domingo, 11 de enero de 2026

La Fortaleza de Altea. Su origen. Por Miguel del Rey



La Fortaleza de Altea. Su origen, por M del Rey

Perspectiva de Miguel del Rey a partir del Plano de F. Ricaud


A finales del S. XVI el Vice-Canciller Frígola a través de los Consejos Valencianos, propone la construcción de una nueva fortaleza en lugar incierto próximo al castillo de Bellaguarda en Altea. Encarga su estudio a tres ingenieros y arquitectos de experiencia probada: Cristobal Antonelli, Fray Carmelo y Pedro de Valencia, que viajaban a menudo a las obras del pantano de Tibi, aconsejando para esta nueva Altea un castillo, varios baluartes y un caserío de 500 casas por un montante aproximado de seis mil ducados, que permita lugar seguro para la costa y facilite el desarrollo económico del valle del Algar.

Entre 1604 y 1617 se levanta la fortaleza a cargo de la Señoría -los marqueses de de Ariza y Palafox- que en ese último año, tras ser otorgada por el rey Felipe III nueva carta puebla bajo el dominio de los Palafox. Se refunda como entidad jurídica  y núcleo agrupado, pues hasta ese momento Altea era un conjunto de alquerías dispersas y pequeños castillos o fortificaciones de origen musulmán, salvo Bellaguarda que siempre fue un castillo cristiano que dominaba el territorio alteano. El año de 1617 se ultiman las construcciones levantando la iglesia pagada por el propio Francisco de Palafox a los hermanos Pere y Damià de la Cámara y que costó cuatrocientos ducados, pero repercutiendo en diezmos a los colonos el montante del precio de la construcción.

La Fortaleza, su recinto amurallado, sus baluartes y su castillo fueron una importante intervención arquitectónica y militar a tenor de los halagos de la Corona en la carta de refundación; una mole imponente en su tiempo con un gran poder disuasorio o incluso defensivo que propició un gran desarrollo demográfico y económico; pues unos ciento treinta años después, sobre 1740, aquella ciudad de nueva planta ubicada en lugar despoblado se sitúa entre la quincena de las más pobladas poblaciones del reino, destacando entre las de economía diversificada y saneada.


Fortaleza de autoría no contrastada, desconocida en el ámbito académico, dibujada elegantemente por Francisco Ricaud en 1740, conserva integra su trama urbana y son reconocibles dos de sus lienzos de muralla y dos de sus puertas, una de ellas restaurada recientemente. Su valor como fortaleza de nueva planta supera la condición local para ser una de las piezas de más interés del mediterráneo occidental.