viernes, 15 de octubre de 2021

El paisaje dels Quatre Cantons en Altea, entre 1890-1970. Por Miguel del Rey

 EL PAISAJE PERDIDO DE UNA SINGULAR ENCRUCIJADA*

* Publicado en el libro “Paseando por las alteas”, M del Rey, 2016

Quatre Cantons- Foto de Hnos Galiana  Casa Soler, postal n 20. Finales de la década de 1950. Colección MdR

Els Quatre Cantons fue el centro del pueblo cuando éste decididamente trasladó, hacia los finales del siglo XIX, su centro neurálgico a la parte baja,  abandonando casi a su suerte la antigua Vila, la fortaleza que fue el origen de esta nueva Altea. La plaza del Convento, plaza de la República en otros tiempos, albergó el poder político y el judicial; incluso la propia iglesia del convento tomó cierto protagonismo como templo de una burguesía asentada en la costera de Moncau y la actual calle Conde de Altea, junto a las clases populares que seguían asentadas en la parte sur, en el arrabal del Mar y la calle Canalejas de la época. En sus inmediaciones se ubicaron el mercado y los mejores comercios, como la Casa Soler -el Marinero, con su policromía y sus formas tradicionales- la elegante casa de Andrés el Puso, con su amplia tienda de ultramarnos, junto a los casinos principales del pueblo, el de Peparra, donde desde finales del S. XIX se reunían las fuerzas liberales, el de Jaumet y el Casino de Canasta

Vista de la calle del Mar y els Quatre Cantons en el primer tercio del s. XX. Publicada en “Colección 1896-1955". L. Fuster y otros.

La plaza y la Costera de Moncau, con sus distintos nombres a lo largo del tiempo, fueron la puerta de acceso a la parte alta del pueblo, por donde pasaban las recuas de “matxos i burres” para subir los carros con alga a los corrales y los campos, calle donde ya dijimos, se asentó la burguesía a finales del siglo XIX e inicios del XX con algunos edificios de cierto interés, hoy desaparecidos; tan solo restan, el pequeño grupo que envuelve a la iglesia del San Francisco. Desaparecieron las casas del Sabater, de Asensio, la Casa Aynat, que fue ocupada por la boca de la nueva Avenida. Casas que creaban un sólido frontis urbano, compacto y con un lenguaje unitario de cierto interés, frente a las cuales se levantaba el airoso edificio de la familia Calvo, con su elegante escalera, su huerto posterior y la bien equipada tienda de ultramarínos de El Puso

            Calle Alférez Beneyto y casas de la Placeta, con el Convento y la casa de Diego el Sabater. Colección L.F.

La placeta conservó su sabor hasta mediados de los años 1980, cuando tras el derribo del convento, la piqueta acabó de manera inclemente con el paño de casas que con él se alineaban, dejando un vacío que aún hoy sufrimos. Con ello desaparecieron los bares característicos de mediados del siglo XX, como ya hemos indicado; desaparecieron el famoso bar Lledó, el Internacional en su primera ubicación, el Moderno, más tarde llamado Capri. Todos fueron poco a poco desapareciendo tras su momento álgido en los años 60 y 70 del 1900.

Esquina de la Placeta del Convent con Conde de Altea. Ediciones de Casa Soler, sobre la década de 1960. Colección MdR

La calle del Mar, llamada de Canalejas, o más tarde del Generalísimo, fue una de las principales calles que confluían en la placeta. De ella podemos señalar el trazado rectilíneo, potente, que alargó el pueblo hacia la Estación, donde se construyeron algunas casas que conservan el sabor tradicional del antiguo caserío; son reflejo de aquellas casas de ajustadas dimensiones que se construyeron ajustadas entre la playa y la carretera nacional desde los últimos años del siglo XIX, y que tomaron empuje tras la construcción de la Estación en 1914. Su interés, está tanto en sus formas y elementos de arquitectura, como en la escala urbana que crean y conservan, lamentablemente rota por la presencia de arquitecturas en exceso especulativas que destruyen el perfil del antiguo arrabal de San Pedro. De su arquitectura podemos distinguir su gusto popular con atractivas balconadas, rejería, aleros, composiciones de fachada y en algunos casos el acabado pintoresco de sus fachadas al mar.

 

  Calle Alférez Beneyto, hoy Moncau,, en lateral derecha fachada parcial de la antigua casa Aynat. más abajo las casas de Carmen Asensia, las Galanas, etc. Foto Hnos. Galiana. Gentileza de V. Sellés.

Mención especial hay que hacer de las imágenes que se conservan de esta calle los años primeros y centrales del siglo XX, fotos realizadas desde el sur y desde el norte. Se puede distinguir la fotografía de los Hnos. Galiana para la Casa Soler, con la vista en primer plano de un taxi de la época, el antiguo Ford del Pelut, en el que este autor tantos viajes realizó en su niñez entre Altea y una masía de Altea la Vella. Entre los bancos y banquetas del automóvil, cabíamos una familia amplia, y esperábamos los domingos a las 10,30 en la masía para ir a misa de once al Convento. La luz y la vida que refleja la foto la convierten en una de las instantáneas más logradas de la fotografía alteana de todos los tiempos, capaz de hacer revivir un lugar y un ambiente. Hay que señalar el interés de las arquitecturas perdidas en torno a la Placeta y la calle Alférez Beneyto, hoy Montcau, cuyos edificios definían un interesante entorno urbano.

 

 


sábado, 2 de octubre de 2021

El Portal Nou de la Murada d'Altea. Per Miguel del Rey

PORTAL NOU. Carrer Fondo. Parte alta del centro histórico de Altea  1743- Restauración, Miguel del Rey, Arq. 2013

*Publicado en el libro “Paseando por las alteas” Valencia 2016- M del Rey


El Portal Nou Restaurado. Parte interior de la muralla. 2013. Foto MdR

(Cast) El Portal Nou se abrió sobre el lienzo de la muralla de Levante de la fortaleza de Altea en el año 1743 para facilitar el acceso desde el populoso arrabal del Mar, una zona densamente poblada de pescadores y marineros que a través de empinadas cuestas accedían a la villa fortificada. Se abrió unos pocos años después del levantamiento del plano de Francisco Ricaud (1740), pues en él no consta. Se trataba de una puerta de trazas clasicistas, con un arco de amplias dovelas sobre un lienzo revestido de piedra de las canteras de Les Rotes o Bellaguarda, dispuesto en piezas de buena dimensión y junta horizontal; piezas de las que quedan restos, como podemos ver en la imagen última de este capítulo. La anchura del lienzo sobre el que se construyó la puerta no sobrepasaba en exceso al propio arco, como podemos ver por los restos existentes sobre el muro. La sección de la muralla se abocinaba y se acababa en sillería, cubriendo el vano con bóveda, sobresaliendo de este sistema las jambas de la puerta en la parte externa de la muralla. El vano posterior que daba paso a la calle Honda, tras pasar el edificio superior, se resolvía con un arco carpanel. Una pequeña dilatación del viario permitía el giro de carruajes

Tras el derribo del castillo y del baluarte de la Casa del Comú, a mediados del siglo XIX, ya obsoleta la muralla, se abrieron huecos sobre ella desde las casas, expoliando sillares y fábricas de los baluartes y de la propia puerta, arrasando su arquitectura y borrando prácticamente las huellas de esta elegante puerta.  En su lugar se construyó un arco abovedado sin pretensiones y de mala factura, permitiendo la apertura de vanos de la planta superior sobre las propias dovelas de puerta, como podemos ver en la imagen de 1894 que acompaña al texto. La puerta tuvo hasta 2013 una mala vejez con muros y acabados de poca calidad que ocultaban los restos de la sillería que allí se encontraban. Se había perdido completamente la memoria gráfica de este portal y de su arquitectura, no encontrándose documento alguno que lo describiera, quedando tan solo restos de las trazas, de las fábricas y de la materia que la construían. Una dudosa reconstrucción del edificio que ocupa este espacio de la muralla no ayudó en absoluto a una puesta en valor, todo lo contrario, destruyó parte de los muros de sillería e invadió con una ventana y un voladizo -hoy eliminado- parte del espacio de la arquitectura original de la puerta.

Vista del Portal Nou sobre 1960 en estado de absoluto abandono, foto de Lisard Arlandis. Vistas de Altea, serie 3ª. ed Aitana. Colección MdR

A partir de los restos, de las huellas, de los sillares encontrados, se ha conseguido conocer como era y restaurar gran parte del portal, conduciéndolo a su forma original y recuperando casi completamente los muros interiores del portal que enmarcan el espesor de la muralla, además de los quicios de esta puerta de la muralla, recuperando incluso en la sillería el espacio faltante donde se alojaría la antigua pieza de ensamblaje del quicio con la puerta; en su lugar se ha colocado una madera atendiendo a las dimensiones originales del gozne de la puerta. La reintegración parcial del arco dieciochesco se ha dispuesto con la construcción de tres dovelas de piedra arenisca similar a las originales, de iguales dimensiones, que marcan el arranque del arco y llegan hasta el trasdós del arco original. A partir de ellas el arco se construye con la dimensión adecuada pero con unas nuevas dovelas más pequeñas que las originales que permiten pasar el arco bajo el vano de la ventana existente. Estas piedras son distintas, de caliza gris pardo proveniente de una antigua cantera de la sierra de Bèrnia. Todo ello nos permite una imagen clara de cómo fue en origen, de cuáles fueron sus dimensiones y de qué inclinación tenía el talud del cuerpo inferior de la muralla renacentista.

Planos del Proyecto de Restauración, planos del autor. MdR

Respecto al muro posterior que abre fachada a la calle Honda, se han encontrado los sillares que marcaban el ancho del paso del antiguo arco existente; sillares de piedra arenisca unos y caliza otros. Sobre ellos existía, en el momento de la restauración, una fábrica de obra incierta degollada a unos 40 cm por encima del arco al construir la estructura de la casa que se levantó sobre el portal hace unos 10 años, quedando suelto este fragmento de muro que incluía el arco carpanel, el cual se ha reconstruido, manteniendo la forma y la memoria histórica en este espacio.

 

Portal Nou, apertura al carrer Fondo, 2013. Foto MdR

La oba fue realizada entre julio y agosto de 2013 por la empresa de José Ripoll bajo la dirección del arquitecto que suscribe el libro, la atención del arqueólogo Jaume Martínez, a instancias del Ayuntamiento de Altea y ajustándose a mínimos presupuestarios que marcan necesariamente la obra de restauración.

 

El Portal Nou. Vista nocturna. Foto MdR

(Val) LA RESTAURACIÓ DEL PORTAL NOU D'ALTEA. Miguel del Rey Aynat

Al llarg dels mesos de juliol i agost de 2013 es van realitzar per part de l'Ajuntament d'Altea les obres de recuperació i restauració realitzades per l'Empresa de José Ripoll baix la direcció de l'arquitecte Miguel del Rey, amb la supervisió arqueològica de D. Jaume Martínez.

Vista del frontis del arco del portal con tres sillares repuestos similares a la huella de los existentes, más los restos de las fábricas de sillería existentes. El resto del arco es de nueva traza conservando las dimensiones pero distinguiéndose de los sillares de origen. El arco posterior es un carpanel similar al original de 1743. Foto MdR

Les obres es van centrar en la recuperació de les restes originals de la porta oberta a 1743 sobre la muralla de Llevant per facilitar la connexió de la Vila amb el populós raval de Sant Pere o de Peixcadors. Es va observar l'existència de carreus sota la porta que ha estat configurant el portal des de mitjans del segle XIX, possiblement des de la desaparició de la muralla i la desaparició de la major part del cadirat que construïa la porta, restes de la qual es poden veure en alguns edificis propers al lloc o als murs dels aterrassaments de la glorieta propera. De la mateixa manera es va observar en la part esquerra de la porta l'empremta dels carreus i de les dovelles desapareguts, definint un fragment de l'extradós de l'arc original de la porta del segle XVIII, la qual cosa ens va donar un suport excepcional per poder conèixer les dimensions i la forma d'aquestes peces que construïen una porta neoclàssica.

Amb aquestes dades es va abordar la restauració del Portal, l'eliminació de la  configuració que ocultava les restes originals i es va eliminar algun element que envaïa l'escena de la porta, el qual encara no permet la completa percepció de l'arc, es tracta de la balconada superior, obert a mitjan segle XIX com a finestra enrasada a façana i que després d'una desafortunada intervenció sobre aquest edifici va construir un voladís que no permetia restauració alguna.

Les fàbriques originals van patir  molt en aquests cent cinquanta anys, a més de l'espoli del cadirat, es van enfrontar a la construcció d'un nou arc que resolgués la capacitat portant de l'arc desaparegut, per la qual cosa es va construir un arc de profunditat capaç de suportar el ample del mur de la muralla en pedra calcària de Les Quintanes conformat per diverses rosques d'estretes dovelles,  biax el qual van quedar ocults els carreus originals que conformaven els murs inters originals del Portal i que ara hem recuperat. L'estructura de formigó de la casa que sobre ell hi es va construir de nou sense atendre a les restes de carreus existents.

Sobre la intervenció cal assenyalar que es va reconstruir de l'arc posterior que obri al Carrer Fondo, per a això s'han realitzar unes cates on en què es van trobar els carreus que marcaven l'ample del pas de l'antic arc; carreus de pedra sorrenca uns i de calcària altres, havent-se deixat al seu lloc aquests carreus per marcar la dimensió original de l'obertura. Donada la mala factura de l'arc i la seua inestabilitat estructural, i no és un element protegit en si, es va determinar la demolició, havent-se construït una rèplica exacta del mateix de manera que es va garantir l'estabilitat de l'obra, en ser un pas molt transitat, mantenint la forma i la memòria històrica en aquest espai.

A l'entorn de l'arc del Portal Nou es va eliminar la volada en formigó del balcó superior que a més d'afectar a la percepció del Portal, impossibilitava la construcció de l'arc amb les dimensions de les dovelles originals, ni de cap mesura. Després d'aquesta operació es van picar i sanejar els murs immediats a l'arc, deixant vistes les petjades dels carreus originals, així com la presència dels nous pilars de formigó de la nova estructura de la casa superior.

La reintegració volumètrica parcial de l'arc del segle divuit s'ha disposat amb la construcció de tres dovelles de marès similar a les originals, d'iguals dimensions, que marquen l'arrencada de l'arc i acaben sobre el trasdós de l'arc original. A partir d'elles l'arc es construeix amb l'amplada adequada però amb unes noves dovelles que permeten passar  baix la finestra existent. Aquestes pedres són diferents, són calcària de color gris bru provinent d'una antiga pedrera de la serra de Bèrnia.

Els murs sobre els quals s‘alça l'arc mantenen el tarús original, igual que el mateix arc,  el de la muralla renaixentista. Aquests s'han construït amb maçoneria calcària a partir de les pedres sobrants de l'antic arc; lluin-se amb un morter bastard de calç, limitant la intervenció per un enfonsat de 15 mm que emmarca l'àmbit d'intervenció. A l'interior de l'arc s'ha disposat a la part superior una volta reglada que configura la part superior del portal.

S'ha practicat una neteja de paraments de pedra; neteja manual amb raspall i esponja, sanejat de carreus, picat de morters i la seua substitució per morters bastards de calç i ciment amb sorres de riu que li donen color. Tot això mitjançant raspall suau o, si s'escau la projecció en sec, amb equip de raig de silicat d'alumini granulat (sense sílice lliure ia baixa pressió (0.2 - 1.5 bar) i amb un angle de 45º o inferior, per a posterior reintegració volumètrica amb morters petris específics de restauració tipus PARROT o similar, d'alta resistència i similar acabat a la pedra existent en l'actualitat, per a més tard sanejar i rejuntar les seues juntes amb morter de calç lleugerament acolorit amb pigments o terres naturals, i tonificant les pedres que es han reposat en els espais que falten.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Parque y edificios rurales en Villa Gadea. Altea, Por Miguel del Rey

 PARQUE Y EDIFICIOS RURALES EN VILLA GADEA*   1888-1980

Eclecticismo. Autor: José J. Camaña y Laymón, Arq.

Fotos del torreón. Colección Luis Fuster ( L.F.)

Varias son las arquitecturas que se han perdido en lo que fue la finca de Gadea aquella que se levantó por los años de 1888 sobre una antigua explotación agraria. Han desaparecido las propias arquitecturas rurales, las anteriores a esta época y las que se construyeron en este momento para completar lo que nunca dejó de ser una finca agraria, en la que Don Vicente Gadea Orozco construyó su espléndida Villa. Es de reseñar la desaparición del parque que rodeaba la villa, un parque con jardines, zonas boscosas y elementos de particular interés como el lago y su torreta. De todo aquello solo quedan imágenes de buenos fotógrafos comerciales que en los años 30 del siglo XX fotografiaron Altea y vendieron sus producciones en aquellas colecciones que se encontraban en Casa Soler, como la imagen firmada por Oriol, para la Casa Soler, denominada “La Olla, vista panorámica”. A ello se unen las imágenes de algunas colecciones privadas, la del alteano Don Luis Fuster y la de los valencianos Don Jesús Huguet y Don Andrés Martínez, que gentilmente nos ha proporcionado sus fotografías, junto a ellos, hay que valorar el tratamiento del amigo Vicent Sevila, que nos ofrece coloreada de manera muy realista una de las fotos de la colección de Jesús Huguet.

 

Detalle de la fotografía “La Olla, Vista Panorámica”. Foto de la serie Altea-4 de Orion para la Casa Soler, sobre 1931. Colección MdR

La casa rural se puede ver sobre el pequeño promontorio al norte de la villa y frente al mar es una casa de dos crujías y dos plantas, cubierta a dos aguas, dispuesta en perpendicular al mar, con un patio posterior cerrado por tres lados y abierto hacia la playa. Su disposición y sus fábricas indican que la casa es previa a esta intervención de Don Vicente Gadea en la década de 1880. Tras la casa rural encontramos una pieza de particular interés, algo desligada del conjunto arquitectónico principal: es la almazara, una arquitectura prismática cubierta a cuatro aguas con teja plana marsellesa o alicantina, una pieza que recuerdo, tras una visita de hace muchos años a sus ruinas. Me sorprendió el vástago central, de madera cilíndrica, el “arbre” esbelto y solidario en este caso a la muela, una pieza capaz de girar con las grandes piedras, acabada superiormente con un refuerzo de hierro y un machihembrado que permitía, a la vez que el giro, soportar la carga de toda la cubierta, estabilizada la estructura por medio de cuatro vigas que atracaban en cada una de las cuatro esquinas de los muros. Una arquitectura que utilizaba la tecnología propia de la molinería clásica. A esta pieza tan sólo le faltaba la firma de Don José J. Camaña y Laymón, el arquitecto de la villa.

 

Foto de autor desconocido, de la colección Jesús Huguet coloreada por Vicent Sevila. Gentileza de Vicent Sevila

Otra de las arquitecturas ausentes es el lago situado ya en el extremo noroeste de la finca, junto a la carretera y separado de ella por la potente línea de cipreses que bordeaba la propiedad. La gran alberca que almacenaba el agua de la hoy perdida Fonteta de Gadea. Un lago artificioso de formas caprichosas y curvilíneas, poco “natural” en su materialización, de cajón profundo y muros de fábrica de gran sección, con solados perimetrales que lo alejaban de un pintoresquismo al que deseaba vincularse con su torreón casticista, a la manera de zigurat, que permitía subir hasta un miramar desde el cual se divisaba el parque, la villa y al fondo el mar. Una intervención a medio camino entre la folie barroca y el pintoresquismo ya imperante en las intervenciones paisajísticas del momento.

 

Vista del lago con el torreón al fondo. Colección Luis Fuster (L.F.)

La pérdida de este conjunto vinculado necesariamente a la villa ha sido uno de los peores atentados al patrimonio alteano y valenciano en general, devastado por una “urbanización” que sin aportar nada, no supo sacar valor a lo existente.

 * Publicado en el libro “Paseando por las alteas” Miguel del Rey, Val 2016.









sábado, 28 de agosto de 2021

El paisaje de posguerra en Altea - 1939-1960, por Miguel del Rey

Traumas y esperanzas de una sociedad confusa. Por Muguel del Rey.*                                        *Publicado en el libro "Paseando por las alteas" Val 2016 M. del Rey

Entrada de las tropas italianas en Altea tras la guerra. Colección L.F.

El paisaje social de la posguerra en Altea se prolonga hasta entrados los años 60. En parte ha sido un momento complejo, en muchos casos rechazado en el imaginario colectivo, con afectos y desafectos. 


Escenas y hechos que marcaron un largo y en ocasiones inacabable episodio jalonado de hitos más o menos ajenos, que se repetían cada 20 de Noviembre con las chaquetas blancas y fajines bicolores rojo y negro, propios de aquella dictadura blanda en que se convirtió el franquismo a partir de los años 55-60, los años en los que este autor tiene recuerdos conscientes de una realidad que en nuestro pueblo no fue todo lo dura que se manifestó en otras tierras de la península e islas españolas. 


Escultura conmemorativa de los 25 Años de Paz, autor: Víctor de los Ríos. Plaza del Convent en 1964. Revista Altea

La literatura nos ha recordado las escenas, las imágenes e incluso los sonidos de aquella etapa, que si bien quizás no se le puede aplicar en Altea la condición fascista en todo su sentido, si participó de su iconografía y liturgia. Libros como La Placeta del Convent de nuestro amigo y prologuista Joaquín Rico nos han recordado o contado en todo su dramatismo, libros que nos hablan de aquellos camiones que en la noche pasaban por la carretera y que tan bien plasma el libro “… ese ruido nocturno, oscuro, expectante, desconocido... aterrador”.

  

Portada del periódico ABC del 24- II-1972. Fragmento

Las imágenes de la época son verdaderamente curiosas y muestran una situación casi indescriptible como la que podemos ver en las mujeres con ropajes negros y pañuelos en la cabeza, junto a niños asistiendo con algarabía a la entrada de las tropas italianas en Altea, o más tarde los niños y adolescentes vistiendo, o sin vestir, el uniforme de la OJE para acceder a las vetustas dependencias municipales donde reunirse y, entre juego y juego propio de su edad, recibir en ocasiones clases de “Formación del Espíritu Nacional”. Todo ello se enmarca en el sueño de un pasado que se fue y al que no se le espera.

Culto a las banderas del Régimen en la inauguración del nuevo edificio del Ayuntamiento de Altea- Foto Revista Altea

Altea es una sociedad que vive en primera persona los efectos de la II Guerra Mundial, donde aviones ingleses bombardean submarinos alemanes en nuestras aguas, sobre las que más tarde aparecen los cuerpos de unos marinos, algunos de los cuales se entierran en nuestro cementerio en un funeral seguido por multitud de personas, como nos muestran las imágenes del momento. Una sociedad que se acerca a las playas de Cap Blanc para ver  el fuselaje de algún avión alemán con su terrorifíca esvástica en el timón de cola

Nota del XX Aniversario de la muerte de José Antonio. Revista Altea, años 70




Avión alemán en las playas alteanas. Colección Luis Fuster (L.F.)

Mientras quiere recuperar sus creencias, sus ritos, e intenta cicatrizar las heridas de una guerra donde aún hay juicios sumarísimos sobre los cuales algunas autoridades municipales intentan tratos de favor hacia personas significadas en la Guerra Civil. Es una época de autarquía, también de represión, que se transforma y recicla tras el drama sufrido y que poco a poco se acostumbra a la nueva realidad, primero a los bombones “bacci” que traen los italianos acuartelados en algunas casas alteanas, y por qué no decirlo, recibe pequeñas alegrías, como aquella lotería que en el año 1952 reparte ilusiones en el pueblo y celebran un heterogéneo grupo de ciudadanos frente a la Cruz de los Caídos, en el que estaba impertérrito aquel grito de ¡Presentes!; cruz que nos acompañó tantos años junto a las escaleras de  la balconada que presidía la Plaza del Convento.

 

El Gordo de 1952 en Altea!!!. Colección Luis Fuster. (L.F.)

A partir de los años 60 esta sociedad abraza el desarrollismo, más tarde la modernidad, asume que las formas estaban cambiando, la transformación social previa al cambio político... el turismo ayudó mucho a ello, aligeró moralidades, formas y ropajes. El desarrollo económico ayudó a desvestir al santo. Pero sorprende, al ojear los tomos de la Revista Altea, como siguen presentes en determinadas fechas -casi increíble hoy día- la sombra alargada y fina del franquismo. Una de las obras más importantes de este periodo fue la apertura de la avenida Jaume I, el ensanche urbano y la construcción del nuevo ayuntamiento, obra del arquitecto Sr. Sorolla Pons, un excelente edifico dentro del racionalismo crítico español; una línea del pensamiento arquitectónico al que se adscribieron brillantes arquitectos próximos al postfranquismo dentro de esa línea italo-española del controvertido binomio entre fascismo y modernidad que tuvo su reflejo en nuestro país. Una historia de ese lado oscuro, como tantas de esta época de nuestra historia, centradas en el maniqueísmo de la contienda civil.











miércoles, 25 de agosto de 2021

Fondeadero de l'Olla en Altea, por Miguel del Rey

 Un fondeadero desde tiempo inmemorial *

 * Publicado en el libro "Paseando por las alteas", M del Rey, Valencia 2016



Barcas de cabotaje fondeadas.  La “Romualda Ballester” y la “Luisa”. Publicada en “Altea, La Mar y sus Gentes”, Altea 1995.

El fondeadero de l’Olla ha sido el lugar natural de intercambio marítimo de Altea desde tiempos inmemoriales, su geografía, la ubicación de la isla, la protección de los temporales de levante de manera natural, hicieron de este lugar el verdadero puerto de Altea previo a la existencia de la fortaleza de Altea con su arrabal de Sant Pere y al uso masivo de las playas del Bol y de la Roda como fondeaderos desde el siglo XVII-XVIII. En época romana y posiblemente en épocas anteriores, también en época islámica, debió ser el lugar preferido para el fondeadero de las naves de las culturas que nos colonizaron, como lo demuestran los restos arqueológicos encontrados en el lugar. El asentamiento ibérico/romano de Cap Negret, o los restos de comercio marítimo que se suelen encontrar en los fondos marinos de las inmediaciones de la illeta, como es el caso del ánfora que se presenta en una imagen en la página siguiente, una pieza romana del siglo II. 

Isleta y Fondeadero de la Olla. Foto Oriol de la serie Altea n9, para la Casa Soler, sobre 1920. Colección MdR.

Dos publicaciones ilustran este lugar de manera particular: “Altea, La Mar y sus Gentes”, Altea 1995, de Luis Fuster y Pedro J. Orozco y Memòries de l’Olla i Cap Negret, Altea 2003, de la Associació de Veïns de l’Olla i Cap Negret, a las que poco hay que añadir.

Ánfora romana del S. II. Altea. Colección particular. Foto MdR

domingo, 8 de agosto de 2021

La Casa Feliu en Calp, por Miguel del Rey

                La Casa de Feliu en Calp*

              En Calp encontramos los restos de una antigua masía que nos aproxima a lo que fue una gran explotación agraria de finales del siglo XVIII e inicios del XIX especializada en la explotación de la uva pasa (1). Una masía que incluía una gran extensión de terreno dedicada al cultivo de la vid y su transformación en uva pasa y posiblemente en vino, con la particularidad que en ella se solapan las dos maneras tradicionales de producir la pasa: la pasa de sol y la de escaldado. Su situación actual es de ruina, a pesar de lo cual nos permite adentrarnos en su mundo y conocer sus arquitecturas con la ayuda de imágenes que nos pueden acercar a la masía en su momento de esplendor.

Perspectiva caballera de una reconstrucción del conjunto. Publicada en Riuralogia nº 6.

              Dada la importancia de los restos que existente, esta masía es una de las instalaciones más complejas que podemos encontrar de lo que fue una granja especializada en pasa de moscatel con sistemas de sol y escaldado con apoyo de riurau.

              En origen se trata de una importante explotación de cultivo de vid, especializada en producción de pasa de sol, utilizando para ello el amplio y complejo sistema de camas que aún podemos ver. Más tarde se construye el riurau y la producción se transforma con el escaldado, al parecer manual, pues no se encuentra estufa en el complejo sistema de construcciones de la masía.

              Tras la guerra con el Francés, en 1818, se amplían las instalaciones de la masía y se construyen una alberca, junto al pozo y la noria que la abastecen, tal como queda patente en la fecha indicada en la propia obra, por lo que entendemos que estas mejoras, incluido el riurau, son bastante tempranas, quizás propias del momento de transformación de los sistemas de producción de la uva pasa, en los inicios del siglo XIX.

              La masía en incluye una serie de cuerpos canónicos adosados entre si, en algunos casos de amplias dimensiones, producto de sucesivas ampliaciones y de los cambios y transformaciones que sufre la masía en el siglo XIX, cuando aumenta no solo su producción agraria y se adecua a las nuevas tecnologías. A su vez, en determinado momento adquiere la condición de casa de recreo para sus propietarios, quienes amplían ciertos cuerpos, variando incluso la orientación y el acceso a la casa principal, separándola progresivamente del mundo agrario, de la masía original

              Consta el conjunto de varios elementos: casa, naia, horno, corral, patio, riurau, sequer, sistemas de camas de sol, alberca, noria, etc. Elementos que responden a sistemas canónicos con morfologías estandarizadas, adecuados en su caso a un terreno en ligero desnivel. Se desarrolla, por tanto, en dos niveles; en el plano superior, una explanada amplia, hoy boscosa, encontramos un espléndido conjunto de camas de sol y también el riurau, posiblemente en su día rodeado de una amplia zona de secado de las uvas. En el plano inferior se encuentra la casa, corrales y patios, con acceso a la cambra de almacenamiento desde el nivel de la terraza superior. Una naia se adosa como espacio doméstico filtrante frente de la fachada de levante de acceso a la casa, ya entendida esta como casa de recreo y separada del resto de las construcciones de uso económico.

              La vivienda consta de dos volúmenes, el primigenio es una casa de dos crujías con acceso sur. A ella se adosa lateralmente un nuevo cuerpo, frente al cual se incluye la citada naia, separando de esta manera la vivienda de propietarios de los espacios abiertos al sur, más propios del mundo agrario.

                                              Vista del antiguo riurau. Foto de J. Luis Luri

              El riurau, construido a un agua, se resolvía con vanos adintelados de vigas de madera apoyadas sobre esbeltos pilares; una propuesta sencilla en lo constructivo, sin alardes o acabados de valor singular. Su muro posterior, alto, esbelto, mantiene una gran puerta de paso a los sistemas de camas de sol, a la vez que incluye respiraderos verticales próximos entre sí para facilitar la corriente de aire y por tanto el secado de las camas de uva. Frente a él se extendía un sequer.

              El corral, adosado a la casa, constaba de  un cobertizo, similar a los comentados cuando hablamos de estos edificios, el llamado cobert, un cuerpo porticado similar en su structura a los porticados de los riuraus, que se complementaba con un patio abierto y acotado con tapias, denominado el ras. La alberca, de grandes dimensiones, se separa ligeramente de la masía.

              Las camas de sol, quizás el elemento más importante del conjunto, lo forman 18 camas dispuestas en dos sistemas distintos, dispuestos perpendicularmente entre sí. Están compuestas por planos inclinados de aproximadamente 11 m. de longitud y anchura variable, según se disponga la inclinación a la larga (norte -sur), o bien inclinen el plano lateralmente en la dimensión más estrecha (dispuestos longitudinalmente de este a oeste).

            Andén entre las camas de sol en profundidad con frontis para ser cubiertas con “sarandas” textiles en caso de necesidad. Foto MdR.

En Feliu existen un cincuenta por cien de camas en ambas direcciones, tal como hemos indicado. Las que mantienen la inclinación norte-sur disponen en la parte alta -al norte- de un testero a la manera de piñón a dos aguas construido en mampostería revocada con morteros de cal, cuya función sería facilitar cubrirlas con una lona sobre una estructura ligera, a la manera de saranda.

              Las camas se elevan del terreno entre 80 y 40 cm, aproximadamente, y se separan entre sí entre 94 y 120 cm., con pasillos solados con guijarro hincado al suelo, que facilita el rápido drenaje del agua de lluvia.  Las anchuras de las camas varían entre los 220 y los 320 cm, para así disponer sobre ellas los cañizos en uno u otro sentido.

                (*) Texto de la publicación inédita en el libro "Lonjas, Porches y Riuraus". Miguel del Rey

                (1) Parte de este texto, firmado por M. del Rey, fue publicado en la revista Riraulogia nº 6, dedicada a los riuraus de Calp y Altea

domingo, 18 de julio de 2021

Roy Campbell y Altea, por Miguel del Rey

 


Roy Campbell y su mujer  Mary Margaret Garman

Dentro de la bohemia alteana previa a la Guerra Civil, aquella primera bohemia que trajo a Altea a personajes de gran renombre en la cultura musical (los Sagi-Vela), la pintura (Benjamin Palencia, Genaro Palau, etc), hay que nombrar a literatos como Roy Campbell (*1901, Durban, Sudáfrica-†1957, Setúbal) que se asentó en la Altea al inicio de 1935, habitando modestamente -de manera particular- en pleno campo alteano, buscando como él decía, las esencias lejos de cualquier convencionalismo. Fue poeta, escritor satírico, traductor e hispanista, considerado por T. S. Eliot, Dylan Thomas y Edith Sitwell, como uno de los mejores poetas del periodo de entreguerras. Su búsqueda anímica le llevó a una vida azarosa entre el sur de Francia, Altea y Toledo, allá por los primeros años 30 y hasta 1936.

La Casa Calces en la Foia d'Icard, en los años 1960. muy próxima a la imagen de la casa en la que vivió Roy Campbell

En 1921 contrajo matrimonio con Mary Margaret Garman, con quien tuvo dos hijas, Tess y Anna Campbell. Fue aficionado al alcohol, además de a la cultura y lengua españolas, traduciendo a Federico García Lorca, San Juan de la Cruz, etcétera. Publicó su primera colección de poemas, The Flaming Terrapin en 1924 cuando tenía solo veintidós años de edad y tras ello se aproximó al Círculo de Bloomsbury.

Al principio de la década de los 30, tras una crisis mística, Campbell rompió de forma brutal con el grupo Bloomsbury, tras publicar su sátira The Georgiad, calificándolos de intelectuales sin intelecto. Abandonó el marxismo militante y abrazó el catolicismo, razón por la cual fue el centro de los ataques de sus amistades en los de Bloomsbury y sobre todo de la propia Virginia Wolf. Abandonó Inglaterra y marcho a la Provenza y luego a España, estableciéndose en Altea, viviendo en la casa Calces de la Foia d’Icard con su mujer y sus hijas, donde en 1935 abrazó el catolicismo.

La rectitud y santidad de vida de los campesinos de la Provenza y de España, donde el catolicismo se integraba como parte de la vida cotidiana, le impactaron profundamente. Tuvo influencia en otros escritores conversos de la poética inglesa, como por ejemplo en Tolkien, quien admiraba enormemente a Campbell, llegando al extremo de dedicarle un personaje de su obra Aragorn, en “El Señor de los Anillos”.

La casa y el porche 

Su particular vivencia del conflicto español, el fusilamiento en Gandía de su amigo, el párroco que lo bautizó en Altea, y sobre todo el suceso ocurrido con los Carmelitas de Toledo en 1936, asesinados todos ellos tras la quema del convento en Toledo, tras confiarle los manuscritos de San Juan de la Cruz -que el llevó a Portugal y más tarde a Inglaterra, desde donde los devolvió  tras la Guerra Civil- gracias a lo cual se salvaron del fuego, le llevaron a denunciar públicamente desde Inglaterra el terror comunista en España. Inmortalizó con un poema, «The Carmelites of Toledo», la tragedia de la que había sido testigo presencial. Más tarde denunció la inmoralidad a la Alemania nazi y lucho contra Hitler con el ejército inglés.

Su fuerte personalidad, junto a su disposición contraria a los críticos de su época -mayoritariamente izquierdistas- o su enfrentamiento con la todopoderosa Virginia Woof, pueden haber mermado inmerecidamente la valoración de su legado poético y literario, recientemente reivindicado en el mundo sajón, como uno de los mejores escritores de entreguerras.

Finalizada la guerra, y tras algunos años, se estableció en Portugal, a principio de la década de los 50, traduciendo del español, francés y portugués con brillantez.

La Casa Calces en la Foia d'Icard en la actualidad

Fuentes:  “Salvó los manuscritos de San Juan de la Cruz” El Mundo 12-02-1012 – Información oral facilitada por el amigo Juan Rodríguez, la tradición oral alteana, junto a mi experiencia personal.

martes, 6 de julio de 2021

El Molí de Benimussa en Altea / por Miguel del Rey



El Paisaje

El molino de Benimussa se sitúa sobre una terraza fluvial en la margen derecha del río Algar. Se accede a él, tanto desde el camino que transcurre por la orilla derecha del río, como bajando desde el camino del Mandem.

Plano general del molíno, con la balsa, la sala de muelas, el socaz con la salida del agua y la balsa de decantación, junto a la casa de molinero y los antiguos almacenes. Dibujo de Miguel del Rey

Forma parte del sistema hidráulico del Reg Major y se sitúa en una zona de gran valor patrimonial donde destacan elementos propios de la cultura del agua, pues no sólo existe en la zona este molino; próximo a él encontramos el molino dels Moros, el motor de Picó, la galería de Benimussa, los cauces de los Riegos Mayor y Nuevo, también encontramos en la zona sus acequias en uso, e incluso alguno de los antiguos trestelladors, sistemas de cierre o apertura de agua al molino desde la acequia, etc., piezas originales que aún podemos ver en alguna de las acequias y que están allí desde tiempo inmemorial. La actual construcción incluye gran parte del sistema original de almacenamiento, descarga, sala de molienda, decantadores de agua y del socaz de salida del agua para reintegrarse en el sistema de riego, junto a la vivienda del molinero y los almacenes de apoyo a la actividad, hoy reconvertido todo ello en una casa de recreo.

La arquitectura del molino.


  la sala de muelas en la actualidad

Desde la acequia madre del Reg Major, sale una hijuela que bordea el molino, permite la entrada del agua en la balsa. Tras ser utilizada el agua como fuerza motriz moviendo las paletas y las muelas del molino, desagua por el socaz a la propia acequia madre. 

La balsa, de no excesiva capacidad y de gruesos muros de gravedad, es de forma irregular con un potente sistema de caída de agua - el cup- para dar presión a las paletas en los cárcavos y con ello mover las muelas que se encontraban en la sala de molienda. Esta se encuentra en estos momentos incorporada a la vivienda que se desarrolla en las antiguas instalaciones del molino y se cubre con una bóveda ligera de ladrillo a panderete. 

El Cup y las salidas del agua tras la sala de rotación de las muelas y la  balsa de decantación antes de volver el agua a la acequia principal

Bajo ella, oculta en la actualidad, está la galería de paso del agua que discurre perpendicular a la sala y desagua en unas balsas de decantación, una de las cuales se usa como piscina doméstica de la vivienda. Tras ella nace la acequia de desagüe. En su momento el molino incluyó dos muelas de molienda, almacenes y una casa del molinero, hoy ampliada como vivienda que se extiende por todas las instalaciones, conservando en buenas condiciones los espacios internos y externos del antiguo molino. El molino estuvo en servicio hasta los años 1950 del siglo XX.

*Publicado en el libro “Paseando por las alteas” M. del Rey, Valencia 2016

domingo, 4 de julio de 2021

El acueducto romano dels Arcs en Altea, por Miguel del Rey


Levatamiento hipotético de la parte central principal del acueducto a su paso por el Barranco dels Arcs. 
Dibujo MdR sobre la sección real del lugar

Al sur de Altea se encuentran los restos de un acueducto romano que atraviesa el barranco de les Arcs, posiblemente levantado entre los siglos II o III de nuestra era, forma parte de la estructura hidráulica que llevaba el agua del río Algar a la antigua villa romana del Albir. Su estructura se prolongaba a lo largo de unos 410 m. y constaba de 31 basas o machones, según los estudios realizados por este autor junto al arqueólogo Jaume Martínez y al historiador Pere Soler, llegando algunos de ellos a levantar 12 m. sobre el suelo a su paso por el barranco, según los planos y mediciones realizadas, manteniendo con ello el agua sobre la cota 25m. de altura, aproximadamente. De su estructura sólo quedan los restos de unas cuantas basas, sumidas en el más completo abandono a pesar de su declaración de BIC.


Vista de un resto de las basas a mediados de los años 60. Foto de la Revista Altea.

Recreación hipotética parcial del acueducto haciendo coincidir el resto arriba fotografiado en el dibujo, a partir de los restos encontrados, las impostaciones, de arcos y las paredes de los vanos superiores, que aún se pueden observar. Dibujo MdR



La acequia que conducía el agua se identifica, en la actualidad con el tramo extremo meridional del trazado del Riego Nuevo o Reg de Dalt, en particular el ramal que por el túnel de les Boqueres -obra en este caso romana- atraviesa el extremo norte de la colina sobre la que hoy se asienta Altea. Este ramal se prolonga hasta el llamado Tapó del Vicari, una hijuela por la que desciende y cuyo cajero se alinea casi completamente con el inicio del trazado del acueducto en su parte norte, lo cual hace suponer que se trata evidentemente de la misma estructura, variada en su configuración por el paso del tiempo -19 siglos- y tras un sucesivo expolio de materiales, en particular de la sillería que configuraba el monumento. En la actualidad, en las horas del atardecer, situados en línea con la acequia del Vicari, podemos ver el reflejo por donde pasaba el agua romana.

 

Ubicación del acueducto en toda su extensión en el plano general de la zona dels Arcs.

El desembarco posterior al acueducto, al sur del barranco, no está localizado de manera segura. En la actualidad se encuentra a muy poca distancia del trazado final del Riego Mayor o Reg de Baix a su paso por el barranco en dirección a Cap Blanc y el Albir, cauce que discurre sobre la cota 14 m. aproximadamente, más baja que la cota de servicio del acueducto, necesaria para conducir el agua hasta la villa romana del Albir.

Restos de las basas 

Por los restos encontrados, la estructura del acueducto debió constar de un doble sistema compositivo. Una basa aún existente hace unos años, y que mostramos en la imagen de la pág 152, nos proporcionaba una valiosísima información sobre las fábricas y la impostación de los muros. De su análisis podemos entender -o suponer- cómo se construía la arquitectura del acueducto. Y si bien no tenemos noticia de cómo resolverían los vanos, se supone que debieron construirse a la manera de la cultura romana, con arcos de medio punto. La toponimia del lugar “els Arcs” no ofrece duda al respecto. El cuerpo inferior, el basamental, incluía una línea de impostación sobre la que se levantaba un cuerpo superior del que quedaba algún resto material, que me temo esté sólo presente en la imagen a que nos referimos. En él, se intuía en la parte superior, la presencia de una jamba, además de dos sistemas de impostación: el de base de un posible sistema superior de arcos, y el que marcaría el nacimiento de la propia arcada superior, con arcos más pequeños. Sobre este sistema, de arcos sencillos o dobles, según la altura a resolver, se remataba la construcción, como es propio en los acueductos romanos de esta época, con el cajero por donde circulaba el agua. El paso por la parte más baja del barranco, donde la cota de servicio es de unos 12 a 13 m. de altura sobre el suelo, obligaría a disponer de altas basas o de una impostación inferior y algún cuerpo suplementario para llegar hasta el lecho del barranco. 

Acequia del Rec Nou a su salida del túnel romano de Les Boqueres, para llegar próximo a la conexión con el acueducto dels Arcs. Acequia dejada perder impunemente en los últimos años.. Foto MdR

Posiblemente estamos frente a un acueducto con varios niveles, solución bastante común en el mundo romano; niveles que se van suplementando a medida que baja el nivel del suelo. Por su tipología, atendiendo a los restos comentados con caras superiores de jambas que indican arquillos elevados, podríamos estar frente a un modelo de los utilizados a mediados del S. I d.C. (ver nota 1). Por la altura para atravesar el barranco y por los restos que quedan, o quedaban hasta hace unos años, entendemos que este acueducto alteano se podría resolver sólo con dos alturas. A la manera de hipótesis, basándose en los restos analizados y visto el trazado, las dimensiones de las basas y las distancias entre ellas, el autor se atreve a dibujar una hipótesis que sería necesario verificar, si ello es posible ya en este momento, hipótesis cuya parte más certera es la basa tomada de la realidad que ofrece la fotografía, donde son evidentes los restos de jambas superiores e impostaciones en las fábricas; en cualquier caso, no es más que una posible hipótesis de trabajo hasta que se desarrolle un estudio arqueológico y formal capaz de dar luz sobre uno de los monumentos más interesantes de la antigüedad, en Altea y en el territorio valenciano. Indicar además  que el estado en que se encuentra este monumento habla de la falta de interés de nuestra sociedad por su historia y sus orígenes.

(1) Por la época y la hipótesis, similar al existente en Provenza sobre el río Gard. El francés, de unas dimensiones mucho más grandes y con tres niveles

Nota: Publicado en el libro "Paseando por las alteas". M del Rey, Valencia 2026.

viernes, 25 de junio de 2021

Castillo de Bellaguarda en Altea, por Miguel del Rey

 Castillo de Bellaguarda- Arquitecturas ausentes. Altea *

*Publicado en el libro "Paseando por las alteas" M. del Rey,Valencia 2016. 

    Plano de la Villa de Altea F. Ricaud- Valencia 1740

Los restos de la Torre de Bellaguarda y del Castillo que se construyó en su entorno se asentaron sobre una antigua alquería islámica transformada a partir de 1383 en el núcleo cristiano de Altea, manteniendo el nombre de Bellaguarda -en ocasiones Altea en la documentación del S. XVI- denominación que se alterna en la cartografía, en función de las escuelas respectivas, como vemos en el primero de los planos generales del Reino de Valencia previos a la refundación de Altea, el plano “Valentiae Regni Olim” de A. Oertel-Amberes 1585 y las copias sucesivas.

        

La torre y el hábitat amurallado circundante ocuparían un espacio cuadrangular, en torno a la actual plaça de la Cantereria, posiblemente rodeado de otras construcciones o bien un recinto más amplio en torno al castillo, cuestiones éstas a falta de estudiar por los arqueólogos. El molino de Bellaguarda pertenece a la lógica de la colonización alteana de esta época, situándose muy cerca de este asentamiento. El conjunto del castillo de Bellaguarda incidie fuertemente en la estructura parcelario que aún podemos apreciar en la zona, cuyos orígenes documenta perfectamente F. de Ricaud en 1740. En su dibujo podemos entrever los restos de lo que fue el castillo cristiano y distinguir un promontorio interno que quizás fueran los de la torre en estado ya de ruina, a no ser que dicha torre coincidiera en su base con alguno de los cuerpos allí dibujados. También puede tratarse de la acumulación de material del antiguo horno de alfarería -la cantereria- que hubo hasta época moderna en el lugar.

En el año de 1563 se cita Bellaguarda en el “Discurso sobre la fortificación y defensa del Reyno de Valencia” que redactaron el Mestre Racional y Juan Bautista Antonelli al rey Felipe II con fecha de 30 de Marzo de 1563. Se indica en dicho documento la necesidad de artillar a la denominada “fortaleza” de Altea (Bellaguarda) con piezas capaces de defender desde el Albir a Cap Negret, combinando con Benidorm la defensa de la Sierra Gelada. Dedica unos párrafos a las dotaciones necesarias para completar la defensa: “La fortaleza de Altea (Bellaguarda) se pondrá a mejor defensa de lo que está y se proveerá de artillería como se esta dicho .....Altea de un cañon pedrero y cuatro morteretes y diez mosquetes”. Para más adelante indicar: “En la fortaleza de Bellaguarda se le haran los tres baluartes y foso como esta traçado y se proveera de un cañon pedrero que alcance a Jaedor reducto de enemigos y de mas muniçion para tirar y poveeran ruedas exes y cureñas de respecto para las pieças que alli ternan”. El castillo estaba defendido “con doce hombres que enviaba el Valle de Guadalest” que tenían obligación de reconocer a diario la playa desde la Pedrera y hasta el Albir para evitar o anunciar la presencia de bajeles moros…”.

 

Actual torre de Bellaguarda. Una reconstrucción ahistorica

Si bien la documentación escrita es precisa a lo largo del S. XVI, no existe documentación gráfica, de hecho, no hay constancia de que se construyeran baluartes y fosos como allí se indica, aunque en obras actuales en la zona, se pueden apreciar algunos muros con cierto carácter y altura respetable en la parte noroeste de la Plaza de Cantereria. En 1990 se efectuó una reforma profunda de la plaza, incluyendo una “reconstrucción” no histórica de la torre, levantando el mirador que hoy podemos ver.

lunes, 31 de mayo de 2021

El CAMINO de ALICANTE y la VIA DIANIUM. Entre Alfaç, Altea y Calp, por Miguel del Rey

 El CAMINO de ALICANTE y la VIA DIANIUM.

Inédito, a publicar en la próxima edición del libro “Paseando por las alteas”. Miguel del Rey

Altea se encuentra situada en el perímetro costero de La Marina, lugar de paso de uno de los caminos históricos que han surcado nuestras tierras desde tiempo inmemorial. La Vía Dianium fue el primero de esos caminos que se han ido superponiendo unos sobre otros a lo largo de la edad antigua, el medievo y la edad moderna. El camino de la costa que unía Alicante con Denia era un eje perimetral importante, un camino carretero que se complementaba, dadas las vicisitudes orográficas que presentaba, con las vías marítimas. Camino que llevaba en los últimos siglos de su existencia el nombre de Camí d’Alacant, y más tarde, cuando en el siglo XIX se construye poco a poco la carretera N-332, se pasa a denominar Camí Vell d’Alacant, que unía Calp, Altea y Benidorm con Alicante, en el trayecto entre Valencia y Denia. Su denominación legal era de “camino carretero”, mientras el tramo entre Valencia y Denia era “camino real”, igual que entre Santa Faz y Alicante.

El término de Altea siempre ha presentado una problemática particular por la presencia de dos elementos de cierta importancia, el primero el río Algar, un río mediterráneo de corto recorrido, pero con fuertes avenidas que en ocasiones obligaban a vadearlo con barcazas en su desembocadura, cuando el camino, a la altura del Molí de la Torre, un verdadero paso con control, quizás con peaje en algún momento de la historia, no permitía el paso por un cauce sin puente. Pero el gran obstáculo era el paso de la sierra de Bèrnia a la altura del Barranco Salado, la cual se debía pasar por el paso del Collado, un tortuoso y peligroso camino que bajaba hasta el cauce y remontaba la ladera oeste de la montaña de Toix; Todo ello, previo el paso por los distintos barrancos que desde la sierra de Bèrnia desaguan en las playas y acantilados alteanos, siendo uno de los más importantes el barranco de la Galera.

El camino en la actualidad es practicable a tramos, ha perdido su continuidad y se han conservado algunos fragmentos con un cierto carácter

Sus referencias históricas y planimétricas son importantes. Su datación romana esta fuera de duda, como vía secundaria vinculada a la Vía Augusta, con salida desde Lucentum para viajar a Denia, a la que volvía por las inmediaciones de Xàtiva. En los tramos alteanos no se han realizado las prospecciones arqueológicas pertinentes para conocer su verdadero trazado y naturaleza de la vía. Existe un trazado en el Plan de Protección de la Vía Dianium redactado por la Generalitat Valenciana, con un recorrido en algunos puntos algo sorprendente, coincidente en parte con el camino medieval, cuestión que en principio parece lógica.



Trazado del camino histórico entre Alicante y Denia a su paso por el Alfaç-Altea y Calp.  En Rojo continuo el camino medieval.  En trazo discontinuo la propuesta de Consellería del trazado de la Vía Danium, coincidente con el camino, excepto en el tramo de el Alfaç a Altea, que es este caso la traza por la costa.  El punto en Altea indica la cruz de término de acceso a la fortaleza del siglo XVII, con las dos entradas desde Valencia y Alicante hacia el Portal Vell.  Plano de Miguel del Rey y Antonio Gallud.

Del camino medieval y de época moderna tenemos referencias gráficas en la cartografia a partir del siglo XVII, y sus descripciones literarias son incluso anteriores. Quizás la primera, como muy bien indica el documentadisimo Bolg "Metidos en Carretera", es la que nos muestra el “Reportorio de todos los caminos de España, hasta ahora nunca visto, en el que hallará cualquier viaje que quiera andar muy provechoso para todos los caminantes”, compuesto por el valenciano Pedro Juan Villuga en 1546 incluía, entre sus 139 itinerarios, del cual dice: “camino llano por la marina” entre Valencia y Alicante de 30 leguas de longitud, que discurría por Catarroja, Silla, Sollana, Sueca, Cullera, Gandía, Oliva, Denia, Jávea, Teulada, Benisa, Calpe, Altea, Benidorm, Villajoyosa y Alicante.  Sin entrar en más detalles.

También aparece este “camino de Valencia para Alicante” en el “Repertorio de caminos” realizado por Alonso de Meneses en 1576, en el “Mapa Geográfico del Reyno de Valencia”, realizado por el geógrafo Tomás López en 1788. El “Mapa del Reyno de Valencia”, elaborado por Antonio Josef Cavanilles en 1795, nos muestra, como vemos en la imagen que acompaña, el trazado y una descripción del camino.

Antonio Josef Cavanilles en 1795, nos muestra el trazado e indica la existencia de un camino real entre Valencia y Denia y en el acceso a Alicante desde Santa Faz, mientras que el resto del recorrido contaba con un camino de herradura.

El autor describe el paso por el collado de Calpe: “No léjos de la villa (Calp) en la misma costa está el cabo Toix, que es occidental de la ensenada de Calp, en cuyo cabo, como queda dicho, se termina la cordillera que viene desde Confrides con los nombres de Serrella, Bérnia y Toix. Media entre Serrella y Bérnia un profundo barranco que parece interrumpir la comunicación; y entre Bérnia y Toix un collado, que llaman vulgarmente el puerto de Calp: por este atravesé el monte, dexando atrás hácia el nordeste el llamado Oltá, cuyas raices son de yeso, las faldas bien aprovechadas, y aptas para almendros, algarrobos y sembrados, y el resto hasta la cumbre sumamente escarpado y estéril. Pisaba un suelo peñascoso, y la poca tierra que se percibia era de albarís: cultívanse en aquel terreno almendros, algarrobos é higueras, con algunos sembrados. Las plantas nativas son todas conocidas, y entre ellas la carlina afelpada. Iba baxando el puerto, y quedaba á la izquierda sobre un cerro la torre del Mascarát: atravesé el cauce seco del barranco Salado, y ladeé un cerro batido por las olas, siguiendo una espaciosa senda hasta llegar á otra segunda torre llamada de la Galera”.

Es interesante la descripción gráfica y literaria de Pascual Madoz en su “Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar” de 1845, pues nos describe el camino, junto con los fragmentos ya en construcción de la nueva carretera que lo sustituirá, a la vez que nos informa del mal estado de dicho camino y las penurias para conseguir recorrerlo y el tiempo que en ocasiones tarda el correo en llegar desde estas tierras a Valencia.

Fragmento del Plano de Pascual Madoz en su “Diccionario geográfico-estadístico-historico de España y sus posesiones de ultramar” de 1845, pues nos describe el camino, junto con los fragmentos ya en construcción de la nueva carretera que lo sustituirá.

La descripción pormenorizada y más precisa de este camino, justo en el momento de construcción de parte de tramos de carretera, nos la ofrecen en 1853 los capitanes del Cuerpo de E. M. del Ejercito, D. Nicolás Lloret y Reimer y D. Manuel Cortés y Morales, en su “Ytinerario de Catarroja a Alicante por Alcoy y de Alicante al mismo punto de partida por el litoral”. Incluimos de él las descripciones de dos de los puntos conflictivos a su paso entre Altea y Calp: el paso de Collado en Toix y el paso del barranco de la Galera

Del Collado indica: “El camino de herradura entre Altea y Calpe que se dirige desde el SO al NE es muy inconveniente, desigual y pedregoso, hallándose el mal paso conocido en el país, por el Collado de Calpe, en una de las ramificaciones de la sierra de Bernia que forma el cabo de Toix al NE de Altea.

Abierta una parte aislada de la caja del nuevo camino carretero es preciso construir un puente de gran elevación sobre el barranco del collado para evitar la subida a la cima de este ultimo, pero suspendidas las obras por su gran coste no se saca ventaja de lo ejecutado dando lugar a que se inutilicen los capitales invertidos...”.

Paso este del Collado que en 1884, por el retraso de las obras del puente del Mascarat, aún se mantenían en uso y el mismo mal estado, tal como indica la orden de la Diputación de Alicante de adecuar el Paso del Collado para las diligencias entre Ondara y Alicante, dado el estado del camino carretero y la imposibilidad de usar los tramos de carretera nueva en esta parte del itinerario.

El paso del barranco de la Galera hasta llegar al Collado, lo describen los militares de la siguiente manera: … “pasado el barranco de Galera, que no lleva corriente más que en épocas lluviosas, así como los otros barrancos que hay antes, se separa el camino de la costa  e internándose en la cordillera que forma el cabo Toix, ramificación del monte Serrella y sierra de Aitana, empiezan las subidas y bajadas que se aumentan en puntos notablemente y conforme se avanza en la marcha para pasar el barranco y collado de Calpe, puede decirse que el camino se convierte en un desfiladero completo, tanto por el gran declive de las estériles montañas que se elevan a izquierda, como por los muchos escarpados de piedras que estas tienen, mayormente en sus cumbres y que imposibilitan  el franqueo sin largos rodeos. El paso por este camino será muy pesado para las tropas por las muchas cuestas y la naturaleza del piso pedregoso en especial después del trozo del camino carretero construido y en la mala subida al collado. En el descenso a  la parte NE desde la cima del Collado se encuentran semejantes accidentes, reuniendo el camino las mismas circunstancias que por el otro lado y siendo sucesivamente más suaves las pendientes permite el cultivo  en algunos puntos para sembrados y garroferales escalonados como los de este país, hasta que cerca del corral de Pere Roig el camino, más distante ya de la cordillera que se pasó, queda en disposición de ser flanqueado por infantería, siendo el piso menos pedregoso y sin variar  los cultivos en el intervalo que queda hasta Calpe. El barranco del Collado está seco ordinariamente y sus márgenes son sumamente escarpadas y muy elevadas ala izquierda del punto por donde lo atravesamos”

Se complementa este texto sobre el antiguo camino carretero y su transformación en carratera a lo largo de la mitad del siglo XIX, con una descripción a la vez realista e incluso dramática que nos ofrece “La Ilustración Española y Americana” en su número del 30 de enero de 1892, como indica el blog antes citado, donde compara la situación anterior y posterior del paso por el Collado, antes y después de la construcción del puente del Mascarat. Dice así: “Hasta 1884, los viajeros que tenían que atravesar este sitio, transportados por las diligencias de Alicante á Gandia, contemplaban estremecidos el pavoroso abismo, al cual descendía el pesado vehículo por un estrecho camino en ziszas, que parecía más propio para el tránsito de hatos de cabras que para el de carruajes tirados por ocho caballos. Gracias á la pericia de los mayorales, ordinariamente se salvaba el mal paso sin percances que lamentar, subiendo á la parte opuesta del famoso barranco por otro camino de no mejores condiciones que el de descenso. Y lo más sensible del caso era, que al llegar al fondo del desfiladero, el conductor de la diligencia llamaba la atención de los que la ocupaban sobre dos enormes estribos de robusta sillería que indicaban el emplazamiento de un puente colosal, y luego, alzando el brazo, indicaba allá arriba, en medio del plano vertical de las rocas que limitan el barranco, una, al parecer, boca de mina, á la que correspondía otra enteramente igual en el plano frontero. Aquellas eran las pavorosas entradas de dos túneles, que sólo aguardaban que el puente se elevara hasta ellos para suprimir la solución de continuidad, permitiendo á la nueva carretera atravesar sin obstáculo el Collado del Mascarar. Veinte años ha durado la construcción de esta obra, una de las más notables llevadas á cabo por los ingenieros españoles; y desde 1885, el viandante, después de atravesar el túnel, se asoma estremecido por la contemplación del abismo á la baranda del puente, cuya clave se eleva 59 metros sobre el fondo pedregoso del barranco”.

El trazado del camino histórico en este caso llano, coincidente con la Vía Dianium, en el tramo de la Cala de Soio en la Olla de Altea. Tramo que bordeando la playa llega hasta al extremo donde divisa la vista y el camino sube y salva salva el barranco de la Galera, tomando cota hasta bajar más tarde, ya en las proximidades del barranco Salado, para seguir por el Collado. Foto MdR

Bibliografía:

“El tramo del Mascarat de la N-332 ... “ del blog: “Metidos en Carretera”

CAVANILLES, A. J.:  “Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia”. Valencia, 1795. Ed. Albatros, Valencia, 1985

COELLO, F. y MADOZ, P.: Mapa de la Provincia de Alicante, dentro del “Atlas de España y sus Posesiones de Ultramar”, Madrid, 1855

LLORET y REIMER, N. y CORTÉS Y MORALES, M. “Ytinerario de Catarroja a Alicante por Alcoy y de Alicante al mismo punto de partida por el litoral”