde el molino de la Torre. Pero la existencia del convento, la importancia creciente del arrabal de San Pedro, hacían de este lugar el idóneo para un establecimiento de esta naturaleza.

 

Interior del deambulatorio de acceso a las habitaciones de la posada. Foto Coello. 

Gentileza de Jaime Selles

La posada era un edificio de varios cuerpos de construcción con un portalón que abría sobre lo que más tarde fue la carretera Valencia-Alicante, la carretera N-332, la actual calle Conde de Altea. Las plantas y macetas del vestíbulo proporcionaban un ambiente particular que se mezclaba a la penumbra del gran espacio central donde sus pulidas losas hablaban de viajeros, de negocios, de festejos, del paso del tiempo durante siglos. El vestíbulo nos introducía lateralmente en la sala del antiguo comedor, mientras que de frente encontrábamos un espacio amplio, de doble altura, con un ligero deambulatorio perimetral volado en planta alta, construido en madera, que daba acceso a las estancias y dormitorios allí existentes. Las mesas invadían los espacios de planta baja y sus estancias se caldeaban por chimeneas y hogares. Una gran cocina, transversal a las crujías principales, albergaba el mundo de los fogones y el servicio. Hacia el mar, lindando con la playa, los corrales y patios desaparecidos en época moderna.

 

Panel Restaurado. Foto Miguel del Rey

Nos queda San Miguel, si bien cuestionado en su eficacia, conservando su impostura celestial. También nos quedan algunas de las tapas que allí se degustaban en el actual establecimiento que lleva su nombre y que se ubica en una parte del solar de la antigua posada, en ellas podemos recordar el sabor de aquellos manjares, de aquellas comidas que acompañaron a la sociedad altenana tantos años.

jueves, 18 de febrero de 2021

Arquitecturas ausentes: El bar Lledó y la pastelería Internacional, por Miguel del Rey

El bar Lledó y la pastelería Internacional. Segunda mitad del s. XX*

* Publicado en el libro "Paseando por las alteas" Miguel del Rey, Valencia 2016


Pastelería Internacional en la Replaceta del Convent. Foto gentileza de Pastelería Internacional

Unas de las instituciones más representativas de la sociedad alteana en la segunda mitad del siglo XX fueron sus bares, verdaderos espacios de relación social que en las distintas horas del día atendían a una clientela amplia y diversa, bares interiores o de terraza, bares especializados en tapas, cañas, horchatas,  helados, absenta o vermút, etc. Uno de ellos fue el Bar LLedó, un bar de café y vermút por la mañana, de partida a lo largo de la tarde y por la noche, terraza de refrescos o de leche merengada. Quizás para este autor ha quedado en su memoria aquel “nacional”, ese café con merengada o vainilla, el canon de lo que entendía en la Altea de esos tiempos por un buen helado.

El humo de los cigarrillos, de los caliqueños y de los puros, hacían irrespirable su atmosfera para el neófito, pero era precisamente ese ambiente de humos, esa liturgia de exclamaciones, alguna palabrota e incluso blasfemia, lo que reunía allí a una gran cantidad de parroquianos en torno a unas mesas de mármol de Macael escritas y reescritas con las cuentas de las partidas de dominó. No se quedaba atrás la Pastelería Internacional que compartía parte de la clientela, aunque no las partidas. Sus horchatas, granizados, sus bambas y bollos rellenos de crema, los “bartolos” que aún elaboran en su nueva sede, fueron lugar obligado y terraza propia de estar a partir de media mañana o media tarde. La llegada de alguno de sus camareros a alguna casa pudiente de la contornada con una gran bandeja metálica, lustrosa, y sobre ella una merienda de horchatas y bollos era una imagen conmovedora y feliz para señoras y chiquillería. 


Bar Lledó en 1958. Foto L. Fuster

En el edificio donde se asentaba el Bar Lledó, hay que hacer mención de la Academia Bernia que ocupaba la última planta del desaparecido edificio. Institución por la que pasaron generaciones de alteanos y alteanas  en sus clases regladas o en los sesiones de “repaso” a las que asistimos tantos adolescentes en aquellos años. 

             
 Edificio del Bar Lledo y la Academia Bèrnia. Foto MdR

miércoles, 10 de febrero de 2021

Riurau de la Casa de l'Abaetgera. Calp

Cast) La masía es un conjunto importante formado por la vivienda y los corrales, junto a algún almacén y sobre todo un largo y bonito riurau que domina la imagen de la masía. Dispuesta en una meseta sobre una colina, la vista se desparrama en abancalamientos descendentes que le ofrecen una preciosa vista sobre la línea de costa. El riurau, junto a la explanada frontal, que fue el antiguo sequer. Sus intervenciones de restauración no han sido muy felices. El riurau, por su parte, se encuentra en buen estado. Se formaliza a partir del seis ojos adintelados por bigas de madera que soportan una cubierta de biguetería de madera de mobila. Esta estructura a modo de secadero sobrepuesta al volumen de la casa alargándose más allá de su fachada. La vivienda, aunque se usa como casa de recreo y apoyo al trabajo agrario, en una finca dedicada en concreto al cultivo de l. almendra hasta hace unos años.

Val) La masia és un conjunt important format per la vivenda i els corrals, al costat d'algun magatzem i sobretot un llarg i bonic riurau dominant la imatge de la masia. Disposada en un altiplà sobre un tossal, la vista s'escampa en abancalaments descendents que li ofereixen una preciosa vista sobre la línia de costa. El riurau, al costat de l'esplanada frontal, que va ser l'antic sequer. Les intervencions de restauració no han estat molt feliços. El riurau, per la seua banda, es troba en bon estat. Es formalitza a partir d'el 6 ulls adintelados per bigues de fusta que suporten una coberta de biguetería de fusta de mobila. Aquesta estructura a manera de assecador sobreposada a l'volum de la casa allargant més enllà de la seva façana. L'habitatge, encara que s'usa com a casa de recreació i suport a la feina agrari, en una finca dedicada en concret a el cultiu de l. ametlla fins fa uns anys.


 

Informació sobre el riurau extreta de la revista Riuraus Vuis nº 6. (J. Vicent Sanchez i Miguel del Rey)

ELS ULLS DEL RIURAU:  sis ulls oberts i adosats a la façana sur, la principal.

AMPLADA: 3,20  mts.         ALÇADA: - mts.

LONGITUD: 18 mts.

FORMA:  pòrtic allindat amb bigues de fusta.

 MATERIALS DE CONSTRUCCIÓ:

Parets: mamposteria de pedra calcària i maçoneria. Deficientment encalada.

Sostre: bigues, reformat.

Sòl: pis en ciment.

Ulls: Pedra calcària i bigues de fusta.

Pilars: Pedra calcària i maçoneria.

BÉNS IMMOBLES I CONTEXT: El riurau vinculat a peòpia masia de camp.

BÉNS MOBLES:  No hi han bens de relevància

ÚS DEL RIURAU:  Per la seua grandària i característiques, el riurau assecava el raïm de pansa, encara que també s’utilitzava per fer vida domèstica.

 

OBSERVACIONS:

Segons s’indica al Diccionari de Calp, a finals del S. XIX la casa pertanyia a Joaquim Diego Santamaria, que era veí de Sueca. Aquest li la deixaria al seu fill Joaquín Diego Bel·lán, per després deixar-la en herència a les seues filles. La casa servia per èpoques d’estiueig dels seus propietaris, si bé es desconeix la seua etimologia. No obstant això, l’abadejo és la forma més comuna-valenciana d’anomenar el bacallà a les terres de Sueca, per la qual cosa es podria pressuposar que l’etimologia podria respondre a un malnom de la família d’origen.  Actualment, la casa pertany a la família Oltra.

viernes, 5 de febrero de 2021

Paisajes perdidos: La Playa del Bol en Altea, por Miguel del Rey

 La playa histórica de Altea, la playa del Bol*

* Extraído en parte su texto del libro "Paseando por las alteas" M del Rey, Val-2016

La Playa del Bol era por antonomasia la playa de Altea. Situada bajo la Placeta del Convento y el inicio de las calles del Mar y Conde de Altea, llegaba más allá de la calle San Pere. Toma su nombre del desagüe en esa zona, entrono a la parte posterior de la Casa del Marnero de la antigua acequia del Bol, cuyo ramal último regaba el huerto y jardín del Convento, así como las huertas de lo que es hoy la zona de la Avenida Jaume I.

 
Montaje del autor a partir de dos fotos de Oriol, de la colección de la Casa Soler de 1930

Fue la playa popular donde pequeños y mayores se solazaban, hacían carreras por las piedras, se hundían y sumergían hasta que las madres o cuidadoras lanzaban piedras a la chiquillería para controlar la situación y su ubicación en lugar seguro. En ella se hacían las fiestas populares de la Virgen del Carmen, de San Pedro, las cucañas marineras, la suelta de patos. Era el lugar festivo y lúdico por las mañanas. En invierno se utilizaba en ocasiones para remendar redes o tender la ropa y blanquearla bajo un sol inclemente.

 

Fotografía de  Mora Carbonell. Colección Tívoli

Documento de un interés particular es la composición que se presenta este autor de dos antiguas fotos de Oriol, que nos muestran una imagen completa de la playa del Bol vista hacia el norte y en los años 20 del siglo anterior, donde el carácter marinero de la playa es evidente. La primera de las fotos de la playa la tenemos del fotógrafo Augusto Garcián en 1898, pero de ella hablaremos otro día

 

 La playa del Bol en su extremo sur, en la Calle Sant Pere, lindante con la playa de la Rodo.

Autor desconocido

Fue esta playa un lugar de trabajo, lugar de atraque de llaüts, de las pequeñas barcas de pesca, sobre todo antes de construirse el puerto.

 

Los toros, por parejas unidos por un yugo, sacaban las barcas a la playa. Sus piedras fueron, además de lugar de extensión y remiendo de redes, espacio de carga y descarga de antiguos veleros fondeados frente a estas playas, de aquellos que se cargaban con los botes que desde la playa trasportaban la mercancía ya en el siglo XVIII y anteriormente. 

La acequia del Bol y su desagüe en la playa, tras regar los huertos del Convento, de donde le viene el nombre. Plano de F. Ricaud, fechado en Valencia 1740

El arrabal de pescadores, el convento de San Pedro, su condición marinera está vinculadas en el tiempo y en el espacio. Se complementan, no se pueden entender este espacio sin esas condiciones, incluso el Convento fue un agente importante en el comercio de navegación, como nos cuentan las escrituras y protocolos de la época. Así, tal como se indica en la novela Bartolomé, centrada en la Altea de esta época, donde el síndico del convento de San Francisco se ocupaba, junto con otras funciones, de estos temas de comercio subarrendado a alguna familia pudiente alteana, procurando así buenos centenares de libras al Prior para el buen uso que el hospicio y el convento dispusieran.