domingo, 30 de septiembre de 2018

Els porxos i porticats de treball vinculats a l'agrari en època foral, per Miguel del Rey

Parcial del Article "LLotges, pòrxens i sequers", publicat a la Revista: Ruiraus Vius nº 7, 2018


Façana del Molí dels Frares en València, amb els porxos cegats de rajola. Cròquis A. Gallud

En molins, masies i alqueries, trobem aquests espais porticats des d'èpoques baix medievals, els podem observar construint edificis de dos cossos amb basament porticat en el Molí dels Frares en l'antic Camí de Campanar a València, on els arcs ogivals de diferent dimensió ocupen la façana principal i donaven en el seu moment accés a un espai de treball i intercanvi propi d'aquest important molí que es manté actiu al llarg dels segles XVI i XVII. En aquest cas els carreus dels edificis públics s'ha substituït per maçoneria, conservant dovelles calcàries tan sol en els seus arcs, els quals no solament es disposen en façana, també construeixen les línies internes de càrrega, creant en el seu moment una sala de treball oberta i diàfana que amb el temps va anar tancant-se.



Façanes, perspectiva i imatge dels porxos de l'Alquería dels Moros en València. 
Planols i Fotos de MdR
També d'època medieval trobem un preciós porticat gòtic en una de les escasses alqueries representatives que ens queden de l'antic concepte del terme "alqueria" entès com a nucli de població al voltant d’una casa senyorial: l’Alqueria dels Moros, en l'antic Camí de Burjassot en Benicalap, València. Una alqueria que ens mostra com van ser les cases senyorials de primera generació immediatament posteriors al Repartiment, que van utilitzar esquemes de planta basilical dintre d’un conjunt de casa de colons i espais d'elaboració agrària. Concepte tan diferent al que en època moderna entenem per alqueria: "casa aïllada en l'horta". Doncs en aquesta Alqueria dels Moros un porticat que encara hui podem veure formava part en el seu moment dels espais de treball de l’alqueria. (Mentre es publicava aquest article vam tenir la desgràcia de perdre part d'aquest porticat històric per una ruïna anuciada, producte de la desídia de l'administració en atendre a l'expropiació i restauració del conjunt.



martes, 18 de septiembre de 2018

De un tiempo y un lugar. Prologo a un libro de Javier Bonilla




En recuerdo al amigo que nos ha dejado, D. Javier Bonilla Musoles, publico el prólogo que tuve el honor de escribir para su espléndido libro.

De un tiempo y un lugar

Una de las características que distinguen a la arquitectura vernacular es la capacidad de asumir y hacer propia toda la carga cultural que le han brindado las distintas sociedades que en el tiempo se han ido sucediendo. Absorbe los flujos culturales, los filtra y reinterpreta, pero siempre conserva ciertas condiciones que la siguen identificando, condiciones aprendidas por la tradición, por la experiencia que da el tiempo y que ha ido haciendo cada vez mejores a estas arquitecturas; invariantes formales o técnicas que inciden sobre la forma de la casa y permiten reconocerla como de un tiempo y de un lugar.

De esa relación fecunda entre lugar físico y lugar cultural nacen formas que cobijan una manera de vivir. Se desarrollan técnicas que permiten construir y conformar espacios para habitar o para trabajar. Con ellas se estructura el propio territorio haciendo uno el espacio existencial y el ámbito de vivir, generando con ello un paisaje, el paisaje que heredamos hacia mediados del siglo XX y que en su último tercio murió y del cual estudios y libros como éste nos proporcionan datos y claves para que permanezca en la memoria y con ellos podamos comprender un tiempo y un lugar.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Un Bastón de Mando dieciochesco alteano? Por Miguel del Rey

Hace unos 15 años recogí un bastón sucio, en mal estado, que había estado dando vueltas por el ropero de de una especie de andrón que había en una antigua masía de mis abuelos. La alcoba lo formaban además del ropero dos estancias, en algún momento separadas por cortinas, donde se encontraban camas de diversas dimensiones donde dormíamos los niños y los hombres solteros de la familia, aunque fuéramos de muy diversas edades.

En el ropero había de todo, en particular paraguas antiguos, bastones de paseo, ropa de vestir ya de poco uso y unas mantas agobiantes por el peso que nadie usaba por miedo a morir sepultado. Entre los bastones se distinguía uno por no tener mango de apoyo; bastón que utilizábamos para juegos y otros menesteres.

Tras el asalto y robo en la masía en una funesta fecha, quedo tirado por el suelo el dichoso bastón, ajado, medio roto de varear colchones y con algo de carcoma, por supuesto sin el pomo de apoyo. La primera impresión de los que fuimos a ver qué había pasado por allí fue abandonar trastos inservibles como este. Aun recuerdo que tras abandonarlo volví a subir a la estancia y junto con unos paquetes de libros y escrituras antiguos, esparcidos por el suelo, lo metí en el maletero del coche.




Tras años de abandono lo rescate, solicite a una persona de las que me acompañaban ese día, atenta con la manufactura de madera y muy querida por mi, que me hiciera un mango adecuado a algo que también había sido de su familia. En su escrupuloso trabajo descubrió que en el interior del bastón se ocultaba un sofisticado estilete, lo que nos sorprendió. Como pudo me labró a mano un pomo de roble, potente, bien pulido, ergonómico con mi mano, que no ajustaba demasiado bien con la boca del estilete.  La carcoma y la fractura seguían haciendo inservible el bastón.