Perspectiva de Miguel del Rey a partir del Plano de F. Ricaud
A finales del S. XVI el
Vice-Canciller Frígola a través de los Consejos Valencianos, propone la
construcción de una nueva fortaleza en lugar incierto próximo al castillo de
Bellaguarda en Altea. Encarga su estudio a tres ingenieros y arquitectos de
experiencia probada: Cristobal Antonelli, Fray Carmelo y Pedro de Valencia, que
viajaban a menudo a las obras del pantano de Tibi, aconsejando para esta nueva
Altea un castillo, varios baluartes y un caserío de 500 casas por un montante
aproximado de seis mil ducados, que permita lugar seguro para la costa y
facilite el desarrollo económico del valle del Algar.
Entre 1604 y 1617 se
levanta la fortaleza a cargo de la Señoría -los marqueses de de Ariza y Palafox- que en ese
último año, tras ser otorgada por el rey Felipe III nueva carta puebla bajo el
dominio de los Palafox. Se refunda como entidad jurídica y núcleo agrupado, pues hasta ese momento
Altea era un conjunto de alquerías dispersas y pequeños castillos o
fortificaciones de origen musulmán, salvo Bellaguarda que siempre fue un
castillo cristiano que dominaba el territorio alteano. El año de 1617 se
ultiman las construcciones levantando la iglesia pagada por el propio Francisco
de Palafox a los hermanos
Pere y Damià de la Cámara y que costó cuatrocientos ducados, pero repercutiendo
en diezmos a los colonos el montante del precio de la construcción.
La
Fortaleza, su recinto amurallado, sus baluartes y su castillo fueron una
importante intervención arquitectónica y militar a tenor de los halagos de la
Corona en la carta de refundación; una mole imponente en su tiempo con un gran
poder disuasorio o incluso defensivo que propició un gran desarrollo
demográfico y económico; pues unos ciento treinta años después, sobre 1740,
aquella ciudad de nueva planta ubicada en lugar despoblado se sitúa entre la quincena
de las más pobladas poblaciones del reino, destacando entre las de economía diversificada
y saneada.
Fortaleza
de autoría no contrastada, desconocida en el ámbito académico, dibujada
elegantemente por Francisco Ricaud en 1740, conserva integra su trama urbana y
son reconocibles dos de sus lienzos de muralla y dos de sus puertas, una de
ellas restaurada recientemente. Su valor como fortaleza de nueva planta supera
la condición local para ser una de las piezas de más interés del mediterráneo
occidental.


