martes, 18 de septiembre de 2018

De un tiempo y un lugar. Prologo a un libro de Javier Bonilla




En recuerdo al amigo que nos ha dejado, D. Javier Bonilla Musoles, publico el prólogo que tuve el honor de escribir para su espléndido libro.

De un tiempo y un lugar

Una de las características que distinguen a la arquitectura vernacular es la capacidad de asumir y hacer propia toda la carga cultural que le han brindado las distintas sociedades que en el tiempo se han ido sucediendo. Absorbe los flujos culturales, los filtra y reinterpreta, pero siempre conserva ciertas condiciones que la siguen identificando, condiciones aprendidas por la tradición, por la experiencia que da el tiempo y que ha ido haciendo cada vez mejores a estas arquitecturas; invariantes formales o técnicas que inciden sobre la forma de la casa y permiten reconocerla como de un tiempo y de un lugar.

De esa relación fecunda entre lugar físico y lugar cultural nacen formas que cobijan una manera de vivir. Se desarrollan técnicas que permiten construir y conformar espacios para habitar o para trabajar. Con ellas se estructura el propio territorio haciendo uno el espacio existencial y el ámbito de vivir, generando con ello un paisaje, el paisaje que heredamos hacia mediados del siglo XX y que en su último tercio murió y del cual estudios y libros como éste nos proporcionan datos y claves para que permanezca en la memoria y con ellos podamos comprender un tiempo y un lugar.

Las arquitecturas vernaculares y de la tradición son arquitecturas de un mundo pretérito, pertenecen al ámbito de la mimesis, de la transmisión del oficio, de la estabilidad en la forma, al clasicismo en términos generales. Es un mundo ajeno al del diseño, ese mundo que valora la novedad, la ocurrencia feliz e incluso sublime, pero no contrastada, la singularidad y el individualismo hijos del romanticismo; así pues podemos constatar una ruptura, y con ello podemos decir que aquellas arquitecturas que construyeron nuestro paisaje rural son de otro tiempo en este lugar.

La construcción de estas arquitecturas se hacía por medio de materiales autóctonos, fáciles de conseguir en un entorno más o menos próximo, de los que se conocían sus cualidades y la manera de trabajar con ellos lo cual daba a estas construcciones una uniformidad matérica que se trasladaba al propio paisaje; materiales que a medida que nos aproximamos en el tiempo y aumentan las posibilidades de comunicación y transporte, se incorporan más al repertorio usado, y con ello aparecen nuevas técnicas constructivas que dan como resultado nuevas formas, cuya virtud y belleza en cada momento, antes de la ruptura estética, estaba en ser reconocibles entre un antes y un ahora.

La labor realizada por Javier Bonilla se enmarca precisamente en esos momentos previos al cambio estético, donde participamos de la incorporación de nuevos elementos a la arquitectura, donde afloran nuevas sensibilidades en la manera de vivir, pero aún estamos en una arquitectura reconocible dentro del mundo de la tradición; por ello es tan interesante este momento de estudio de una arquitectura que dejó una impronta en la cultura y en el territorio antes del cambio estructural y paisajístico del Marquesat de Dénia, una subcomarca con peculiaridades propias cada vez más desdibujadas, y que estudios como este nos muestran en su verdadera dimensión e importancia en un tiempo y un lugar.

Los trabajos de campo de Javier son unos documentos inéditos de valor particular por si mismos, ya que aportan material para futuros análisis y estudios de otras facetas del conocimiento. La lectura que el autor hace de ellos nos aproximan a una sociedad y a su manera de habitar en Dénia; documentos gráficos que se complementan con otra documentación también de gran valor y que en la mayoría de los casos se ha perdido: la propia tradición de uso de estas arquitecturas,  lo que esas gentes le vivieron, su experiencia existencial, el uso de unos espacios y los ritos, costumbres y comportamientos domésticos de una sociedad que años mas tarde se transforma hasta casi ser irreconocible y con ella el paisaje decimonónico.

A través de los trabajos realizados podemos encontrar los rastros de influencias externas, de formas de otros lugares, de otras maneras de vivir, de cómo ello incide sobre la casa y sobre el concepto de confort en la vivienda: higiene, iluminación, hábitos de estar y de relación, etc. Los vínculos comerciales y culturales que mantiene esta burguesía agraria y comercial que está abierta a las influencias que llegan, en forma de objetos o ilustraciones, en la bodegas vacías de los barcos que vienen para cargar pasas de la Marina o vino de Moscatell y que se mueven en cabotaje desde Marsella a Argel, o sobrepasan Gibraltar para llegar hasta las Islas Británicas. Burguesía que incorpora individuos, gustos y maneras de una colonia de origen extranjero, que habita en las tierras fértiles del Marquesat, o en las laderas del Montgó, quizás en ocasiones más abierta al mar que a las relaciones con el interior del territorio. En cualquier caso subyace, en el estudio de Javier Bonilla, y en la documentación aportada, un claro sustrato local vinculado a la cultura tradicional de la casa rural valenciana, con la que se encuentra perfectamente relacionada esta arquitectura y desde la cual realiza unas experiencias que viene dadas por las particulares relaciones culturales que se dan en un tiempo en Dénia y la propia condición física del lugar.

Este estudio se enmarca en esos trabajos realizados con entusiasmo por personas generosas y amantes del país, del patrimonio y de sus gentes; pues solo desde esas condición se puede abordar una labor serena, tranquila, larga y precisa, donde lo único que se echa en falta es el tiempo restado a las personas queridas para necesariamente dedicarlo al amor por el conocimiento.

Miguel del Rey
Altea, Marzo de 2007





sábado, 1 de septiembre de 2018

Un Bastón de Mando dieciochesco alteano? Por Miguel del Rey

Hace unos 15 años recogí un bastón sucio, en mal estado, que había estado dando vueltas por el ropero de de una especie de andrón que había en una antigua masía de mis abuelos. La alcoba lo formaban además del ropero dos estancias, en algún momento separadas por cortinas, donde se encontraban camas de diversas dimensiones donde dormíamos los niños y los hombres solteros de la familia, aunque fuéramos de muy diversas edades.

En el ropero había de todo, en particular paraguas antiguos, bastones de paseo, ropa de vestir ya de poco uso y unas mantas agobiantes por el peso que nadie usaba por miedo a morir sepultado. Entre los bastones se distinguía uno por no tener mango de apoyo; bastón que utilizábamos para juegos y otros menesteres.

Tras el asalto y robo en la masía en una funesta fecha, quedo tirado por el suelo el dichoso bastón, ajado, medio roto de varear colchones y con algo de carcoma, por supuesto sin el pomo de apoyo. La primera impresión de los que fuimos a ver qué había pasado por allí fue abandonar trastos inservibles como este. Aun recuerdo que tras abandonarlo volví a subir a la estancia y junto con unos paquetes de libros y escrituras antiguos, esparcidos por el suelo, lo metí en el maletero del coche.




Tras años de abandono lo rescate, solicite a una persona de las que me acompañaban ese día, atenta con la manufactura de madera y muy querida por mi, que me hiciera un mango adecuado a algo que también había sido de su familia. En su escrupuloso trabajo descubrió que en el interior del bastón se ocultaba un sofisticado estilete, lo que nos sorprendió. Como pudo me labró a mano un pomo de roble, potente, bien pulido, ergonómico con mi mano, que no ajustaba demasiado bien con la boca del estilete.  La carcoma y la fractura seguían haciendo inservible el bastón. 


Determinamos llevar a restaurar el fuste a unos amigos profesionales en Valencia. Mis amigos de Contraforte, restauradores y enamorados de su trabajo, volvieron a la vida el fuste con inyecciones de resinas y tratamientos adecuados que dejaron el fuste perfecto. Era un fuste muy texturado, como de vara de boj, o de otro arbusto, con nudos al tresbolillo. Limpiaron adecuadamente el estilete y la boca, que resultó ser de plata muy trabajada. 

Aquí empezó su labor de investigación. Tardaron en devolvérmelo, tanto que me escamé. Pero valió la pena!

Una tarde me entregaron un Bastón de Mando de época barroca datado en torno a la mitad del siglo XVIII y de los que prácticamente no quedan modelos desde donde reconstruir lo faltante, de ahí la tardanza. Una pieza un gusto muy propio del momento, completamente distinto de los posteriores neoclásicos, que desde 1790 e inicios del siglo XIX en adelante, se han visto en las varas de mando militares o de alcalde.





Se recuperó la base de latón, muy deteriorada, pero restaurada perfectamente. Lo faltante era la tapa del estilete que cerraba la boca de plata. La construyeron a partir de pinturas y de imágenes de época, la acabaron con una pieza en plata repujada con las mismas geometrías que la boca y unida a la argolla faltante de manera que el estilete se podía abrir, como en origen, directamente por la inercia de un movimiento desde la base. Una pieza muy bien diseñada y un arma defensiva eficaz. La pieza tomo su verdadero sentido.




Y surgió la pregunta por parte de Contraforte: ¿Qué hacía una Vara de Mando barroca en esta masía alteana? Una pregunta muy propia.

Dos alternativas les dije que podía haber: ser un vara militar con mando en plaza,  cuestión que en principio no acababa de ajustar, quizás por la longitud de la pieza. La otra alternativa es que fuera un Bastón de Mando de algún cargo. Hablamos de varias posibilidades, capitanes del Regimiento España, con sede en Mallorca, muy activo en esa época y al que pertenecieron varios miembros de mi familia. O quizás la alternativa más posible es que se tratara de un Bastón de Mando del Gobernador de la Fortaleza de Altea, Bartolomé Calzas, capitán del ejercito con cargo de Gobernador primero en la Vall de Çeta y más tarde en Altea, al servicio del Marqués de Ariza, donde ocupó el cargo en la parte central del siglo XVIII. Propietario además de la masía en cuestión donde se encontró el bastón. Coincidente en el tiempo con el estilo del bastón.




Si es esta la alternativa estamos ante un documento inédito, al que solo le falta el lazo de seda con los colores rojo y oro propios de estos cargos, cuestión en la que se están documentando mis amigos restauradores para conseguir una pieza en seda similar.




Mis gracias mas sinceras por la labor de investigación y la propia restauración a Contraforte y también mi consideración a Félix Aynat que tanto me ha ayudado en el proceso.

martes, 21 de agosto de 2018

El Caballero escocés D. David Hume y el paseante.Por Miguel del Rey




El paseante tras un exhausto paseo a casi treinta grados se refugia en su biblioteca. Su vista se centra en un pequeño libro, un libro que consiguió rescatar de la expoliación de la biblioteca familiar hace unos veinte años robada de una masía de La Marina. El libro es antiguo, está reencuadernado, su interior fue recuperable, pero estaba en muy mal estado, cerca de unos charcos, mojado, en el patio de la masía, posiblemente por caérseles a los ladrones en la nocturnidad del robo. El titulo es sugerente: “Discursos políticos del señor David Hume, caballero escocés”.

Lo había visto al mandar restaurarlo, lo tuvo en sus manos, pero nunca se paró a hojearlo. Hoy le atrae y se sienta en una butaca algo invernal, de estas con mantas encima para ocultar una tapicería ya ajada por el tiempo…, pero la butaca es tan cómoda. Acerca un ventilador y lee fragmentos.

Recuerda que compró un regalo a su amigo Enric en fecha reciente en su última estancia en Barcelona y aún no se lo ha entregado; un libro sobre Adam Smith y sus relaciones con David Hume; un tema al que el paseantes es ajeno pues le superan estos señores, no como a mi amigo que aún se emociona con el señor Smith. Abro el libro, lo ojeo, es de un profesor danés D. C. Ramussen (El infiel y el profesor, BCN, 2018). Se trata en él precisamente de las obras del señor Hume y encuentro el libro en cuestión: “Discursos políticos”, Edimburgo 1752.

Se le queda grabada una frase sobre el resumen del libro “Progreso, saber y humanidad están unidas en una cadena indestructible”.

El libro le hace pensar en cómo llegó a La Marina un ejemplar de D. Hume en fecha tan temprana, en traducción castellana del francés de 1789 realizada en Madrid por la imprenta de Gonzalez (Hume estuvo largas temporadas en París). Qué sociedad era esa que en aquellos tiempos estaba tan al día de los más relevantes pensadores del momento.

Cree que valoramos mal a nuestros antepasados, la Ilustración llegó a estas tierras y en ciertos grupos sociales hizo mella, que se reflejó en un aumento del bienestar del pueblo, además por supuesto del de las clases acomodadas. Forjó una hendidura en el pensamiento que perduro durante la segunda mitad del siglo XVIII y quizás los primeros años del 1800. La guerra, el ataque sin piedad a los afrancesados, a los ilustrados, el populismo, un rey nefasto tras Napoleón, acabó con todo aquello que había forjado el triunfante ‘700. Fue tan efímero!


Creo es necesaria una relectura del siglo XVIII, valenciano y español, sin prejuicios, sin intenciones sesgadas, sin el salvajismo de la lucha y las decantaciones políticas de maulets y botiflers, tan estériles, absurdas, cargadas de mentiras.

jueves, 19 de julio de 2018

La Capilla del Sagrario de la iglesia de Altea, por Miguel del Rey

A mediados del siglo XIX y debido al estado de ruina que presentaba el antiguo templo se propone la construcción de una nueva capilla ocupando en parte lo que fue el antiguo cementerio de época fundacional que en esos momentos hacía años había sido desacralizado y trasladado al extremo del arrabal del Fornet; es precisamente en la época de traslado desde esa ubicación al nuevo cementerio de Les Rotes, el actual, cuando se construye una capilla exenta para, dado el estado de ruina de la iglesia, dar servicio al culto a la parte alta del pueblo.




La Capilla del Cristo, inaugurada en 1854, se configuró de esta manera como edificio exento situado al suroeste de la antigua iglesia. Compuesta a partir de una geometría academicista de doble simetría, con puerta desde la Plaza de la Iglesia.

Se define como un gran espacio central con planta de cruz y cuatro capillas, cubierta con cúpula de sección elíptica y fuerte peralte que permite visualizarla como semiesférica desde puntos de vista próximos; cúpula revestida con teja curva vidriada en azul y blanco sobre la que se levanta una linterna estilizada. La arquitectura clasicista de su interior, de elegante factura y buenas proporciones, contrasta con la desnudez de sus volúmenes externos: fábricas de mampostería construida para no ser vista, de una sencillez franciscana que incluye una única puerta original adintelada de sillería sobre la que podemos ver un arco de descarga acabado para no ser visto.


La capilla está llamada a tener un protagonismo particular en la futura configuración de la actual iglesia de Altea por dos razones muy distintas: por su ubicación y por su propia arquitectura. Su localización marcará las dimensiones y proporciones de la nueva iglesia, utilizando esta capilla como parte del crucero y asumiéndola dentro de su geometría. Por otro lado las formas de su arquitectura interior, sus pilastras, capiteles corintios compuestos, arquitrabes y frisos, estarán llamados a tener un valor particular en la propia arquitectura interna de la futura iglesia, la cual abandonará los devaneos neogóticos a la moda en la época y se vinculará a estos temas academicistas de la capilla.

miércoles, 18 de julio de 2018

Altea, portularios y batimetrías, por Miguel del Rey

* Texto publicado en el libro " Paseando por las alteas" M. del Rey Valencia, 2016 


Altea y la mar son términos casi sinónimos: su amplia bahía, su naturaleza, el profundo mar que llega hasta sus costas, el azul que lo invade todo, han desarrollado una particular relación que se refleja en parte de nuestra cultura, en la planimetría marítima que en ocasiones se olvida.

La Altea de la edad moderna fue pensada como defensa y refugio de invasiones, pero también salida de un amplio valle, lugar de encuentro y transacciones económicas, condición muy importante durante la época señorial, entre su creación en 1617 y la revolución liberal de 1833. Fue precisamente ésta la época dorada de Altea, de su economía y de su sociedad, que siguió dando frutos, como es propio, hasta unos cincuenta años más tarde, debido a las plusvalías conseguidas, pero que languideció en los inicios del siglo XX hasta convertirse en una imagen desvaída de lo que fue. De ahí la importancia que este territorio marítimo ha tenido en la cartografía especializada, en los portularios de los países con intereses en la zona: España, Inglaterra, Francia, los Estados Italianos, todos ellos sitúan a Altea en sus cartas marítimas y allí aparece en sus distintas lenguas.  

Entre los más atractivos planos que encontramos, tanto por su cronología, como por mostrar una imagen perspéctica de la villa de Altea, es la carta marítima del portulario inglés de John Gaudel, el llamado plano “Altier Bay”, fechado en Londres en 1705 y publicado en el libro English Pilot, parte 3, de 1771. En él podemos apreciar los elementos destacados de este territorio marítimo alteano junto a la ensenada de Calp. La torre Bombarda, el perfil de la villa de Altea, con su castillo dominando el caserío, el lugar de aguada junto al molino de la Torre, las torres de La Galera y del Mascarat, además de la villa de Calp.

Dos portularios más desarrollados y fechados en 1782 dan cumplida información de la bahía de Altea en este siglo; son los mapas con batimetría de las ensenadas de Altea y las de Altea y Calp conjuntamente. El más interesante es el denominado “Plano del Fondeadero de Altea”, levantado por orden de S.M. en plena Ilustración. En él se nos indican de los accidentes propios de la costa, y se destacan como elementos principales: el castillo y la villa, el convento, el río Algar y la torre Bombarda, además de indicar la profundidad del fondo marino y aconsejar la manera de fondear los navíos. Su leyenda da una descripción muy interesante del castillo de Altea en el momento que era gobernador del mismo Bartolomé Calzas.

Hay que señalar la definición de la costa de Altea en la “Carta Esférica de la Costa de España”, desde el cabo de Gata hasta el cabo de Oropesa, en el plano de Vicente Tofiño, fechado en Madrid 1786. Una carta de grandes dimensiones donde la visión de conjunto domina sobre los detalles locales. De 1766 son los dibujos de la lucha entre un buque español y un navio corsario frente a la ensenada de Benidorm, existentes en el museo de Premià de Mar, donde podemos ver las formas de los bajeles en esa época, en una visión de la costa desde el mar.

El siglo XIX nos ofrece muy buenos mapas de la costa alteana; podemos distinguir en primer lugar el “Plano de la Rada y Surgidero de Altea” de la Dirección de Hidrografía, fechado en Madrid en 1813. Es un plano muy bien trazado, donde destacan el grafismo de las playas y la voluntad de dibujar el caserío de la villa de Altea en planta, así como el río Algar, al cual se le da un valor particular. Las torres Bombarda y el castillo de Cap Negret se marcan claramente en el plano. La batimetría es muy completa con líneas bien trazadas .

Trece años más tarde la Marina francesa incluye un plano denominado “Mouillage d’Altea” copia literal de este plano de 1813, que se incluye en el Boletín de la Sociedad Geográfica francesa.
A final de siglo encontramos un “Plano de la Ensenada de Altea” fechado en 1878 (con datos de 1876) del Instituto Hidrográfico de la Marina, plano con la costa y sus accidentes geográficos inmediatos bien grafiados, junto a una buena batimetría de la ensenada. 

Una copia muy bien elaborada se publica en Francia unos años más tarde por el “Service Hydrographique de la Marine”, con el nombre de “Mouillages d’Altea et de Calpe”, -d’après les plans espagnols levés en 1876- Paris, 1886, con la referencia “Mer Méditerranée: côte est d’Espagne: 4136/ E. Gérin fils; ecrit par Er. Dumas Vorzet. En él se indica la procedencia española con un dato complementario, la fecha de las tomas -1876- y una serie de referencias de coordenadas. Se diferencia del original español por incorporar en el mismo plano las ensenadas de Altea y Calp, ignorando siempre la emergencia de Toix.


Un último documento marítimo que presentamos es un plano general de la bahía de Altea, lo encontramos en la documentación del proyecto para solicitar la cesión de unos terrenos en la Playa de la Olla, y la construcción de dos pantalanes y unos tinglados para almacenar y embarcar piedra de pórfido de las canteras de la localidad, un negocio que en los años 30 del siglo XX tuvo cierta importancia, tanto para adoquinar calles y carreteras en las obras públicas de la época de Primo de Rivera, como para la urbanización del Ensanche sur de la Gran Vía Marqués del Turia en Valencia. Las canteras eran las de Cap Negret, que explotó una veta muy rentable justo bajo  la ubicación de la torre de renacentista, como la cantera de Calces en la foia d’Altea la Vella. Se trata de un plano descriptivo, muy detallado y de buena calidad que grafía toda la costa de la bahía entre Toix y La Punta del Albir, indicando los acantilados, playas, accidentes hidrográficos, etc..



“Altier Bay”, carta marítima del Portulario inglés de John Gaudy. Londres, 1705. English Pilot, part 3-1771. Roger S. Baskes Collection at the Newberry Library.



Portulario de l. Stanislas de la Rochette. Detalle del plano “Mapa naútico de España, Portugal, Francia y África” Londres 1780 http://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/catalogo/consulta.



 “Plano de la Ensenada de Altea”. 288A. Cartas Náuticas del Instituto Hidrográfico de la Marina. Rafael Prado de Figueroa. Madrid, 1878




 “Carta Esférica de la costa de España, desde Cabo de Gata, hasta Cabo de Oropesa”. Tofiño, Vicente. Madrid: Dirección de Hidrografía, 1786. Detalle de la bahía de Altea. Fundación Gimenez Lorente. Valencia




“Plano de la Rada y Surgidero de Altea” de la Dirección de Hidrografía, fechado en Madrid en 1813 Pertenece al Portulario de la Península de España Cuaderno 2, costas de Valencia y Murcia nº 24. 




“Mouillages d’Altea et de Calpe”. D’apres les plans espagnols levés en 1876. Paris 1886. Col. Corbmarie, publicado en “Altea, Cronica y Guía”., pag 22




Plano de la Bahía de Altea” 1931, incluido en el “Proyecto para construir de forma permanente unas instalaciones para el comercio de la piedra basáltica en la Playa de la Olla”. Colección Particular.