sábado, 4 de abril de 2020

La Iglesia de Altea. Arquitectura y evolución histórica, por Miguel del Rey


Alzado de la iglesia en la actualidad. Plano realizado por J Rojo y M. del Rey

La iglesia de Altea tiene una dilatada historia. Su construcción de nueva planta terminada en 1617 marca el lugar y la impronta que tendrán en el tiempo. Su ruina a lo largo del siglo XIX, la construcción como edificio aislado de la actual Capilla del Sagrario en 1854, y la construcción dilatada en el tiempo de la nueva iglesia, entre los últimos decenios de 1880 y 1911, van construyendo el edificio que hoy conocemos,perfil e icono inconfundible de Altea.

Sus momentos básicos son:

1.- Ruina del templo renacentista (1617, construida por el picapedrero Damiá de la Cámara.

2.- Construcción en 1854 de la Capilla del Cristo. Sin autoria reconocida, 
Sobreposición de la iglesia original, en amarillo, sobre el plano de la actual iglesia y capilla del sabrario, antes exenta, ahora incorporada al crucero

3.- Construcción de un cuerpo de ábside, no se sabe bien por quien y bajo que dirección. Aparece un croquis que quiere ser primigenio de la iglesia; un dibujo detallado de don Jaime Cardona en 1876; croquis muy respetado en el proyecto definitivo acabado 35 años después. Una imagen de 1894 nos presenta el ábside ya construido en esta fecha. Hay documentación que nos indican de dádivas a la Iglesia en los años 1860, para continuar las obras de ampliación de la iglesia (1)
Vista del lateral de la iglesia en 1894, donde podemos ver el ábside ya construido y a su vez el muro de la antigua iglesia aún existente.
4.- Derribo del cuerpo principal del antiguo templo y construcción de la nave principal, crucero, cúpula y campanario del templo actual, intervención de Adrián Vela Gadea como Maestro de Obras, sin conocer un plano director. Intervención que cambia la sección del croquis de Jaime Cardona, al construir una potente y elegante cúpula; criticada por este en un primer momento y más tarde aceptada, vista la elegancia de la misma, el espacio interno que define y la potencia en el perfil de la villa de Altea.


El proceso de consolidación de la nueva iglesia de Altea.

Sobre el plano de Francisco Ricaud, este autor dibuja varios momentos del templo: 1.- estado original renacentista. 2.- Derribo del castillo y construcción de la Capilla del Sagrario en 1854, cuando el templo original entra en ruina. 3.- Templo en 1910, con la capilla del sagrario formando parte del crucero. (4)



Dibujo de M. del Rey sobre un plano de F. Ricaud de 1740 indicando tres momentos del estado del templo alteano: Inicial de 1617, en 1854 y en 1910, publicado en “Paseando por las alteas”, M. del Rey, 2016”

La capilla del Sagrario

La capilla, inaugurada en 1854, se configuró como edificio exento situado al suroeste de la antigua iglesia. Compuesta a partir de una geometría academicista de doble simetría, de un academicismo elegante, que define un gran espacio central con planta de cruz y cuatro capillas, cubierta con cúpula de sección elíptica y fuerte peralte que permite visualizarla como semiesférica desde puntos de vista próximos; cúpula revestida con teja curva vidriada en azul y blanco sobre la que se levanta una linterna estilizada. La arquitectura clasicista de su interior, de elegante factura y buenas proporciones, contrasta con la desnudez de sus volúmenes externos, de una sencillez franciscana que incluye una única puerta adintelada sobre la que podemos ver un arco de descarga acabado para no ser visto.


La capilla está llamada a tener un protagonismo particular en la futura configuración de la nueva iglesia que años más tarde sustituirá a la fundacional. Podemos señalar dos razones muy distintas:
-        por su ubicación y por su propia arquitectura. Su localización marcará las dimensiones y proporciones de la nueva iglesia, utilizando esta capilla como parte del crucero y asumiéndola dentro de su geometría.
-        Por otro lado las formas de su arquitectura interior, sus pilastras y capiteles corintios compuestos, marcarán la arquitectura interna de la futura iglesia, la cual abandonará los historicismos, más comunes en esta época, y se vinculará a estos temas academicistas de la capilla.

El croquis de Jaime Cardona

         El croquis del maestro nacional alteano, titular de la escuela de Almussafes, es el de un templo, como dice: capaz, sólido, breve y económico. El maestro de escuela describe en 1876 un templo de una nave y capillas laterales, con crucero, parece que sin cúpula; eso sí, con girola y deambulatorio perimetral. Parece que propone algo más parecido a las voluntades franciscanas de austeridad formal y pobreza de materiales, que al templo finalmente construido.


         La propuesta que nos aporta el croquis retranquea la fachada de la iglesia fundacional hasta colocarla alineada a la calle Mayor. Mantiene la alineación noreste de la nave de la iglesia primitiva y la amplia hasta poder ajustar la alineación de la nave con la línea de la capilla de 1854, utilizando a esta como crucero. No aporta detalles estilísticos, mientras que si nos ofrece secciones que nos hablan de la escala y dimensiones de la nave de la futura iglesia.

La arquitectura de la iglesia

          El actual templo se completa apoyándose en parte en las trazas de la antigua iglesia, anexionando la Capilla de la Comunión, y reconstruyendo el antiguo ábside anexo a la iglesia fundacional. Se define como un edificio de una única nave con crucero y cúpula sobre tambor octogonal y nervaturas internas, cubierta por bóveda de cañón y arcos fajones, bóveda que se arista lateralmente para permitir luz desde ventanas a ambos lados. Los potentes contrafuertes definen capillas internas laterales. La fachada incluye doble campanario de bases cuadradas, de los cuales sólo se eleva el izquierdo. Todo ello, excepto la cúpula, responde al croquis original.

              Estilísticamente se inscribe en un cierto eclecticismo clasicista que intenta, como hemos dicho, un diálogo con la capilla del Cristo, una opción atractiva estilísticamente, de manera que la arquitectura de la capilla, de formas y proporciones elegantes, se interpreta de manera particular en la nave.

               Las nervaduras de las bóvedas y el acabado interno de la cúpula le restan parte de la rotundidad que encontramos en las limpias bóvedas de medio punto de la capilla del Sagrario, en la cúpula de gallón y en su linterna; formas en las que se aleja este nuevo templo de la capilla primigenia. Los capiteles se complican, las formas pierden rotundidad, sobre todo en la bóveda, al introducir las aristas para abrir los vanos de las ventanas superiores, perdiendo su linterna en una voluntad neobizantina de separarse de los códigos romanos. Soluciones muy habituales en el momento y practicadas habitualmente por Adrián Vela (5), como hace en otras iglesias (quizás la de Relleu, si se consigue conocer su autoría) aún no teniendo certeza documental, reúne las características propias de ser obra de este autor, etc.

                    Respecto a la estatuaria hay que indicar la existencia de una arquitectura contenida en la espacialidad del templo, arquitectura que adquiere un protagonismo particular, barroquizante en el caso del altar mayor y su retablo. Hay que señalar un cierto exceso en la obra del escultor Melitón Gómez; protagonismo que en sus formas que llegan incluso a aproximarse a la idea de obra de arte total, desde una perspectiva casi podríamos decir operística, donde adquiere un carácter escenográfico, hoy transformado al haber pasado los pesados angelotes al altar norte del crucero.

Otro de los aspectos a reseñar en esta arquitectura, quizás atribuible directamente a Adrián Vela, o en su caso al arquitecto, hoy desconocido, es la existencia de algunos guiños modernistas, incluso protorracionalistas, potenciado quizás por lo inacabado de sus formas, dadas las vicisitudes económicas del proceso de construcción, con un final abrupto de la obra quizás por falta de recursos a partir de 1910. Cuestión esta que ha condicionado su arquitectura externa hasta adquirir cierta radicalidad romántica, cierto carácter “pintoresco”, próximo de alguna manera a postulados de la modernidad. Quizás aspectos no pretendidos de manera consciente por el autor de su arquitectura y menos por los promotores de la misma, siendo reflejo del difícil momento en que se construyó.

              Algunos de los aspectos a destacar en esta arquitectura los podemos encontrar en la propia experiencia constructiva del edificio, en su potente y decidida volumetría y arquitectura exterior, en sus fábricas y aparejos, aspectos que la separan decididamente de la arquitectura edilicia del pueblo de Altea, pero también del repertorio formal de la arquitectura religiosa del momento y destacan su monumentalidad, confiriéndole ese aire de modernidad que rezuma el edificio, donde:
-                Los revocos son sustituidos por fábricas vistas, mamposterías concertadas, sillarejos bien trabajados, impostas de sillares blancos y negros con el uso de la piedra del lugar.
-                Las fábricas de ladrillo se aparejan con un dibujo de punto de cruz, muy a la moda del modernismo que asume perfectamente la burguesía urbana, utilizando ladrillo macizo de buena calidad con dos tonos de color.
-                Las fábricas de mamposterías vistas de piedras calizas, se trabajan en algunos cuerpos de manera muy delicada, a la manera modernista, incluso con cierta impronta gaudiniana.
-                Las cubiertas tienen una particular importancia, tanto por el uso de escamas vidriadas en el revestimiento de la cubierta de la cúpula, cerámica adquirida en los hornos de D. José Ros en la fábrica de La Ceramo del camino de Burjassot de Valencia, como indica la memoria del cura Don Juan Bautista Cremades.
-                La cubierta de teja alicantina o marsellesa como fue cubierto en origen insistía en una definición potente de los planos constructivos, a la vez que una economía de medios propia del pensamiento que embarga la obra desde el inicio. Teja desgraciadamente sustituida en el tiempo tras la última restauración.


                                                                 Oratorio de l`Hort de la Campaneta

Quizás debiéramos incluir una obra doméstica de la misma época y atribuible a Adrián Vela, o al menos una parte de ella, las cúpulas y el oratorio del Hort de la Campaneta, coetáneo este cuerpo con la iglesia y construido por los mismos operarios y con los mismos materiales en sus cúpulas.

1- Barber D.y  Fuster L. : Estudios en proceso sobre el vaciado del Archivo eclesiástico de Altea. Inédito

viernes, 3 de abril de 2020

El Bodegón de Pepe, por Miguel del Rey


                           “Pepe Hortelano” retrato de Tuler. Gentileza de la Familia Hortelano
              
            Pepe Hortelano creo de su Bodegón un lugar de culto, un lugar necesario en la cultura alteana entre los años 60 a los 80 del S XX, época de máximo esplendor de su proyecto de vida, aquel que inició en la Bar Las Vegas al final de los ‘50 y concretó más tarde, hacia 1964, en el Bodegón. Nos queda su recuerdo en las páginas gloriosas que escribieron poetas y escritores sobre sus mesas, al lado de una jarra de vino de Xalò, o en la huella que sus espacios dejaron en las páginas de los libros de muchos autores que por allí pasaron. Larga vida y recuerdos al Bodegón de Pepe.

              Era el Bodegón lo que los romanos llamarón una taberna, tenía todo el sentido de la palabra, era el lugar de charla y regocijo, lugar propio de gente atractiva, divertida, ocurrente, llena de alegría de vivir. Bares y Bodegones en los que él escribió a través de la mano de innumerables artistas la imagen de la Altea que soñaba, y allí aparecieron frescos y murales sobre las paredes. Se construyó en el Bodegón parte del imaginario icónico de Altea a través de pinturas que todos disfrutamos, en una mezcla de arte popular de gran calidad y gusto exquisito, y además efímero, lo cual añade el valor de la nostalgia, de aquellos días de vino y rosas de la Altea de los 60 y 70.

                          “Marineros”, fresco de Ellis. Desaparecido. Restauración digital del autor. Foto                                                     original gentileza de la familia Hortelano.

               Siempre nos quedará su recuerdo, la de su Altea, de aquella Altea que fue, de la Altea bohemia y desenfadada, rodeada de personajes de las artes, la política y los medios de difusión nacionales e internacionales: la Altea de la que nos sentimos orgullosos muchos alteanos y recordamos un poco con nostalgia.

              Mi relación con él, con su familia, siempre fue cordial. Fuimos vecinos, además de joven cliente de sus mesas frente a una playa llena de gaviotas que un día plasmó en un precioso dibujo- regalo que hoy disfruto- Benjamín Palencia, su asiduo amigo y cliente. Fui discípulo de sus muros, de los murales que en ellos vivían y que yo, joven inexperto, intentaba reproducir buscando un lenguaje propio, la más de las veces infructuosamente.   
            
             Mi última relación indirecta con su persona fue precisamente a raíz de mi último libro, para el cual solicite información gráfica que amablemente me cedió la familia y que queda plasmada en él. Le mostré el texto y las imágenes remaestreadas, tengo entendido fueron de su agrado, tal como me indicó una nota en la cual se me recordaba que dos personajes faltaban a la larga lista de personas relevantes que pasaron por Las Vegas o por el Bodegón: Rita Hayworth, Ernenst Hemingway y algunos otros, a lo cual atendí presto.

“El año de 1964 el Bodegón de Pepe abre sus puertas frente al mar, cierra José Hortelano el bar Las Vegas y su nuevo y próspero negocio hace realidad su sueño: un lugar bohemio, de artistas, donde las personas relevantes de la vida artística, política y deportiva, no sólo alteana, también española y europea, pasan un agradable rato al mediodía tomando sus habas o mejillones con un fuerte vino de la tierra, o por la noche, cenando carnes a la brasa o sardinas, unas de las mejores del Mediterráneo. Una buena carta corta, propia de un buen mesón.
Ir al Bodegón fue, durante años, un destino común de jóvenes y mayores,  Pepe y Pedro (o Lorenzo) sabían atraer a la gente, hacer que estuvieras como en tu casa. Pedro, cariñosamente, nos decía a un grupo de jóvenes amigos que frecuentábamos el local: “Ganes tinc que acabeu la carrera y demaneu... no tan sols la cervesseta. Tot vindrá!”

             Era un buen lugar donde llevar a los amigos, donde coincidir con aquella pléyade de artistas que a todas horas llenaban el Bodegón. Por allí pasaban Federico Muelas, el poeta, periodista, editorialista y guionista cinematográfico de la Generación del 36, podías saludar a Félix Buttersach, o su esposa Ana, el director del Münchner Merkur -de quienes años más tarde tan buenos recuerdos tiene este autor de las veladas y cenas en su casa de La Galera-, por allí estaba el presidente del Nottingham Forest alguna tarde de verano... Junto a ellos políticos españoles, personalidades alemanas o suecas, pero ante todo artistas de cine, toreros, futbolistas... que dejaron sus fotografías y sus dedicatorias en las paredes del Bodegón: Antonio Bienvenida, Gert “Torpedo” Müller, Urtain, Manuel Fraga, Santiago Carrillo, Jorge Mistral, Aurora Bautista, Manolo Escobar, Toni Leblanc... y Santiago Bernabeu, buen amigo de Pepe Hortelano
                                                                Sirena. Rob Vanheste.
            Si este público marcó el carácter del Bodegón, también el espacio físico y humano estuvo condicionado por la impronta que los artistas dejaron en sus muros. Los frescos, los cuadros, las colecciones de objetos, las fotografías de aquellos personajes, vivieron con nosotros unos años inolvidables. Especial mención hay que hacer a Benjamín Palencia, el gurú de este lugar, pero también a artistas como Polín Laporta, Ellis, Sum Miller, Karpi, Banest, Rob Vanheste, Oker Anderson, Tuler... ellos llenaron aquellas paredes de color, formas y poesía.”

Una referencia completa del “Bodegón de Pepe” la puede tener el lector en mi libro “Paseando por las alteas” de Miguel del Rey, Valencia 2016

viernes, 27 de marzo de 2020

Libros a la venta de Miguel del Rey

Libros de Miguel del Rey editados en estos últimos años, algunos de los cuales puede comprarlos en la Libreria Mascarat de Altea, o solicitándolos en la dirección: bartolome@vam10.com para su envío postal.


Guía de Altea

Guía de bolsillo para viajeros que visiten Altea, en especial para amantes del patrimonio y del paisaje. En ella encontrarán el amplio repertorio de elementos patrimoniales existente con comentarios y documentación sobre las mejores arquitecturas públicas, religiosas y domésticas, tanto rurales como urbanas, con particular referencia a la arquitectura monumental de la antigua fortaleza renacentista alteana. Los paisajes urbanos, los agrarios, la Sierra de Bèrnia, el río Algar, Altea la Vella y las playas de la Olla se presentan en itinerarios especialmente estudiados que les conducirán por estos tan diversos paisajes.


“Paseando por las alteas”  es un libro más amplio y pretende en extensión pretende un relato de nuestro patrimonio y nuestros paisajes entendidos de manera amplia. Desde el patrimonio existente, a los paisajes perdidos, aquellos que se llevó el tiempo o la velocidad de transformaciones habidas en nuestro entorno. Incluye lecturas, unas más visuales, otras más profundas, de lo que han sido nuestros orígenes como pueblo, como entidad física, geográfica y humana a lo largo de la historia.

El libro intenta un paseo por las distintas alteas que han existido en el tiempo: alteas ubicadas en lugares diversos, construidas en tiempos distintos, habitadas por sociedades muy variadas, alteas que han ido dejando unas huellas que aquí se analizan y valoran. A la vez pretende entender Altea en sus distintos contextos históricos, vista desde la perspectiva de nuestra comarca de la Marina, desde una visión amplia del reino de Valencia o incluso de la Corona española, por supuesto también desde el país que hoy hemos construido.


Bartolomé

Una historia de ficción apoyada en documentos, escrituras, protocolos notariales, cartas, etc., donde se describe el devenir de una familia de la baja nobleza del sur valenciano durante los momentos de cambio del Antiguo Régimen. La acción transcurre en paisajes de La Marina y de las comarcas centrales valencianas, así como en la ciudad de Valencia, iniciándose la historia en 1786 y abarcando los convulsos momentos del reinado de Carlos IV y los primeros decenios del siglo XIX, con la guerra del francés, la represión fernandina, el trienio liberal, etc...

A través de diversas familias que representan parte del poder político y económico en estas comarcas, de sus relaciones con ciertos personajes ilustrados de la época, con la iglesia, etc., se incide en la estructura social, en el papel de la mujer y en la manera de vivir de una sociedad que contempla desconcertada los sucesos ocurridos en la Corte, el devenir de Francia, de su revolución, el final del imperio español... Una sociedad golpeada en parte por la inseguridad, donde primero los piratas y después los bandoleros marcan su ley; pero una sociedad viva que participa de las nuevas técnicas y avances en lo agrario, así como del nacimiento de una industria moderna. Hechos que conllevan numerosos y gravísimos conflictos sociales, aprovechados por el liberalismo para conquistar el poder.




Arquitectura Rural Valenciana
en lengua valenciana/ versión castellana agotada

Una visión completa de la arquitectura del campo valenciano, donde nos acercamos a la alquería, el mas. la barraca, el riurau, las torres, las casas con bóveda... y tantas otras arquitecturas.
“... llibre, on hi ha una part molt gran del nostre patrimoni, d’allò que hem fet i d’allò que som, o que érem.”
Joan F. Mira en “El País”.




miércoles, 25 de marzo de 2020

La ermita de Sant Xotxim en Altea, por Miguel del Rey

La ermita de Sant Chochim o Xotxim, es una de las primeras ermitas construidas en el campo alteano; situada cerca del pueblo, coronaba la cima del tossal de les Rotes, en su entorno ya se encontraba construido el pequeño Vía Crucis alteano dispuesto a lo largo de la subida a la colina. La documentación es muy explícita en el plano de Francisco Ricaud, donde podemos ver perfectamente el trazado del Calvario. La tradición ha mantenido la toponimia y también las celebraciones religiosas de Semana Santa, aunque hoy el Vía Crucis se desarrolla desde el Portal Vell hasta el lugar donde estaba la ermita. El dibujo de Ricaud y la imagen que nos ofrece Diego Barber, con los muros de la ermita aún levantados, nos permiten conocer un mundo perdido que sólo queda en la tradición oral y los ritos religiosos, pues la colina, sus arquitecturas y el paisaje circundante, han sucumbido en una de las zonas peor respetadas por el urbanismo de la Altea contemporánea.

          Parcial del plano “Villa de Altea”. Se puede ver el antiguo Vía Crucis entorno a la  ermita.                                                                         F. Ricaud, 1740
                        
Hagamos un poco de historia. La familia Thous fue una familia con condición de nobleza vinculada durante mucho tiempo a la Señoría de Altea, siendo seculares gobernadores del castillo de Cap Negret y también en ocasiones del de Altea, dueños del mayorazgo de Cap Negret y con negocios varios en la población; familia de sólidas convicciones religiosas, que no sólo tuvo una particular relación con el convento de Altea, donde alguno de sus miembros fueron priores, síndicos o meros frailes, participó en la construcción de oratorios -como el de Santo Tomás en tierras de su mayorazgo en el siglo XVII- también construyó la ermita que aquí tratamos en Les Rotes. No se conoce bien en qué momento se levantó, pero ya existía 1666, pues se cita ese año en el libro de “Padrón de Censos de la Iglesia Parroquial”, a la vez que tenemos la evidencia de F. Ricaud que la dibuja en buen estado  en 1740, incluso con el Vía Crucis que la circundaba.



                    Vista de los años 1920. Detalle de una foto gentileza de Don Diego Barber

Sobre su arquitectura hemos de decir que se trataba de una construcción de una nave con contrafuertes que definían capillas internas. Quedó en ruinas hacia finales del siglo XIX, pues la vemos desvencijada en las imágenes de las primeras décadas del siglo XX y hecha un montón de escombros en las fotografías en torno a los años 1950. La presencia de la ermita en el paisaje era importante para la vida social, festiva y religiosa alteana de los siglos XVIII y XIX; de hecho aún se cantan los gozos y Vía Crucis en Semana Santa en sus entornos. Los planos de Ricaud nos muestran una zona atractiva con capillas y cipreses en torno a la ermita. Las crónicas de la época indican que en sus inmediaciones se realizaban el porrat en las fiestas de San Juan y San Miguel, nombre que lleva en la actualidad, la calle que desde sus inmediaciones conduce hasta la plaza de la iglesia, y cuyo extremo, el cantó de la Promesa, fue el lugar de cita para salir de la Vila de Dalt.



Visita de gitanos a las ruinas de Sant Xotxim, años 1930. Foto del Sr. Ortega i Sanz

Más allá de las imágenes de las ruinas, no hay documentación sobre su arquitectura. La referencia más interesante nos la recoge Pedro Juan Ciudad en su ficha de la web Altea mi pueblo, donde da noticia de sus recuerdos de niñez y notas de otros autores.

Referencia bibliográfica: La ermita de Sant Xotxim, es uno de los edificios incluidos en el capítulo “Arquitecturas ausentes” del libro "Paseando por las alteas", M del Rey, Valencia 2016, pag 362 y 363

martes, 24 de marzo de 2020

Un velero en la playa de la Altea del s. XVIII, por Miguel del Rey

El trasiego de mercancías y marineros en la Altea de finales del s. XVIII, según descripción novelada en el libro  “Bartolomé. Entre la Ilustración y la Revolución”. Miguel del Rey. Valencia, 2014

El velero Pepe Tono (mediados del s XIX) uno de los cuatro de la compañía de Juan Antonio Bolufer de Xàbia, familia emparentada con también comerciante y armador Bartolomé Calzas en la Altea de finales del s XVIII, que gobernaba sus negocios a través del Sindico del Convento de San Francisco.

           A media tarde un pescador oteó desde el campanario velas en el horizonte, una flota que se acercaba desde levante. Elvira no divisaba nada, los chicos tampoco, pero tenían confianza. Seguro que era la escuadra de la que les habían hablado, compuesta por pequeños barcos mercantes de Xàbia, Altea, Villajoyosa, incluso otros de algunos puertos del sur, que junto a alguna goleta se dirigían a Cartagena. Navegaban en formación atentos a defenderse de posibles asaltos corsarios. Los barcos iban abandonando la flota a medida que se acercaban a su destino. La escuadra iba muy retrasada, decían los marineros del lugar, si deseaban hacer noche más allá de Villajoyosa.

Ya eran visibles los perfiles de los buques en la línea del horizonte. No se sabía cuál de ellos se dirigiría a Altea. El síndico del convento se acercó al grupo y dijo que desde el campanario había visto a un barco separarse de la escuadra. ¡Seguro que eran ellos! La playa empezó a poblarse, arrieros con sus carros, mujeres y niños esperando a maridos y padres, curiosos que se agrupaban mirando el quehacer de los marineros; éstos empezaban a armar las pequeñas barcas con las que desembarcar la carga. De los corrales de las casas colindantes salieron los toros que iban a botar de nuevo a los faluchos varados en la playa, arrastrándolos por los lechos de blancas piedras.

La tarde era ventosa, ya se veía claramente el velamen de los tres mástiles de la fragata capitana y como ajustaba el rumbo al sobrepasar la punta de Toix; junto a ella los perfiles de varias corbetas sobre el fondo siempre más desvaído del horizonte levantino en estas tardes que anuncian la primavera. Era evidente, un barco tomaba rumbo a tierra; de él se vio salir un resplandor y una humareda, era la salva de despedida a la escuadra que lanzaba el Santísimo Cristo del Sagrario, un bergantín muy marinero de dos mástiles que se acercaba veloz a la costa. En poco más de una hora el velero estaba fondeando frente a la playa y dos faluchos se acercaban; José Ramón iba en uno de ellos. Junto al resto de los hombres trepó por una malla y allí, en cubierta, se encontró con Bartolomé. Este se distinguía del grupo de cubierta por su uniforme de suboficial con la casaca roja al hombro sobre su camisa y sus calzones blancos. Los hermanos se unieron en un abrazo mudo; el menor tomó el equipaje, el petate y unos paquetes.

En la primera barca, bajaron a tierra ambos hermanos junto a un grupo de marineros alteanos que deseaban abrazar a sus mujeres y a sus hijos. Estos hombres no esperaron que los bueyes sacaran a tierra la proa de las barcas, saltaron al hacer pie y aún en el agua se fundieron en un abrazo con sus familias. Desde la cubierta de la barca, de brinco, Bartolomé llega a las piedras de la playa donde lo espera su madre y sus hermanas. Está desconocido, ha ensanchado el cuerpo, su madre lo abraza y no acaba de mirarlo, le acaricia la cara, nunca le había visto vestido de cadete ni con aquella ligera barba. Se emocionó, aún lo recordaban como un chiquillo cuando hace dos años se marchó a las islas. El chico se ruboriza por las miradas indiscretas de algunos grupos de personas que se mantienen a una cierta distancia. José Ramón sigue con el equipaje y lo carga en la calesa.

En la playa hay mucha acción, pero también emociones: los gritos de los marineros en su faenar, los saludos y las expresiones de alegría de los hombres que llegaban, los lloros de las mujeres al reconocer a sus maridos o éstos al ver o conocer a sus nuevos hijos y entre todo ello la algarabía de la chiquillería. También hay palabras cortadas, miradas, que se mezclan en un alboroto donde las voces del síndico y de los capataces intentaban organizar el desembarco del trigo procurando que en las faenas no se mojaran los sacos y se dispusiera su almacenaje en tierra para pasar la noche bajo techo o en sarandas improvisadas.

Se acerca un joven marinero, un tal Vicent, con el que Bartolomé ha hecho amistad en la travesía. Le pregunta si quiere conocer a su hijo. Bartolomé atiende al joven y se acerca a un grupo de mujeres entre las que está la esposa del marinero; una hermosa y esbelta mujer morena con un niño muy pequeño en brazos que duerme apoyando su cabeza en el pañuelo que lleva su madre sobre los hombros; un pañuelo a juego con el delantal blanco con flores verde y rosa que ella ha bordado para recibir a su marido y que le cubre la mayor parte de su vestido liso y oscuro. Bartolomé le hace un saludo marcial quizás en exceso formal. El joven se percata de los ojos de la mujer, de su belleza. Mira al niño y le hace una carantoña, es muy pequeño, tendrá unos meses, es la primera vez que su padre lo ve. Los dos amigos se despiden y quedan que en algún momento se verán en la taberna que hay en Arrabal del Mar

miércoles, 4 de marzo de 2020

La Alquería de la Gallineta en Meliana, por Miguel del Rey

El paisaje:

El edificio se sitúa en la partida del Serradal de Meliana. Entre el Barrio de Roca y Meliana, próxima al camino del Mar, al cual da la espalda, cerrada por una cerca de ladrillo de origen más moderno, encontramos la alquería, una de las más importantes de la zona y que se mantiene entre casa agraria y casa de recreo.

El paisaje donde se inserta la alquería, el antiguo camino del Serradal, es una zona próxima a Meliana y donde la presión urbanística está incidiendo fuertemente sobre el paisaje agrario. La arquitectura responde a un esquema de casa a dos crujías con la incorporación de una gran escalera de acceso a la planta superior que ocupa la parte central de la segunda crujía.

Sobre el edificio y su arquitectura:

Encontramos una arquitectura que parte de una modelística de origen rural para satisfacer un programa relativamente complejo. Consta de dos crujías, con una línea central de carga formada por un pórtico de tres vanos, con un esquema compositivo tripartito en el cual, el cuerpo medio alberga en el fondo una escalera centrada que se divide en dos tramos y conduce a la planta superior. Los cuerpos laterales se compartimentan apoyándose en la línea central de carga, de manera que encontramos una geometría limpia, atractiva, de espacios generosos y poco adjetivada, donde está fuertemente subdividido el espacio. La volumetría es la propia de este tipo de casas de cubierta a dos aguas y testeros ciegos.

Incluye dos plantas y andana superior. La vivienda se dispone entre la planta baja y la principal. Un patio posterior cerrado incluye algunos cuerpos económicos o de servicio de la casa. Un pequeño jardín antestante completa los espacios domésticos de la alquería. La escalera, algo forzada, es un intento de aportar elementos ennoblecedores a esta arquitectura popular. En cualquier caso, consigue centrar el tema de la conexión de ambas plantas, proporcionando con ello la posibilidad de independizar cinco estancias en la planta, cuestión ésta importante para estos grupos sociales.

Si observamos la planta baja veremos que introduce cuerpos ajenos a la arquitectura de la casa; cuerpos que necesita para albergar algunas de las nuevas funciones que en esta época se van incorporando al sistema basamental de la casa.

La fachada principal tiene una cuidada fenestración de tres vanos alternados huecos más pequeños entre ellos. Esta composición está alterada por la terraza adosada posiblemente en época posterior a su construcción.
Hay que señalar las impostaciones y el alero de fachada, propio de estas arquitecturas eclécticas de las primeras décadas del s. XX. Se trata de una pequeña casa de la burguesía campesina de inicios del siglo s. XX. La casa presenta en fachada, la poca afortunada incorporación de una terraza centrada, que se construye con machones de ladrillo y con una barandilla poco transparente de celosía cerámica. Este pesadísimo cuerpo adosado, no permite leer una fachada que en origen debió ser atractiva, formada por tres vanos en fachada principal, más dos pequeñas ventanas apoyando el hueco central; huecos que se construyen con un pequeño arco rebajado.

Sobre los huecos principales existen unos pequeños tragaluces de ventilación de la “andana”. La cornisa evoca un cuerpo durmiente sobre ménsulas que salen del plano de fachada, de manera que todo ello sirva para apoyar un pequeño alero, hoy tapado por un canal de zinc.

Extracto del Catálogo de Bienes y Espacios Rurales Protegidos del PATODHV, autor de la ficha  MdR.

martes, 18 de febrero de 2020

Dibujo y arquitectura en el primer Siza, por Miguel del Rey



Saneando el ordenador aparecen textos olvidados, textos de finales del anterior milenio, retales de pensamiento que han ido forjado una manera de ver la arquitectura y sus instrumentos a lo largo de la experiencia vital en esta profesión preciosa y maldita, que no deja espacio para liberarte de su sombra. Es el caso de una reflexión de hace un porrón de años sobre el dibujo en mi adorado Siza de los años 90, de mi experiencia con él, junto a I. Magro, en Valencia, Alcoi y Oporto.

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Si existe un instrumento a lo largo del tiempo cuyo carácter esté por naturaleza ligado a la arquitectura, éste es el dibujo. Entendido como reflexión o como vínculo entre una idea y la realidad, condiciones que hacen de él un instrumento imprescindible en arquitectura.


Croquis de trabajo con las ordenes para dirección de las obras de la calle del Portal de Riquer en  Alcoi

La cualidad descriptiva del dibujo y su capacidad de ayuda a la reflexión, lo hacen un instrumento esencial en esa aproximación lenta y atenta a la realidad que se puede realizar a través de él, tanto por su facilidad para la experimentación como por la precisión de que es capaz un buen dibujo, todo ello lo hace imprescindible en la transición del pensar al construir, siendo su papel mucho más importante que el de mero catalizador, ya que parte de ese pensamiento está ligado a la propia capacidad imaginativa de la mancha gráfica, del rasguño del propio dibujo. Incidiendo y ayudándonos a enfrentarnos a las propias imágenes que produce nuestra mente, imágenes en las que está presente, como decía Alberti, nuestro ánimo. De ahí, la importancia de los primeros dibujos y del como se aborden, teniendo en cuenta que ellos deben de llevar el germen de la arquitectura y desde ellos hemos de seguir nuestra reflexión.

Esa capacidad de reflexión, de aproximación al conocimiento, lo encontramos en esos primeros trazos realizados para comenzar a pensar sobre un proyecto. En esos trazos tan íntimos podemos aproximarnos al sentido de la arquitectura, como observamos en aquellos primeros croquis de J. A. Coderch para la casa Ugalde, donde sitúa los pinos, sus troncos, los sencillos y los dobles, y anota “vista estupenda”, “algarrobo pequeño”. En este sentido es interesante la instrumentación que del dibujo hace Álvaro Siza para a través de él ir aproximándose al conocimiento del lugar, empezando a dialogar con el propio territorio, esbozando pequeñas aproximaciones a la forma que se entrelazan a otras imágenes, recurrentes o no, que en ese momento preocupan a la mente.

Reflexión y capacidad de trasmisión esas dos condiciones las encontramos en los dibujos de A. Siza, unido ello a una disciplina basada en el propio dibujo como recurso para anotar, recordar, reflexionar y resolver los aspectos propios de la arquitectura, disciplina que mantiene en la manera de dibujar a lo largo de todo el proceso de construcción de la arquitectura. Aproximaciones, reflexiones y ajustes que se centran en dos series: los dibujos íntimos, dibujos de creación, de reflexión, de descripción pormenorizada, y los dibujos documentales, dibujos estrictos, concisos, incluso fríos, objetuales.

En un primer estadio encontramos solo la aproximación, la información, la reflexión, las visiones desde ángulos muy distintos, la comprensión de un programa, de unos intereses y las preguntas, las preguntas sobre todas las cosas, preguntas a si mismo, a los demás. No hay adelantos verbales, no hay compromisos formales. Solo bocetos rápidos, alguna relación particular y documentación gráfica sobre el lugar. Tras ello unos dibujos íntimos de trazo continuo, como si fueran una única frase que sale completa como un susurro, unos dibujos que llevan implícita esa idea de lugar que está en la mente del autor, que mantiene una serie de relaciones con el contexto, donde el grado de precisión no es excesivo pero las formas son contundentes. Esos dibujos de viejo paisajista que definió un día O. Bohigas cuando de los dibujos de Alvaro como croquis y perspectivas sobre el propio terreno sobre las mesas de los bares. (Bohigas, 1976)

El mismo Siza comenta que el dibujo tiene a veces “una vida propia, transformándose en un animal herido de patas temblorosas y ojos inquietos. Si es lo suficientemente reservado, parará de respirar y morirá. Si sus metamorfosis no son comprendidas.... tomará la forma de un monstruo. Si todo lo que parece importante y bello es tomado en cuenta, se tornará ridículo”. Tras ello una etapa de reflexión para llegar a una forma para la cual ha sido importante “el papel catalizador que Siza le da al dibujo, tanto en la teoría como en la práctica; el dibujo como una precisa y dolorosa metamorfosis con la que se desarrolla y se transforma la configuración esencial de una intención inicial(Frampton, 1988).

Explicación formal sobre el tablero de la idea de Siza sobre el colegio de la Virgen de los Lirios de Alcoi

Junto los dibujos íntimos se construyen unas primeras maquetas, sencillas, manuales, a escalas distintas, donde se analiza la topología, las formas del territorio, tras lo cual se pasa a un segundo estadio donde se comienza a perfilar una forma, a entablar un diálogo entre lo nuevo y lo existente. La mente y el dibujo ha ido gestando y modelando la idea y el proyecto va llegando a las geometrías detalladas, a los ajustes. Los dibujos dejan de preocuparse por las vistas generales, por expresar las relaciones con el territorio, para centrarse en los referentes bidimensionales, en las plantas y en los alzados, en las secciones, con dibujos acotados y con geometrías precisas, desnudos de aquello que no sea su propia forma, sin excesivas concesiones a la materia, que en este caso es másica, dibujos objetuales con mucho poder documental. El programa se amalgama con la forma, ambos se refunden en una interiorización personal del arquitecto. Estoy hablando de Alcoi

Los dibujos de A. Siza se asemejan a aquellos dibujos sobre papel corriente que se utilizaban durante el desarrollo de la construcción de la arquitectura y que nos dan noticia las crónicas decimonónicas alemanas. En su caso, un bloc de dibujos garantiza un seguimiento claro del proyecto, de las observaciones formales y requerimientos técnicos necesarios para desarrollar la arquitectura. Allí se resuelven los detalles, se ajustan ciertos elementos a la realidad en ocasiones cambiante de una obra. Es un segundo estadio de dibujos íntimos.





viernes, 14 de febrero de 2020

El Jardín de las Hespérides en la Guía de Jardines americana "Alice's Garden Travel Buzz"


"Alice's Garden Travel Buzz" la renombrada Guía de Jardines norteamericana, radicada en San Francisco, visitó nuestro jardín hace unos años y escribió el siguiente artículo (ingles- español)

Garden of the Hesperides .. Valencia   


Valencia offers garden travelers and aficionados of modern landscape architecture a trove of settings to fill their days. Strolling away from the city center along Calle de Quart, you’ll pass through the ancient towers on the way to the botanical gardens, appearing on your right. Across the street from the gardens, I booked a room at a boutique hotel, Hotel Jardin Botanico.

The El Carmen neighborhood is an artistic hub; a place to enjoy a bite to eat in a small cafe frequented by Valencians. My time in Valencia was coming to an end when I experienced an exhilarating finale to my exploration of Spain’s third largest city:The Garden of the Hesperides, adjacent to the… University’s Jardi Botanic,  but tucked away on Gaspar Bono street.

In Greek mythology, the daughters of the god Hesperus dwelled in an idyllic mountain garden at the edge of the world. Guarded by a dragon, this arcadian realm was known for its tree of golden apples. The nymphs (sometimes called the African Sisters) provided inspiration for what I found to be Valencia’s most surprising public space. Constructed around the Millennium, the ‘Hesperides’ is the work of VAM 10 Arquitectura Studio: Designed by Maria Teresa Santamaria, agricultural technical engineer, & architects Antonio Gallud, Carlos Campos, and Miguel del Rey.



In the contained space of a Hortus Conclusus, the designers called upon symbolic elements to relate to the scented landscapes of early Catalonia. A collection of citrus species hearkens to the admirable horticulture of Valencia’s 15th century. Cypresses are planted as prominent structural forms. Water cascades through channels. Fountains freshen the air.



In the words of the designers, “The garden is a setting for dreams…where…the highest, most generous thoughts come to mind.” In naming the garden, they looked to the nymphs as “the symbol of fertility.” In the sophistication of this public park, the Garden of the Hesperides helps to define the spirit of Valencia in the new Millennium with a refreshingly modern landscape design: A layout animated by the historical significance of its Mediterranean plantings, water features, and sculptural focal point.

Enter the confines of this walled retreat, and you escape from the nonstop traffic of a nearby thoroughfare. Two concrete gates swivel into a locked or unlocked position; the material given textural treatments that set polished surfaces against raw sections.  Inlaid with linear strips of black and cream-colored marble, the gates have a presence that calls to mind vast canvases in an art galley.

Underfoot, the walkway contains subtle leaf patterns suggestive of fossil remains. The landscape’s bold geometry caters to botanically inclined visitors with a composition incorporating rows of fragrant lavender and germander shrubs, bisected by walls of emerald green foliage interspersed with palm trees.

Exuberant bougainvillea clad pergolas provide a shady respite, while an espalier of ‘Toscana’ lemons basks in the sun. Water gently flows within the angular outlines of a rill, the channel dipping beneath the ground, and ultimately finding its way into a rectangular pond.
On the expansive terraces, a lovely Salix babylonica weeps, in alliance with  ‘Metamorfosis‘ …a sculpture by Miklos A. Palfy.

A este texto, un blog americano que visitó el jardín le comentó a Alice’s Garden…
Querida Alice: ¡Qué jardín público más interesante es este! Me encantan las fuertes paredes verdes de los cipreses y las plantaciones perennes masivas. Pero, de riachuelo es absolutamente maravilloso. Simple, elegante y refinado. Los materiales y la forma en que se canaliza el agua están bellamente diseñados.




(español) El Jardín de las Hespérides.. Valencia
Valencia ofrece a los viajeros de jardín y aficionados a la arquitectura del paisaje moderno un conjunto de escenarios para llenar sus días. Paseando por el centro de la ciudad a lo largo de la Calle de Quart, pasará por las antiguas torres en el camino hacia los jardines botánicos, que aparecerán a su derecha. Al otro lado de la calle de los jardines, reservé una habitación en un hotel boutique, el Hotel Jardín Botánico.
El barrio de El Carmen es un centro artístico; Un lugar para disfrutar de un bocado en un pequeño café frecuentado por valencianos. Mi tiempo en Valencia estaba llegando a su fin cuando experimenté un emocionante final de mi exploración de la tercera ciudad más grande de España:
El Jardín de las Hespérides, adyacente al ... Jardín Botánico de la Universidad, pero escondido en la calle Gaspar Bono.

En la mitología griega, las hijas del dios Hesperus vivían en un idílico jardín de montaña al borde del mundo. Guardado por un dragón, este reino arcadio era conocido por su árbol de manzanas doradas. Las ninfas (a veces llamadas las hermanas africanas) me inspiraron en lo que me pareció el espacio público más sorprendente de Valencia. Construido alrededor del Milenio, las "Hespérides" son obra de lEstudio VAM 10 Arquitectura: diseñado por María Teresa Santamaría, ingeniera técnica agrícola y arquitectos Antonio Gallud, Carlos Campos y Miguel del Rey.

En el espacio contenido de un Hortus Conclusus, los diseñadores recurrieron a elementos simbólicos para relacionarse con los paisajes perfumados de la Cataluña temprana. Una colección de especies de cítricos escucha la admirable horticultura del siglo XV de Valencia. Los cipreses se plantan como formas estructurales prominentes. Cascadas de agua a través de canales. Las fuentes refrescan el aire.

En palabras de los diseñadores, "El jardín es un escenario de sueños ... donde ... los pensamientos más elevados y generosos vienen a la mente". Al nombrar el jardín, vieron a las ninfas como "el símbolo de la fertilidad". En la sofisticación de este parque público, el Jardín de las Hespérides ayuda a definir el espíritu de Valencia en el nuevo Milenio con un diseño de paisaje refrescante y moderno: un diseño animado por el significado histórico de sus plantaciones mediterráneas, características del agua y punto focal escultórico.

Entra en los límites de este retiro amurallado y escapa del tráfico sin parar de una vía cercana. Dos puertas de concreto giran a una posición bloqueada o desbloqueada; El material recibió tratamientos de textura que establecen superficies pulidas contra secciones en bruto. Con incrustaciones de tiras lineales de mármol negro y crema, las puertas tienen una presencia que recuerda vastos lienzos en una galera de arte.

Debajo de los pies, la pasarela contiene patrones de hojas sutiles que sugieren restos fósiles. La audaz geometría del paisaje abastece a los visitantes con inclinaciones botánicas con una composición que incorpora hileras de fragantes lavandas y arbustos alemanes, atravesados ​​por paredes de follaje verde esmeralda intercalados con palmeras.

Las exuberantes pérgolas revestidas de buganvillas brindan un respiro sombrío, mientras que una espaldera de limones "Toscana" se toma el sol. El agua fluye suavemente dentro de los contornos angulares de un riachuelo, el canal se sumerge bajo el suelo y finalmente se abre paso en un estanque rectangular.



En las amplias terrazas, una encantadora Salix babylonica llora, en alianza con ‘Metamorfosis‘ ... una escultura de Miklos A. Palfy.