miércoles, 9 de mayo de 2018

¿Por qué me parece el Metropol un Sitio Histórico que debe perdurar? Por Miguel del Rey





Quizás esta discusión tiene su interés más allá del propio Metropol. El interés puede estar en precisar el valor de lo que una sociedad como la nuestra entiende por obra de valor artístico capaz de convertirse en monumento histórico.

El otro día en un diario valenciano decía sobre esta cuestión: “Es evidente que la intervención de Javier Goerlich en el Metropol en los años ’30 no es una intervención ortodoxa sobre un edificio academicista, pero considero que su manera de intervenir y el propio trabajo están imbuidos de algo atractivo, pues nos muestra una de las primeras intervenciones edilicias valientes, sin complejos, de una modernidad próxima a la iconografía republicana del momento, que poco tiempo más tarde veremos en Renau, mostrando el valor plástico de una imposición que participa tanto de la arquitectura como de la caligrafía”.

O sea, la obra de Javier Goerlich en el cine Metropol, desde mi punto de vista, marca por la manera de intervenir y por el lenguaje que utiliza, un ítem en el proceso evolutivo sobre lo construido en la ciudad. Y precisamente esta condición de ser un punto de inflexión nos acerca a la reflexión que en época muy temprana nos presenta un teórico de la forma como Aloïs Riegl, cuando en 1903 (publicado en España en 1997 en primera ed.) elabora un informe sobre conceptos próximos a la teoría del gusto, para aclarar en estas sociedades que ya podríamos decir modernas qué es lo que se entiende por monumento histórico; lo hace en la Comisión Central Imperial de Monumentos Históricos y Artísticos austriaca, siendo él responsable del Museo de Artes Decorativas y Catedrático de la Universidad de Viena.

                  En su informe hay dos cuestiones que vienen al caso, cuando afirma que el valor de una obra artística se debe entender dentro de una condición evolutiva. Nos acerca a la idea que posiblemente cada obra o acción artística pasada podría condicionar el futuro, pero añade que siendo evidente la imposibilidad de conservarlo todo: “Nuestra mirada debe dirigirse a aquellos testimonios que parecen representar etapas destacadas en el curso evolutivo de determinada rama de la actividad humana”. Estas acciones precisamente serán pues las que accederán a pasar del mero valor artístico, al valor de monumento histórico.

 Aplicando esta línea de pensamiento a nuestro tema candente, tendríamos dos alternativas para valorar la condición del Metropol como monumento histórico:

-                En primer lugar su valor como lugar y espacio dedicado al cinematógrafo y junto a ello, su intervención sobre una arquitectura academicísta desde un punto de vista de yuxtaposición, podríamos decir realizada con cierto descaro. En ello se unen ciertos valores artísticos, plásticos y visuales, que lo hacen único y pueden representan un momento evolutivo en el arte.

-                En segundo lugar, atendiendo a la idea fragmentaria de una ciudad en lo contemporáneo, producto evolucionado del gusto a partir del romanticismo, su valor estaría más cerca de alguno de los formatos que aporta la Ley de Patrimonio Valenciana -por la cual nos regimos- y que nos facilita la condición de “Sitio Histórico”: Lugar vinculado a acontecimientos del pasado, tradiciones populares o creaciones culturales de valor histórico, etnológico o antropológico. No podemos olvidar en el caso del Metropol sus orígenes y los sucesos que en él ocurrieron en un momento crucial de la Segunda República, razón suficiente para atender a esta condición.

Creo que el Metropol se merece permanecer entre nosotros con más o menos intensidad, quizás como una pieza inserta sobre otra, quizás como fragmento. Eso ya será labor del buen criterio político que sepa atender la llamada de la ciudadanía, o de la habilidad de la propiedad que entienda el valor, no solo el precio, de las cosas, y de un buen arquitecto que sepa compaginar presente y pasado.

Nota: Texto sobre el cual basé mi intervención en la Facultat d`Història i Geografia de la Universitat de València, con motivo de la Tertulia convocada por el Decana  D. Josep Montesinos en torno al tema del Metropol y a la cual fui invitado. 


viernes, 27 de abril de 2018

¿Quedamos en el Metropol? Por Miguel del Rey


¿Quedamos en el Metropol?
Por Miguel del Rey*
Arquitecto y Catedrático de Universidad

Publicado en Las Provincias 26/04/2018



Mi amigo y compañero Julián Esteban construye en las páginas de este diario un discurso interesante y culto en torno a la problemática del Metropol. Es una delicia viajar con él a unos de esos rincones tan atractivos de la obra de Javier Goerlich como es el caso de la intervención en el Puente del Mar: uno de los espacios del eclecticismo como modernidad, uno de los restos más importantes del paisaje urbano de la Segunda República. Son los suyos comentarios interesantes impregnados de valoraciones académicas.

Es evidente que la intervención de Javier Goerlich en el Metropol en los años ’30 no es una intervención ortodoxa sobre un edificio academicista, incluso es posible que no saliera de las mismas manos del arquitecto la preciosa caligrafía del rótulo, como se atreve a decir mi amigo. Es conocido que el estudio del arquitecto era un hervidero donde, por razones que no vienen al caso y propias de aquellos tiempos convulsos, otros arquitectos de reconocido prestigio colaboraban. Pero la obra está firmada por J. Goerlich y él es el máximo responsable. Suya es la obra. Y lo vengo a decir porque desde la manera de intervenir, hasta el propio trabajo, están imbuidos de algo que en el artículo se califica un poco despectivamente como “obra menor”, cuestión con la que no comulgo al expresar el término de manera categórica.

Desde mi punto de vista, su intervención en la escena pública, que es precisamente la cuestión a debatir en este caso, nos muestra una de las primeras intervenciones edilicias valientes, sin complejos, de una modernidad rabiosa próxima a la que poco tiempo más tarde vemos en los carteles de Renau, en la iconografía republicana del momento, mostrando el valor plástico de una imposición que participa tanto de la arquitectura como de la caligrafía, valores en los que años más insistirá una cierta estética “pop”.

Pero si bien la Academia, la Escuela o el Colegio son instituciones relevantes, no hay que olvidar que están insertas en una realidad más compleja: la sociedad valenciana y en concreto la ciudad de Valencia. Ser ilustrado es necesario para conocer y valorar, pero no se puede solamente con ello construir la ciudad; una ciudad cuyo concepto ha cambiado desde la Ilustración y en la cual no es necesaria la coherencia absoluta entre la disciplina académica y el imaginario público para conservar un bien. Sí para analizarlo, para construir un discurso, pero no para con ello marcar el valor que puede tener, o le puede asignar, una sociedad.

El culto a la ruina es precisamente una de las bases de nuestra cultura a partir del romanticismo; nuestras ciudades se han ceñido a este dogma de manera palpable. La sociedad vive en los fragmentos, visita las ruinas, hace suyos los restos esparcidos en la ciudad de manera consciente, se reconoce en ellos como pueblo y valora su pasado. Las imágenes de los libros son otra cosa, y en caso necesario en ellas puede vivir la memoria una vida que no es vida, que es solo imagen de la vida; no es el caso, la ciudad aún posee el objeto.


Creo que el Metropol se merece permanecer entre nosotros con más o menos intensidad, quizás como fragmento, quizás como una pieza inserta sobre otra. Eso ya será labor de un buen arquitecto que sepa compaginar presente y pasado: ese bonito y difícil ejercicio de arquitectura donde en lo contemporáneo permanecen fragmentos de la memoria. Como fue en su momento la intervención de Javier Goerlich.

domingo, 11 de marzo de 2018

La Casa Nova en Calp. Arquitectura y dominio del territorio, por Miguel del Rey


Ponencia presentada en el acto de inauguración de la Casa Nova como Centro de Excelencia Calp 10 de Marzo de 2018

Mi presencia esta tarde en Calp se debe a dos razones fundamentales:

-          Primero atender a la invitación municipal en este día tan particular de vuelta a la vida de un bien tan querido como la Casa Nova, edificio que siempre me ha fascinado por la calidad de su arquitectura, la cual trasciende la condición local. Razón por la que agradezco al Ayuntamiento de Calp la invitación a este acto.

-          En segundo lugar seguir reflexionando en torno a un edificio al que he dedicado horas de trabajo, dibujo y estudio a lo largo de años (como hicimos hace unos meses junto a un destacado grupo de investigadores locales en el último número de Riuraus Vius dedicado a la arquitectura rural de Calp).

Es interesante este segundo punto, el de la reflexión, pues entiendo que quizás es un buen momento para dejar sobre la mesa cuales son las razones de la restauración de lo público,  de la restauración en general del patrimonio.

¿Qué es restaurar?       

Hay tres respuestas inmediatas al tema:

-          Restaurar-recomponer-rehabilitar algo deteriorado (devolverlo a la sociedad con un uso adecuado es positivo)
Pero en el patrimonio debe a la vez incluir otras acepciones del término:
-          Restaurar-recomponer una lectura correcta de un bien y dejar evidentes las huellas del paso del tiempo para procurar lecturas posteriores de la historia.
-          Restaurar por tanto implica, como dice la Ley de Patrimonio Valenciana, no solo incidir sobre el bien, sino conservar y mantener un ámbito que conserve o potencie una escena capaz de una lectura adecuada del bien a proteger.

Soy catedrático de Universidad y estoy acostumbrado a expresar mi libertad de Cátedra y en lo que pueda, proponer un diálogo fecundo. Es evidente que no se han dado todas las acepciones del término restaurar en este caso. Pero estamos a tiempo de reconducir lo antes posible el tema evitando su inadecuado entorno. La existencia de un parque que rodea la Casa Nova, como indica el Plana General, que enfatice el valor de la Casa Nova sobre la colina, es más importante que nunca. Máxime cuando ya existe una propuesta sobre él.

Superado este punto reivindicativo y crítico, agradezco al Ayuntamiento, y en concreto a Cesar Sánchez, que aún sabiendo mi postura crítica, me invite a presentar el valor que desde mi punto de vista entiendo tiene la Casa Nova. Es un buen síntoma de apertura y transparencia en un político de su nivel.
Porqué me interesa la Casa Nova?

Hay varias razones:

Una por su arquitectura, otra por su situación espacial y otra por su ubicación en el tiempo.

Son en el fondo las tres cuestiones que siempre aparecen en arquitectura:




-          Espacio

Me atrae su localización sobre la colina, sobre el terreno agrario, sobre un paisaje que fue la razón de su existencia.
(y en ese sentido mis críticas anteriores, pues trastoca la razón de su existencia)

El dominio visual de los campos, era en el fondo el dominio del propio territorio.
(Desde el Renacimiento está unida la vista con el dominio. Recordemos la Vila Rotonda de Palladio, de la que esta casa de alguna manera es deudora, no por el tipo, si por la ubicación sobre la colina dominando los campos agrarios razón de su existencia. También el siglo XVI el encargo de Felipe II a A. Wijngarden de que le dibujara de manera realista las ciudades del imperio para de alguna manera tomar posesión de ellas. O los dibujos en las lunetas de Utens en la Vila d’Este, donde se toma posesión visual de las villas Mediceas.)

La ubicación de la Casa Nova, dominando el territorio, permitiendo la visualización es una manera de dominio de las numerosas tierras en producción alrededor de la colina, en los llanos productivos al pié de ella, campos bien orientados y protegidos del viento salino

El dominio y el control de la producción es una característica propia de esta sociedad georgiana, muy distinta a la visión bucólica del campo, donde lo agrario y su papel primordial en la riqueza es esencial, y en ello radica la ordenación del propio lugar, o en términos más grandes, del propio territorio.

En el caso de la Casa Nova nos encontramos frente a una masía propia del universo de la vid, que distribuye en el territorio sus elementos de transformación de la producción: Los cups (lagares) de transformación en vino y almacenamiento en las bodegas en la casa. En los campos, los riuraus, los espacios de transformación de uva pasa. Riuraus aislados, distantes de la masía, para evitar los gastos de transporte de la uva recién cortado. Una masía se completa con un corral de ganado, que  genera abono para los campos, productos lácteos, lana y limpieza del sotobosque.

Esta ubicación sobre un altozano creaba un paisaje que remarcaba su capacidad de dominio a través de una arquitectura solida, rotunda e inexpugnable. Paisaje muy distinto hoy día, pero similar en el concepto de dominio de la actual explotación del territorio.



-          Tiempo.   Su ubicación en el tiempo es interesante.

Como ya hemos dicho se construye en el tiempo de una sociedad ilustrada, fisiocrática, que basa su riqueza en los productos de la tierra. Donde la vid es el cultivo principal, con sus posibles modalidades de explotación: la de mesa, casi inviable en una sociedad sin medios de transporte rápido, pero con dos modalidades muy rentables, el vino y la uva pasa. Nos encontramos pues frente a una casa que alberga los espacios y estancias propias de una explotación especializada en la transformación agraria, insertada en una estructura de mercado, muy distante de cualquier idea de autoconsumo

No estamos frente a un disfrute bucólico, lúdico o ameno, de pastores y musas en el campo, se trata de una cultura georgiana de explotación agraria que se sitúa en el siglo XVIII.  Se ha superado el uso extensivo y primitivo del territorio que encontramos en el siglo XVII, tras la estabilización propia del descalabro económico de la expulsión de los morisca. La Casa Nova se aleja de las primeras masías que colonizaron un territorio que aún seguía bajo el peligro de las oleadas berberiscas que asolaban sus costas.

(Son interesantes en este sentido las cartas a las que hace alusión el articulo de Teo Crespo “Visións literaries del riurau” donde comenta la correspondencia de Matilde Frígola i Palavichino, propietaria de la Casa Nova en el último tercio del siglo XIX)


Es una masía muy distinta de aquellas Cases de Tros, las casa de la primera colonización en el siglo XVII, que tan bien nos cuenta Antoni Banyuls, y que vemos reflejadas en Calp en la bellísima y llorada Masia de la Calalga, o de les Monges, hoy irreconocible. Ese concepto de masía ganadera se han superado en esta Casa Nova, una masía agraria. Los esquemas de les Cases de Tros. Casas de pastoreo como primera opción, donde casa y corral son los elementos básicos, están muy alejadas en esta arquitectura. La Casa nova es ya una masía propia de la sociedad del siglo XVIII que se centra en la producción agraria de la tierra.

-          Arquitectura

La influencia de la ilustración no sólo la vemos en la manera de ocupar el territorio, o en abrazar el valor productivo del campo. También la vemos en la arquitectura de la casa.

El edificio ofrece una interpretación de la tipología tradicional de un clasicismo rural elegante y austero en las formas externas, pero de una calidad en las fábricas y su construcción, donde hay que distinguir, además de su composición, sus fábricas de sillería, los elementos singulares como aleros,  matacán, arco central, etc.



La masía en términos generales se compone por la adicción de una serie de elementos canónicos que se van construyendo en el tiempo, algunos coincidentes con el primer momento de construcción, pero otros en tiempos posteriores. La Casa Nueva es un buen ejemplo de esto. Responde en origen al esquema básico del mundo agrario occidental, con la elegida "casa-patio-pajar" como estructura básica. Una tríada que en un primer momento incluye una casa de dos crujías, a la que nos referiremos más adelante en su tipología, más un patio posterior y una serie de cuerpos anexos construidos en el patio. En estos espacios se almacenan herramientas, productos para  tareas agrarias, los espacios de transformación, como un precioso cup de elaboración de vino y una bodega bajo tierra, bien situada para prevenir al vino de los cambios bruscos de temperatura y procurar su conservación. Más posiblemente debió tener almazara, o bien otros artefactos de transformación de productos agrarios, lógicos del lugar y de este mundo.



El tipo arquitectónico de la casa que se incluye en la masía, es el propio de la arquitectura rural valenciana de época moderna, un sistema de dos naves, construidas en paralelo a la fachada, con la línea de carga central que soporta el vértice de la cubierta. Esta dispuesta a dos aguas, tiene el alero paralelo a fachada. Consta de tres plantas y en este caso con una composición ligeramente asimétrica en su primer momento. Con puerta construida en silares, con arco de medio punto.

La línea central de carga se define por un muro en planta baja, sobre el que se abre un elegante apertura central. Muro que en las plantas superiores se transforma en sistema de arcos de medio punto construidos roscas vistas de ladrillo. Es de destacar el elemento más trabajado de la arquitectura de la casa: el arco central, un arco carpanel bien trazado, con dovelas ajustadas y terminadas en un pequeño "toro" lateral; arco que descansa sobre capiteles de pilastras extremas del muro.



Una composición a tres, ligeramente asimetrizada, con ventanas de unas dimensiones ajustadas, muy pequeñas en planta baja y situadas a una altura muy elevada -síntoma de la inseguridad del lugar, tema muy presente en su arquitectura- y unas aberturas muy cercanas al alero en planta última, en el cuarto secador, donde al mismo tiempo encontramos un matacán que defiende la puerta de acceso. Aspilleras en las esquinas y matacán, más la ausencia de huecos de cierta importancia en planta baja, nos hablan de la inseguridad del sitio.

Evolución.- La casa y la masía en general han tenido varios momentos en su evolución y consolidación. Así podemos ver cómo se adosa un cuerpo de construcción en la parte oeste de la casa, con la misma altura que el edificio original y sistemas constructivos muy similares, pero donde la estratigrafía muraria es clara, ya que nos muestra una diferencia evidente entre ambos momentos. Este cuerpo se prolonga posteriormente, ampliando el patio con un porche lateral. El alero unifica las dos intervenciones, por lo que no se puede saber con exactitud si este alero pertenece a una intervención unitaria del momento segundo -que elimina posiblemente un primer alero-, o bien esta parte del alero es prolongación del primer; aunque no se observa un punto claro de unión con fábricas diferenciadas, que seguro, nos daría una solución de ampliación, como se ha indicado.

Una ampliación al sistema básico original nos la proporciona el corral, el cual se adosa, a la manera tradicional, como un cuerpo canónico más dentro del repertorio de formas y tipos de nuestra arquitectura rural, cuerpo este que se suma al ya existente. Corral, formado por un "ras" amplio que se perimetral casi íntegramente por un "cobert" a un agua.


Quizás no fueron las únicas intervenciones y transformaciones que tuvo la Casa Nova. El sistema de ventanas de planta alta, la rejería, son de un tiempo más moderno que el resto, además de varias elevaciones de los cuerpos económicos del patio, que evidentemente son más modernos. La rejería es también relativamente moderna.




Por último la toponimia del lugar, la Casa Nova, nos sitúa en un tiempo, el de la modernidad. El apelativo "nueva" ya nos dice que podemos rondar el Siglo de las Luces, el de los Amigos del País y las nuevas visiones sobre el territorio, sobre la explotación y la racionalización de la producción.

Nova también se suele decir de las fábricas que sustituyen otros, más antiguas, pero no creo que sea el caso dado el carácter que tenían aquellas tierras asoladas por piratería berberisca que la hacían peligrosísima para ser habitada de manera dispersa. Sólo cuando se calmaran los saqueos es cuando se podría pensar en un asentamiento importante en solitario, y ello con las debidas defensas, como nos muestra la casa.

sábado, 27 de enero de 2018

Revista "Riuraus Vius" nº 2 - Monogràfic de Denia, La Xara i Jesús Pobre- Publicació en obert





Val)   En aquesta  experiència editorial RIURAUS VIUS vol donar a conéixer una part de la nostra cultura rural: l’arquitectònica i l´etnològica, i en particular la que ens apropa a unes construccions tan nostres, els riuraus, tan íntimament lligats a la nostra cultura i al nostre paisatge, a la nostra manera d’entendre la vida que es podria dir que són ells els que parlen de la nostra personalitat com a poble.


Cast)   En esta experiencia editorial Riuraus Vius quiere dar a conocer una parte de nuestra cultura rural: la arquitectónica y la etnológica, en particular la que nos acerca a unas construcciones tan nuestras, los riuraus, tan íntimamente ligados a nuestra cultura y al nuestro paisaje, a nuestra manera de entender la vida que se podría decir que son ellos los que hablan de nuestra personalidad como pueblo.

Como director, maquetista y responsable de este número, pienso que es un honor dar a conocer este trabajo y la tarea que Riuraus Vius junto a la gente de su entorno hicieron realidad en 2013.                 

Miguel del Rey 
                                                                           Picar aqui: