miércoles, 27 de mayo de 2020

Un ángel en la frontera. Loa a Miguel Giner, por Miguel del Rey


Un ángel en la frontera. Loa a Miguel Giner*
Como continuación de la entrada sobre el Casino de Peparra, es interesante sacar a colación un personaje que nació y habito en ella y que tiene una honrosa y valiente historia que merece estar en la memoria de los alteanos y las personas de La Marina.


                                    Miguel Giner con uniforme del Cuerpo pericial de Aduanas
                                      Sello conmemorativo a Miguel Giner del Estado de Israel


La historia, ocurrida en la frontera pirenaica en 1943 en plena Guerra Mundial y cuyo protagonista es el alteano Miguel Giner, tiene los ingredientes de un guión cinematográfico, de una de esas historias calladas de riesgo, humanidad y grandeza de espíritu.

En el pequeño puesto fronterizo de Les en los primeros meses de 1943, en plena posguerra española y con la presión de la locura nazi en su máxima expresión, el responsable de la Aduana era Miguel Giner Giner. Un grupo de judíos formado por niños y mujeres junto a unos hombres que decían ser polacos, en un gran estado de excitación, intentan pasar la frontera huyendo del terror y cumpliendo órdenes no se les permite el paso. El responsable y su mujer –pues la aduana era el mismo domicilio conyugal- tras el altercado quedan desolados ante los gritos de socorro de estas personas al subir a un camión de alemán que los devuelve a Francia, una escena que no se les borraría de por vida. Unos días más tarde el alteano conoce de boca de un oficial alemán responsable de la frontera de Bagneres de Luchón la suerte de los desgraciados: “esos judíos que llegaron aquí y los que capturamos en las montañas se los entrego a los SS y la Gestapo, ellos los matan”. Estas palabra confirmaron las peores sospechas de Miguel Giner y fue plenamente consciente del horror, del destino de aquellas personas rechazadas en la frontera. Tras ello no solo cuestionó la moralidad de las órdenes recibidas, se dispuso a ayudar de manera callada a los cada vez más numerosos grupos de fugitivos de la barbarie que conseguían llegar por las montañas, labor que realizó apoyándose y facilitando la complicidad de ciudadanos anónimos del pueblo y con la callada colaboración de Dolores Llopis Benimeli, su mujer.



La historia se desveló no hace mucho tiempo tras una llamada telefónica de Vicente Giner, el hijo del matrimonio -un niño en aquella época- a un periodista de investigación, a Eduardo Martín de Pozuelo, quien reconstruyó la historia y la publicó en varios capítulos en “Magazine”, en “La Vanguardia” y en otros periódicos, a resultas de dar luz sobre unos hechos que íntimamente guardó Vicente durante setenta años y de los que quiso informar para dar a conocer las acciones de personas anónimas y callados funcionarios españoles ante el holocausto nazi. Historia que se ha dado a conocer fuera de nuestras fronteras a través de la gestión de su sobrino, mi primo Félix Aynat, quien ha sabido atender la voluntad de la familia con el ansia de conocimiento de periodistas, investigadores, instituciones, etc.

La historia, por su humanidad, por su riesgo y valentía, merece ser conocida y honrar a sus actores; por ello queremos acercarnos a Miguel y Dolores, el matrimonio alteano protagonista de esta heroicidad. Miguel Giner nace en Altea sobre 1900 y queda huérfano de padre a los 12 años. Catalina Giner, su madre, vuelve al seno familiar, a la casa nº 2 de la calle muchos años llamada del Alferez Beneyto, hoy costera de Moncau, donde vivieron junto a los hermanos José, Vicente y Salvador Agulló Zaragozí. Se trata del edificio que siempre conocimos en Altea como “el Casino”, aquel precioso Casino de Peparra con amplia terraza soportada por columnas de fundición sobre la plaza del Convento y cuyo salón debió por entonces guardar los encendidos ecos de los discursos liberales: los del diplomático, vividor y revolucionario alteano Miguel Jorro, o las diatribas de los seguidores del partido radical de Vicente Beneyto, allá por los finales del siglo XIX.

Miguel Giner, nuestro protagonista nace con el siglo y a sus 25 años aprueba las oposiciones al Cuerpo Pericial de Aduanas, ocupando precisamente la plaza de la Aduana de Altea.  Se casa con Dolores en 1928, de cuya unión nacen Vicente (1930) e Isabel (1931). Al estallar la Guerra Civil lo trasladan a Barcelona, donde marcha el matrimonio dejando a sus hijos al cuidado de la familia en Altea. Al finalizar la guerra un nuevo traslado al Valle de Arán, al puesto fronterizo de Les, reúne a  la familia, primero va con sus padres Isabel y más tarde se une a ellos el hijo mayor, Vicente.

Aduana de Les

Precisamente es en Les donde ocurren los hechos a los que nos referimos y que se inician a finales de Junio o principios de Julio de 1943, un puesto de frontera de clima de montaña donde la dura posguerra trascurre sin excesivas privaciones, las normales de un pueblo -en aquél tiempo- aislado por la nieve del resto del país unos ocho meses. Tras el primer grupo llegaron otros muchos que encontraron la comprensión de la aduana y de los guardias que “evitaban” ver a los cada vez más numerosos grupos de fugitivos y a los vecinos que les ayudaban, para así conseguir su objetivo: pasar la frontera y salvarse de una muerte segura; todo ello hasta que cambiaron las ordenes de Madrid y se permeabilizo el paso de estos fugitivos. Entre los primeros grupos llegaron Inge Berlín, a sus 19 años, o la joven madre Esther Guita, con su hija Françoise Bielinsky, que pasaron la montaña por Les huyendo desde Paris tras dejar en un campo de concentración al padre de la criatura. Estos hechos han sido estudiados y verificados por instituciones como la Fundación Internacional Raoul Wallenberg que trabajan sobre la Memoria Histórica del Holocausto. Los beneficiados por aquellos hechos son multitud, diseminados por las Américas, por Israel, por todo el mundo, personas agradecidas a un ángel discreto, callado, anónimo, que falleció en 1969 en Alicante, su posterior residencia, y que nunca habló de aquellos horribles recuerdos de 1943, ni de su posterior actividad que tanto le honra. Su persona y su actitud nos muestran un perfil humano y una condición moral singulares, pero gracias a Dios repetidas en un grupo de conciudadanos que supieron reaccionar en esos momentos de horror y miseria humana. Sea pues valorada la acción de Miguel y de Dolores, y apreciada en todo lo que se merece en su querida Altea a través de la información que nos suministra Felix Aynat Llopis.


Miguel del Rey Aynat, Altea, Mayo de 2014
En honor de mi tío Miguel Giner 
*Publicado por Diego Coello en INFORMACIÓN de Alicante- 2014



martes, 26 de mayo de 2020

Casino de Peparra. Altea, por Miguel del Rey

CASINO DE PEPARRA     Finales del S. XIX
Publicado en el libro “paseando por las alteas”M. del Rey, pg 260 Valencia 2016




Edificio característico en la iconografía alteana por su vinculación formal con la fachada del Convento, y en la geografía física alteana, por ser paso habitual para bajar hacia la placeta bajo el porche de su terraza. Albergó uno de los históricos casinos del siglo XIX y principios del S. XX: el Casino de Peparra, el casino liberal que cobijó el ocio, las tertulias y las acaloradas discusiones políticas y sociales de la inquieta sociedad alteana de la última mitad del siglo XIX.


El edificio actual conserva la volumetría y ciertos elementos característicos que lo identifican en el imaginario colectivo alteano y comparte protagonismo con la iglesia de San Francisco, a la que está adosado y enrasado en el plano de fachada. 


El edificio conservó hasta los años 60 el sabor decimonónico, y en él hay que distinguir la existencia de una característica terraza soportada por columnas de hierro fundido, posiblemente las primeras que se construyeron en Altea -unas similares, quizás más modernas, las encontramos en el porche de la Villa Mar i Cel- , columnas propias de la arquitectura del último tercio del siglo XIX, que se levantan sobre un podio construido con piedra negra de les Quintanes, podio de acceso a la histórica escalera que da paso a la fachada de la iglesia del antiguo convento. Anexo al edificio, existe un cuerpo de edificación de dos plantas que permite visualizar el sistema de cúpulas y cubiertas del antiguo Convento.

sábado, 23 de mayo de 2020

El paisaje alteano: Las playa del norte, por Miguel del Rey


El paisaje alteano: Las playas del norte*, por Miguel del Rey
*Publicado en el libro “paseando por las alteas” M.del Rey, valencia 2016. De venta en Librería Mascarat







Al norte del puerto de La Galera, pasando por un estrecho andén, se accede a la playa de la Solcida, una cala cerrada por el morro erosionado del tossal de la Galera. Un lugar padisíaco, virgen, con aguas tranquilas y unos límites visuales que permiten imaginar cuál debió ser la belleza de estas costas antes de su proceso de antropización desenfrenado. Este accidente geográfico determinó el paisaje litoral y también en parte la historia del territorio alteano. Su presencia obligó a replantear el trazado de la propia Vía Dianium que discurría por la costa, la cual, para salvar este obstáculo natural, debió elevarse hasta la parte alta de la Galera, donde se ha perdido su rastro entre las urbanizaciones existentes. Su orografía propició que su entorno fuera lugar donde piratas y corsarios escondían sus naves entre calas y promontorios, lo que obligó a construir en el siglo XVI ciertas torres de defensa, de la que se da referencia en el apartado 11-02: las torres de Cap Negret y la Galera.





martes, 19 de mayo de 2020

Una visita al Mercado del Martes en la Altea de finales del s.XVIII, por Miguel del Rey


Una visita al mercado del Martes en la Altea de los años 1780
*Fragmento del cap. VII, pag. 121 y 122 del libro "Bartolomé. Entre la Ilustración y la Revolución" de Miguel del Rey, Valencia 2014.


Los martes por la mañana hay gran bullicio extramuros del Portal Vell; es el tumulto del mercado semanal, una vorágine de puestos, lonas y personas de diversas procedencias que traen las mas variadas mercancías e incluso algunos animales vivos para su venta. Se extiende el mercado a lo largo del lienzo norte de la muralla y en él hay mujeres que buscan tejidos de lino o seda, ropas para hacerse vestidos, a la vez que otras, protegidas por sus sombrillas, pasean entre los puestos de blondas y telas adamascadas de colores diversos a la búsqueda de materiales para confeccionarse su ajuar. 

Los vendedores desde los puestos les muestran sus productos, las animan a los visitantes a comprar, mientras que jovencitas casi niñas las miran con envidia desde los puestos, trabajando con sus finos dedos para acabar mercaderías de primor, ayudadas por algún joven esclavo negro o morito que hace las peores labores. Junto a estos puestos están los sogueros, rodeados de marineros que compran cabos, cuerdas y avíos de pesca y los que tejen la palma, las mujeres que hacen sombreros y capazos. Mas alejados otros grupos se afanan en ofrecer las mejores hortalizas, donde un tropel de mujeres busca avíos para los hervidos y cocidos; las criadas atareadas completan encargos y se mezclan con campesinos en busca de plantones de buena calidad para las huertas que deben plantar, sin falta, antes de San Jorge.

Las gentes observan, miran, hablan, comentan los sucesos locales y en un griterío casi imposible, intercambian mercaderías protegidos del sol por lienzos de lonas colgadas de los más insólitos lugares. Es un universo de luces y sombras, de olores y gritos humanos y animales, donde los comerciantes de la comarca y foráneos disponen las mercaderías traídas a lomos de mulas: quesos de las montañas de Aitana, embutidos que elaboran los repobladores mallorquines de Tárbena y Castell de Castells, aceitunas y encurtidos, salmueras, pescados secos y salazones de la misma Altea y de la Vila; higos y uvas pasas del lugar, almendras y nueces, arrop i tallaetes traído de Xàtiva y azúcar elaborado en el trapig de Oliva. Gallinas, pavos, conejos, corderos, cabras, mulas… Y en algunos puestos se pueden ver los olorosas especies de ultramar, el clavo y la canela, la nuez moscada, los cominos y las pimientas de colores fuertísimos que traen los galeones desde las Américas o Filipinas, junto al aguardiente y el gin menorquín, y también el chocolate caribeño que empieza generalizarse como un producto elegante para degustar en las reuniones sociales y en las fiestas junto a otro aún más exótico y carísimo: el café.

Es el mercado propio de una sociedad en desarrollo, quizás un poco más retraída por una coyuntura de malas cosechas y bajos precios, pero con el empuje de una demografía en expansión que ha multiplicado por cinco a la población solo en los últimos 60 años. Roseta lleva una canasta y acompaña a doña Elvira a comprar embutidos y quesos. “Chuletillas de cordero nos hacen falta” – le dice a Roseta-. “Mira donde hay buena carne y las compras, yo me voy a ver a la señora. Verdura no hace falta, la traerán esta mañana de Altea la Vella, junto a harina y al aceite que le ha pedido a Joaquín”

Ligeramente separados, cerca de los puestos de sogas, cuerdas y los productos de palma que se utilizan en el campo y en la mar, hay unos puestos de venta de productos textiles: blondas de Flandes y algodones finos hilados en Catalunya, que compiten con las populares mantas de Benilloba y Bocayrent, y con las telas de las modernas hilaturas que se están montando en Alcoi. Es el lugar donde a Elvira le gusta acabar su visita. Se dirigen a un puesto concreto y allí preguntan por unas blondas; el gitano de Benilloba que las atiende ya las conoce, son buenas clientas de las finas mercancías que trae de encargo. A la vista del género, Elvira piensa que esos mantones y encajes le vendrán bien para el ajuar que necesita en el próximo viaje a Valencia: el día del Corpus en la Casa del Almirante debe estar a la altura....

domingo, 17 de mayo de 2020

Hacia una nueva realidad en arquitectura, por Miguel del Rey


Entrevista solicitada por la periodista Hortensia García para el periódico Levante, de la cual publica el extracto en el dominical del 17 de Mayo de 2020

Estos tiempos propician la reflexión y quizás torbellinos de ideas o quizás de dudas. No dejo de pensar en el modelo económico de grandes áreas de nuestra tierra, en esas comarcas turísticas tan castigadas en su paisaje, y en las que el haber jugado todo a una carta puede ser tremendo. Pero ese es otro tema quizás para abordarlo con tiempo.

Profesionalmente los dos polos de atención que entran hoy en crisis de manera inmediata son la vivienda y el espacio público; para reflexionar sobre ellos quizás debiéramos apoyarnos en experiencias pasadas, en lo ocurrido a partir de situaciones similares: el cólera  a finales del s. XIX, las tisis y la gripe en los inicios del siglo XX; revisar lo ocurrido puede darnos un poco de luz.
El higienísmo tuvo propuestas cambiantes sobre la vivienda y el habitar, en el primero momento optó por colonias de casas unifamiliares, nuevas estructuras urbanas se acercaban al campo y abandonaban los núcleos históricos: la ciudad lineal fue un ejemplo. Más tarde, con las Siedlungen, la casa unifamiliar es sustituida por el bloque de media altura, manteniendo una relación directa con la tierra, con los huertos urbanos colectivos o particulares. Más tarde otra propuesta, el bloque en altura sobre pilotis, liberando el suelo y recuperando la cubierta verde, optando siempre por la terraza doméstica. Creo debemos repensar aquellas propuestas y entender que en la actualidad la vivienda no solo debe ser "unidad de habitación", quizás también debe ser lugar de trabajo ocasional, de esparcimiento y complemento de producción alimentaria.

Creo se puede vivir con estandares de densidad adecuada, liberando suelo, bien como espacio lúdico o como huertos comunales o privados de producción, habitar en altura con buenas vistas y ventilación cruzada, terrazas habitables, controles solares eficaces, diseños medioambientalmente propositivos y potenciando las energías renovables. Quizás el espacio interno es lo más conflictivo, deberán de poder compartimentarse en determinadas circunstancias, aumentando a la vez almacenamiento y servicios.

Sobre el espacio público.  El paradigma en este caso es quizás más complejo e implica un cambio en el modelo de comportamiento social. La ciudad con lugares públicos que incitan al consumo, al ocio colectivo, a verse y ser visto y encontrase socialmente, entran en crisis. Ello implica nuevas alternativas en el diseño de los nuevos espacios públicos, en el ocio y el turismo y por supuesto en el rediseño de los existentes. Lo extensivo, la baja densidad inciden en la revisión total de la oferta de espacio y de ocio.

De entre la amplia casuística de los espacios públicos, me centraré en uno que entiendo, por el tiempo en que entramos debe tener un protagonismo particular: los bordes marítimos. Son lugares que ofrecen condiciones medioambientales positivas: sol, aire libre, poca contaminación, pero con el handicap de la densidad de ocupación en determinados momentos. En estos lugares el paseo marítimo, figura ya en crisis, entra en caída libre por su densificación, ruptura con el paisaje y serios problemas de conservación.

Nuevas alternativas se han definido en parques naturales, pero el borde marítimo no debe circunscribirse a estos espacios singulares; esté donde esté, reclama su protagonismo y capacidad expresiva singular de paso hacia la naturaleza, transformando la definición líquida de zona maritimo-terrestre en espacio de intercambio con la naturaleza, que en cada lugar tendrá su condición.
En las zonas amplias, la nueva realidad del borde marítimo reclama la definición de una franja poco adjetivada, no lineal ni excesivamente construida, capaz de adecuarse a las condiciones naturales del lugar, a su vegetación y capacidad expresiva, con propuestas diversas de usos y recorridos que lleven a nodos de actividad de gran extensión y con sombra garantizada para poder extender su uso más allá de unas cuantas sombrillas o toldos, incluyendo si es posible, restos de aquella edificación que en su momento ocupó esta primera línea de manera algo particular. En espacios más ajustados, el diseño y la imaginación deben ofrecer bordes singulares creando alternativas de interacción fecunda con el mar.

El mundo rural es otro espacio de particular relevancia, su oferta como lugares de habitación diseminada o poco densa en esa España vaciada, puede ser una opción, restaurando patrimonio y creando un hábitat de calidad en buena relación con la tierra y el paisaje.


sábado, 16 de mayo de 2020

El Camí Vell de Godella por Miguel del Rey



El camino de Godella es una de las vías históricas más importantes del noroeste del término de Valencia. El camino nace de una desviación a la derecha del camino de Moncada y recorre
el antiguo Pla de Sant Bernat, una de las zonas más características de la huerta histórica valenciana, regada por aguas de la acequia de Tormos y del antiguo brazo de Petra. El camino y
su trazado, así como los edificios más importantes a lo largo de su recorrido están perfectamente datados y localizados en el plano de Ascensio Duarte (s. XVI). Su transformación en atajo interurbano ha convertido este precioso camino rural en una peligrosa carretera que debe rescatarse para su condición patrimonial y funciones de estructura rural del territorio, junto con otras funciones lúdicas o culturales.

Pertenece a una malla secular que tan sólo empezó a ser rota y substituida a partir del siglo XIX por las nuevas infraestructuras que empezaron a hacerse: las carreteras reales y los primeros ferrocarriles que convirtieron los caminos forales en “camins vells de....”. (GUINOT, E. 2008)

El Camí Vell de Godella inicia su trazado en el de Moncada, muy próximo al lugar donde se sitúa la
alquería de Falcó y en el borde norte de la ciudad. Hoy la desviación ha desaparecido con las obras de la Ronda Norte de Valencia, siendo conflictivo localizar el inicio de un camino.

Su recorrido sinuoso atraviesa huertas de Tormos para concluir en la Cruz de Godella, en la Plaza Magdalena Sofía, junto al antiguo Palacio de Godella, y sobre el cauce de la acequia de Moncada.

Al igual que el Camí de Moncada, este Vell de Godella es un eje articulador del trazado viario donde confluyen y parten otros caminos de menor entidad, sendas, entradas y azagadores (Camí de Borbotó, Assagador del Camí de Godella, Entrada de Casa Roca, etc.) Su implantación en el territorio es algo ajena a la trama del parcelario e incluso a los trazados de las infraestructuras hidráulicas; no obstante es este mismo factor no es desestructurante, el camino se integra en la red general, en la tela de araña histórica que teniendo como centro la ciudad de Valencia se extiende por toda la Huerta, incorporando una nueva lógica, la de caminos, ajena a la hidráulica, que construye el paisaje.


El recorrido del camino permite observar la transición entre el cultivo de huerta y el de huertos a medida que nos separamos de la ciudad de Valencia. Si en los primeros tramos se atraviesa un parcelario con predominio de parcelas hortícolas, con fuerte densidad de granjas agrarias y algunas importantes alquerías, a medida que nos acercamos a Godella baja la densidad de casas y aumenta la presencia de huertos de frutales, con predominio de naranjo en el extremo, bajo el cauce la acequia de Moncada.



Es un camino muy transitado, necesario para acceder a las parcelas y casas existentes entorno a Borboto, Poble Nou, Godella y una parte importante del Pla de Sant Bernat. Es utilizado como ataja `para transitar entre Godella y el norte de la ciudad de Valencia, lo que provoca un tráfico rodado excesivo. La inexistencia de andén peatonal o de bicicleta hace peligroso el tránsito de peatones y el paso por una zona de fuerte interés paisajístico.

A lo largo del camino encontramos una serie de elementos hidráulicos de gran valor, como el Molí de Sebastiá o de Colau, les Llengues de Borboto-Ferrús, la acequia de Tormos de Tormos, etc. Elementos que deben valorarse como patrimonio de valor singular. Evitando el soterramiento de estos elementos, como cauces de acequias, llengues, partidores, etc

Este camino permite visualizar amplias panorámicas de las huertas de Borbotó, Benicalap, Poble Nou, Carpesa, Benifaraig, Tavernes Blanques, etc. con los fondos de siluetas de distintos núcleos rurales, y al sur el perfil de la ciudad de Valencia. En el límite oeste y coincidiendo con el trazado de la acequia de Moncada se eleva una cornisa natural sobre el plano de la huerta, creando un balcón de gran valor paisajístico. Es interesante valorar este balcón, creando una vía verde a lo largo del trazado de la propia acequia, pues junto a las vistas y el paisaje, podemos valorar el propio cauce de la acequia y el agua los días coincidentes con tanda. Encontramos también gran densidad de elementos patrimoniales: Cruz de Godella, Casalicio, Jardines de las casas de la Calle Mayor sobre la Acequia, Torre de Serdanyola, Restos del antiguo Palacio de Godella, Iglesia del Colegio del Sagrado Corazón, Parque de la Eixereta, etc.

Su trazado histórico lo podemos ver perfectamente delimitado en el Plano de Ascencio Duarte 1595 (A.Cassaus, 1695)

* Parcial de la ficha realizada para el PATH-2017 (MdR)









jueves, 14 de mayo de 2020

El Riurau de la Soliva en Calp, por M. del Rey / JV. Sánchez / A. Ortolá


Riurau de la Soliva, Calp *



(val) El paisatge de la partida de la Soliva és un paisatge en transformació, hui arruïnat, va ser una de les partides més preuades entre les terres agràries de Calp, paratge d'oliveres, com indica la toponímia, cultiu dominant en zona al costat dels ametllers i la vinya. Els seus aterrassaments són amplis Una requalificació com a sòl industrial i un molt poc interessant Pla Parcial han redissenyat el lloc perdent tota la memòria històrica, sense atendre als valors culturals o paisatgístics exitentes, provocant la ruïna dels edificis i de tot el seu vestigi històric, fins i tot les restes i traçats d'antics camins d'origen romà i medieval.


La casa de la Soliva data segurament de mitjans del S. XIX, ubicada al costat d’un xicotet paratge situat i pròxim al barranc del Pou Roig. Es tracta d’una masieta que dominava una sèrie de terres cultivades per ametlers i raïm negre. Des d’un punt de vista arquitectònic, presenta un cos central o principal de forma rectangular, amb sostre principal en teula àrab i a dos aigües. En la part de darrere trobem un corral, mentre que a la part frontal de la casa, destaca de forma clara el riurau amb quatre ulls adintelats, si bé, compta també amb un altre ull lateral en forma d’arc carpanell. En la part de ponent d’aquesta estructura, existeix un pou al que té vinculat un safareig. El riurau de la casa de la Soliva, manté tots els materials originals, és a dir, biguetes de fusta de pi i sostre construït amb canyís, tots ells nugats amb cordell d’espart. Malauradament, l’any 2016 va caure bona la part del sostre del riurau.

(cast)  El paisaje de la partida de la Soliva, hoy arruinado, un paisaje en transformación. Fue una de las partidas más preciadas entre las tierras agrarias de Calp, paraje de olivos, como indica la toponimia, cultivo dominante en zona junto a los almendros y la viña. Sus aterrazamientos son amplios Una recalificación como suelo industrial y un muy poco interesante Plan Parcial han rediseñado el lugar perdiendo toda la memoria histórica, sin atender a los valores culturales o paisajísticos existentes, provocando la ruina de los edificios y de todo su vestigio histórico. incluso los restos y trazados de antiguos caminos de origen romano y medieval.


La casa de la Soliva fecha seguramente de mediados del S. XIX, ubicada junto a un pequeño paraje situado y cercano al barranco del Pou Roig. Se trata de una Masieta que dominaba una serie de tierras cultivadas por almendros y uva negra. Desde un punto de vista arquitectónico, presenta un cuerpo central o principal de forma rectangular, con techo principal en teja árabe y en dos aguas. En la parte de atrás encontramos un corral, mientras que en la parte frontal de la casa, destaca de forma clara el riurau con cuatro ojos adintelados, si bien, cuenta también con otro ojo lateral con arco de carpanel. En la parte de poniente de esta estructura, existe un pozo al que tiene vinculado un lavadero. El riurau de la casa de la Soliva, mantiene todos los materiales originales, es decir, viguetas de madera de pino y techo construido con cañizo, todos ellos atados con cordel de esparto. Desgraciadamente, el año 2016 cayó buena la parte del techo del riurau.
 * Texto extraído parcialmente de la revista Riuraus Vius n 6


sábado, 9 de mayo de 2020

Joc de retrucs- Xoan Mosquera, Miguel del Rey

                                     Riurau de Jaume Costa, Pedreguer. Foto de Miguel del Rey


Juego de rebotes

Rural Contemporánea, una página de interés, de esas que vale la pena seguir y situada en el ciberespacio, colgaba el 30 de marzo de 2014 en la página de ARV un post que pienso es interesante y no ha perdido actualidad, como aquello vernáculo, por no decir clásico en el mundo rural; el Post llevaba un texto, un "precipitado comentario en facebook, escrito de un tirón emocionado ..." tal como define su autor, de Xoan Mosquera, un amigo fecebookiano gallego, motivado por una imagen de nuestra arquitectura rural valenciana, que a la vez aclaró José marcan desde Pedreguer facilitando nombre y fechas del edificio ... Una especie de golpes de bola en un tablero de billar que se realimenta a sí mismo. Por el interés del "precipitado comentario", que ya muchos quisieran fuera la cosecha de un pensamiento fecundo, incluimos el texto y la imagen que le motiva: el riurau de Jaume Costa y Cots (1767-1852) en Pedreguer.

"Ritmos a base de dosificar un único tipo de materia. Ritmos para el cuerpo, ante el paisaje. Vínculos entre uno y el lugar de su actividad. Una energía desplegada desde la intensidad del acto de implantación, que es también algo más de la sola voz del genius loci. Es plantarse: ese despliegue de energía que tan bien sabemos reconocer cuando hablamos de nuestros cuerpos. Una particular vitalidad (podemos llamarla voluntad o aspiración) que misteriosamente emana de lo vivo, como si no tuviese más raíz que su propio cuerpo. Es esa energía que llevamos con nosotros, pero que se manifiesta con la máxima intensidad en el momento preciso de 'echar raíces'. Voy descubriendo que en las arquitecturas que más me emocionan, hay algo siempre de ese instante en la configuración de su forma. Siempre a la espera de que las huellas del uso (como la hiedra) terminen por cubrirlo todo. Pero mientras sea edificación, algo de ese instante estará ahí, como aquellos rasgos que nos asemejan a nuestra madre y que son también genealogía de nuestros inicios, del acto fundacional.

Esos ritmos no llegan de cualquier manera. Son resultado de una particular tensión: entre abstracción geométrica y materia vernacular (por eso nos disgustan tanto las modernas restauraciones de Palladio: pierden el misterio de la niebla del Véneto y ya sólo saben del sol de mediodía). Esa fue la más profunda carga ideológica que encuentro en la arquitectura (tres décadas atrás) de alguien a quien quiero mucho y del que casi tanto he aprendido. En algún momento de los 90's la abandonó y algunos nos mantenemos en la petulancia de creer que ese puede ser camino...

Si en estos momentos pudiese entrar en la foto, caminaría el césped como quien siente la humedad que todavía retiene, haciendo el recorrido inverso de la extensión sobre la superficie del paisaje que esa casa expresa (porque esa edificación es además de lo dicho, un espejo de cuanto la rodea, un espejo de su genius loci) y llamaría a la puerta. Pediría si, por favor, me dejan que vaya diciendo por ahí que esa casa la diseñé yo.

Creo que no colaría. Leo que esta alquería con riuraus de la marina alicantina, puede ser obra de un tal Jaume Costa i Cots (1767-1852). Siempre aparece alguien mejor que uno, que antes ya pensó todo. ¡Bien! ...más para aprender."
 Xoan Mosquera- Miguel del Rey