jueves, 15 de junio de 2017

Una metrópoli en la Huerta, por Miguel del Rey

Cartel de la exposición conjunta del Taller 3 de la Escuela de Arquitectura, con los profesores Miguel del Rey y Antonio Gallud, en colaboración con el Departament d'Escultura de Bellas Artes, sobre un ejercicio conjunto de lectura del paisaje rural e intervenciones en el "límite" realizado en 2004 


UNA METRÓPOLI EN LA HUERTA

En diciembre de 2000 presenté esta ponencia en un Mesa Redonda en la UIMP-Valencia., en un Congreso sobre el “Estado de la Huerta” que organizamos el Grupo Cavanilles, que formábamos entre otros, Pedro Salvador, Javier García, Miguel Navarro, Tato Herrero y yo mismo. Creo que no ha perdido, desgraciadamente, vigencia.

La huerta que hemos heredado se inscribe en un territorio denso y complejo en el que coinciden áreas agrarias, residenciales e industriales; un territorio en el que se yuxtaponen redes de infraestructura de muy distinto origen: rural, urbanas, metropolitanas, regionales e incluso estatales; sobre ella se desarrolla una metrópoli de 1,6 millones de habitantes, con un interland regional de unos dos millones y medio de personas, y donde la presión urbanística incide directamente en la eliminación de la propia huerta.

El conjunto metropolitano y las redes que lo forman, las áreas urbanas, industriales, los grandes fragmentos rurales, las playas, el puerto, el río, junto a determinados ecosistemas de gran interés próximos a la ciudad, tienen, además de un valor en si mismos, el valor de formar parte de un nuevo sistema que puede estructurar una nueva realidad. Labor especialmente atractiva, difícil y sugestiva, donde la fragilidad de alguna de sus partes hace que se deba actual con cautela, pero también con firmeza. Todo ello obliga a que desde diversos puntos de vista debamos repensar la manera de habitar este territorio, abandonado ciertos vicios que nos están acorralando y procurando hacer realidad lo que podría ser la ciudad contemporánea, la metrópolis valenciana. Una estructura abierta y polinuclear, en la que sean compatibles habitación, ocio, trabajo industrial, intelectual, servicios y en el que no puede faltar, por la condición en si del territorio, la presencia de lo agrario. Una estructura espacial y física, donde deben tener cabida el pasado y el futuro, pero sobre todo el presente. Haciendo realidad una metrópoli que existe más de hecho que de derecho, y que con voluntad política puede ser posible, atractiva y fecunda culturalmente.

En esta nueva ciudad en la que nos movemos, habitamos y trabajamos, hemos de  tomar la disciplina de poner en valor una parte de su patrimonio, en particular aquel patrimonio vinculado lo rural, no solo en sus restos arquitectónicos, sino más aún en la manera de estructurar el territorio, de construirlo; un patrimonio que siempre ha estado relegado a segundo lugar, porque el patrimonio importante se ha considerado que es el urbano, ya que es el único que merece protección, como ha ocurrido siempre a lo largo de una historia escrita por cierto desde lo urbano; una historia, que quizás haya que revisar y en la que introducir ciertas claves en sintonía con aquellas que en su día aportó el romanticismo, proponiendo nuevas lecturas en las relaciones entre arte y naturaleza, aunque en nuestro caso la propia naturaleza haya sido "manipulada" a lo largo del tiempo por la mano del hombre.

Buscar en la construcción de la metrópolis nuevas relaciones con el territorio, a la manera de las que ya se han reflejado en muchas de las manifestaciones del arte, y que en lo cotidiano han quedado relegadas a un sentimiento que ha tomado cuerpo con la valoración contemporánea por la etnografía, por las arquitecturas vernaculares, por lo étnico; interés, que quizás por el progresivo deterioro del medio natural e incluso del rural, ha llegado hasta el propio paisaje. Aumentando el interés y la demanda de existencia y conservación de paisajes naturales y también artificiales, esos paisajes fuertemente antropizados, culturalmente muy marcados, como es el caso de nuestra huerta de Valencia. Interesan estos paisajes tanto por la carga cultural que representan, por su realidad agraria como sostén básico, y hacia la que existe una nueva sensibilidad social, como por su incidencia sobre la manera de vivir la ciudad en lo contemporáneo, una vida en ocasiones desarraigada, donde lo rural representa ese vínculo atávico con la tierra y que se materializa en ocasiones con la imagen de la casa rural, la masía o la alquería, como símbolo de raigambre.

Las preguntas que dejaría sobre la mesa nos acercan al interés que tiene lo rural en esa nueva cultura en la que se inscribe la comarca de l`horta:

-   ¿Cuales son las razones para conservar lo rural y su huella en el nuevo modelo de ciudad?

-  ¿Debe de alguna manera insertarse en bolsas agrarias dentro de una metrópoli, no solo como un pequeño fragmento de huertas urbanas?

-    ¿Cual debe ser el nivel de vinculación con lo agrario?

-  ¿Puede ser complementario el paisaje rural en la construcción de la metrópolis contemporánea?

Quizás debiera meditarse por todos los agentes que este momento, tras 17 años de haber escrito estas lineas siguen manteniendo un modelo de ciudad desvinculado de la idea de metrópoli, una idea de ciudad ajena al territorio que la ampara… El tiempo se agota y las posibilidades se cierran. Se habla y legisla, pero las actuaciones no han más que un tímido reflejo en el Plan General, pero nada en el desarrollo de las actuaciones.


 Se publicó en el libro “Lugares” M. del Rey, Valencia, 2005

domingo, 14 de mayo de 2017

Ermita de Nuestra Señora de los Desamparados. Tavernes Blanques, Cast- Val. por Miguel del Rey

La Ermita y el Jardín de Ajusticiados, 
uno de esos lugares de la memoria, hoy prácticamente olvidados.




 Foto: M. del Rey

El paisaje donde se ubica la ermita es el borde de la estructura urbana en el límite con el cauce del Carraixet, con unas áreas de huerta en uso en la parte posterior del edificio. Su localización al borde del barranco y la existencia del antiguo cementerio, hoy ajardinado que hay frente a ella, crean una imagen particular, con cierta impronta en el paisaje al entrar en Tavernes por la antigua Carretera de Barcelona. Esta impronta esta acompañada de un valor cultural particular, pues es el lugar, este puente, donde se colgaba a los reos ajusticiados en la Plaza del Mercado de Valencia, siendo sus despojos dejados en el cementerio de ajusticiados y una vez al año enterrados los restos por la Cofradía. Práctica que se mantuvo hasta 1790. La Ermita y el antiguo cementerio pertenecen a la Cofradía de los Santos Inocentes de Valencia, cuyo origen se remonta a 1447. El edificio de la ermita se ha reconstruido recientemente y se mantiene la advocación a la Virgen de los Desamparados. Es un edificio de un único cuerpo de construcción, estrecho y alto.

La arquitectura de la ermita: el cuerpo principal está cubierto por un tejado a dos aguas con un frontón en fachada rematado por una compleja espadaña doblemente impostada con dos niveles de campanas y con un total de tres ventanas campaneras, coronada por un frontón y una cruz. Las campanas fueron fundidas en 1716. La fachada es muy retórica y dispone de una gran puerta adintelada sobre la que se encuentra un gran panel cerámico de 100 x 120 cm, en tonos azules con la imagen de la virgen de los Desamparados y la Inscripción “Mare dels Desamparats /jamai ens desampareu/ ni en la vida ni en la mort / ni en lo tribunal de Deu”. Sobre ella un balcón y ya más arriba la impostación a partir de la cual la espadaña hace las funciones de un gran frontón. El interior tiene una nave con bóveda de cañón. En el primer tramo el coro sobre arco carpanel con baranda de madera. La imagen de la virgen es en madera polícroma fechada en 1939. En el lateral derecho, dos ventanas y un Cristo en armario de puertas de practicables.

Frente a la puerta un recinto acotado separa a la ermita de la calle. En la actualidad el antiguo Cementerio de Ajusticiados está ajardinado y lleva el nombre de Jardín General Abriat Cantó. En el centro del cual existe un monumento al citado general que consta de gradas, y pedestal pétreos con el busto en piedra en bastante mal estado, firmado por F. Real Andreu 1955

Bibliografia:
M. del Rey. Catalogo de Bienes Culturales PATH Ficha EPE 07-02 Ermita de la Virgen de los desamparados
F. M. Garín, en su Catalogo Monumental de la Provincia de Valencia, Valencia 1986

(val)
El paisatge on s'ubica l'ermita és la vora de l'estructura urbana, al límit amb la llera del Carraixet, amb unes àrees d'horta en ús a la part posterior de l'edifici. La localització a la vora del barranc i l'existència de l'antic cementiri, hui enjardinat que hi ha enfront d'ella, creen una imatge particular, amb certa empremta en el paisatge a l'entrar a Tavernes per l'antiga carretera de Barcelona. Aquesta empremta está acompanyada d'un valor cultural particular, ja que és el lloc, aquest pont, on es penjava als reus ajusticiats a la Plaça del Mercat de València, sent els seues despulles deixades al Cementiri de Ajusticiats i una vegada a l'any soterrats les restes per la Confraria. Pràctica que es va mantenir fins 1790. L'Ermita i l'antic cementiri pertanyen a la Confraria dels Sants Innocents de València, l'origen es remunta a 1447. L'edifici de l'ermita s'ha reconstruït recentment i es manté l'advocació a la Verge dels Desemparats. És un edifici d'un únic cos de construcció, estret i alt.

L'arquitectura de l'ermita: el cos principal està cobert per una teulada a dues aigües amb un frontó en façana rematat per una complexa espadanya doblement impostada amb dos nivells de campanes i amb un total de tres finestres campaneres, coronada per un frontó i una creu . Les campanes van ser foses en 1716. La façana és molt retòrica i disposa d'una gran porta llindada sobre la que es troba un gran panell ceràmic de 100 x 120 cm, en tons blaus amb la imatge de la verge dels Desemparats i la Inscripció "Mare dels Desamparats /jamai ens desampareu/ ni en la vida ni en la mort / ni en lo tribunal de Deu". Sobre ella un balcó i ja més amunt la impostació a partir de la qual l'espadanya fa les funcions d'un gran frontó. L'interior té una nau  amb volta de canó. En el primer tram el cor sobre arc carpanell amb barana de fusta. La imatge de la verge és en fusta polícroma datada el 1939. Al lateral dret, dues finestres i un Crist en armari de portes de practicables.

Enfront de la porta un recinte tancat separa l'ermita del carrer. En l'actualitat l'antic Cementiri de Ajusticiados està enjardinat i porta el nom de Jardí General Abriat Cantó. Al centre del qual hi ha un monument a l'esmentat general que consta de grades, i pedestal petris amb el bust en pedra en bastant mal estat, signat per F. Reial Andreu 1955



miércoles, 19 de abril de 2017

De racionalismos y culturas integradoras, por Miguel del Rey


Cast)

El edificio del Ayuntamiento de Altea, levantado a mediados de los años 1960 por el malogrado arquitecto Sorolla Pons, un arquitecto joven y valiente que nos dejó en el momento más fecundo de su vida, y que quizás fue el mejor arquitecto municipal que ha tenido la villa. De él nos queda este “excelente edifico dentro del racionalismo crítico español; una línea del pensamiento arquitectónico…” (M del Rey, 2016,p. 425) que enlaza con la línea que se abrió dentro del mandato de José María Planelles, también uno de los mejores alcaldes alteanos del siglo XX. El edificio liga con una de las intervenciones arquitectónicas más importantes de la Altea de la modernidad: Nova Altea, “de los arquitectos Cabrero, Solesio y Planell e inscrita en las preocupaciones compositivas que en esos momentos se tienen en la arquitectura española” (M del Rey, 2016,p. 285) .

Con estos edificios y con esta arquitectura, con el ambiente que se respiraba en aquella Altea de los años 60 del siglo XX, nos situamos en uno de los momentos más brillantes del panorama cultural alteano, en el cual sin abandonar sus raíces,sus intervenciones en arquitectura, como junto las de otros artistas en disciplinas como la pintura, fotografía, literatura y otras artes, supo vincularse con una modernidad atenta a lo de aquí, pero también al discurso internacional, pues en estas obras, en arquitectura, no podemos abstraernos de otras arquitecturas del momento, las de Sáenz de Oiza, de Codech, de De la Sota, por no hablar de J. Utzon, o del padre Asplund, que desde sus tierras escandinavas nos abrió los ojos a saber mirar el paisaje y la cultura locales sin perder un ápice un discurso universal e integrador. Cuanto se echa de menos esa disposición en nuestra actual sociedad y en su cultura, que quizás sin quererlo discurre por caminos cada vez más localistas y limitados.

Entrecomillados extraídos del libro “Paseando por las alteas, M. del Rey, Valencia 2016”


Val) 
L'edifici de l'Ajuntament d'Altea, alçat a mitjans dels anys 1960 per l’arquitecte Sorolla Pons, un profesional jove i valent que ens va deixar en el moment més fecund de la seua vida, i que potser va ser el millor arquitecte municipal que ha tingut la vila. D'ell ens queda aquest "excel·lent edifici dins del racionalisme crític espanyol; una línia del pensament arquitectònic ... "(M del Rey, 2016, pàg. 425) que enllaça amb la línia que es va obrir dins el mandat de José María Planelles, un també dels millors alcaldes alteans del segle XX. L'edifici lliga amb una de les intervencions arquitectòniques més importants de l’Altea de la modernitat: Nova Altea, "dels arquitectes Cabrero, Solesio i Planell i inscrita en les preocupacions compositives que en aquests moments es tenen en l'arquitectura espanyola" (M del rey, 2016, pàg. 285).


Amb aquests edificis i amb aquesta arquitectura, amb l'ambient que es respirava en aquella Altea dels anys 60 del segle XX, ens situem en un dels moments més brillants del panorama cultural alteà, en el qual sense abandonar les seues arrels, les noves intervencions en arquitectura, al costat de l’obra d'altres artistes en disciplines com la pintura, fotografia, literatura i altres arts, va saber vincular-se amb una modernitat atenta a coses d'aquí, però també al discurs internacional, ja que en aquestes obres, en arquitectura, no podem abstreure'ns d’altres arquitectures del moment, com les de Sáenz de Oiza, de Codech, de De la Sota, per no parlar de J. Utzon, o del pare Asplund, que des des de les seues terres escandinaves ens va obrir els ulls a saber mirar el paisatge i la cultura locals sense perdre ni una mica un discurs universal i integrador. Com es troba a faltar aquesta disposició en la nostra actual societat i en la seua cultura, que potser sense voler-ho discorre per camins cada vegada més localistes i al fons limitats. 

martes, 31 de enero de 2017

Sobre limites e infiltraciones. Relaciones entre ciudad y territorio, por Miguel del Rey*

Cuando la familia Benlloch cierra su actividad y su manera de vivir, por derribo de sus alquerías en la huerta de Patraix, hemos perdido más que unas casas, hemos perdido un paisaje estructurado desde un sistema de producción agraria, construido a lo largo de siglos y que ha modelado el territorio.

Un paisaje producto de la superposición de capas de historia y de cultura, hoy en proceso de transformación acelerada, y quizás también hacia horizontes de bienestar material, podríamos decir casi irrenunciables, pero no incompatible con nuestra identidad ni nuestra memoria. Precisamente sociedades como la nuestra, con un nivel de vida y de cultura determinados, son aquellas que se pueden permitir compatibilizar desarrollo e identidad, transformación y permanencia. Solo la miseria es razón para aferrarse a la supervivencia perdiendo el carácter y la cultura almacenada en siglos de esfuerzo colectivo.

Para huir de esa miseria que observamos en los procesos de crecimiento de nuestra ciudad, hemos de cambiar y procurar nuevos sistemas estructurantes que acaben con aquel dilema antagónico entre ciudad y territorio. En particular cuando se trata de colmatar el suelo en sus bordes, de absorciones de bolsas de huerta englobadas en la propia metrópoli, o de la construcción de barrios o colonias que expanden la ciudad con determinada “ideología” urbana, como la poco afortunada “Sociopolis”.



S Fehn-Museo en Hamar

La construcción de la ciudad, en este caso de la metrópolis valenciana, que por determinados imperativos se está desarrollando sobre un territorio de gran valor cultural, tiene la suerte y la desgracia de ser realizada por una sociedad como la nuestra; una sociedad acelerada, manirrota, descompensada entre los intereses privados y los públicos, pero capaz por sus medios económicos, técnicos y materiales de resolver de manera más ajustada un proceso que se ha ido ya de las manos, pero que en cualquier caso siempre podremos reconducir parcialmente si entendemos que nuestra intervención se realiza sobre un territorio ya construido, y en dicha intervención definir formas que permitan la lectura del pasado en un mundo con perspectiva de futuro. Hemos de dejar aparte la soberbia contemporánea y entender nuestro momento histórico como un episodio acotado en una larga trayectoria; pero un episodio, que por su intensidad y amplitud, es capaz de borrar las huellas de todo aquello que ha hecho que lleguemos donde estamos, incluso que hemos sido en Europa uno de los paisajes físicos y humanos más atractivos en la relación ciudad y territorio. Continuar con este proceso depredador puede llevarnos a perder nuestra identidad, y que nos convirtamos en una ciudad potente, grande, pero impersonal: sustituible en el fondo

Quizás nuestros políticos deban buscar consejo lejos de ciertas asociaciones de agentes urbanizadores que siguen poniéndose la venda en los ojos para no percibir lo que es un clamor: la crisis de nuestros paisajes, la crisis no solo en la forma de nuestro territorio, la crisis de los sistemas de producción agraria que han generado unos paisajes y un medio físico y humano envidiable, todo ello por un desequilibrio circunstancial sobre el cual insisten estas personas, solo para aumentar sus ya escandalosos beneficios. Crisis que puede afectar además a amplios sectores económicos de nuestra sociedad y nos puede llevar a una situación de insostenibilidad económica y social de un modelo ya experimentado en otras sociedades que pasaron anteriormente este sarampión.

Una ciudad como la nuestra, con el potencial humano, económico y paisajístico que tiene, no se merece la vulgaridad. Creo que aún es capaz de reaccionar y buscar por senderos fecundos las posibilidades de crecer de manera civilizada, de configurarse como lo que puede ser, una gran metrópoli en un lugar envidiable. Compaginando crecimiento, transformación y permanencia, lo cual no solo debe ser una vocación ciudadana, sino una meta de nuestras eficaces empresas constructoras y urbanizadoras, a la cual deban aplicar sus buenos medios técnicos, que los tienen, y a través de su actividad sacar un adecuado beneficio económico y generar empleo.


A y P  Smithson- Fonthill-Planta general

Quizás los modelos de crecimiento han de revisarse. La planificación fecunda aprobarse; frente a tanta ley paisajística, mejor sería aprobar Planes de Acción Territorial técnicamente bien resueltos y por lo tanto con visión histórica y de futuro. Entender que muchas de nuestras ciudades tiene unos límites difusos que hacen que el concepto metropolitano prive sobre el municipal, cuestión que los políticos debieran abordar sin más dilación y sin miradas localistas. Pero ante todo prever sistemas formales de crecimiento que permitan el juego suficiente para saber valorar en cada momento cual es la ley más atractiva en cada caso, sin dar por supuesto que la ley de lo “urbano” es más atractiva que la ley del propio territorio donde se inserta. Procurando siempre dar valor a la ley de la tierra frente a la ley del suelo.

Frente a modelos repetitivos y en gran parte caducos que definen las periferias, quizás sería más atractivo trabajar con sistemas de infiltración entre ciudad y territorio, o incluso al revés, del territorio en la ciudad, sin condiciones previas, buscando la mejor arquitectura en un diálogo fecundo entre lugar, necesidad y tecnología. Infiltraciones espaciales y arquitectónicas que siguieran las líneas del territorio, se adecuaran a la topografía y a la geometría de la parcelación agraria como sistema estructurante del propio territorio, allí donde este sistema es más potente y atractivo que el generado desde la propia ciudad. Estas infiltraciones tendrían en consideración caminos históricos, líneas de acequias, barrancos y perfiles del paisaje. Propuestas que permitan compaginar lógica urbana con lógica rural, en una simbiosis donde ambos sistema salgan beneficiados.

Estos sistemas de infiltración entre ciudad y territorio, pero sobre todo la valoración de nuestro patrimonio, hubieran tenido en consideración valorar parte de nuestra cultura rural en un diálogo fecundo con la ciudad, como pudiera ser en el caso de Patraix conservar y valorar la esplendida alquería dels Frares, tan solicitada su restauración por el vecindario de uno de los barrios más poco dotados de elementos singulares y dotacionales.

Una nueva manera de entender las relaciones entre ciudad y territorio, permitiría que la familia Benlloch, como las muchas familias Benlloch de Alboraia, de Foyos, de Torrent, de Paterna, de La Torre, pudieran conservar sus sistemas productivos en una estructura metropolitana que compagine bolsas agrarias, que permita sistemas de infiltración entre lo rural y lo urbano. Es posible, solo hay que cambiar el chip, buscar buenos profesionales, intentarlo y sobre todo hacer oídos sordos a determinados consejos e intereses. Aunque quizás hay otra solución..... llamar a Al Gore para que venga y nos lo diga. Su visita puede tener un valor mediático, los santos de lejos hacen más milagros.

 *Miguel del Rey es arquitecto y

 catedrático de Universidad