martes, 2 de junio de 2020

Francesc Martínez i Martínez, Cervantes y Altea, por Miguel del Rey

 Francesc Martínez i Martínez y su pasión por Miguel de Cervantes 


Sobre las antiguas murallas renacentistas alteanas, el juez y gran folclorista don Francesc Martínez i Martínez construyó a principios del siglo XX su casa, quizás levantada sobre un edificio anterior y las antiguas murallas renacentistas, que conservan sus bóvedas en los sótanos de la casa.  El edificio lo dedicó a Miguel de Cervantes, su pasión por la obra del autor le llevó a vivir en una casa “cervantina” entendida a la moda del momento: ecléctica con elementos mudéjares. En el tímpano un medallón con el retrato de un caballero engolado y la inscripción “CERVANTES” da nombre a la casa y evidencia su interés por nuestros máximo escritor. A ambos lados de la puerta se abren sendas ventanas geminadas con arquillos de medio punto sobre parteluz. En la planta primera dos balcones adintelados acaban en arcos lobulados y sobre la puerta un arabesco central enmarcado. Remata el edificio una galería de arquillos a la aragonesa y un potente alero de canes de madera

                                               

Francesc Martinez i Martinez, uno de los más ilustres hijos de Altea, escritor, gran folclorista y conocedor del derecho y las costumbres locales, compagino su profesión de juez con su actividad favorita: los estudios históricos, literarios y folclóricos. 

Su tarea se centró fundamentalmente en dos ámbitos: los estudios sobre la figura de Miguel de Cervantes y su principal obra, el Quijote; junto a una amplia e interesante serie de trabajos sobre temas relacionados con el folclore, la literatura y la historia de los valencianos. Se formó intelectualmente en Valencia donde desarrollo los estudios de Derecho para más tarde ejercer la carrera en Valencia, en Villajoyosa y más tarde como juez municipal vivió definitivamente en Altea. Fue uno de los responsables del Centro de Cultura Valenciana, durante y después de la República.

                                               

Su casa en la Calle Santa Bárbara es fiel reflejo de su pasión cervantina. Reunió en ella una de las más nutridas bibliotecas sobre Cervantes, que hoy posee la Diputación de Valencia. Si bien entre los alteanos se le conoce por su obra “Coses de la meua terra”, una obra esencial del folclorismo valenciano que dibuja nítidamente el alma alteana y de La Marina. No hay que olvidar su pasión, que junto a la obra y vida de Miguel de Cervantes fue la lengua, la valenciana, a la que dedicó años de estudio y voluntad de normalización, pero también la castellana, lengua que tanto valoraba.


lunes, 1 de junio de 2020

La Carretera Nacional 332 a su paso por Altea. Miguel del Rey



                              Altea 1915- acceso por Alicante. Colección Pedro Juan Orozco

(cast) La carretera de la costa mediterránea, la Nacional 332, fue una obra de gran trascendencia social, política y económica, marcó la geografía humana de estas tierras de la Marina y a los trazados de muchos de nuestros pueblos, entre ellos a Altea.
    
 Su existencia y su trazado permitieron el comercio por tierra, que hasta entonces era muy complicado al existir dos grandes barreras naturales, el Mascarat y el río Algar, lo cual obligaba a que las vías de comercio fueran eminentemente marítimas hasta la segunda década del siglo XIX.  Hay que señalar la fecha de 1860, cuando se construye el tramo Alicante-Altea, dejando obsoleto el antiguo Camí d'Alacant y abriendo una brecha importante en el arrabal de Sant Pere o de Pescadores que generó la calle del Mar, la primera estructura lineal de ensanche configurada como una larga calle entre el convento y los aledaños y corrales del antiguo matadero, potenciándose y alargándose más tarde con la construcción de la Estación del ferrocarril y el conjunto de casas e instalaciones hoteleras que en la segunda década del S. XX configuraron lo que hoy conocemos como núcleo tradicional.


                                 Obras en el paso del Mascarat en la ampliación de 1931

En 1880 se hizo llegar hasta Valencia gracias al túnel y puente del barranco del Mascarat, un obstáculo natural muy considerable hasta ese momento y en el que se invirtieron durante décadas mucho esfuerzo y dinero público. Empresarios alteanos participaron en la contratación de estas obras públicas, con gran provecho personal en algún caso. Hasta bien entrado el siglo XX era una carretera sin asfaltar; su firme, de piedra machacada y compactada con un acabado a la manera de macadán, era apto para las diligencias, carros y otros vehículos de tracción animal, pero el polvo y los baches la hacían incómoda y también irrespirable para los viajeros. 

El asfaltado y adoquinado en el interior de los pueblos fue una obra de la época de Primo de Rivera, y su programa de Obras Públicas. Precisamente un texto editado en 1939 (1) de Le Corbusier relata un viaje del año 1931 y dice: “Se trataba de la primera autopista trazada con exactitud, con bordes limpios, pintados en blanco, curvas con peralte y amplias panorámicas. Llevaba de los Pirineos a África. Nos impresionó ya desde la frontera,.... a la altura de Valencia, donde los vecinos le habían bordeado de rosales, arbustos y palmeras, como en una fiesta. De golpe, salían de un estado de cosas milenario y se encontraban en contacto con el mundo moderno....”

                                    Senyoretes de la familia Gadea passajent per la carretera 
                               en torn a l'any 1910- Foto de la col·lecció de Andrés Gimenez.

(Val) La carretera de la Costa mediterrània, la Nacional 332, va ser una obra de gran transcendència social, política i econòmica, va marcar la geografia humana d’aquestes terres de la Marina, i en especial, pel que a nosaltres respecta, va marcar la societat i al poble d’Altea. La seua existència i el seu traçat van permetre el comerç per terra que fins aleshores era molt complicat pel fet d’existir dos grans barreres naturals, el Mascarat i el riu Algar, la qual cosa obliga a què les vies de comerç foren eminentment marítimes fins a la segona dècada del segle XIX. Cal assenyalar la data de 1860, quan es va construir el tram Alacant – Altea, deixant obsolet l’antic Camí d’Alacant i obrint una bretxa important en el raval de Sant Pere o de Pescadors que va generar el carrer de la Mar, la primera estructura lineal d’eixample configurada com un llarg carrer entre el convent i els limítrofs i corrals de l’antic escorxador, potenciant-se i allargant-se més tard amb la construcció de l’Estació del ferrocarril i el conjunt de cases i instal·lacions hoteleres que en la segona dècada del segle XX configurant el que hui coneixem com a nucli tradicional.
                        
L’any 1880 es va fer arribar fins a València, gràcies al túnel i pont del barranc del Mascarat, un obstacle natural molt considerable fins a aqueix moment i en el qual es van invertir durant dècades molt d’esforç i diners públics. Empresaris alteans van participar en la contractació d’aquestes obres públiques amb gran profit personal en alguns casos. Fins ben entrat el segle XX era una carretera sense asfaltar; la seua ferma de pedra picada i compactada amb un acabat a la manera de macadam, era apte per a les diligències, carros i altres vehicles de tracció animal, però la pols i els clots la feien incòmoda i també irrespirable per als viatgers. 

L’asfalt i empedrat de l’interior del poble va ser una obra de l’època de Primo de Rivera i el seu programa d’Obres Públiques.  Precisament un text editat en 1939 (1) de Le Corbuiser relata un viatge de l’any 1931 i diu “Se trataba de la primera autopista trazada con exactitud, con bordes limpios, pintados en blanco, curvas con peralte y amplias panorámicas. Llevaba de los Pirineos a África. Nos impresionó ya desde la frontera,... a la altura de Valencia, donde los vecinos le habían bordeado de rosales, arbustos y palmeras, como en una fiesta. De golpe, salían de un estado de cosas milenario y se encontraban en contacto con el mundo moderno....”

miércoles, 27 de mayo de 2020

Un ángel en la frontera. Loa a Miguel Giner, por Miguel del Rey


Un ángel en la frontera. Loa a Miguel Giner*
Como continuación de la entrada sobre el Casino de Peparra, es interesante sacar a colación un personaje que nació y habito en ella y que tiene una honrosa y valiente historia que merece estar en la memoria de los alteanos y las personas de La Marina.


                                    Miguel Giner con uniforme del Cuerpo pericial de Aduanas
                                      Sello conmemorativo a Miguel Giner del Estado de Israel


La historia, ocurrida en la frontera pirenaica en 1943 en plena Guerra Mundial y cuyo protagonista es el alteano Miguel Giner, tiene los ingredientes de un guión cinematográfico, de una de esas historias calladas de riesgo, humanidad y grandeza de espíritu.

En el pequeño puesto fronterizo de Les en los primeros meses de 1943, en plena posguerra española y con la presión de la locura nazi en su máxima expresión, el responsable de la Aduana era Miguel Giner Giner. Un grupo de judíos formado por niños y mujeres junto a unos hombres que decían ser polacos, en un gran estado de excitación, intentan pasar la frontera huyendo del terror y cumpliendo órdenes no se les permite el paso. El responsable y su mujer –pues la aduana era el mismo domicilio conyugal- tras el altercado quedan desolados ante los gritos de socorro de estas personas al subir a un camión de alemán que los devuelve a Francia, una escena que no se les borraría de por vida. Unos días más tarde el alteano conoce de boca de un oficial alemán responsable de la frontera de Bagneres de Luchón la suerte de los desgraciados: “esos judíos que llegaron aquí y los que capturamos en las montañas se los entrego a los SS y la Gestapo, ellos los matan”. Estas palabra confirmaron las peores sospechas de Miguel Giner y fue plenamente consciente del horror, del destino de aquellas personas rechazadas en la frontera. Tras ello no solo cuestionó la moralidad de las órdenes recibidas, se dispuso a ayudar de manera callada a los cada vez más numerosos grupos de fugitivos de la barbarie que conseguían llegar por las montañas, labor que realizó apoyándose y facilitando la complicidad de ciudadanos anónimos del pueblo y con la callada colaboración de Dolores Llopis Benimeli, su mujer.



La historia se desveló no hace mucho tiempo tras una llamada telefónica de Vicente Giner, el hijo del matrimonio -un niño en aquella época- a un periodista de investigación, a Eduardo Martín de Pozuelo, quien reconstruyó la historia y la publicó en varios capítulos en “Magazine”, en “La Vanguardia” y en otros periódicos, a resultas de dar luz sobre unos hechos que íntimamente guardó Vicente durante setenta años y de los que quiso informar para dar a conocer las acciones de personas anónimas y callados funcionarios españoles ante el holocausto nazi. Historia que se ha dado a conocer fuera de nuestras fronteras a través de la gestión de su sobrino, mi primo Félix Aynat, quien ha sabido atender la voluntad de la familia con el ansia de conocimiento de periodistas, investigadores, instituciones, etc.

La historia, por su humanidad, por su riesgo y valentía, merece ser conocida y honrar a sus actores; por ello queremos acercarnos a Miguel y Dolores, el matrimonio alteano protagonista de esta heroicidad. Miguel Giner nace en Altea sobre 1900 y queda huérfano de padre a los 12 años. Catalina Giner, su madre, vuelve al seno familiar, a la casa nº 2 de la calle muchos años llamada del Alferez Beneyto, hoy costera de Moncau, donde vivieron junto a los hermanos José, Vicente y Salvador Agulló Zaragozí. Se trata del edificio que siempre conocimos en Altea como “el Casino”, aquel precioso Casino de Peparra con amplia terraza soportada por columnas de fundición sobre la plaza del Convento y cuyo salón debió por entonces guardar los encendidos ecos de los discursos liberales: los del diplomático, vividor y revolucionario alteano Miguel Jorro, o las diatribas de los seguidores del partido radical de Vicente Beneyto, allá por los finales del siglo XIX.

Miguel Giner, nuestro protagonista nace con el siglo y a sus 25 años aprueba las oposiciones al Cuerpo Pericial de Aduanas, ocupando precisamente la plaza de la Aduana de Altea.  Se casa con Dolores en 1928, de cuya unión nacen Vicente (1930) e Isabel (1931). Al estallar la Guerra Civil lo trasladan a Barcelona, donde marcha el matrimonio dejando a sus hijos al cuidado de la familia en Altea. Al finalizar la guerra un nuevo traslado al Valle de Arán, al puesto fronterizo de Les, reúne a  la familia, primero va con sus padres Isabel y más tarde se une a ellos el hijo mayor, Vicente.

Aduana de Les

Precisamente es en Les donde ocurren los hechos a los que nos referimos y que se inician a finales de Junio o principios de Julio de 1943, un puesto de frontera de clima de montaña donde la dura posguerra trascurre sin excesivas privaciones, las normales de un pueblo -en aquél tiempo- aislado por la nieve del resto del país unos ocho meses. Tras el primer grupo llegaron otros muchos que encontraron la comprensión de la aduana y de los guardias que “evitaban” ver a los cada vez más numerosos grupos de fugitivos y a los vecinos que les ayudaban, para así conseguir su objetivo: pasar la frontera y salvarse de una muerte segura; todo ello hasta que cambiaron las ordenes de Madrid y se permeabilizo el paso de estos fugitivos. Entre los primeros grupos llegaron Inge Berlín, a sus 19 años, o la joven madre Esther Guita, con su hija Françoise Bielinsky, que pasaron la montaña por Les huyendo desde Paris tras dejar en un campo de concentración al padre de la criatura. Estos hechos han sido estudiados y verificados por instituciones como la Fundación Internacional Raoul Wallenberg que trabajan sobre la Memoria Histórica del Holocausto. Los beneficiados por aquellos hechos son multitud, diseminados por las Américas, por Israel, por todo el mundo, personas agradecidas a un ángel discreto, callado, anónimo, que falleció en 1969 en Alicante, su posterior residencia, y que nunca habló de aquellos horribles recuerdos de 1943, ni de su posterior actividad que tanto le honra. Su persona y su actitud nos muestran un perfil humano y una condición moral singulares, pero gracias a Dios repetidas en un grupo de conciudadanos que supieron reaccionar en esos momentos de horror y miseria humana. Sea pues valorada la acción de Miguel y de Dolores, y apreciada en todo lo que se merece en su querida Altea a través de la información que nos suministra Felix Aynat Llopis.


Miguel del Rey Aynat, Altea, Mayo de 2014
En honor de mi tío Miguel Giner 
*Publicado por Diego Coello en INFORMACIÓN de Alicante- 2014



martes, 26 de mayo de 2020

Casino de Peparra. Altea, por Miguel del Rey

CASINO DE PEPARRA     Finales del S. XIX
Publicado en el libro “paseando por las alteas”M. del Rey, pg 260 Valencia 2016




Edificio característico en la iconografía alteana por su vinculación formal con la fachada del Convento, y en la geografía física alteana, por ser paso habitual para bajar hacia la placeta bajo el porche de su terraza. Albergó uno de los históricos casinos del siglo XIX y principios del S. XX: el Casino de Peparra, el casino liberal que cobijó el ocio, las tertulias y las acaloradas discusiones políticas y sociales de la inquieta sociedad alteana de la última mitad del siglo XIX.


El edificio actual conserva la volumetría y ciertos elementos característicos que lo identifican en el imaginario colectivo alteano y comparte protagonismo con la iglesia de San Francisco, a la que está adosado y enrasado en el plano de fachada. 


El edificio conservó hasta los años 60 el sabor decimonónico, y en él hay que distinguir la existencia de una característica terraza soportada por columnas de hierro fundido, posiblemente las primeras que se construyeron en Altea -unas similares, quizás más modernas, las encontramos en el porche de la Villa Mar i Cel- , columnas propias de la arquitectura del último tercio del siglo XIX, que se levantan sobre un podio construido con piedra negra de les Quintanes, podio de acceso a la histórica escalera que da paso a la fachada de la iglesia del antiguo convento. Anexo al edificio, existe un cuerpo de edificación de dos plantas que permite visualizar el sistema de cúpulas y cubiertas del antiguo Convento.

sábado, 23 de mayo de 2020

El paisaje alteano: Las playa del norte, por Miguel del Rey


El paisaje alteano: Las playas del norte*, por Miguel del Rey
*Publicado en el libro “paseando por las alteas” M.del Rey, valencia 2016. De venta en Librería Mascarat







Al norte del puerto de La Galera, pasando por un estrecho andén, se accede a la playa de la Solcida, una cala cerrada por el morro erosionado del tossal de la Galera. Un lugar padisíaco, virgen, con aguas tranquilas y unos límites visuales que permiten imaginar cuál debió ser la belleza de estas costas antes de su proceso de antropización desenfrenado. Este accidente geográfico determinó el paisaje litoral y también en parte la historia del territorio alteano. Su presencia obligó a replantear el trazado de la propia Vía Dianium que discurría por la costa, la cual, para salvar este obstáculo natural, debió elevarse hasta la parte alta de la Galera, donde se ha perdido su rastro entre las urbanizaciones existentes. Su orografía propició que su entorno fuera lugar donde piratas y corsarios escondían sus naves entre calas y promontorios, lo que obligó a construir en el siglo XVI ciertas torres de defensa, de la que se da referencia en el apartado 11-02: las torres de Cap Negret y la Galera.





martes, 19 de mayo de 2020

Una visita al Mercado del Martes en la Altea de finales del s.XVIII, por Miguel del Rey


Una visita al mercado del Martes en la Altea de los años 1780
*Fragmento del cap. VII, pag. 121 y 122 del libro "Bartolomé. Entre la Ilustración y la Revolución" de Miguel del Rey, Valencia 2014.


Los martes por la mañana hay gran bullicio extramuros del Portal Vell; es el tumulto del mercado semanal, una vorágine de puestos, lonas y personas de diversas procedencias que traen las mas variadas mercancías e incluso algunos animales vivos para su venta. Se extiende el mercado a lo largo del lienzo norte de la muralla y en él hay mujeres que buscan tejidos de lino o seda, ropas para hacerse vestidos, a la vez que otras, protegidas por sus sombrillas, pasean entre los puestos de blondas y telas adamascadas de colores diversos a la búsqueda de materiales para confeccionarse su ajuar. 

Los vendedores desde los puestos les muestran sus productos, las animan a los visitantes a comprar, mientras que jovencitas casi niñas las miran con envidia desde los puestos, trabajando con sus finos dedos para acabar mercaderías de primor, ayudadas por algún joven esclavo negro o morito que hace las peores labores. Junto a estos puestos están los sogueros, rodeados de marineros que compran cabos, cuerdas y avíos de pesca y los que tejen la palma, las mujeres que hacen sombreros y capazos. Mas alejados otros grupos se afanan en ofrecer las mejores hortalizas, donde un tropel de mujeres busca avíos para los hervidos y cocidos; las criadas atareadas completan encargos y se mezclan con campesinos en busca de plantones de buena calidad para las huertas que deben plantar, sin falta, antes de San Jorge.

Las gentes observan, miran, hablan, comentan los sucesos locales y en un griterío casi imposible, intercambian mercaderías protegidos del sol por lienzos de lonas colgadas de los más insólitos lugares. Es un universo de luces y sombras, de olores y gritos humanos y animales, donde los comerciantes de la comarca y foráneos disponen las mercaderías traídas a lomos de mulas: quesos de las montañas de Aitana, embutidos que elaboran los repobladores mallorquines de Tárbena y Castell de Castells, aceitunas y encurtidos, salmueras, pescados secos y salazones de la misma Altea y de la Vila; higos y uvas pasas del lugar, almendras y nueces, arrop i tallaetes traído de Xàtiva y azúcar elaborado en el trapig de Oliva. Gallinas, pavos, conejos, corderos, cabras, mulas… Y en algunos puestos se pueden ver los olorosas especies de ultramar, el clavo y la canela, la nuez moscada, los cominos y las pimientas de colores fuertísimos que traen los galeones desde las Américas o Filipinas, junto al aguardiente y el gin menorquín, y también el chocolate caribeño que empieza generalizarse como un producto elegante para degustar en las reuniones sociales y en las fiestas junto a otro aún más exótico y carísimo: el café.

Es el mercado propio de una sociedad en desarrollo, quizás un poco más retraída por una coyuntura de malas cosechas y bajos precios, pero con el empuje de una demografía en expansión que ha multiplicado por cinco a la población solo en los últimos 60 años. Roseta lleva una canasta y acompaña a doña Elvira a comprar embutidos y quesos. “Chuletillas de cordero nos hacen falta” – le dice a Roseta-. “Mira donde hay buena carne y las compras, yo me voy a ver a la señora. Verdura no hace falta, la traerán esta mañana de Altea la Vella, junto a harina y al aceite que le ha pedido a Joaquín”

Ligeramente separados, cerca de los puestos de sogas, cuerdas y los productos de palma que se utilizan en el campo y en la mar, hay unos puestos de venta de productos textiles: blondas de Flandes y algodones finos hilados en Catalunya, que compiten con las populares mantas de Benilloba y Bocayrent, y con las telas de las modernas hilaturas que se están montando en Alcoi. Es el lugar donde a Elvira le gusta acabar su visita. Se dirigen a un puesto concreto y allí preguntan por unas blondas; el gitano de Benilloba que las atiende ya las conoce, son buenas clientas de las finas mercancías que trae de encargo. A la vista del género, Elvira piensa que esos mantones y encajes le vendrán bien para el ajuar que necesita en el próximo viaje a Valencia: el día del Corpus en la Casa del Almirante debe estar a la altura....

domingo, 17 de mayo de 2020

Hacia una nueva realidad en arquitectura, por Miguel del Rey


Entrevista solicitada por la periodista Hortensia García para el periódico Levante, de la cual publica el extracto en el dominical del 17 de Mayo de 2020

Estos tiempos propician la reflexión y quizás torbellinos de ideas o quizás de dudas. No dejo de pensar en el modelo económico de grandes áreas de nuestra tierra, en esas comarcas turísticas tan castigadas en su paisaje, y en las que el haber jugado todo a una carta puede ser tremendo. Pero ese es otro tema quizás para abordarlo con tiempo.

Profesionalmente los dos polos de atención que entran hoy en crisis de manera inmediata son la vivienda y el espacio público; para reflexionar sobre ellos quizás debiéramos apoyarnos en experiencias pasadas, en lo ocurrido a partir de situaciones similares: el cólera  a finales del s. XIX, las tisis y la gripe en los inicios del siglo XX; revisar lo ocurrido puede darnos un poco de luz.
El higienísmo tuvo propuestas cambiantes sobre la vivienda y el habitar, en el primero momento optó por colonias de casas unifamiliares, nuevas estructuras urbanas se acercaban al campo y abandonaban los núcleos históricos: la ciudad lineal fue un ejemplo. Más tarde, con las Siedlungen, la casa unifamiliar es sustituida por el bloque de media altura, manteniendo una relación directa con la tierra, con los huertos urbanos colectivos o particulares. Más tarde otra propuesta, el bloque en altura sobre pilotis, liberando el suelo y recuperando la cubierta verde, optando siempre por la terraza doméstica. Creo debemos repensar aquellas propuestas y entender que en la actualidad la vivienda no solo debe ser "unidad de habitación", quizás también debe ser lugar de trabajo ocasional, de esparcimiento y complemento de producción alimentaria.

Creo se puede vivir con estandares de densidad adecuada, liberando suelo, bien como espacio lúdico o como huertos comunales o privados de producción, habitar en altura con buenas vistas y ventilación cruzada, terrazas habitables, controles solares eficaces, diseños medioambientalmente propositivos y potenciando las energías renovables. Quizás el espacio interno es lo más conflictivo, deberán de poder compartimentarse en determinadas circunstancias, aumentando a la vez almacenamiento y servicios.

Sobre el espacio público.  El paradigma en este caso es quizás más complejo e implica un cambio en el modelo de comportamiento social. La ciudad con lugares públicos que incitan al consumo, al ocio colectivo, a verse y ser visto y encontrase socialmente, entran en crisis. Ello implica nuevas alternativas en el diseño de los nuevos espacios públicos, en el ocio y el turismo y por supuesto en el rediseño de los existentes. Lo extensivo, la baja densidad inciden en la revisión total de la oferta de espacio y de ocio.

De entre la amplia casuística de los espacios públicos, me centraré en uno que entiendo, por el tiempo en que entramos debe tener un protagonismo particular: los bordes marítimos. Son lugares que ofrecen condiciones medioambientales positivas: sol, aire libre, poca contaminación, pero con el handicap de la densidad de ocupación en determinados momentos. En estos lugares el paseo marítimo, figura ya en crisis, entra en caída libre por su densificación, ruptura con el paisaje y serios problemas de conservación.

Nuevas alternativas se han definido en parques naturales, pero el borde marítimo no debe circunscribirse a estos espacios singulares; esté donde esté, reclama su protagonismo y capacidad expresiva singular de paso hacia la naturaleza, transformando la definición líquida de zona maritimo-terrestre en espacio de intercambio con la naturaleza, que en cada lugar tendrá su condición.
En las zonas amplias, la nueva realidad del borde marítimo reclama la definición de una franja poco adjetivada, no lineal ni excesivamente construida, capaz de adecuarse a las condiciones naturales del lugar, a su vegetación y capacidad expresiva, con propuestas diversas de usos y recorridos que lleven a nodos de actividad de gran extensión y con sombra garantizada para poder extender su uso más allá de unas cuantas sombrillas o toldos, incluyendo si es posible, restos de aquella edificación que en su momento ocupó esta primera línea de manera algo particular. En espacios más ajustados, el diseño y la imaginación deben ofrecer bordes singulares creando alternativas de interacción fecunda con el mar.

El mundo rural es otro espacio de particular relevancia, su oferta como lugares de habitación diseminada o poco densa en esa España vaciada, puede ser una opción, restaurando patrimonio y creando un hábitat de calidad en buena relación con la tierra y el paisaje.


sábado, 16 de mayo de 2020

El Camí Vell de Godella por Miguel del Rey



El camino de Godella es una de las vías históricas más importantes del noroeste del término de Valencia. El camino nace de una desviación a la derecha del camino de Moncada y recorre
el antiguo Pla de Sant Bernat, una de las zonas más características de la huerta histórica valenciana, regada por aguas de la acequia de Tormos y del antiguo brazo de Petra. El camino y
su trazado, así como los edificios más importantes a lo largo de su recorrido están perfectamente datados y localizados en el plano de Ascensio Duarte (s. XVI). Su transformación en atajo interurbano ha convertido este precioso camino rural en una peligrosa carretera que debe rescatarse para su condición patrimonial y funciones de estructura rural del territorio, junto con otras funciones lúdicas o culturales.

Pertenece a una malla secular que tan sólo empezó a ser rota y substituida a partir del siglo XIX por las nuevas infraestructuras que empezaron a hacerse: las carreteras reales y los primeros ferrocarriles que convirtieron los caminos forales en “camins vells de....”. (GUINOT, E. 2008)

El Camí Vell de Godella inicia su trazado en el de Moncada, muy próximo al lugar donde se sitúa la
alquería de Falcó y en el borde norte de la ciudad. Hoy la desviación ha desaparecido con las obras de la Ronda Norte de Valencia, siendo conflictivo localizar el inicio de un camino.

Su recorrido sinuoso atraviesa huertas de Tormos para concluir en la Cruz de Godella, en la Plaza Magdalena Sofía, junto al antiguo Palacio de Godella, y sobre el cauce de la acequia de Moncada.

Al igual que el Camí de Moncada, este Vell de Godella es un eje articulador del trazado viario donde confluyen y parten otros caminos de menor entidad, sendas, entradas y azagadores (Camí de Borbotó, Assagador del Camí de Godella, Entrada de Casa Roca, etc.) Su implantación en el territorio es algo ajena a la trama del parcelario e incluso a los trazados de las infraestructuras hidráulicas; no obstante es este mismo factor no es desestructurante, el camino se integra en la red general, en la tela de araña histórica que teniendo como centro la ciudad de Valencia se extiende por toda la Huerta, incorporando una nueva lógica, la de caminos, ajena a la hidráulica, que construye el paisaje.


El recorrido del camino permite observar la transición entre el cultivo de huerta y el de huertos a medida que nos separamos de la ciudad de Valencia. Si en los primeros tramos se atraviesa un parcelario con predominio de parcelas hortícolas, con fuerte densidad de granjas agrarias y algunas importantes alquerías, a medida que nos acercamos a Godella baja la densidad de casas y aumenta la presencia de huertos de frutales, con predominio de naranjo en el extremo, bajo el cauce la acequia de Moncada.



Es un camino muy transitado, necesario para acceder a las parcelas y casas existentes entorno a Borboto, Poble Nou, Godella y una parte importante del Pla de Sant Bernat. Es utilizado como ataja `para transitar entre Godella y el norte de la ciudad de Valencia, lo que provoca un tráfico rodado excesivo. La inexistencia de andén peatonal o de bicicleta hace peligroso el tránsito de peatones y el paso por una zona de fuerte interés paisajístico.

A lo largo del camino encontramos una serie de elementos hidráulicos de gran valor, como el Molí de Sebastiá o de Colau, les Llengues de Borboto-Ferrús, la acequia de Tormos de Tormos, etc. Elementos que deben valorarse como patrimonio de valor singular. Evitando el soterramiento de estos elementos, como cauces de acequias, llengues, partidores, etc

Este camino permite visualizar amplias panorámicas de las huertas de Borbotó, Benicalap, Poble Nou, Carpesa, Benifaraig, Tavernes Blanques, etc. con los fondos de siluetas de distintos núcleos rurales, y al sur el perfil de la ciudad de Valencia. En el límite oeste y coincidiendo con el trazado de la acequia de Moncada se eleva una cornisa natural sobre el plano de la huerta, creando un balcón de gran valor paisajístico. Es interesante valorar este balcón, creando una vía verde a lo largo del trazado de la propia acequia, pues junto a las vistas y el paisaje, podemos valorar el propio cauce de la acequia y el agua los días coincidentes con tanda. Encontramos también gran densidad de elementos patrimoniales: Cruz de Godella, Casalicio, Jardines de las casas de la Calle Mayor sobre la Acequia, Torre de Serdanyola, Restos del antiguo Palacio de Godella, Iglesia del Colegio del Sagrado Corazón, Parque de la Eixereta, etc.

Su trazado histórico lo podemos ver perfectamente delimitado en el Plano de Ascencio Duarte 1595 (A.Cassaus, 1695)

* Parcial de la ficha realizada para el PATH-2017 (MdR)









jueves, 14 de mayo de 2020

El Riurau de la Soliva en Calp, por M. del Rey / JV. Sánchez / A. Ortolá


Riurau de la Soliva, Calp *



(val) El paisatge de la partida de la Soliva és un paisatge en transformació, hui arruïnat, va ser una de les partides més preuades entre les terres agràries de Calp, paratge d'oliveres, com indica la toponímia, cultiu dominant en zona al costat dels ametllers i la vinya. Els seus aterrassaments són amplis Una requalificació com a sòl industrial i un molt poc interessant Pla Parcial han redissenyat el lloc perdent tota la memòria històrica, sense atendre als valors culturals o paisatgístics exitentes, provocant la ruïna dels edificis i de tot el seu vestigi històric, fins i tot les restes i traçats d'antics camins d'origen romà i medieval.


La casa de la Soliva data segurament de mitjans del S. XIX, ubicada al costat d’un xicotet paratge situat i pròxim al barranc del Pou Roig. Es tracta d’una masieta que dominava una sèrie de terres cultivades per ametlers i raïm negre. Des d’un punt de vista arquitectònic, presenta un cos central o principal de forma rectangular, amb sostre principal en teula àrab i a dos aigües. En la part de darrere trobem un corral, mentre que a la part frontal de la casa, destaca de forma clara el riurau amb quatre ulls adintelats, si bé, compta també amb un altre ull lateral en forma d’arc carpanell. En la part de ponent d’aquesta estructura, existeix un pou al que té vinculat un safareig. El riurau de la casa de la Soliva, manté tots els materials originals, és a dir, biguetes de fusta de pi i sostre construït amb canyís, tots ells nugats amb cordell d’espart. Malauradament, l’any 2016 va caure bona la part del sostre del riurau.

(cast)  El paisaje de la partida de la Soliva, hoy arruinado, un paisaje en transformación. Fue una de las partidas más preciadas entre las tierras agrarias de Calp, paraje de olivos, como indica la toponimia, cultivo dominante en zona junto a los almendros y la viña. Sus aterrazamientos son amplios Una recalificación como suelo industrial y un muy poco interesante Plan Parcial han rediseñado el lugar perdiendo toda la memoria histórica, sin atender a los valores culturales o paisajísticos existentes, provocando la ruina de los edificios y de todo su vestigio histórico. incluso los restos y trazados de antiguos caminos de origen romano y medieval.


La casa de la Soliva fecha seguramente de mediados del S. XIX, ubicada junto a un pequeño paraje situado y cercano al barranco del Pou Roig. Se trata de una Masieta que dominaba una serie de tierras cultivadas por almendros y uva negra. Desde un punto de vista arquitectónico, presenta un cuerpo central o principal de forma rectangular, con techo principal en teja árabe y en dos aguas. En la parte de atrás encontramos un corral, mientras que en la parte frontal de la casa, destaca de forma clara el riurau con cuatro ojos adintelados, si bien, cuenta también con otro ojo lateral con arco de carpanel. En la parte de poniente de esta estructura, existe un pozo al que tiene vinculado un lavadero. El riurau de la casa de la Soliva, mantiene todos los materiales originales, es decir, viguetas de madera de pino y techo construido con cañizo, todos ellos atados con cordel de esparto. Desgraciadamente, el año 2016 cayó buena la parte del techo del riurau.
 * Texto extraído parcialmente de la revista Riuraus Vius n 6


sábado, 9 de mayo de 2020

Joc de retrucs- Xoan Mosquera, Miguel del Rey

                                     Riurau de Jaume Costa, Pedreguer. Foto de Miguel del Rey


Juego de rebotes

Rural Contemporánea, una página de interés, de esas que vale la pena seguir y situada en el ciberespacio, colgaba el 30 de marzo de 2014 en la página de ARV un post que pienso es interesante y no ha perdido actualidad, como aquello vernáculo, por no decir clásico en el mundo rural; el Post llevaba un texto, un "precipitado comentario en facebook, escrito de un tirón emocionado ..." tal como define su autor, de Xoan Mosquera, un amigo fecebookiano gallego, motivado por una imagen de nuestra arquitectura rural valenciana, que a la vez aclaró José marcan desde Pedreguer facilitando nombre y fechas del edificio ... Una especie de golpes de bola en un tablero de billar que se realimenta a sí mismo. Por el interés del "precipitado comentario", que ya muchos quisieran fuera la cosecha de un pensamiento fecundo, incluimos el texto y la imagen que le motiva: el riurau de Jaume Costa y Cots (1767-1852) en Pedreguer.

"Ritmos a base de dosificar un único tipo de materia. Ritmos para el cuerpo, ante el paisaje. Vínculos entre uno y el lugar de su actividad. Una energía desplegada desde la intensidad del acto de implantación, que es también algo más de la sola voz del genius loci. Es plantarse: ese despliegue de energía que tan bien sabemos reconocer cuando hablamos de nuestros cuerpos. Una particular vitalidad (podemos llamarla voluntad o aspiración) que misteriosamente emana de lo vivo, como si no tuviese más raíz que su propio cuerpo. Es esa energía que llevamos con nosotros, pero que se manifiesta con la máxima intensidad en el momento preciso de 'echar raíces'. Voy descubriendo que en las arquitecturas que más me emocionan, hay algo siempre de ese instante en la configuración de su forma. Siempre a la espera de que las huellas del uso (como la hiedra) terminen por cubrirlo todo. Pero mientras sea edificación, algo de ese instante estará ahí, como aquellos rasgos que nos asemejan a nuestra madre y que son también genealogía de nuestros inicios, del acto fundacional.

Esos ritmos no llegan de cualquier manera. Son resultado de una particular tensión: entre abstracción geométrica y materia vernacular (por eso nos disgustan tanto las modernas restauraciones de Palladio: pierden el misterio de la niebla del Véneto y ya sólo saben del sol de mediodía). Esa fue la más profunda carga ideológica que encuentro en la arquitectura (tres décadas atrás) de alguien a quien quiero mucho y del que casi tanto he aprendido. En algún momento de los 90's la abandonó y algunos nos mantenemos en la petulancia de creer que ese puede ser camino...

Si en estos momentos pudiese entrar en la foto, caminaría el césped como quien siente la humedad que todavía retiene, haciendo el recorrido inverso de la extensión sobre la superficie del paisaje que esa casa expresa (porque esa edificación es además de lo dicho, un espejo de cuanto la rodea, un espejo de su genius loci) y llamaría a la puerta. Pediría si, por favor, me dejan que vaya diciendo por ahí que esa casa la diseñé yo.

Creo que no colaría. Leo que esta alquería con riuraus de la marina alicantina, puede ser obra de un tal Jaume Costa i Cots (1767-1852). Siempre aparece alguien mejor que uno, que antes ya pensó todo. ¡Bien! ...más para aprender."
 Xoan Mosquera- Miguel del Rey

martes, 28 de abril de 2020

La Posada de San Miguel en Altea, por Miguel del Rey


Arquitecturas ausentes: la Posada San Miguel    S. XIX Calle Conde de Altea



La posada de San Miguel en 1982, foto Miguel del Rey

San Miguel sigue humillando eternamente a Lucifer, su antiguo compañero celestial, en el panel de azulejos de la antigua posada de San Miguel, pero quizás en él ha variado el ademán; la antigua arrogancia del arcángel desapareció debido a la poca eficacia del ser celestial en la defensa de aquella preciosa y nunca demasiado llorada Posada, que bajo su advocación estuvo casi doscientos años recibiendo viajeros y comerciantes que viajaban con sus recuas de mulas junto a la playa del Bol, frente a los muros del huerto del Convento. Fue la decana de las posadas de Altea. Nacida con visión de futuro a inicios del siglo XIX, adelantándose a su tiempo y situándose en el lugar lógico donde debía pasar el nuevo camino Real, dado que por entonces aún circundaba Bellaguarda y al pueblo se entraba por la Plaza de La Cruz, pues el camino de acceso llegaba desde el molino de la Torre. Pero la existencia del convento, la importancia creciente del arrabal de San Pedro, hacían de este lugar el idóneo para un establecimiento de esta naturaleza.
           Interior del vestíbulo y deambulatorio de acceso a las habitaciones de la posada. Foto Gentileza de Jaime Selles

La posada era un edificio de varios cuerpos de construcción con un portalón que abría sobre lo que más tarde fue la carretera Valencia-Alicante, la carretera N-332, la actual calle Conde de Altea. Las plantas y macetas del vestíbulo proporcionaban un ambiente particular que se mezclaba a la penumbra del gran espacio central donde sus pulidas losas hablaban de viajeros, de negocios, de festejos, del paso del tiempo durante siglos. El vestíbulo nos introducía lateralmente en la sala del antiguo comedor, mientras que de frente encontrábamos un espacio amplio, de doble altura, con un ligero deambulatorio perimetral volado en planta alta, construido en madera, que daba acceso a las estancias y dormitorios allí existentes. Las mesas invadían los espacios de planta baja y sus estancias se caldeaban por chimeneas y hogares. Una gran cocina, transversal a las crujías principales, albergaba el mundo de los fogones y el servicio. Hacia el mar, lindando con la playa, los corrales y patios desaparecidos en época moderna.
 Panel de San Miguel, ya restaurado y en la nueva localización. Foto M del Rey

Nos queda San Miguel, si bien cuestionado en su eficacia, conservando su impostura celestial. También nos quedan algunas de las tapas que allí se degustaban en el actual establecimiento que lleva su nombre y que se ubica en una parte del solar de la antigua posada, en ellas podemos recordar el sabor de aquellos manjares, de aquellas comidas que acompañaron a la sociedad altenana tantos años.

domingo, 26 de abril de 2020

La Casa de las Torres en Altea, por Miguel del Rey


La Casa de las Torres * S./inicios del XIX    C/ Santa Bárbara. Altea. Fotos M del Rey


La Casa de las Torres fue una de las casas de la potente familia Martínez, una arquitectura ligada a la imagen de Altea, que le proporcionó un cierto regusto romántico con sus dos esbeltas torres que en muchos casos se han querido vincular a la antigua muralla; nada más alejado, pues si bien la casa responde a una arquitectura construida sobre las antiguas bóvedas renacentistas, su origen quizás sea el de una sustitución de una o más de las casas fundacionales, mientras que estos cuerpos de las torres y el huerto anexo, su ubican extramuros y pertenecen a una lógica distinta, posiblemente levantadas en torno a los años centrales del siglo XIX o quizás anteriores, construidas ambas torres con una idea, quizás no alejada de cierta intención romántica, que incidió fuertemente en el paisaje.

La arquitectura de la casa respondía a cánones típicamente alteanos, tanto en la manera de componer como de construir sus distintos cuerpos. Era una casa de tres crujías paralelas a fachada con eje centrado en planta. Su fachada, austera y elegante, guardaba el carácter de aquellas arquitecturas másicas de huecos profundos y abocinados con austera rejería de forja. El alero con un saledizo de varias hiladas de ladrillo se soportaba con tornapuntas de hierro forjado. Todo ello nos habla de una arquitectura, la de la casa, posiblemente dieciochesca. La fachada posterior, quizás transformada tras la incorporación de las torres -si es que no fueron coetáneas al propio edificio- se levantaba sobre la línea de la muralla, por lo que las torres se elevaron tras ella, acompañando a la terraza y los huertos que, escalonados, bajaban por el escarpado perfil que limitaba el borde suroeste de la antigua fortaleza. Intervención quizás posterior al derribo de la muralla, bien sustituyendo o adecuando la fachada posterior que era la propia muralla.  Es una hipótesis, pero los huecos abocinados de la calla Santa Bárbara no se corresponden en el tiempo con la construcción de las torres, que se extralimitan a la muralla, sin saber si había sido derribada o eliminada oficialmente, lo cual sucedió en el S. XIX. Las torres eran de planta cuadrangular, prismáticas, de cuatro alturas, cuyos pequeños huecos proporcionaban una cierta solidez a las fábricas, acabadas en una pequeñas cúpulas semiesféricas que se elevaban tras una pequeña impostación de remate. Las imágenes de sus fachadas, el perfil de sus torres y el croquis de sus plantas y alzados, nos permiten conservar el valor de una arquitectura robada al imaginario alteano.

                                                          Planos gentileza de d. Rafael Bellod
Don Miguel Martínez  i Martínez , Altea 1801, casado con Doña Francisca Bertomeu, fue, según Ramón. Llorens (Altea, 1983), el padre de los abogados Francisco y Juan Bautista. Profesor el Derecho y Notario del Colegio de Valencia, murió en Altea, en su Casa de las Torres en 1885.


* Publicado en "Paseando por las alteas" M. del Rey. Valencia 2026 (Librería Mascarat, Altea)






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viernes, 17 de abril de 2020

Monforte o el concepto de jardín. por María Teresa Santamaría

Monforte o el concepto de jardín. por María Teresa Santamaría
* Publicado en Levante 07.02.2010

El jardín de Monforte es el único ejemplo de jardinería histórica que hay en Valencia. Así lo dice el decreto de 30 de Mayo de 1.941 por el que se declara al jardín de Monforte Jardín Artístico Nacional. Artístico, porque se considera una obra de arte. Nacional, porque su importancia trasciende los límites locales, y por ser, como también dice el decreto, uno de los mas bellos y originales de España. Así , que en 1.941 ya se habían dado cuenta de todo esto, y lo incluyeron en una categoría elevada que, si bien es un halago y un reconocimiento para una ciudad, obliga a quienes lo tienen bajo su tutela, a velar para que la conserve las cualidades que le han hecho merecedor de tal distinción.

Winthuyssen (dibujante, pintor y jardinero por vocación y por observación atenta de los jardines) fue encargado entonces de su restauración, y lo primero que hizo fue reflexionar sobre el jardín y escribir sus pensamientos. Así, sabemos que se propuso ser muy cuidadoso y tomarse su tiempo para captar la esencia del jardín, ya que era muy consciente de que el jardín tenía un algo que corría el riesgo de perderse en el curso de la restauración. Sabía que tenía que ser muy respetuoso para que, en sus propias palabras, el jardín no se le escapara de las manos. Lo dibujó, lo observó, lo contempló. A continuación pensó en cuáles eran las cualidades que mejor definían este jardín y que él debía respetar, y las resumió en tres: la ordenación perfecta, la proporción admirable entre todas las partes, y el estado poético que presentaba. Solamente cuando estuvo seguro de haber entendido el jardín puso manos a la obra, según dice en sus escritos, sin querer enmendarlo ni competir con él vanamente. El resultado fue perfecto: hay jardines —pocos— que pueden transmitir una emoción profunda , y éste es uno de ellos.

Han pasado casi 70 años desde entonces, y 40 (hoy casi 50) desde que pasó a ser jardín público municipal, ya que en 1.971 el Ayuntamiento, como nuevo propietario del jardín y con la intención de ampliar su superficie, anexionó una franja de terreno que va desde el portón de entrada nuevo hasta el fondo, trasladando el muro de cierre paralelo a la avenida Blasco Ibáñez. Esta actuación —no dudo que bienintencionada— de entonces ya modificó la perfecta ordenación del jardín. Pero además, al tiempo que nos proporcionaba a los ciudadanos un trozo más de espacio ajardinado, nos privaba de la correcta interpretación y disfrute del espacio al obligarnos a entrar por la nueva puerta y negarnos el acceso original a través del palacete. Cuando se entra por el lugar correcto, a través de la casa, se hace una antesala en el vestíbulo y nos sorprende encontrarnos al frente, a través de la sombra del edificio y enmarcado por él, un jardín de recorte formal y tupido que capta poderosamente la atención. 

Cuando miramos a la derecha encontramos el patio —uno de los lugares privilegiados del jardín por sus proporciones que dan sensación de intimidad— precedido también por el tamiz de un porche. Y al fondo del patio, sobre unos pocos escalones, la puerta simbólica que da entrada al bosque.

El empeño de los responsables del jardín de negarnos este acceso es incomprensible. Quien no haya visto el jardín a través de esta entrada no ha podido captar la sensación de estar inmerso en una obra de arte.

Es un lugar propicio para la contemplación, y contemplar significa observar con maravilla. Poder vivir ese mundo es un privilegio que todos podemos aprovechar: escuchar el murmullo del agua, el crujir de las hojas secas, el silencio apropiado para leer, para pensar, aún es posible dentro de sus muros.

La reciprocidad que debería tener el jardín con el entorno ya se acabó. El entorno no responde al interior; entonces, ¿por qué abrirlo y evidenciar ese fracaso? ¿Por qué no mantener la ilusión mientras estamos dentro? La estancia en ese jardín es la antítesis de la velocidad y el movimiento, es el tiempo que se detiene por un momento. Y está situado en un entorno repleto de parques, paseos, zonas verdes, y lugares de esparcimiento abiertos, incluido el río. El jardín se puede ampliar con zonas abiertas sin necesidad de desdibujar su contorno murado, y además, los problemas técnicos aducidos hasta el momento tienen soluciones que no pasan necesariamente por tirar el muro. Ha de quedar claro que derribar el muro es una elección por motivos distintos.

Pero yo me pregunto, y pregunto desde aquí, si quienes han decidido o defienden esta opción de reforma, incluidos políticos, vecinos, profesores, intelectuales e instituciones, muy respetables todos en sus profesiones pero quizás poco acostumbrados a reflexionar sobre jardines históricos, han intentado entender el jardín y lo que significa, se han sentado allí un rato a reflexionar como hizo Winthuyssen, y si de verdad creen que abrirlo mas a la calle mejora las cualidades por las que se valora y se conoce en Valencia y fuera de ella y subraya el concepto de jardín que representa. Si no temen que con esta reforma que plantean se les escape de las manos y quede reducido a la condición de otro espacio verde más, o que por lo menos, haya gran merma de la cualidad poética que aún conserva y que nunca debería perder.

El poeta Rilke, dice que los jardines son lugares en los que se cree. ¿No sería mejor que nos creyéramos de una vez —todos, incluidas nuestras autoridades— que tenemos un jardín excepcional que debemos proteger, potenciar, incluir en todas las guías y recorridos de la ciudad, con personal en la puerta que ofrezca información y explicaciones, y que lo valoremos como se merece? Y decir como Rilke: estos son los jardines en los que creo.

lunes, 13 de abril de 2020

Una ciudadela renacentista en la costa. La Fortaleza de Altea a inicios del s. XVII, por Miguel del Rey


Una nueva ciudadela en la costa, sobre una acrópolis, en los inicios del siglo XVII 
*Fragmento de la ponencia titulada “La condición de lugar, una condición propia de las arquitecturas “a la moderna” en  la obra de los Antonelli”, presentada en el Congreso FORMED 2017 y publicada en Defensive Architecture of the Mediterranean: XV to XVIII Centuries, Vol. V / 2017, pág. 193


Ricaud F. Arch (1740) “Plano de la villa Altea y  sus contornos”. S.G.E., A.G. T3/C4J322.- Detalle de la ciudadela de 1617

En las trazas de la ciudadela de Altea podemos ver la intervención de nueva planta más importante en las costas de mediterráneo español en los momentos de cambio de estrategias militares entre el siglo XVI y XVII; ciudadela a la que se le otorga Carta Puebla en 1617. Fortaleza de trazas perfectamente adecuadas a las condiciones orográficas que ofrece una acrópolis, en parte escarpada, sobre la que se construye, ofreciendo una imagen potente, capaz de ser vista y parecer casi inexpugnable desde el mar.

No disponemos del plano original, pero si del encargo del estudio previo y ubicación de la nueva Altea, al que se une la afirmación de Eugenio de Llaguno (Madrid, 1829), incluyendo a la villa de Altea como una de las obras de Cristóbal Antonelli. Quizás en los archivos del Duque del Infantado pueda encontrarse más luz sobre el tema. Pero es evidente que Cristóbal Antonelli está tras la ubicación y la génesis de Altea ya que en estos años está trabajando en proyectos en el ámbito de la bahía de Altea y otras tierras del señor de Palafox, construyendo las torres de la Galera en Altea y la de Moraira, (Banyuls, A. 1996)

Respecto a mantener Altea la condición señorial, a pesar de las recomendaciones del vicecanciller Frígola y del propio Consejo de Aragón, partidarios de ser tomada por el poder real, hay que señalar que esto no fue atendido por el rey, quizás por el rapidísimo ascenso entre la aristocracia del señor de Ariza: su  marquesado fue concedido por Felipe III, junto al nombramiento de Grande de España, condiciones estas que avalan conservar el carácter señorial de Altea, y la acción positiva de la Señoría apoyando la construcción de la nueva ciudadela.

Con ello puede entenderse que, dado el montante de la intervención, la Señoría intenta buscar soluciones ajustadas económicamente para resolver diseño y construcción; y así, tenemos en la construcción de la ciudadela y sus murallas, una propuesta de bajo coste, aunque con unas trazas de muy buena calidad, siguiendo en cualquier caso  los requerimientos dadas desde el Consejo de Aragón para la Nueva Altea, las cuales se resumen en las propuestas siguientes: 

1.-          Número de pobladores capaces de la autodefensa “... se haga un pueblo de quinientos vezinos ... en una costa inhóspita .. dado el miedo a las ordinarias invasión corsarias...” 
2.-          Valorar condiciones de utilidad militar y económica capaces de dar beneficio a la Corona, a los colonos y defender la costa (... y se aumentará el real patrimonio , miedo los muchos moradores que acudirán y ser la tierra fértil, en más de seis mil ducados cada año, ...)
3.-          Contribuir a la defensa de la costa de manera activa y dentro del sistema general que completan la estrategia (.. que se fortifican las Torres de Altea y Benidorme, con que quedará guardada la costa y todo el Reyno ...)
 4.-         Decantarse por un modelo eficiente, abandonado Bernia, dada su obsolescencia ante la nueva situación geopolítica, que aumenta tras la expulsión morisca 1609 (... quedará guardada la costa y todo el Reyno, y sume Md. Ahorrará los 4 mil ducados y mas que se gastan en el castillo de Bernia, que no es de provecho...)
 5.-         Valoración económica y estratégica de la costa alteana, solicitando la condición real para la nueva población (...tiene puerto y abundancia de aguas, hazen cada día allí los Moros de mar y tierra los malos y Daños que aquí se fía, los quales se remediar Tomando sume Md. para si este termi y Dando recompensa al posseedor, conforme a lo que le lava, que será como 400 escudos, ...)
6.-          Proteger con murallas al nuevo asentamiento. “…Sitios y suelos para las casas y hazerles la muralla de tapia que no costara de seis mil ducados llega, ...”
 (13) .- Del Pardo, 2 Dezembre 1587

Naturaleza de las fábricas y otros elementos de la arquitectura de la ciudadela alteana.-

La economía de medios la encontramos en los materiales de la obra civil: mamposterías combinadas con argamasa de cal y arena con escombros, tal como proponía Juan Bautista. El "terraplenar" y los sillares que proponía el Gonzaga, sólo se usan en los cuerpos singulares (castillo, puertas, edificios singulares, como Senyoria, Casa del Comú, etc.). La argamasa con aglomerantes de baja calidad, combinadas con mampostería careada y en forma de sillares, forman la cara externa de la muralla hasta una determinada altura, como podemos ver en algunos trozos de las fábricas originales.

Encontramos en la sección de las murallas una condición propia de estas estructuras defensivas que han de soportar el ataque de la artillería. Las secciones de la base tienen unas dimensiones importantes, alrededor de las tres varas valencianas, entre 220 y 250 cm de ancho, que se levantan en talud hasta el adarve donde la sección baja a los seis o siete palmos valencianos. Sobre el adarve se elevan, tras el paso de guardia, los muros de los cuerpos superiores de las casas dispuestas de espaldas a la muralla, definiendo así el tipo de muralla en la manera de "casamuro". Esta sección, incluye un cuerpo basamental que define el plano de tierra formado por un sistema de muros con bóvedas de cañón, encofradas en obra de "tapia", cimbras muy pobres, sobre las cuales se construyen las casas. Sistemas de bóveda que estabilizan perfectamente la estructura de la muralla, y permiten absorber los posibles esfuerzos horizontales del fuego de artillería.

Materiales producidos en los hornos cercanos a la villa. La cantera de las Rotes o Bellaguarda, está inmediata a las murallas, y en ella tradicionalmente han existido hornos de cal. El mismo material de yeso se encuentra en el mismo cerro donde se levanta Altea. Quizás la toponimia del "Fornet", el barrio situado extramuros de la villa, pudiera darnos razón de estos hornos cercanos a las canteras de las Rotes, y en las fábricas y muros que se levantaron para construir el pueblo

Otra de las condiciones de esta ciudadela es el ajuste de sus trazas a la orografía de la acrópolis de la colina sobre la que está construida, y la utilización y la utilización de los cortes del terreno y sus encrespadas laderas, que eliminan la posibilidad de ser escaladas por determinados flancos, evitando en estos lados la existencia incluso del adarve, el cual se dispone sólo los muros que nacen a nivel del terreno, en las vertientes norte y de levante.

Observamos que pese a haberse ignorado en la mayor parte de los estudios sobre las fortificaciones del renacimiento español, Altea es una ciudadela que reúne precisamente todos los elementos propios de una intervención propia de la época y quizás de las más atractivas en estas consideraciones de proyectos a la manera moderna en los tiempos de cambio entre los s. XVI y XVII.

La forma de la ciudadela, el trazado de sus calles, los lienzos de muralla, bastiones, etc, han ajustado sus formas y trazas a la geografía física de la colina, definiendo una planta irregular y disponiendo los elementos defensivos en los puntos estratégicos para la defensa,

                                          Detalle del Bastión de la Senyoria de Altea y de la Casa del Común. 
                                     Aproximaciones del autor a partir de las trazas de del plano de de Ricaud
Vista y descrita la forma y naturaleza de esta muralla en "casamuro", podemos ver además de la traza, la sección primigenia y fragmentos del paso de guardia en algunos puntos, así como dos de las puertas de entrada a la villa. Sobre el resto de los elementos podemos indicar:
A.-          El Castillo, ubicado en el lado extremo meridional de la fachada oeste defendía el lugar más accesible del perímetro: una zona plana que prolonga la loma del cerro y donde se sitúa la puerta de Polop. La estrategia de diseño era una reducida "cortina" flanqueada por dos baluartes con fuego cruzado a ambos lados; uno perteneciente al mismo castillo con varias bocas de fuego a diferente altura, mientras que el otro se trata de la misma punta aguda de la muralla, configurada a modo de baluarte, aún hoy existente. El conjunto es pues un sistema clásico muy eficaz y tradicional en los manuales.
B.-          Diametralmente opuesto al castillo existía otro baluarte, la casa de la Señoría, emergente de los lienzos de muralla. Una pieza de gran dimensión y planta ligeramente romboidal, tendiendo al ángulo recto. Un baluarte que albergaba funciones diversas: alojar la casa de la Señoría, defensa sureste de la ciudad, y proteger la aguada del río Algar. El río se batía por el norte desde los cañones de la torre de Cap Negret, y por el sur desde la cubierta del baluarte de la Senyoría.
C.-          Un tercer elemento de menor eficacia militar, aunque bien dispuesto, se trataba de una casamata cubierta a dos aguas. Era la casa del Común, pequeño baluarte prismático emergente de los lienzos de muralla, capaz de defender por aspilleras los lienzos de la muralla.
D.-         Una torre dispuesta en diagonal en la esquina noroeste defendía la puerta de Valencia en el aún existente Portal Vell.

Corolario
Encontramos en la Altea de finales del siglo XVI e inicios del siglo XVII una actividad constructiva de especial relevancia, producto de las diferentes políticas de defensa de la costa en esta frontera hispánica en el Mediterráneo. Una nueva ciudadela fortificada, en sustitución al fuerte de Bernia, apoyada por un sistema de torres de vigía que completan lo indicado en los memorandos e informes de los diferentes ingenieros reales, realizados a partir de una visión general del territorio.

Tanto en el fuerte de Bèrnia, como en la más tardía Nueva Altea se hacen realidad los preceptos que se han ido gestando en el pensamiento de estos arquitectos militares de la saga de los Antonelli. Juan Bautista entre los años 1562 a 1580 aproximadamente y su sobrino Cristóbal Grarabelli Antonelli, que prosigue su labor a partir de 1580, siguiendo conocimientos y dictados de su tío Juan Bautista y del virrey Vespasiano Gonzaga, que conoció en su juventud.

La ciudadela de Altea es el ejemplo más importante y desconocido de una ciudad de nueva planta renacentista en la costa mediterránea española; una ciudadela que se adecua a las consideraciones "a la moderna", atendiendo además a un concepto nuevo: la condición de lugar, que marca decididamente la forma de la arquitectura y la naturaleza de sus defensas. Ejemplo de los frutos de aquella fecunda colaboración de la saga de los Antonelli y el conocimiento en estas artes de la defensa y la construcción de Vespasiano Gonzaga.