miércoles, 8 de enero de 2020

Adolescente con coche al fondo / Historias cortas de Altea, mi tierra. Por Miguel del Rey





El Ford llega puntual todos los días a las nueve y media a la masía; desde unos minutos antes la chiquillería está pendiente del runrunear del motor al abordar el repecho último del camino y observar el brillo metálico del automóvil entre los olivos y los cipreses. Algunas personas están preparadas para ir al pueblo, allí deben atender a algunos negocios, hacer las visitas oportunas, o quizás los encargos y las compras necesarias para la familia. El chofer del taxi es el habitual de la familia desde años, no hay que avisarle, sube todos los días y al llegar deja el coche en posición en uno de los extremos del patio, cerca del riurau, bajo una gran olmeda que ofrece sombra fresca. Sabe que los viajeros del día nunca son en exceso puntuales, tiene tiempo para bajar del coche y con la gamuza repasar manivelas, pasamanos, faros y radiador; le da una última mirada al habitáculo posterior, las banquetas bien dobladas, los asientos en disposición. En el coche han venido inesperadamente más personas, el otro de los hijos, el oficial de marina mercante que llegó al pueblo a pasar unos días de permiso con su mujer y sus hijas, junto a ellas vienen a pasar el día con los suyos en la masía.


El día se presenta caluroso, aunque este mes de julio no perece aún que estemos en verano. Intuía que hoy iba para rato, las hijas de la casa han llegado con él desde Altea, pasaron la noche en el pueblo para asistir con alguno de sus hermanos al baile en el Casino de Canasta, donde actuaba un terceto apoyado por violín, contrabajo, saxo y un jazz-ban, todo un lujo, pero ante todo iban a oír a un amigo de la familia a Jaime G., un experto del clarinete. La madre y el hermano mayor quedaron en el campo, no les hizo gracia alguna esta escapada sin sentido; más a él que a ella, pero esto es habitual desde la muerte de su padre, el mayor ha tomado las riendas de una familia en la que actúa no se sabe bien si como cabeza de familia o responsable de un antiguo mayorazgo. La madre deja hacer a su primogénito, incluso le hace gracia su disposición, pero sus preocupaciones son otras: oyó en la radio lo sucedido en Madrid, el dramático asesinato de un parlamentario. Dios quiera que esto no vaya a más. Por si acaso desea tener cerca de todos sus hijos, aunque algunos de ellos ya tienen edad para volar libres. Son lo único que le importa tras la muerte de su marido justo el día que le iban a nombrar alcalde, era una persona de consenso, piensa; su único consuelo era el pensar que su inesperada ausencia le libró de los graves problemas de cualquier cargo público en estos inestables momentos. 

Francisco, el menor de los hijos de la familia, aún adolescente, ha bajado con los demás a recibir a su hermano y su familia. Le encantan los coches y como siempre se acerca al vehículo para observar, incluso solicitar le deje el chofer maniobrar un poco…Se queda junto al coche, le gustaría que su familia tuviera uno de estos vehículos a motor. Se separa del grupo mientras alguien saca una cámara de fotografiar y propone inmortalizar el momento. La algarabía de brazos para coger a los niños, atender a las señoras, el agruparse para salir en el grupo, hacen que se descuiden los fondos de la placa, el coche sale solo en su parte delantera, el adolescente no se agrupa…

Unos días más tarde cambiará la suerte de nuestros protagonistas.  El coche pasará a servir al pueblo de las maneras más diversas, esperando que su estrella lo salvara de ser instrumento de incalificables “paseos”. La madre y las hermanas pasarán en la masía tiempos convulsos, defenderán con uñas y dientes tierra inmediata a la masía para producir ellas mismas su sustento, bien frente a desesperados ladrones nocturnos o a los grupos sindicalistas que pretenden requisarles día tras día sus propiedades, ya solo les quedan estas últimas tierras; la madre, ella misma bajará al bancal con un garrote y romperá delante de los ”camaradas” sus carteles alegando que ya ha hecho demasiado por la Republica: cuatro hijos en el frente sin saber nada de ellos y dos hijas que no hacen más que tejer jerseys y calcetines a los camaradas del frente: “Esa comida es para mi hijo menor, tuberculoso”, es su grito desesperado. El adolescente contrajo la horrenda enfermedad y la situación se confabula en contra suya, su única esperanza quizás venga de la penicilina, pero quienes la dispensan de contrabando comercian indecentemente con ella, la sustraen del comercio legal y la facilitan por medio de truques cada día más difíciles y cuando ya no queda nada de oro en casa, aceptan fincas que cambian por cajas del milagroso medicamento… pero no hay remedio, la fortuna juega contra el joven que quedará para siempre en su condición de adolescente.

sábado, 9 de noviembre de 2019

El Grupo Jardinero Aire Libre visita el Cementerio Británico en Valencia

Desde los años 1863 se crea en Valencia el Cementerio Británico, cuya construcción se inicia en 1879 y completa en 1907 con la fachada y capilla construidas por Antonio Martorell, incluyendo unas elegantes vidrieras diseñadas y construidas por Vicente Sancho y Fuster, recientemente restauradas.
El lugar, atendido por voluntaria/os de la colonia británica en Valencia, ha sido visitado hoy por el Grupo Jardinero Aire Libre, en una vista patrocinada por la Fundación Cañada Blanch, y atendida amablemente por responsables del cementerio. La visita a este interesante y recóndito lugar, que mantiene cierto aire romántico, se ha completado con una lectura de poesía en castellano e inglés, acompañada por música de cuerda. Al final del acto, el Grupo Jardinero ha plantado un limonero en recuerdo de la visita.
Una fría, pero hermosa, mañana de noviembre.



lunes, 13 de mayo de 2019

El paisaje del Huerto de San Francisco en Altea a través de la obra de G. Palau, por Miguel del Rey


La actual iglesia del convento de San Pedro y San Francisco es el único cuerpo existente de lo que fue el convento franciscano que surgió al amparo de la antigua ermita de San Pedro, situada en la parte norte del arrabal del mismo nombre, en el extremo norte del denso poblado de pescadores, muy activo durante el siglo XVIII. Instituida la Orden Franciscana en Altea en 1728 y construido el convento en tierras de la hoy casi olvidada partida del Bol, una zona de fértiles huertas regadas por el Riego Mayor y en cuyas playas a lo largo del Setecientos y el Ochocientos, hubo gran actividad pesquera y de comercio marítimo.

            El convento se empezó a construir a partir de 1728, año en que se instalaron en dicha ermita los religiosos de Benissa, siendo muy prolongada la edificación del conjunto de sus instalaciones en el tiempo, ya que además de los elementos conventuales propios de estas instituciones: Iglesia, claustro, refectorio, cocinas, celdas y estancias del Prior, huerto y cementerio, disponía de hospicio y hospital, así como de espacios para docencia.

            El convento franciscano fue desamortizado tras las leyes de Mendizabal en 1835. La iglesia quedó como templo abierto al culto dependiente de la iglesia parroquial de Altea, mientras que el resto edificio paso a propiedad pública y los terrenos de los huertos fueron comprados por familias alteanas, compras sancionadas de excomunión por la Iglesia en aquellos momentos. A lo largo de 1968 se derribó el vetusto edificio tras años de abandono y en aras de un cierto concepto de modernidad, con el callado resquemor en muchos ciudadanos de que se estaba perdiendo algo muy propio, como indican algunos autores.

            El huerto jardín.-

            Se extendía al noreste del convento, entre un camino rural que lo bordeaba por el oeste y las tierras que daban ya a la playa en aquellos momentos. En el preciso dibujo de Francisco Ricaud de 1740, encontramos un jardín compuesto de pequeños cuarteles en forma cuadrada o rectangular, con algunas geometrías elípticas o circulares. En estos pequeños parterres se pueden entender perímetros de recorte que bordean algún árbol central, junto a arbustos en macetas que marcan los ángulos, definiendo un gran número de particiones posiblemente especializadas en plantas medicinales, olorosas o de puro disfrute.  En el plano vemos que de la acequia del Reg Major baja una importante hijuela hasta este punto, la hijuela del Bol que regaba el jardín a partir de un cajero dispuesto longitudinal desde el oeste del huerto. Alguna de las zonas del jardín, quizás más retiradas, estarían dedicadas a campo santo, pues son varias las referencias documentales de enterramientos en el convento, generalmente en el propio huerto, además de los que se hicieran en la propia iglesia.



Detalle del Plano de F Ricaud. "Altea y sus Contornos" Valencia, 1740

            Al fondo, hacia el noreste, el jardín se convierte en huerto, también subdividido en pequeños espacios; por el dibujo parecen existir variedades distintas de arbolado, pues el dibujo indica distintas texturas. Las tapias no se ven arboladas ni vestidas por vegetación, pero si atendemos a otros jardines culturalmente próximos, como el de Penàguila o el antiguo Huerto de la Barbera en la Vila, con quien guarda cierta similitud, podemos suponer que estas tapias de obra, estarían vestidas con arbustos olorosos y de elegante colorido.

            Más tarde, tras la Desamortización, paso a formar parte de huertos fragmentados, propiedad de las casas que abrían fachada a la actual calle Conde de Altea, y algún pequeño fragmento quedo propiedad de la casa Aynat, hoy desaparecida, con fachada a la actual Costera de Montcau, justo donde ahora abre la Avenida Rei En Jaume.
           
            Su iconografía.-




Izquierda: Paisaje del Huerto del Convento, Oleo, 1926. Col. Privada. Expuesto en "Genaro Palau, Un pintor de Torrent"- Torrent, Enero, Mayo 2019. Comisaria Ester Alba. Foto M del Rey

Derecha: Fresco de la Casa Mompó, hoy desaparecido. Foto remastreada por M del Rey, de un original de Luis Fuster.


            Pocas imágenes, salvo el elegante plano de Ricaud, tenemos del jardín, alguna fotografía desde Bellaguarda, pero poco más. Solo nos quedaba la imagen en fotografía de uno de los frescos perdidos de la Casa Mompó, el que nos sitúa en primer plano una palmera y al fondo el ábside de la iglesia. La exposición en Torrent de la Obra de Genaro Palau nos ha ofrecido más información. Por un lado se ha expuesto el óleo original, previo al fresco, el paisaje pintado para desde él elaborar el fresco de la Casa Mompó. Un cuadro, por cierto, muy similar al propio fresco.

          
Vista del antiguo Huerto de San Francisco. Col. Privada. Expuesto en la exposición "Genaro Palau, Un pintor de Torrent"- Torrent, Enero, Mayo 2019. Comisaria Ester Alba. Foto M del Rey

  A la vez se ha encontrado otro paisaje de gran interés: la puerta y la cerca del huerto. Una imagen en torno a los años 1925-26. Nos presenta el huerto en profundidad, cerrado, con la iglesia del Convento, su torre y su cúpula vidriada al fondo, donde se pueden ver varias palmeras que allí se encontraban. Huerto, que si bien pertenecía a alguna de las casas que se construyeron en su borde costero, dando fachada a la entonces nueva Carretera de Valencia - ya en uso a finales del siglo XIX- correspondería al propio huerto-jardín de San Francisco, o a un fragmento del mismo, tal como se compartimentara en la Desamortización. Es pues, la única imagen que tenemos de lo que fue un precioso huerto, ya casi 100 años después de haber pasado a manos privadas, pero aun conservando parte de su carácter original.

            Nota: parte del texto corresponde al capítulo dedicado al Convento de San Francisco en el libro “paseando por las Altea” M. del Rey, Valencia, 2016, pag. 357-361.







jueves, 9 de mayo de 2019

Genaro Palau y Altea, por Miguel del Rey




Ayer, un día extraño de primavera, ventoso y cálido, asistí acompañado de la comisaria de la exposición “Genaro Palau, un pintor de Torrent”, en las espléndidas  instalaciones del Ayuntamiento su ciudad natal. Ester Alba, la comisaria, me mostró amablemente su labor con el gusto que transfiere el placer de un trabajo que gusta. Me explicó su visión del pintor y su obra, la puesta en valor de un paisajista valenciano de la modernidad “nuocentista”, de esa modernidad que busca reflejar una visión personal, contemporánea de su momento, poco histriónica, de tintas planas en muchos casos, en otros con recursos muy de la época, con visiones innovadoras y muy subjetivas. Compañero de aquella brillantísima promoción de pintores valencianos de finales del S XIX que transformaron y revolucionaron la pintura de paisaje en España, alguna de cuyas figuras tuvieron un fuerte reconocimiento internacional, que en algunos casos eclipsaron a otros brillantes autores. Genaro Palau, fue un polifacético artista, pintor de paisaje, cartelista, diseñador gráfico, artista de artefactos; un personaje que debiera estar más presente en el imaginario artístico valenciano.

Vista de la Carretera hacia Cap Negret. Fresco desaparecido . Imagen remastreada por M del Rey a partir de una fotografía de Luis Fuster. 


Como alteano, tengo que decir que es precisamente uno de los más importantes pintores del paisaje de Altea de los años 1920, su obra, perdida desgraciadamente en Altea, pues se trataba de frescos en la desaparecida Casa Mompó, se conserva en las imágenes que he podido recuperar y restaurar a partir unas fotografías de Luis Fuster, pero también en los lienzos y estudios preparatorio de los frescos de la Casa Mompó, que en muchos casos se conservan y se presentan en la exposición de homenaje. La cual me ha mostrado paisajes inéditos de mi querida Altea, elementos perdidos, que no había reconocido en las reproducciones fotográficas, y que son de especial interés para reconstruir el imaginario alteano, tan falto de una mirada nueva, distinta, menos complaciente y adocenada, una mirada de un pasado glorioso, muy distinto del que se nos ha querido vender y sigue repitiéndose en muchos casos. Tendremos ocasión de insistir en el tema tras la visión del material de esta exposición.  

Quiero acompañar a este reconocimiento personal de Genaro Palau, el texto que incluí en el capítulo de “Paisajes Perdidos”, de mi libro “Paseando por las alteas” Valencia, 2016


Lienzo original preparatorio del fresco sobre Cap negret, en cual podemos ver el túmulo basáltico y los rstos de la torre de Juan Bautista Antonelli, que nunca habíamos podido observar.
Colección particular. Foto Ester Alba

El texto del libro dice: "La casa fue construida en las primeras décadas del siglo XX por el pintor Joaquín Mompó para deleite personal y de sus amigos; no esperaba en aquel momento la asfixia de la edificación circundante ni el tráfico que la rodeó. Tras abandonarla su promotor, fue morada de la familia del Penyo que conservó el edificio hasta que fue derribado en plena transformación urbana de la calle Conde de Altea en los años 1980. Con la casa desaparecieron los frescos del pintor Genaro Palau, gran amigo del propietario, frescos que vestían el espléndido salón con su mirador, un espléndido “bow window” de los primeros construidos en Altea, abierto a una playa virgen que con el tiempo dejó de ser virgen y playa hoy, por cierto, recuperada. De la casa quedan pocas referencias, sólo la imagen de fachada con aquella sencilla composición que reflejaba la entreplanta sobre la que se desarrollaba el plano de servicio de la casa, su planta noble. 

 La vida bohemia, en parte licenciosa, vinculada a la Altea de los años 1920 y 30, marcó la presencia de Mompó y sus amigos y marcó un cierto carácter a la casas; de ella nos queda el documento gráfico de los frescos de su amigo, rescatados por la cámara de Don Luis Fuster y restituidos en sus proporciones por este autor. Frescos que nos dan una imagen de aquella Altea de la primera mitad del siglo XX a través de los atentos y poéticos ojos del pintor, un paisajista reconocido. Quedan también referencias varias de la incesante actividad de sus moradores, su presencia en la vida social, sus reuniones con otros artistas, con intelectuales  o con las fuerzas vivas del pueblo. Se tiene también noticia de los bailes o sesiones musicales organizados en el salón de la casa, como nos muestran ciertos apuntes del Don José Pérez Albiñana sobre la actividad de la  Sociedad Filarmónica y sus miembros en aquellos años. " 




Fachada de la Casa Mompó más tarde Casa El Penyo. Sobre 1980. Colección MdR






 El Carrer del Sol en Altea. Fresco desaparecido . Imagen remastreada por M del Rey a partir de una fotografía de Luis Fuster. 



Don Genaro Palau Romero, (1868 -1933) Discípulo de Joaquín Sorolla y de Javier Juste y Salvà, fue catedrático de Escuela de BB AA de Valencia en la disciplina de Perspectiva y Paisaje, director de la misma en 1928. La pintura de paisaje, las marinas, los jardines valencianos, tienen en su obra especial importancia; obra que podemos admirar en el Museo Nacional de Cerámica González Martí y en el Museo de BB. AA. de Valencia. Altea fue un lugar muy visitado por el artista y su obra alteana se centró en los frescos de la Casa Mompó. Fueron estos un resumen de su biografía pictórica: donde los paisajes alteanos, las marinas, Cap Negret, el tema de Ifach, estaban muy bien representados en una obra hoy perdida, en la que se podía apreciar su gran dominio del dibujo, color y composición






Los pintores Palau y Mompó los podemos ver en la foto - izquierda de pie en primer plano- con motivo del homenaje a Francesc Martínez i Martínez que se le hizo en la Fonda de Ronda sobre 1926 con motivo del aniversario de su obra “Coses de la Meua Terra” (R. Llorens, 1983, pág 330)