martes, 21 de agosto de 2018

El Caballero escocés D. David Hume y el paseante.Por Miguel del Rey




El paseante tras un exhausto paseo a casi treinta grados se refugia en su biblioteca. Su vista se centra en un pequeño libro, un libro que consiguió rescatar de la expoliación de la biblioteca familiar hace unos veinte años robada de una masía de La Marina. El libro es antiguo, está reencuadernado, su interior fue recuperable, pero estaba en muy mal estado, cerca de unos charcos, mojado, en el patio de la masía, posiblemente por caérseles a los ladrones en la nocturnidad del robo. El titulo es sugerente: “Discursos políticos del señor David Hume, caballero escocés”.

Lo había visto al mandar restaurarlo, lo tuvo en sus manos, pero nunca se paró a hojearlo. Hoy le atrae y se sienta en una butaca algo invernal, de estas con mantas encima para ocultar una tapicería ya ajada por el tiempo…, pero la butaca es tan cómoda. Acerca un ventilador y lee fragmentos.

Recuerda que compró un regalo a su amigo Enric en fecha reciente en su última estancia en Barcelona y aún no se lo ha entregado; un libro sobre Adam Smith y sus relaciones con David Hume; un tema al que el paseantes es ajeno pues le superan estos señores, no como a mi amigo que aún se emociona con el señor Smith. Abro el libro, lo ojeo, es de un profesor danés D. C. Ramussen (El infiel y el profesor, BCN, 2018). Se trata en él precisamente de las obras del señor Hume y encuentro el libro en cuestión: “Discursos políticos”, Edimburgo 1752.

Se le queda grabada una frase sobre el resumen del libro “Progreso, saber y humanidad están unidas en una cadena indestructible”.

El libro le hace pensar en cómo llegó a La Marina un ejemplar de D. Hume en fecha tan temprana, en traducción castellana del francés de 1789 realizada en Madrid por la imprenta de Gonzalez (Hume estuvo largas temporadas en París). Qué sociedad era esa que en aquellos tiempos estaba tan al día de los más relevantes pensadores del momento.

Cree que valoramos mal a nuestros antepasados, la Ilustración llegó a estas tierras y en ciertos grupos sociales hizo mella, que se reflejó en un aumento del bienestar del pueblo, además por supuesto del de las clases acomodadas. Forjó una hendidura en el pensamiento que perduro durante la segunda mitad del siglo XVIII y quizás los primeros años del 1800. La guerra, el ataque sin piedad a los afrancesados, a los ilustrados, el populismo, un rey nefasto tras Napoleón, acabó con todo aquello que había forjado el triunfante ‘700. Fue tan efímero!


Creo es necesaria una relectura del siglo XVIII, valenciano y español, sin prejuicios, sin intenciones sesgadas, sin el salvajismo de la lucha y las decantaciones políticas de maulets y botiflers, tan estériles, absurdas, cargadas de mentiras.