jueves, 8 de noviembre de 2018

Lo bucólico y lo georgiano en la conservación del paisaje agrario, por Miguel del Rey



Sierra de Bèrnia-Bolulla Racó de Sacos
Paisaje de viña del siglo XIX o inicios del siglo XX, aparecido tras el incendio del bosque que lo oculto durante años. Una imagen romántica de un pasado que vuelve a nuestro ojos, no sé si a la vida.
Precisamente el otro día en una página de “face” se revindicaba la preciosa Serra de Tramuntana en Mallorca como Patrimonio de la Humanidad por los márgenes de piedra que la construyen, lo acompañaba una imagen muy similar a esta de Bernia y a infinidad de paisajes de esta calidad que tenemos en nuestras tierras mediterráneas.
No pude más que reflexionar sobre el tema y sobre la idea tan extendida de declarar como Patrimonio de la Humanidad estos paisajes, que a quienes nos gusta la arquitectura y el paisaje rural nos encantan.
Respecto a esta cultura de la piedra en seco existen en varios lugares escuelas profesionales de estas técnicas y bibliografia de gran calidad. Hay también aun buenos "margenadors" con oficio en los pueblos de La Marina, que perfectamente pueden enseñar el oficio a gente joven. Aún es recuperable el oficio y es necesario potenciarlo.
Falta en cambio interés social por parte de la población joven de dedicarse a estos oficios en una cultura como la nuestra que, si incluye por ejemplo un 5% de jóvenes emprendedores y entusiastas de lo rural, conozco a algunos y se ganan perfectamente la vida y les sobra trabajo; existe un gran porcentaje cuya la máxima aspiración es tener un titulo que les permita acceder a un empleo más o menos mileurista y estar sentado tras un ordenador. Hay pues un problema cultural desde la escuela y la familia.
Hay a su vez otra cuestión que siempre me ha intrigado en estos casos de paisajes antrópicos abandonados. Declarar un paisaje construido y obsoleto, que ocupa extensiones inmensas, como bien de la humanidad, lo entiendo como un mero brindis al sol, una mera opción estética, solo capaz de ser conservada si a ello se atienden una cantidad de recursos humanos y monetarios imposibles de asumir por ninguna sociedad, por muy sobrada que fuera. Y no es el caso.
Más lógico desde mi punto de vista es protegerlos, trasmitir sus técnicas, obligar a que cualquier intervención sobre esos territorios implique restaurar márgenes, bien si se necesita abancalar, crear nuevos caminos, etc.
La función y la forma siempre van de la mano en lo rural. Si el uso no tiene un sentido claro y adecuado a un rendimiento agrario estamos en el mundo de lo bucólico, de la memoria, de la arqueología, de la nostalgia. ..Creo más en los paisajes agrarios de carácter georgiano, donde belleza y producción, necesidad y satisfacción por la técnica agraria o constructiva van de la mano. Ya los romanos distinguieron claramente estos dos conceptos.

Me encanta la arquitectura y los paisajes rurales, pero no entiendo la museización y el sentimentalismo en el paisaje agrario. Paisajes cómo el de Mallorca, con más o menos grandiosidad, como estos de Bèrnia, los hay en gran medida en el territorio valenciano. No podríamos conservarlos tal cual. Esa decisiones retóricas de protección son vanos intentos de contentar conciencias y de minusvalorar el propio patrimonio a conservar, además de no servir para nada y crear falsas expectativas en la sociedad.

lunes, 5 de noviembre de 2018

En memoria del Riurau de Gorgues o Maragatos en Beniardá. por Miguel del Rey




Ante las ruinas de tan singular riurau, no puedo menos que mostrar mi admiración por este bello edificio. Admiración que plasmé en su momento en una escena de mi novela “Bartolomé. Entre la Ilustración y la Revolución” Valencia, 2014, donde la masía es el centro de atención.



“…..Le ha gustado acercarse estos días a Beniardá….. Reanuda la actividad con sus primos y una mañana que marcha con ellos hasta la Masía de Gorgues en Beniardá – un Mas situado en la ladera de la Solana, al otro lado del cauce del río Guadalest– les encuentra chistosos y bromistas con él, más de lo habitual. Van a recoger unos caballos que la familia ha comprado a buen precio. Bajan por intrincados barrancos hasta el cauce del Guadalest, Las vistas de las sierras son espectaculares desde lo profundo... en l’Abdet almuerzan, bordean más tarde el cauce y suben la ladera sur de la montaña, planeando a lo largo de los estrechos bancales de vid que construyen el paisaje; las vides muestran el esplendor de la futura cosecha del moscatel.

La Masía de Gorgues es una moderna explotación dedicada a la producción de la uva pasa que ocupa las finas terrazas de cultivo subiendo la ladera sur de la montaña; una construcción alargada de limpios volúmenes: una casa de un solo cuerpo y dos plantas con pocos vanos en planta baja donde asoman finas aspilleras por las que sacar los trabucos para defenderse. Parte de la planta baja la forman los arcos de un riurau que se prolongan más allá de su volumen hasta definir un porticado de seis o siete ojos, algunos de ellos tapiados. Más allá están los corrales, donde aguardan los caballos. Frente a la casa una explanada, la era de secado de la uva. Juan quedó observando aquella arquitectura, mientras sus primos empezaban el rito habitual de estos tratos de ganado.

El riurau le cautiva, presenta unas formas particulares: arcos de medio punto apoyados sobre anchas columnas cilíndricas; una construcción de rotundidad encomiable, no había visto ninguna igual. Ve en ella un cierto regusto moruno, quizás la corta columna, o el alero, fino y estrecho, que contrapone su ligereza a lo másico del porticado. Le gusta esa construcción donde las formas y técnicas se resuelven de manera tan rotunda.”


Pag 372 y 373 de la 2ª edición . Fotos MdR