domingo, 1 de noviembre de 2020

Cementerios de Altea. Proceso histórico y arquitectura, por Miguel del Rey

             El cementerio de Altea que hoy conocemos es el tercero de los existentes desde la refundación de la villa en 1617. El primer cementerio estaba situado al lado sur de la iglesia, entre ésta y el propio castillo, dentro de la fortaleza. En el siglo XVIII se traslada y se sitúa en el llamado Cantó de la Promesa, en la parte norte del camino de Polop o de Alcoi, donde ahora se encuentra la villa “Quatre Vents”.

Panteón de Don Cristoval Salvá, una elegante arquitectura dentro del eclecticismo neogriego

            A instancias de Don Luis Martínez i Beneyto, que regala hacia 1870 al Ayuntamiento de Altea los terrenos, se traslada el cementerio a su actual ubicación. En origen se definió a partir de una planta cuadrada compuesta por cuatro cuarteles, con dos ejes principales que se cruzan en la cruz central y un deambulatorio perimetral rodeado de pabellones de nichos que se fueron construyendo en el tiempo. Los cuarteles centrales estuvieron siempre dedicados a tumbas en tierra y a la construcción de panteones. Incluía desde origen una capilla con ábside semicircular inmediata al acceso, con puerta interior y exterior, capilla que pertenece a las arquitecturas modestas y populares que en su época construyen el nuevo cementerio; una época de calamidades con una mortandad espeluznante tras la epidemia de cólera morbo que azotó el pueblo y fue la razón de ubicar este nuevo cementerio alejado, en aquel momento de la población, siguiendo las recomendaciones higiénicas de la época y el empeño filántropo y humanitario del benefactor, empeñado en luchar contra esta epidemia, no solo en su pueblo, sino, como diputado en Cortes, en toda la Nación.

Plano del actual cementerio y ubicación de sus principales arquitecturas. Plano MdR

Determinadas familias han levantado a lo largo del siglo XIX y XX panteones de estilos muy variados que configuran en gran medida el paisaje interno de esta ciudad de los muertos. Entre las arquitecturas a destacar podemos citar una serie de panteones que quizás se puedan agrupar estilísticamente de la siguiente manera:

Clasicismo popular.-

A este estilo corresponden los más antiguos panteones alteanos, ambos de época fundacional, la década de 1860-70. Se distinguen por su condición popular dentro de la tradición clásica del momento. El primero es el de la familia Benimeli (A) basado en la interpretación de un tema clásico del iluminismo: el prisma y la cúpula. Sobre un prisma con fachadas compuestas por hornacinas tripartitas en cada una de sus caras, donde se situaría la puerta centrada en una de ellas mientras que el resto albergarían lápidas familiares, se eleva un tambor sobre el cual descansa una tímida cúpula semiesférica cubierta de teja vidriada por piezas de difícil ajuste, dadas las pequeñas dimensiones de su arquitectura.

                                                                Panteón de la familia Benimeli

El otro de los panteones de este estilo alberga los restos del filántropo que cedió los terrenos para el cementerio, el de la familia Martínez-Benimeli (B). Es un prisma sobre el cual se eleva una pirámide de base cuadrada revestida de teja alicantina vidriada en azul cobalto. Una pieza sencilla y poco retórica.


                                                           Panteón de la familia Martínez-Benimeli

Arquitecturas neogriegas.-

Tenemos dos edificios de particular interés, posiblemente salidos de la misma mano: el panteón de Don Cristoval Salvá (C) y el de Don Joséf Muñoz (D). Su estructura es similar, quizás más rotundo el segundo, aunque su máxima diferencia radica en la configuración de la puerta de entrada, el primero neogótica y el segundo adintelada y clasicista. En ambos encontramos una composición con fuerte impronta ecléctica y tres condiciones que marcan su arquitectura: disposición centrada y simétrica de los elementos y un pórtico enmarcado por pilastras con capiteles de referencias jónicas, donde la cruz triunfa sobre la voluptuosidad de las espirales clásicas llevadas a su mínima expresión, en el caso de la familia Salvá. Capiteles que soportan un arquitrabe donde se desarrolla ampliamente el nombre de la propiedad. En el caso de la familia Muñoz este pórtico se compone con columnas jónicas clásicas. En ambos, la composición se remata con un frontón neogriego que nos recuerda en su formas básicas a los ejercicios compositivos de las Bellas Artes de mediados o finales del siglo XIX, inspirados en la estética próxima al mundo ático. En el caso alteano incorporando en el frontón un bajorrelieve con el motivo poético del volar del tiempo, interpretado aquí por un reloj alado, en el caso de Salvá. Mientras que en el caso del panteón Muñoz se recurre al repertorio funerario cristiano.

                                                        Panteón de la familia Muñoz

Neoclasicismo moderno.-

Dos panteones se pueden distinguir dentro de estilos próximos a interpretaciones de lo que podríamos considerar un clasicismo moderno, propio de las arquitecturas a la moda en los primeros años del siglo XX. Uno de ellos, el panteón Gozalbez (E) que sobre un edificio en planta de cruz dispone de uno de los frontones más característicos e interesantes alteanos, mostrando un gusto particular de referencias escandinavas con un frontón incompleto en su base, elevado de manera exagerada a partir de las pilastras laterales, formando un perfil agudo con un amplio juego de sutiles golas y escocias que potencian la planeidad de la fachada. Los pseudo sillares, la cubierta y la propia carpintería de la puerta, con su traza, no están a la altura de este elegante perfil neoclasicista construido en torno a 1905.

El panteón de la familia Nieto Fernández - Ferrer Sendra (F) muestra una fachada escueta, lisa y bien proporcionada, construida con piedra arenisca, donde destaca una estrecha y profunda puerta de pocas arquivoltas y pilastras vaciadas en la propia piedra, su condición másica contrasta con lo liviano de las esquinas apilastradas. Una escocia bien trazada nos marca la línea de impostación desde la cual se levanta el perfil de un frontón, quizás el más dudoso de los elementos de su arquitectura, que sirve de excusa para situar una peana desde la cual un ángel nos indica el silencio propio del lugar. Un zócalo impropio, rompe la poética de una elegante arquitectura.


                       Fragmento de la calle de acceso en la entrada del cementerio

La propuesta neogótica.-

                                                      Panteón de la familia Jorro

        El panteón de la familia Jorro (G) es un ejercicio de trazas potentes, muy matérico, donde el trabajo de sillarejos de piedra de les Quintanes es verdaderamente poderoso. Un gran pórtico gotizante de trazas duras y sección poco cuidada, define la fachada principal en un conjunto quizás más interesante por el oficio sobre la piedra y sus texturas que por su arquitectura. Su actual situación es de ruina de la estructura de cubierta.

 




No hay comentarios:

Publicar un comentario