viernes, 11 de diciembre de 2015

Sobre la Alquería de Barrinto, por Miguel del Rey


Sobre la Alquería de Barrinto
UN EJERCICIO DE RESTAURACIÓN DE LA MEMORIA.
Por Miguel del Rey    (Publicado en Loggia nº 12- Valencia 2001)

Esta intervención se enmarca en aquella línea del pensamiento que entiende como interesante la permanencia de la huella en la construcción de la nueva metrópoli, e incluso la considera como una condición propia de vivir en lo contemporáneo.


Observar.-   

Tras mi primera visita a una antigua factoría rural en la periferia de la ciudad en mi mente quedó grabado ese paisaje roto, fragmentario, proveniente directamente del mundo rural y enquistado en una ciudad ajena a él. Situada en Marxalenes, entre las estaciones del antiguo trenet y la actual línea del tranvía, alineada a un antiguo camino rural del que ha quedado un fragmento, junto a restos de la explotación en su última época: una antigua almazara, almacenes, tapias. Un cartel de “aceitera”, nos hablaba de una industria con vinculación agraria. Era la última de las transformaciones de una alquería histórica que desde el s. XIV ha ido adecuandose a economías y ciclos cambiantes siempre próximos a la tierra y a su explotación.

A través del antiguo camino que nos lleva desde Valéncia, lo primero que encontramos es el huerto de la alquería y sus tapias, mas tarde la casa, su parte posterior.  Los muros de las fábricas del edificio, de las tapias y de los márgenes, se unifican por la cal blanca que los cubre, proporcionando esa doble lectura: unitaria, desde una determinada perspectiva, pero texturada, cambiante y diversa a medida que nos acercamos a ella.


En las inmediaciones de la casa, en cuyas fábricas observamos tapiales tardomedievales de anchos tendeles, encontramos un olivo centenario, alto, recio, de tronco añoso situado junto a la casa y a su lado los restos de una antigua puerta de sillería, en parte desmontada, por aquí y alla piedras reutilizadas para usos muy diversos: acequias, cimentaciones modernas, etc. Tras todo ello los restos de un patio formado al situar en su entorno una serie de edificios a principios del s. XX, un patio aún solado por grandes adoquines de rodeno, junto al cual adquieren cierta presencia de unas casas de epidermis modernista, producto en parte de la transformación de los volúmenes de la antigua alquería reformada profundamente en 1914, con su epidermis modernista. Tras los hierros colados y las ménsulas moldeadas en mortero y cien veces blanqueadas, se puede observar aún la presencia de un volumen  compacto, de vanos correspondientes a lógicas distintas, a niveles hoy inexistentes, que nos hablan del paso del tiempo, de la permanencia de la memoria. En torno al resto del patio encontramos otros volúmenes mas limpios, de  buena fábrica de ladrillo, allí está la almazara, que incluye un completo molino de aceite de cacahuete que posiblemente no llegó a utilizarse. En el suelo una pequeña elevación de trazado sinuoso se acercaba hacia el patio y lo atravesaba, bajo ella la histórica acequia de Rascanya, una de esas acequias que han posibilitado la existencia de esta huerta centenaria.

Son restos de un paisaje rural donde se aprecia una manera de vivir, una cultura, donde se respira un determinado arraigo a la tierra. El nuevo paisaje es distinto. Son fragmentos que conviven con otras lógicas, incluso que albergan otros usos, pero que permiten la mirada hacia la tierra, que no borran huellas y permiten que la memoria forme parte del nuevo imaginario colectivo.

Intervenir


Construir sobre lo construido implica decisiones cuya complejidad y también heterogeneidad hacen difícil buscar cualquier proceso lineal claro y explícito. En el trabajo realizado influye el recuerdo de un paisaje que existió, con unas imágenes y sensaciones particulares. Pero también influye la idea global que se tiene sobre la existencia de determinados hitos en el paisaje histórico, sea rural o urbano; hitos a través de los cuales fijar la memoria de ese proceso de transformación lento del que hablaba Aloïs Riegl en su ensayo sobre el “Culto moderno a los monumentos”, ese interés presente en la cadena evolutiva que ata la historia y de la cual hay que reseñar los momentos mas interesantes, los ejemplos a través de lo cual podemos ver lo general, sin perder el valor objetual de la forma, la particularidad que nos ofrece cada edificio, sus fábricas, sus espacios.

El levantamiento planimétrico  y los estudios arqueológicos nos proporcionan cierta certeza en la lectura de las formas y en la interpretación lógica de un encadenado de transformaciones que acompañan a una casa rural, que de forma algo indefinida que se levanta en el S. XIV y que a finales del s XV, o bien durante los inicios del s. XVI, deviene en una suntuosa alquería levantada a partir de aquella mas modesta casa rural.


Las fábricas, el nivel de acabados, el lujo incluso, que encontramos en la casa, marcan un ruptura con el origen y están en sintonía con aquella potente sociedad valenciana de finales del Cuatrocientos, enriquecida por comercio a través de un mar Mediterráneo que está próximo, como la propia Corona de Aragón,  a entrar en decadencia. Las grandes salas, las ventanas con festejadors, los arcos de yeserías flamígeas, las escaleras voladas y con traza de peldañeado marcada sobre la baranda de obra, las policromías en las maderas y los solados de azulejería, toda la tradición del gótico civil la podemos encontrar en esta arquitectura rural próxima, no solo físicamente, a la ciudad de Valencia, sino complementaria con aquella arquitectura que encontramos intramuros, explicitando claramente que rural y urbano son episodios distintos de una misma historia, la historia de la arquitectura.

El hecho de que nos enfrentemos a una obra híbrida de origen incierto, tipológicamente debil, condición poco habitual en lo rural, hace que la intervención tome determinados caminos muy distintos a aquello que puede ser mas propio, incidir en la sistematización del tipo básico de casa al que la arquitectura haga referencia. En este caso buscamos cual podría ser el episodio característico de la arquitectura que se nos presenta, incidimos sobre la capacidad plástica y expresiva de los espacios que define, valoramos las fábricas que la constituyen ,los elementos que incluye, y a través de ellos intentamos crear un discurso capaz de ser válido por si mismo, a la vez que coherente con la historia y donde puedan permanecer fragmentos de anteriores o posteriores etapas, huellas que puedan aportarnos, además de ese valor de antigüedad, la capacidad emotiva propia de cualquier arquitectura observada desde una perspectiva de modernidad, no buscando la validación en el carácter documental que pueda suponer, lo cual puede ser un valor añadido, sino en sus propias formas, en la tectónica de las fábricas y de la propia materia de que está construida, en la calidad del oficio a través del cual se construye, en la manera de enfrentarse en arquitectura a la materia y a la técnica en un momento de la historia, y en la cualidad de los espacios que construye.

Construir.-


La casa que se construye en el s. XIV presenta una estructura espacial sencilla en la que ya encontramos los cuerpos básicos de construcción que se mantendrán a lo largo del tiempo, tres cuerpos perpendiculares al camino, uno de ellos, el situado al Sur, de trazas mas alargadas. Una casa que aún se completará en su perímetro, construida con una sola altura y de cubierta muy poco inclinada, casi plana, con una ligera pendiente vertiente hacia el camino, en dirección contraria a la fachada de acceso.


A finales del s. XV una fuerte remodelación la transforma y construye la arquitectura que encontrados en términos generales, salvo las pequeñas remodelaciones del s XVIII y XIX, y la fuerte subdivisión del s. XX y su transformación epidérmica. En torno al 1500 se estructuran los niveles del edificio de manera radical y que ahora tendrá varias alturas. El perímetro de la casa se estabiliza a partir de ampliar hasta el camino el límite oeste y se conservan los tres cuerpos de construcción originales, consolidando el esquema en L que aporta ya la planta desde sus primeros momentos.

A finales del 1400 la alquería se consolida en una planta noble sobre el cuerpo Sur donde se desarrollarán las salas principales de la vivienda señorial. Salas de grandes dimensiones, poco adjetivadas, con ventanales flanquedos por festejadors, articuladas las salas entre sí por pequeñas puertas de yeserías en sus extremos. Salas a las cuales se accede por una escalera de corto trazado, a la manera de entreplanta gótica, desde el gran vestíbulo de acceso; un espacio de gran altura, de viguetería policroma, a partir del cual se estructura toda la alquería: las cocinas, las salas principales, las estancias del servicio, el ámbito agrario, incluso un sistema de lagar y bodegas, posiblemente del s. XV, que han sido un hallazgo, etc. Escaleras y puertas a distintas alturas, fragmentos de antiguos trazados, huellas de arcos cegados, otros abiertos, saeteras, pequeños huecos para ventilación de los humos, crean un universo interno de una complejidad casi fascinante.

De esta época podemos reseñar un cierto regusto en el tratamiento del espacio, donde los arcos adquieren un particular protagonismo, evidenciando sobre ellos la gravitación de las grandes masas de los muros de tapiales. Líneas murárias potentes pero muy perforadas en su base por medio de arcos de formas y proporciones muy distintas, arcos apuntados, de medio punto, rebajados, yeserías flamígeas de gran complejidad que nos acercan a un gusto casi bizantino en el tratamiento del espacio.

Existen fragmentos coherentes de otras épocas que se han conservado dentro de la arquitectura del S. XV- XVI que hemos tomado como referencia en la restauración, es el caso de la cocina de inicios del s. XIX, una cocina rural bien conservada, completa, con un buen ejemplo de chimenea y un espléndido sistema hidráulico doméstico en perfectas condiciones. Restos de escaleras tardomedievales, junto a fragmentos de escaleras dieciochescas. Pero sobre todo se han conservado huellas de épocas pasadas, o bien mas actuales: arcos, dinteles, fragmentos de muros.

La intervención se apoya en dos pilares importantes: la métrica y la materia. La primera nos ayudará a entrar en la escala adecuada, a proporcionar lo espacios y los objetos. La materia nos permite conservar una atmósfera, restaurar y mantener las huellas de una cultura y a la vez posicionarnos en una intervención que no rechaza la técnica y los materiales contemporáneos, permitiendo distanciar formal y conceptualmente las distintas etapas de este edificio; entendiendo como etapa del mismo la actual intervención, evitando a ser posible el regusto en el detalle de lo contemporáneo.


Hemos utilizado la lógica de la métrica valenciana clásica y esto ha sido incluso importante para poder leer la arquitectura existente, pero también para pensar sobre la idea, sobre la restauración. A partir de la métrica valenciana hemos buscado las huellas de los primeros niveles de forjados antiguos, para ello hemos rastreado  sobre las alturas de 3,61m, de 16 palmos valencianos, de 4 varas, lo cual es una constante en la construcción del espacio habitable en la Valencia tardomedieval. Ello  permite hacer lecturas ajustadas dentro de un edificio complejo y muy transformado en el tiempo. De la misma manera, podemos conocer los anchos de las fábricas murarias portantes, generalmente de dos pies, de 45,2 cm, construidas con ladrillos de 31,6 cm para generar trabas de pie y medio. Los anchos de antiguas puertas, de 4 palmos, de seis palmos, de 8 palmos que nos da una anchura de 1,81 metros.

Los encofrados de hormigones, de la misma manera que los cofres de los antiguos tapiales, son de un palmo valenciano, lo cual nos proporciona una escala unitaria para todo el sistema, acentuado con las medidas de escaleras, de huecos de ventanas, de interejes de viguetería, etc. Estos cofres moldean el hormigón ligeramente coloreado, el único material que construye las nuevas fábricas y resuelve, como hemos dicho, recalces y trasdosados de muros.

El resto de las fábricas se restauran, se conservan, se raparan ligeramente, según el caso, manteniendo al máximo la materia que nos ofrece la arquitectura existente: tapiales, fábricas de ladrillo, arcos y dinteles, sillería, viguetería de madera, entabacados de ladrillo, solados de arcilla , morrillo o azulejería, carpinterías de madera y rejería de hierro forjado. La vinculación con la técnica, con la industria, considero es una condición a la cual no debemos renunciar en ningún momento de la historia, por ello, en este nuevo milenio el edificio de la alquería inicia su singladura desde materiales contemporáneos que la apoyan en su viaje por la historia: hormigón en sus fábricas, en sus nuevas escaleras, y acreo inoxidable y vidrio en carpinterías e instalaciones, materiales trabajados desde una puesta en obra directa, muy próxima a esa condición de lo constructivo que encontramos en lo rural.

La intervención pretende que el edificio en esta nueva etapa, en la cual ya no es una factoría agraria, nos permita valorar la arquitectura por si misma, la materia y las fábricas por si mismas. Nos permita evocar una determinada relación perdida con la tierra, aproximándonos al recuerdo de aquel ancestral arraigo que proviene de la proximidad con la tierra y lo que en ella producen los hombres y las mujeres de un pueblo.