miércoles, 26 de marzo de 2014

Alquería del Peix- Albuixech





L'Alqueria del Peix constitueix un dels conjunts constructius rurals en peu més antics i importants del terme d'Albuixech prop del límit amb Museros.

L'alqueria està constituïda per un grup arquitectònic de diferents volums , que ofereix una figura global de planta quadrangular, tancada per tots els costats. La forma i tipologia del seu volum principal, obeeix al clàssic model d'edifici compacte d'una sola crugia, amb coberta a una sola aigua. En aquest volum o nucli original de l'alqueria, s'observa en primer lloc un immoble de dues altures construït amb murs de tàpia i una rematada amb coberta a una aigua inclinada cap a la façana; la factura ens remet a altres edificis similars d'aquesta comarca que remunten el seu origen cap als segles XIV i XV . No obstant això, és apreciable en aquesta unitat principal, i després en la forma i materials, de les unitats constructives adjacents -aquí s'observa la presència alterna de rajola i maçoneria - la realització d'una important reforma constructiva, aproximadament entre finals del segle XVII i inicis del set-cents, que va donar pas de manera general a l'actual fisonomia d'aquesta alqueria.

Els episodis d'estructuració més moderna de l'edifici, entorn del segle XVIII , són perceptibles mitjançant el recrescut de rajola sobre la fàbrica anterior , detall aquest observable en les diferents cares de l'edifici principal, i la successiva obertura d'una línia d'obertures, d'acord amb la verticalitat que posseïen els buits d'aquests edificis en èpoques posteriors a la medieval .

La unitat lateral - posterior d'aquesta alqueria , en principi una edificació més moderna , està formada per un volum d'una sola alçada i una coberta a una sola aigua . Aquest cos constructiu té una entrada principal flanquejada per dos buits reduïts , on a la part alta del seu arc d'entrada , hi ha un reduït panell ceràmic de forma horitzontal amb el nom d'aquesta alqueria: "Alqueria del Peix".

 

Actualment tot i que el conjunt d'aquesta alqueria manté en peu la major part de la seva factura original, es troba en un estat deficient de conservació , donada la seva utilització marginal i ocasional.

L'Alqueria del Peix mostra a l'exterior diferents fàbriques constructives , que ens remeten d'una banda, a la complexitat estructural del seu conjunt , i per altra banda , a una promíscua ocupació a través del temps , que ha provocat una dilatada evolució arquitectònica al immoble, fruit de les múltiples transformacions dels seus usos agrícoles.

Informació extreta del Catàleg de Béns del PATH . Autor texte i fotos Miguel del Rey

 

Alquería del Peix constituye uno de los conjuntos constructivos rurales en pie más antiguos e importantes del término de Albuixech cerca del linde con Museros. 

La alquería esta constituida por un grupo arquitectónico de distintos volúmenes, que ofrece una figura global de planta cuadrangular, cerrada por todos sus lados. La forma y tipología de su volumen principal, obedece al clásico modelo de edificio compacto de una sola crujía, con cubierta a una sola agua. En este volumen o núcleo original de la alquería, se observa en primer lugar, un inmueble de dos alturas, construido con muros de tapial y un remate con cubierta a una agua inclinada hacia la fachada, cuya factura, posiblemente, nos remite a otros edificios similares de esta comarca que remontan su origen hacia los siglos XIV y XV. Sin embargo, es apreciable en esta unidad principal, y luego en la forma y materiales de las unidades constructivas adyacentes —aquí se observa la presencia alterna de ladrillo y masonería— la realización de una importante reforma constructiva, aproximadamente entre finales del siglo XVII e inicios del setecientos, que dio paso de manera general a la actual fisonomía de esta alquería.

Los episodios de estructuración más moderna del edificio, en torno al siglo XVIII, son perceptibles mediante el recrecido de ladrillo sobre la fábrica anterior, detalle este observable en las distintas caras del edificio principal, y la sucesiva apertura de una línea de vanos, acorde con la verticalidad que poseían los huecos de estos edificios en épocas posteriores a la medieval.

La unidad lateral-trasera de esta alquería, en principio una edificación más moderna, esta formada por un volumen de una sola altura y una cubierta a una sola agua. Este cuerpo constructivo posee una entrada principal flanqueada por dos huecos reducidos, donde en lo alto de su arco de entrada, figura un reducido panel cerámico de forma horizontal con el nombre de esta alquería: “Alqueria del Peix”.

Actualmente aunque el conjunto de esta alquería mantiene en pie la mayor parte de su factura original, se encuentra en un estado deficiente de conservación, dada su utilización marginal y ocasional.

La Alquería del Peix muestra en el exterior distintas fábricas constructivas, que nos remiten por un lado, a la complejidad estructural de su conjunto, y por otra parte, a una promiscua ocupación a través del tiempo, que ha provocado una dilatada evolución arquitectónica en el inmueble, fruto de las múltiples transformaciones en su usos agrícolas.


lunes, 24 de marzo de 2014

La última lección griega por Miguel del Rey


La última lección Griega
por Miguel del Rey

Publicado en VIA-O7
Http://via_017. La última lección griega / Last Greek lesson


konstatinidis-pabellon 1952

Viajar por Grecia siempre tiene algo de iniciático, es como un nuevo bautismo en una cultura que siendo común y primigenia, el tiempo, la distancia, los ritmos, el idioma, le han adherido tantas cosas a la versión recibida por nosotros, que hacen particularmente atractiva la relectura desde el lugar. Al visitarla de nuevo: las formas y sus ruinas, la luz, la materia y el espacio, todo aquello que se ha ido forjando en la mente por la lectura y la imaginación, hacen que la realidad tome un sentido y una dimensión distintos. Recorrer la Vía Sacra en Delfos, por ejemplo, no solo es subir su quebrado trazado y aprehender con los sentidos la forma, el ritmo y la disposición de los Tesoros para luego llegar al Santuario y disfrutar las ruinas del templo; es contemplar la inmensidad de un paisaje conmovedor, donde el viento encrespa los verdes y glaucos de sus bosques de olivos y como estos árboles lo llenan todo, texturan el territorio desde las montañas hasta el fondo de los valles, y a lo lejos se confunden los azules del cielo y del mediterráneo en una naturaleza sin fin; naturaleza de la que bebía la Sibila y desde la que obtenía su visión cósmica.

La tierra griega y su cultura generan lugares y focos de intensidad insospechada, en muchos casos de difícil acceso; por ello el viaje debe ser elaborado de manera detenida y paciente. En un reciente viaje, junto a otros compañeros, nos aproximamos a ese mundo algo pretérito de lo griego, donde uno de los viajeros,  V. Vidal, veía en las ruinas visitadas "un último episodio estable de la forma", tomando así un valor singular, por supuesto mucho más interesante que cualquiera de las poco sorpresivas reconstrucciones obscenas de los monumentos del pasado que desgraciadamente proliferan en Epidauro y que pronto veremos en la propia Acrópolis ateniense, por decir dos lugares mágicos. Aunque me refiero a las ruinas, no solo incluyo en ellas las del mundo clásico; incluyo también los restos, y en algunos casos las ruinas, de una modernidad espléndida, y en muchos casos abandonada, que encontramos en las playas o próximas a los paisajes más característicos de esta tierra.

El dramatismo del paisaje está algo inmerso en esa condición a la vez épica y nostálgica de que el pasado parece que siempre ha sido mejor que el presente, pero esto en cada momento de la historia, incluso en esa última etapa tan coherente de modernidad. Aunque con una condición: se atisba una posibilidad de futuro en el paisaje, al menos en el rural, hay un paisaje potencial de gran calidad, cuestión perdida en ésta costa occidental del mismo mar. Así pues es una tierra, la griega, donde se unen pasado y futuro, y donde el presente es quizás una circunstancia no principal. De entre lo visitado, unos de los lugares y arquitecturas que más me impactaron fueron las instalaciones turísticas de aquella modernidad de los años 50. Una arquitectura y un paisaje con unos momentos de plenitud como es difícil encontrar, vinculado directamente con el pensamiento y las obras que se está elaborando tanto en los arquitectos experimentalistas de la costa oeste americana, como aquellos grandes segundos de la modernidad europea que en esos años están produciendo sus mejores obras en los países sajones y escandinavos.

A Konstatinidis Motel Xenia en Poliouri 1962


Astir Beach Resort_Gyifada_Vassiliadis_1957-59



A Konstatinidis-mikonos1960 


La fecundidad arquitectónica griega de este momento quizás se puede entender tanto por la sintonía ideológica como por el apoyo económico con el bloque aliado tras la Guerra, por el Plan Marshall, o quizás por su fuerte conexión greco-americana a través la emigración a aquel país; no hay que olvidar el sentimiento de apoyo a un país por parte de las potencias triunfantes en deuda al sufrimiento nacional griego en la II Guerra Mundial. Tampoco hay que olvidar esta tierra como bastión occidental en un mundo demasiado próximo al Telón de Acero en una “guerra fría” necesitada de imágenes desde donde propagar un modelo de vivir, en este caso frente a las mismas puertas del Mar Negro, un mar comunista donde se cobijaba la gran flota soviética. Quizás la arquitectura trasmite en sus formas e imágenes una cuestión nacional y pro-occidental frente a otro modelo, el turco, ambivalente en su sentimiento de amor y odio entre la occidentalización y su potente tradición otomana.

Visitaremos la obra para infraestructura turística de dos arquitectos principales de estos años: Aris Konstatinidis con sus trabajos para la red de Moteles Xenia en lugares de un particular valor histórico y cultural: Mikonos, Kalampaka, Epidauro, etc., y las obras del equipo formado por Vassiliadis, Vourekas y Sakellarios, en particular  el “Astir beach and resort” en Glyfada. Arquitectos presentes en alguna monografía de arquitectura griega editada en España, aunque no demasiado conocidos en el panorama europeo contemporáneo a pesar de haber construido una obra espléndida; obra poco valorada por la propia sociedad griega, ya que salvo las referencias en las guías de arquitectura, no son fáciles de conseguir las monografías de estos interesantes autores, incluso, ni en las mejores librerías especializadas de Atenas.



A Konstantidinis-Hotel Epidauro1962 

En el caso de Aris Konstatinidis hay dos imágenes de obras de posguerra de una poética interesante: Una casa para fines de semana (1951) y un pabellón en Tesalónica  (1952), donde el realismo constructivo desemboca en un cierto brutalismo y donde está presente una fresca economía de medios. Su aproximación a cultura popular, intentando beber de nuevo en los orígenes de una riquísima arquitectura vernacular,  serán los pilares desde donde reinicia un discurso moderno que se aparta de una intención y un discurso típicamente vanguardista, para recorrer caminos donde el experimentalismo toca tierra y se fortalece a la manera como en el resto de Europa está sucediendo cuando empiezan a reinterpretarse tanto las sensibilidades que provienen del lugar, como la manipulación de los materiales que la industria ofrece, olvidándose de la  fascinación por lo industrial y deseando obtener los máximos beneficios de un sistema, el industrial, que genera buenos productos a los que el arquitecto adecua para su obra desde muy distintas perspectivas.


Quizás una condición a señalar es el discurso compartido de estos arquitectos de mediados del s XX. La  trabazón cultural entre su obra y aquellas otras que están construyendo uno de los momentos más atractivos de la modernidad. Por poner unos ejemplos: sus planteamientos espaciales y constructivos al abordar la arquitectura de la casa, tanto en su relación con la tradición constructiva como en los materiales utilizados,  tan próximos a la manera como los plantea J. Utzon en sus proyectos de viviendas unifamiliares al norte de Copenhague, o más tarde en sus casas de Mallorca. La correspondencia con ciertos planteamientos seccionales, en este caso con la obra de A. de la Sota y su Residencia Infantil de Verano en Miraflores de la Sierra (1957) que nos viene a la memoria al observar proyecto del hotel Xenia en Kalampaka (1960) de A. Konstatinidis cuando aborda su relación con una particular topografía del lugar. La correspondencia formal con las arquitecturas que en Punta Martinet construirá J. L. Sert a mediados de los años 60, etc... Sin olvidar una cierta conexión americana, aquella que proporcionan la liviandad de las estructuras en el caso de Vassiliadis, Vourekas y Sakellarios, tan próximas a los sistemas de las “case studio”, resuelta en madera pintada de ajustada sección y de cuidado diseño en sus apoyos en el suelo; y que también podemos ver en los interiores de los vestíbulos de los hoteles Xenia, donde encontramos los muebles de Ch. Eames está produciendo en California en fechas coincidentes con la propia presentación del producto, depositados sobre suelos de losas de piedra caliza, dentro de la mejor tradición griega desde la cual en esa época D. Pikyonis esta reelaborando todo un discurso formal en las proximidades de la Acrópolis.


Pykionis itinerario por el Filopapou frente a la Acrópolis

De la obra de Vassiliadis, Vourekas y Sakellarios visitamos el proyecto antes citado del motel en la playa de Glyfada (1957), remplazando una antigua instalación turística destruida durante la guerra, nos muestra quizás uno de los ejemplos más elegantes de esa modernidad a la que se abrió la Grecia de mediados del s XX. Es una obra donde la arquitectura, su disposición en la misma línea de costa, el paisaje y la intervención sobre el mismo, son un todo. Las relaciones entre los distintos bungalows son interesantes, disponiendo de espacios semipúblicos de gran calidad, así como de atractivas relaciones interior-exterior en cada apartamento, donde aparecen espacios de una ambigüedad encomiable en este tipo de habitaciones.





Vassiliadis y otros-Astir Beach Resort 


Croquis de uno de los apartamentos por Vicente Vidal


La vista del cabo de Glyfada desde la concha de la playa nos presenta una propuesta adecuada a un paisaje frágil, resuelta de manera ajustada a pesar de su ubicación inmediata a la propia línea de costa; allí encontramos ciertas reglas propias de una buena disposición  de las formas, tanto por su tamaño, como por el ritmo en están distribuidas en el espacio, procurando siempre  que las copas de los pinos superen en doble de altura de cubierta de unos bungalows adosados en grupos de cuatro o cinco unidades. Hay que destacar la escala de los grupos de apartamentos y su ubicación en el bosque, en terrazas levantadas por muros de piedra en seco, los mismos que construyen los fragmentos murarios de los cierres de los propios apartamentos, Son grupos de  que entran en escala como fragmentos que colonizan un bosque en un equilibrio atractivo entre naturaleza y artificio.

Pero es quizás la planta de los pequeños apartamentos, su relación interior-exterior, la métrica, su sección constructiva y los materiales que concretan la obra, lo que se queda más grabado tras una visita al lugar. No se trata en este caso de una obra de vanguardia; está alejada de esa condición, pero la arquitectura no ha perdido aquella idea de lo social, en este caso se trata de concretar una imagen que quizás esté a mitad de camino entre una aproximación al modelo americano de vivir o a la utopía socialdemócrata en las aguas del mediterráneo. Las imágenes de la época son todo un manifiesto de un estilo de vivir.

El uso de materiales dosificando aquellos que provienen del lugar y aquellos que provienen de la industria, es interesante ya que, junto a la caliza blanca de los muros que pertenecen a la tierra, encontramos el ajustado diseño de pies derechos de madera compuestos de doble perfil unido por conectores que a la vez de aumentar la inercia del soporte, nos permiten la conexión fácil con la viguetería de madera, toda ella pintada en blanco, bien protegida, aislada del suelo y ensamblada entre sí por piezas de acero galvanizado. Una cubierta metálica y ligera se apoya sobre un entrevigado de madera acabado en un pico de flauta que evita su exposición excesiva al exterior y aumenta su ligereza visual. La cubierta, ligeramente inclinada, el trasdós interno en el techo que permite la ventilación y aclimatación  de las estancias interiores en los días calurosos, nos hablan de la disposición de las cosas y las formas a través de oficios diestros que manipulan aquello que ofrece la industria. Su realidad constructiva es austera, ajustada, tan necesaria que no admite duda en su coherencia formal, estabilizada por esos fragmentos de muros de caliza que la unen a la tierra y nos hablan de ese lugar físico y cultural. 



La disposición del espacio interno nos ofrece una distribución eficaz: un borde de servicios y una estancia única donde se dispone el espacio para dormir en un fondo, quedando un espacio para el uso diurno que es capaz de permitir múltiples configuraciones a través de sus posibles expansiones hacia los espacios exteriores cubiertos. Puertas correderas, mamparas giratorias que nos abren el espacio y conectan exterior e interiores, que nos aproximan cuando lo deseamos a los espacios semipúblicos,  o que nos permiten una privacidad necesaria en ocasiones en este tipo de habitáculos.

De la obra nos queda una ruina excesivamente próxima, que aún no ha llegado a un grado de estabilidad adecuado para poder apreciar esa belleza que solo podemos disfrutar cuando la traza y la materia es depurada por el tiempo. Está demasiado próxima su condición de utilidad, su concreción, para que podamos distanciarnos en el tiempo y sumergirnos en la transformación estética que tras desnudar las formas de todo aquello que le sobra para convertirse en pura traza y en materia que es devuelta poco a poco a la propia naturaleza.











sábado, 15 de marzo de 2014

LLengues de Palmar-Calvet en València



Aquest partidor es troba sobre el rec del Palmar, un vessament peculiar de la zona entre València i Alboraia, que en els últims anys ha entrat a formar part de la sèquia de Rascanya, estant situat a uns 280 m. aigües avall de les anteriors llengües de Palmar - Masquefa. Correspon la seua ubicació a la partida del Racó de Sant Llorenç, al terme municipal de València, entre l'actual avinguda Hermanos Machado o ronda nord al barri d'Orriols, i els termes municipals de Tavernes - Blanques i Alboraia. S'accedeix al lloc per un camí que parteix de l'entrada a les noves cotxeres del metro situades al costat d'aquesta ronda nord.

Donada la seua localització sobre aquesta sèquia, la construcció no correspon a la lògica de la creació dels sistemes hidràulics de l’Horta per la qual cosa no es pot assegurar per ara que els seus orígens siguin d'època medieval islàmica. És cert que hi ha referències dels segles XIV i XV a aquestes sèquia del Palmar pel que almenys se li pot atribuir una data baix medieval per a la seua creació. Sens dubte s'ha mantingut durant segles fins a la recent reconstrucció del caixer de la séquia en formigó .

Aquest partidor , com tots els del tipus de llengua consisteix en un tallamar de pedra situat al centre de la sèquia del Palmar i el qual divideix l'aigua en dues parts proporcionals entre els dos braços que neixen des d'aquí : per l'esquerra , sortint en angle recte cap Alboraia , continua l'esmentada séquia del Palmar en direcció fins al mar. Mentre que , per la dreta , segueix la sèquia de Calvet que actualment segueix pel marge urbà meridional de la població d'Alboraia.



Este partidor se encuentra sobre la acequia del Palmar, una escorrentía peculiar de la zona entre Valencia y Alboraia, que en los últimos años ha entrado a formar parte de la acequia de Rascanya; estando situado a unos 280 m. aguas abajo de las anteriores lenguas de Palmar - Masquefa. Corresponde su ubicación a la partida del Racó de Sant Llorenç, en término municipal de Valencia, entre la actual avenida Hermanos Machado o ronda norte en el barrio de Orriols, y los términos municipales de Tavernes - Blanques y Alboraia. Se accede al lugar por un camino que parte de la entrada a las nuevas cocheras del metro situadas junto a dicha ronda norte.

Dada su localización sobre esta acequia - escorrentía, su construcción no corresponde a la lógica de la creación de los sistemas hidráulicos de la Vega de Valencia por lo que no se puede asegurar por ahora que sus orígenes sean de época medieval islámica. Es cierto que hay referencias de los siglos XIV y XV a estas acequia del Palmar por lo que al menos se le puede atribuir una fecha bajo medieval para su creación. Sin duda se ha mantenido durante siglos hasta la reciente reconstrucción del cajero de la acequia en hormigón.

Este partidor, como todos los del tipo de llengua consiste en un tajamar de piedra situado en el centro de la acequia del Palmar y el cual divide el agua en dos partes proporcionales entre los dos brazos que nacen desde aquí: por la izquierda, saliendo en ángulo recto hacia Alboraia, continua la citada acequia del Palmar en dirección hasta el mar. Mientras que, por la derecha, sigue la acequia de Calvet que actualmente sigue por el margen urbano meridional de la población de Alboraia.

Fuentes Documentales: Trabajos de campo y Documentación parcialmente extraída del texto preliminar del Plan de Acción Territorial de la Huerta de Valencia. Catálogo de Bienes Culturales en ámbito no urbano de Valencia, Autor Miguel del Rey