lunes, 28 de enero de 2019

Un Lugar en la Huerta, por Miguel del Rey. Publicado en "Las Provincias" 27-01-2019



La Alquería de Tronaes es una alquería dieciochesca situada en un entorno marcado por la presencia de las grandes infraestructuras que bordean a la ciudad por el sur. Un lugar de la huerta, hoy en ruina, que como la propia alquería forma parte de un paisaje al que desafortunadamente, nos estamos acostumbrando. Hace poco tiempo fue un enclave atractivo, con vida, en el cual se daban cita alquería, barracas, acequias, caminos, que estructuraban el territorio histórico de la huerta.

No tuvo suerte el lugar, las grandes infraestructuras le alcanzaron de lleno: el nuevo Cauce y las autopista marginales, la ronda Sur, la Fe, las vías del tren… para qué decir, su destino quedó marcado y la ciudad no tuvo clemencia con el lugar. Aún recuerdo el viejo camino de las Escuelas de Malilla, con una controvertida barraca, eso sí, sin demasiado interés, pero que atrajo la mirada de instituciones y de algún que otro ciudadano inquieto. Ello la hizo incorporarse al Catálogo de Bienes Patrimoniales del Ayuntamiento, como a la Alquería de Tronaes. En el caso de la barraca le apoyaban el trazado del camino, la presencia de un entorno poblado con el atractivo de una vida rural a las puertas de la ciudad, más tarde el abandonado, después marginal, hoy en ruina.

El destino, evidentemente no le era propicio al lugar, pero quizás la ciudad –o sus ilustres directores de orquesta- podrían haber sido clementes con el enclave, respetar su memoria, mantener aquello que estaba protegido. No se espera de ávidos constructores que se preocupen por la ciudad, se entiende que los responsables de ella son quienes la defienden de aquellos y aprueban o rechazan lo que se les presenta; pero no ha sido así en este lugar, como en muchos, en demasiados. Y allí sigue arruinada la barraca del Camí de Malilla, junto a los restos de un ya camino difícil de identificar, rodeada de algunas casas habitadas por unas sombras que te observan desde los umbrales… Una barraca que difícilmente podrá ser reconocible sin una escena que la acompañe.

Pero hoy nuestro interés se centra en una pieza mayor, un potente edificio dieciochesco, la Alquería de Tronaes, una alquería antaño sedera, un edificio que habitado hasta hace unos años, con vivienda en planta baja y una gran andana, un espacio de varios niveles de servicio que se definía único, ocupado en su momento por camas para gusanos de seda, en un universo complejo, ventilado en fachada con tres niveles de huecos en altura que procuraban la ventilación de la gran andana.

Un conjunto de varios edificios, con un cuerpo central rodeado de pequeñas construcciones: casas de colonos, almacenes, patios, porchadas, etc, que en conjunto formaban lo que se denominaba una alquería. El edificio principal, objeto de nuestra atención, lo forma una casa de dos crujías paralelas a la fachada, estructuradas a partir de un potente eje compositivo simétrico y adjetivado por las puertas anterior y posterior, formadas ambas por sencillos arcos de medio punto, tanto la puerta de entrada, como la que da paso al patio posterior. Enmedio de la casa, atravesando el muro de carga central, un arco escarciano, no muy amplio, nace desde una potente y volada impostación; en él encontrábamos aun la argolla y la polea para pesar o descargar las caballerías.

Cuando la visité, hace años, observé una existencia lánguida y con pocos visos de futuro, aunque la alquería era reconocible. Con el paso del tiempo y los vaivenes de propiedades, es -o era- perfectamente legible, tanto en sus espacios de planta baja, como en la idea espacial de su arquitectura. Aún era un edificio sólido, potente, orgulloso en medio de una huerta que fue feraz. Sus muros potentes de ladrillo parecían estables. El muro central, tan consistente en planta baja, se aligeraba en machones esbeltos que subían hasta la altísima cubierta permitiendo un espacio amplio, capaz en su día de ser ocupado por los secaderos, por las camas de gusanos, por las cosechas que se almacenaban un brevemente en una economía que fue cambiando con el tiempo. El espacio se cerraba por unas fachadas perforadas en altura que creaban un ritmo atractivo, de anchuras y dimensiones decrecientes a medida que se elevaban, para permitir el paso del aire a diversos niveles.

Sobre los machones de la línea central de carga, potentes vigas de madera formaban la cumbrera de cubierta. Desde ella, unas vigas más finas soportaban un entabacado de ladrillo sobre el que descansaba el tejado. Vigas que un día volaron sobre las fachadas, protegiendo los vanos siempre abiertos -sobre todo los más altos- con un alero hoy inexistente, que seguro fue fino, liviano, aunque arrojara una potente sombra en fachada. El alero de cubierta en su día se mutiló, quedando el tejado enrasado a fachada. Aquella cubierta desapareció por completo, hundida y humillada, siendo sustituida por unas planchas de metal que hacen las veces de una cubierta provisional, doblegando a Troanes a soportar una imagen patética e injusta.


Hoy al ver sus puertas y ventanas saqueadas, su interior violentado, nos ofrece la imagen del triste destino de los Bienes de Relevancia Local en nuestro querido municipio de Valencia, y nos lleva  a reflexionar sobre el porqué de los catálogos, de su elaboración, creando la ilusión de un cierto interés por el patrimonio. En el caso de la Alquería de Tronaes, como en otros muchos, sus fábricas, sus arcos, las rejas de un preciosismo particular o los planos al gusto del siglo XVIII, esperaban un mejor destino.

jueves, 24 de enero de 2019

La Alquería de Baix, en el entorno del Camí Vell de Torrent. Valencia. Por Miguel del Rey


La alquería de Baix, una de las más antiguas alquerías de la huerta de Valencia,presenta a su vez una de las plantas más enigmáticas de las que encontramos. Su configuración, su indisciplina estructural, la columna de bella traza que allí encontramos, etc, hacen de ella un raro objeto de interés en el panorama del clasicismo rural valenciano.




El edificio está compuesto por cuerpos de construcción cubiertos a un agua y articulados entre sí con una relación que podríamos denominar aditiva. Similar a la estructura que encontramos en la desaparecida alquería del Fesol de Beniferri. Cada uno de los cuerpos de construcción tiene su propia lógica estructural, con muros que los definen en planta. Grandes vigas se apoyan entre muro y muro, aunque en ocasiones se apoyan en machones o en columnas de piedra de muy buena factura.




Quizás por su compleja estructura y su difícil legibilidad, unido a gran parte de la naturaleza de sus fábrica, un tapial que podríamos fechar en torno al S XIV o XV, o unas vigueteria interna más propia de siglos pretéritos, hacen pensar que la Alquería de Baix esconde un pasado más complejo que el que nos dan a entender las formas de sus ventanas y algunos fragmentos de muros de ladrillo y esquinas de sillería con acabados clasicistas, que nos sitúan en torno al S. XVII.




La puerta acabada en arco de medio punto, jambas ajustadas a la carpintería, parece la original. Las ventanas, sus formas, sus jambas, la rejería de la planta baja, apoyan la hipótesis de una edificación originaria del siglo XVII, las cubiertas, sus aleros, hacen referencia a épocas más modernas, cuestión ésta que es muy habitual por las frecuentes restauraciones y reconstrucciones de cubiertas a lo largo del tiempo. En este caso sus formas y la elegancia de su alero nos sitúan en el momento de remodelación clasicista de quizás un edificio tardomedieval; una remodelación que debe estudiarse detenidamente y que quizás nos pueda dar claves sobre las antiguas arquitecturas que construyeron la alquería en épocas anteriores, que a su vez reutiliza o incorpora una bella columna de clásica, bien tallada, con un elegante collarín, así como pilastras en esquina o rejas de una calidad singular. Una columna que posiblemente fuera de un bello e ignoto edificio. 




viernes, 18 de enero de 2019

La ermita de Santa Bárbara en Vinalesa, por Miguel del Rey






Situada en el barrio de Santa Bárbara, saliendo hacia Moncada encontramos la ermita dedicada a la advocación de Santa Bárbara es un edificio de una sola nave con tres cuerpos en profundidad que mantienen los contrafuertes exteriores al templo, cubierta por una cubierta a dos aguas con un frontón en fachada rematado por una sencilla espadaña de una ventana donde se ubica una campana.

La fachada es muy sencilla, incluye un panel cerámico sobre la puerta, construida esta por un arco plano de ladrillo, más una ventana superior construida de la misma manera. Un zócalo de piedra y unas fábricas de mampostería revocada, recientemente restauradas. En el lateral derecho de la fachada existe un reloj de sol de factura moderna.

Según el “Catalogo Monumental de la Provincia de Valencia”  (GARIN, F. M. ,VALENCIA 1986), se nos dice que: “…el interior es de planta rectangular, pavimento de mosaico, púlpito dorado sobre columna barroca, con un relieve de una paloma y un ángel tocando una trompeta. Pilastras acabadas con capiteles corintios que sostiene una cornisa. Bóveda de cañón con lunetos, floreros y adornos pintados. Mural en el testero imitando cortinajes y balaustradas con jarrones, enmarca un retablo con dos columnas estriadas y cornisa.”

Frente a la puerta existe una cruz formada por un cuerpo basamental de planta circular construido en sillería con tres niveles de peldaños, desde donde nace el fuste sobre el que se sitúa la cruz. Es un fuste de sillería de planta octogonal que soporta una cruz metálica que posiblemente sustituye a la original. Su estructura es la propia de una cruz de término, que posiblemente ha sido desplazada de su lugar.




Reloj de sol. La fachada declina a este. "El sustituto actual, en forja, está ajustado a la hora estatal de invierno." Según la información que nos da el libro “Interpretación y lectura de los relojes de sol. Cuadrantes solares en l’Horta Nord” (FERNÁNDEZ NICOLA, J. VALENCIA. 2009)

miércoles, 16 de enero de 2019

Recordando aquella preciosa Alquería de Tronaes en Valencia, por Miguel del Rey




La Alquería de Tronaes es un viejo caserón, una alquería de finales del siglo XVII o inicios del XVIII, situada en un entorno marcado por la presencia de las grandes infraestructuras metropolitanas que se sitúan entre la Ronda Sur y la V-30, próxima a la nueva Fe. Un antiguo paisaje de huerta, hoy en ruina, que como la alquería forma parte de un paisaje al que ya, por desgracia, nos estamos acostumbrando.

Nos encontramos frente a una alquería sedera, un edificio que incluye una planta baja, donde se albergaba la vivienda, y una gran andana de tres niveles de servicio incluidas en un único espacio, con tres niveles de huecos en altura procurando facilitar la ventilación de la gran andana. Compuesto el edificio por dos crujías en paralelo a fachada, estructuradas a partir de un potente eje centrado en planta, adjetivado por el vano central y por los arcos de medio punto en la fachadas anterior y posterior, donde se sitúa las puertas de entrada a la alquería y el paso al patio posterior.

Puerta, ventanas saquedas, su interior violentado, parecen ser el triste destino de los Bienes de Relevancia Local en el municipio de Valencia. Lo que hace incomprensible que se elaboren catálogos y se pretende dar la imagen de un cierto interés por el patrimonio. 

En el centro del muro de carga central un arco escarciano, no muy amplio, nace desde una potente y volada impostación, donde encontrábamos aun la argolla y la polea para pesar o para descargar las caballerías. La alquería aún con el paso del tiempo, de los vaivenes de propiedades, es -o era-,perfectamente legible, tanto en sus espacios de planta baja, como en la idea espacial de la arquitectura; con un muro central que en planta alta se transforma en esbeltos machones, definiendo así una línea de carga resuelta por grandes vigas de madera que forman la cumbrera de cubierta. Los aleros de madera, muy volados, han sido recientemente mutilados, quedando el tejado enrasado a fachada Cubierta hoy hundida y humillada por unas planchas de metal que hacen las veces de una cubierta provisional y doblegada a un destino injusto.

Su arco central de acceso era ligeramente rebajado, sin impostación alguna. A ambos lados de la puerta dos grandes ventanas de suelo a techo le daban empaque, enrejadas en saledizo y con alfeizar de obra revestido de azulejería azul y blanca, con motivos dieciochescos y con jambas pintadas de azul.

La planta superior con sus tres niveles en altura, de tamaño decreciente, de manera que los mas altos, muy pequeños ya, quedaban prácticamente siempre protegidos bajo el hoy inexistente alero. Sus fábricas de ladrillo con tendeles estrechos, sus arcos de medio punto a sardinel o los planos al gusto de los siglos XVII y XVIII, esperaban un mejor destino.

Miguel del Rey
Valencia enero 2019


domingo, 23 de diciembre de 2018

Un pueblo de piedras, cal y yeso. Los paisajes de las canteras alteanas, por Miguel del Rey (cast-val)


Los paisajes de las canteras alteanas

Capítulo del libro “Paseando por las alteas” Miguel del Rey, Valencia 2016., Pag 312-315- Cast-Val.


Altea a sido desde milenios tierra de molta pedra, piedras varias, de calidad, distinguiéndose materiales de naturalezas muy distintas, unos formados por sedimentación y fuertes compresiones tectónicas de componente caliza, otras areniscas y otras de origen volcánico procedentes de la solidificación del magma, como el basalto y el pórfido; rocas compuestas por feldespato y piroxeno en el caso del basalto, con una coloración negra y tonos verdosos, o bien, en el caso del pórfido, un magma que une cristales de feldespato y cuarzo, con un tono rojizo muy oscuro.

Piedras de buena calidad, que en el caso de las calizas incluían vetas y discontinuidades que no permitían grandes sillares o bloques de ciertas dimensiones. Las calizas se distinguían en dos clases, por su color y resistencia, la negra y dura de Les Quintanes y la gris más blanda, de la antigua Cantera de Les Rotes o de Bellaguarda.

Desde antiguo se encuentran restos de extracciones de piedra por procedimientos muy diversos, desde canteras a cielo abierto, como tradicionalmente ha sido la cantera de Les Quintanes en el monte de su nombre, lindante con el río Algar, aunque también encontramos extracciones en pozos, a la antigua manera romana en las inmediaciones del Caixer Alt en el monte del Mandem. Podemos encontrar canteras  para la extracción de vetas en mina, como las canteras de Calces o del Mohinyo en la foia de Altea la Vella.

Los vestigios más antiguos nos hablan de piedras calizas grises-rojizas, la estela íbera de Altea la Vella, o la piedra negra del mercado de la Vilajoiosa, del siglo II, posiblemente de alguna cantera del monte de Les Quintanes. También tenemos referencias, aún por verificar arqueológicamente, como hemos indicado al estudiar el trazado del Reg Nou o de Dalt, de la existencia de trazados posiblemente romanos en la zona del Caixer Alt, junto a las canteras del Mandem.
Canteras posiblemente romanas del Caixer Alt

La Altea medieval se construye con piedra caliza más blanda, de color gris pajizo, como es el caso del molino de Bellaguarda; sillares bien formados, que perfectamente pueden ser locales y extraídos de la cantera que debió estar en servicio en la parte sur la colina donde ahora se sitúa Altea, en la zona lindante con el antiguo camino Real, la Vía Dianium que ya estaba en uso en época romana. La piedra de la época renacentista, la fundacional, así como la de las obras del siglo XVIII, utilizan esta caliza gris, una piedra relativamente blanda, de aspecto muy similar a la arenisca, como podemos ver en el Portal Nou de 1743, posiblemente de la misma cantera de Les Rotes.

Restos de la que fue la Cantera de Bellaguarda, en sus últimos momentos como cantera de yeso

En la actualidad, la única cantera en servicio, aunque sin extracción (parece que sólo procesa y transforma en machaca el material existente) es la cantera de Les Quintanes. Su importancia ha sido enorme en el paisaje y en la arquitectura alteanas, muchas casas se construyeron con sus piedras calizas negras, características. Las encontramos en los grandes tajamares de los viaductos modernos del S. XX, en los muros de contención de las obras públicas y en los márgenes que aterrazan los bancales y configuran el territorio.  La cantera se explotaba históricamente desde varios frentes con propiedades distintas, siendo el más importante el que abría hacia el norte y que absorbió a la pequeña cantera de Calces abierta en la parte oeste del monte. Existe una antiguo frente al sur que estuvo en explotación, con un tajo importante de extracción. El momento álgido de esta cantera  fue entre 1933 y 1944, cuando se construyó el puerto de Altea con bloques transportados por ferrocarril entre la cantera y la obra portuaria, y más tarde en los momentos de expansión constructiva de los años 1970 a 1990.


La cantera de Les Rotes estuvo en uso hasta la primera mitad del siglo XX, en parte vinculada a la producción de cal, con un horno existente en el antiguo camino de Alacant del cual da noticia oral el amigo Manolo Torres. En la actualidad la urbanización de su entorno ha ocultado el corte de la cantera, del que quedan algunos restos en los que se puede ver la textura y coloración de la piedra. Algún estudioso indica la posibilidad del uso de esta piedra en la Valencia de época foral.

La cantera de Cap Negret, cantera de basalto y pórfido que estuvo en producción en la primera mitad del siglo XX, con extracción masiva de material en torno a los años 1930-34, material que se exportaba por barco a ciudades próximas: Alicante y Valencia. Esta cantera eliminó por completo las huellas del castillo y la torre de Cap Negret, que hasta finales del siglo XVIII estuvo en servicio sobre el túmulo basáltico que da nombre al cabo.

Restos de la cantera de Cap Negret con vetas de pórfido en la actualidad

La cantera de Calces estuvo en servicio en la primera mitad del siglo XX, según cita R. Llorens en su libro “Diccionario de Altea y sus cosas”, pág. 223. A lo que hay que añadir la cumplida información se da en el capitulo 11-15 de este libro. Hay que insistir en la importancia de la explotación de pórfido para adoquines, con los cuales se adoquinaron los ensanches de la ciudad de Valencia a partir del embarcadero de La Olla, al que hacemos referencia en este libro. Empresas como Nebot y Cia. y más tarde Jiménez de la Iglesia y su empresa CLEOP, fueron arrendatarias de la cantera de la familia Calzas del Castillo, hasta que una vía de agua arruinó la explotación. Más al norte, próxima a ella, en el camí Fondo se encontraba la cantera del Mohinyo, que explotaba parte de esta veta porfídica.






Clot de la Cantera de Calces, una vez inundada por la vía de agua sobre los años 1940


UN POBLE DE PEDRES, CAL I GUIX: ELS PAISATGES DE LES PEDRERES ALTEANES
Capítol del llibre  “Passetjant per las altees” Miguel del Rey, Valencia 2016., Pag 312-315- Val. 

Altea ha sigut des de familers d’anys terra de molta pedra. Un lloc de pedres diverses, de qualitat, distingint-se materials de naturalesa molt diferent, uns formats per sedimentació i fortes compressions tectòniques de component calcari, de gres i altres d’origen volcànic procedents de la solidificació del magma de composicions més o menys similars, el basalt i el pòrfir, roques compostes per feldspat i piroxè en el cas del basalt, amb una coloració negra amb tons verdosos o bé feldspat i quars en un magma que els uneix en el cas del pòrfir, amb una tonalitat rogenca molt obscura.

Pedres de bona qualitat, que en el cas de les calcàries incloïen vetes i discontinuïtats que no permetien grans carreus o blocs de certes dimensions. Les calcàries es distingien en dos classes pel seu color i resistència: la negra i dura de Les Quintanes i la grisa més blana de l’antiga pedrera de Les Rotes, o de Bellaguarda.



Tall de la pedrera de Cap Negret en plena explotació als anys 20. Foto Casa Soler

Des de l’antiguitat es troben restes d’extraccions de pedra per procediments molt diversos, des de pedreres a cel obert com tradicionalment ha sigut la pedrera de Les Quintanes en la muntanya amb el seu nom pròxim amb el riu Algar, però també trobem extraccions en pous a l’antiga manera romana en els voltants del Caixer Alt en la muntanya del Mandem. Es troben pedreres amb extraccions de vetes en mina amb les pedreres de Calces o del Mohinyo en la foia d’Altea la Vella.

Els vestigis més antics ens parlaven de pedres calcàries grises-rogenques, l’estela ibera d’Altea la Vella, o la pedra del mercat de la Vila Joiosa del segle II, possiblement d’alguna pedrera del tossal de Les Quintanes. També tenim referències, encara per verificar arqueològicament, com hem indicat en estudiar la traça del Rec Nou o de Dalt, de l’existència de traçats possiblement romans en la zona del Caixer Alt, al costat de les pedreres del Mandem.

L’Altea medieval es construeix amb pedra calcària més blana, de color grisa palla, com és el cas del molí de Bellaguarda; carreus ben formats que perfectament poden ser locals i extrets de la pedrera què degué estar en servei en la part sud del tossal on ara es situa Altea, en la zona pròxima a l’antic  camí Ral, la Via Dianium que ja estava en ús en època romana. La pedra de l’època renaixentista, la fundacional, així com la de les obres del segle XVIII, utilitzen aquesta calcària grisa, una pedra relativament blana com podem veure en el Portal Nou  de 1743 possiblement de la mateixa pedrera de Les Rotes.

En l’actualitat, l’única pedrera en servei, encara sense extracció (sembla que solament processa i transforma en tritura el material existent) és la de Les Quintanes. La seua importància ha sigut enorme en el paisatge i en l’arquitectura alteanes, moltes cases es construïren amb les seues pedres calcàries negres característiques. Les trobem en els grans tallamars dels viaductes moderns del segle XX, en els murs de contenció de les obres públiques i en els marges que terraplenen els bancals i configuren el territori. La pedrera s’explotava històricament des de diferents fronts amb propietats diferents, sent el més important el que obria en direcció al nord i que va absorbir la xicoteta pedrera de Calces oberta en la part oest de la muntanya. Existeix un antic front al sud que va estar en explotació amb un tall important d’extracció. El moment àlgid d’aquesta pedrera va ser entre 1933 i 1944 quan es va construir el port d’Altea amb blocs transportats per ferrocarril entre la pedrera i l’obra portuària i més tard, en els moments d’expansió constructiva dels anys 1970 a 1990.

La pedrera de Les Rotes va estar fins a la primera meitat del segle XX, en part vinculada a la producció de cal, amb un forn existent en l’antic camí d’Alacant del qual dóna notícia oral l’amic Manolo Torres. En l’actualitat, la urbanització del seu entorn ha ocultat el tall de la pedrera, del qual queden algunes restes en el que es pot veure la textura i coloració de la pedra. Algun estudiós indica la possibilitat de l’ús d’aquesta pedra en la València d’època foral.

La pedrera de Cap Negret, pedrera de basalt i pòrfir que va estar en producció en la primera mitat del segle XX, amb extracció massiva de material entorn dels anys 1930-34, material que s’exportava amb vaixell a ciutats pròximes: Alacant i València. Aquesta pedrera va eliminar per complet les petjades del castell i la torre de Cap Negret, que fins a finals del segle XVIII va estar en servei sobre el túmul basàltic que dóna nom al cap.

Tall del terreno a la antiga Pedrera de Calces aln la veta de pedra basática

La pedrera de Calces va estar en servei en la primera mitat del segle XX, segons cita R. Llorens en el seu llibre Diccionario de Altea i sus cosas pàg. 223, on cal afegir la complida informació que es dóna en el capítol 11-15 d’aquest llibre. Cal destacar la importància de l’explotació de pòrfir per a llambordes amb els quals s’empedraren els eixamples de la ciutat de València a partir de l’embarcador de L’Olla, al qual fem referència en aquest llibre. Empreses com Nebot i Cia., i més tard Jiménez de la Iglesia i la seua empresa CLEOP, foren arrendatàries de la pedrera de la família Calzas del Castillo, fins que una via d’aigua va arruïnar l’explotació. Més al nord, pròxim a ella, en el Camí Fondo es trobava la pedrera del Mohinyo, que explotava part d’aquesta veta porfírica.