sábado, 5 de marzo de 2016

Se ha roto un paisaje. Sobre el Camí del Pouet. Por Miguel del Rey y Antonio Gallud

Se ha roto un paisaje. Sobre el Camí del Pouet.
Por Miguel del Rey y Antonio Gallud
Publicación para el Homenaje a Eduard Pérez. Campanar. Marzo de 2016 
Castellano / Valenciá


                  Hace unos años en un semanal del País sobre arte y arquitectura, Luis Fernández Galiano escribía un artículo en el cual contraponía a la Ley del Suelo, una necesaria Ley de la Tierra; “aquella que aporta la lógica del territorio, que se apoya en los valores que nos ofrece la tierra”, valores de muy diverso orden y que pueden englobar desde aspectos geográficos, a monumentales, históricos, plásticos, etc.  La ley del Suelo, o como se llame en este momento, pues es una ley mutante, pertenece a lo que entenderíamos como una de las leyes de la civilización, por contraposición con las leyes de la cultura, en un mundo global.

El ámbito de la cultura incluye lo que es propio de un grupo, de una sociedad mas o menos acotada, que en ocasiones puede volver la mirada hacia sus ancestros, hacia sus vínculos perdidos con la naturaleza. Tradición, lengua, cultura en todas sus facetas, son manifestaciones de este mundo de la patria chica. Lo rural en este caso es paradigma de la cultura, pues nos acerca a los orígenes, a los ancestros.

Existe por supuesto un segundo ámbito, valido, que debiera mantenerse en equilibrio con el anterior; lo constituye la civilización, vinculada al pensamiento de los pueblos y las relaciones entre sociedades, siendo su escenario la ciudad y su escala las naciones, los grandes territorios. Es el ámbito de unos hombres cada vez mas alejados de la tierra, pero cada vez más libres de su propio destino, donde la amnesia se transforma en una fuerza fecunda frente a la atadura inmovilista de la memoria o de la presión social.

           Un equilibrio entre ambos ámbitos es lo necesario para las personas en nuestro momento histórico. Y eso es pecisamente lo que se rompió de manera brutal en el proceso de urbanización del entorno del Camí del Pouet. La muerte del Pouet y las posteriores amputaciones del resto del patrimonio, son producto de batallas perdidas en una sociedad que vivía momentos de triunfo de lo urbano como antítesis de lo rural, como si ambos fueran necesariamente incapaces de una coexistencia, ya no solo en lo urbano, sino, como es el caso, en lo metropolitano.



Con el Pouet se perdió un trazado y un paisaje, unas arquitecturas y una sociedad que las habitaba. De aquello queda la memoria y unas pocas construcciones descontextualizadas. Sus trazas violentamente borradas por una concepción impropia de las ciudades, de los países y las sociedades civilizadas, en las que es necesario asumir el proceso de transformación cuidando en no borrar las huellas que nos identifican con nuestra historia como pueblo.

Por qué nos interesaba aquel paisaje?

                  Situado en el entorno de las acequias de Mestalla y Rascanya, al Suroeste de Campanar, el Camí del Pouet tomaba el nombre de un pozo de uso público situado en una de las dilataciones del conjunto de las casas del Racó del Pouet. El camino se formaba tras una bifurcación hacia el Sur del Camí del Cementeri que parte desde Campanar. Su entorno fue un lugar tradicional de implantación de arquitecturas desde tiempo inmemorial, como nos dan noticia tanto la cartografía histórica, como las propias construcciones, sus tipos y fábricas. Desde el siglo XIV tenemos datadas construcciones a lo largo del camino, de manera que lo hacían un lugar particularmente fertil para conocer el proceso de transformación de nuestra arquitectura, incluso el cómo habian ido cambiando conceptos como el de “alquería”, además de los tipos de casas que dieron cobijo a las distintas clases sociales a lo largo de la historia. 

                  Su ubicación entre dos acequias históricas y en su cabecera, nos permitía encontrar en el lugar un gran número de molinos y artefactos propios de  la cultura del agua, sistemas ancestrales, parcelaciones particulares de las propiedades, sistemas que nos ofrecían una gran información antropológica sobre nuestro pueblo. De ahí el gran interés de esta zona. Por ello la lucha que se llevó a cabo y gracias a la cual se salvaron algunas casas, que se conservaron en un contexto en el que siempre han sido ajenas, pues  eran invitadas a un convite al cual no se las esperaba.

 Qué arquitecturas encontramos?

                  En el inicio del camino podíamos encontrar cerca del Molino del Conde, la Alquería de Victoria, una granja agraria de finales del XIX. Próxima a ella, encontrábamos  la esbelta y potente barraca de Llenya. Tras un grupo de casas adosadas se llegaba a la Alquería de Puchades, una compleja estructura agraria. A partir de aquí el camino cambiaba de ritmo, las edificaciones se espaciaban, apareciendo alternativamente a ambos lados. Las vistas se abrían y aparecían  fragmentos de huerta en todo su esplendor. El Foraster y Barberá, eran interesantes alquerías en esta parte del recorrido, hasta llegar al enclave del Pouet. Allí, el camino se dirigía hacia el Oeste, hacia el río Turia que está ya cercano. En pleno quiebro se encontraban los restos de la que fue una gran alquería señorial, la denominada de Nel.lo el Xurro derribada por la desidia. Alquería importante que albergaba tras ella el conjunto de Casas del Pouet, quizás, casas relacionadas con esta antigua alquería en sus momentos de esplendor. Allí, podrían habitar colonos y trabajadores de la propia alquería, donde se encontrarían infraestructuras de apoyo al mundo rural o doméstico de esta estructura del poblamiento medieval de la huerta.


                  Una pequeña ermita, de factura moderna y sin calidad arquitectónica, se ubicaba en una de las esquinas del quiebro del camino. En este nuevo recorrido, volvía a aumentar la densidad de construcciones en el lado Norte del camino. Alquerías como la de Bandera y la del Cristo se situaban en esta parte, edificios estos de poco interés arquitectónico. Mas adelante, hacia el sur, se espaciaban las construcciones y encontramos la Alquería de Benlloch o Belloc, un edificio con restos importantes de una antigua alquería medieval que ya es citada con este nombre en el Plano de Ascencio Duarte-S. XVI-. Al lado norte y junto a la acequia de Rascanya, encontrábamos la Alquería de Colóm. Frente a ella y al otro lado del camino, la alquería del Raio. Ambas alquerías, Colom y Raio, junto con el paisaje que ofrecía la acequia, tenían un interés paisajístico particular, que se complementa con el interés histórico, arquitectónico y etnológico de ambos edificios.

                  El recorrido del camino, en la parte que aquí nos ocupa, acababa al llegar a la Alquería del Rei, un conjunto complejo de edificaciones en torno a uno de los edificios más interesantes de la zona, una alquería típica de la arquitectura del XIV- XV valencianos, un BRL del Ayuntamiento de Valencia, que estaba en muy buen estado y tras su expropiación se ha abandonado y violentado.





S`ha trencat un paisatge. Entorn al Camí del Pouet

Fa uns anys en un setmanal del País sobre art i arquitectura, Luis Fernández Galiano escrivia un article en el qual contraposava a la Llei del Sòl, una necessària Llei de la Terra; "Aquella que aporta la lògica del territori, que es recolza en els valors que ens ofereix la terra", valors de molt divers ordre i que poden englobar des d'aspectes geogràfics, a monumentals, històrics, plàstics, etc.. La llei del Sòl, o com es digui en aquest moment, ja que és una llei mutant, pertany al que entendríem com una de les lleis de la civilització, per contraposició amb les lleis de la cultura, en un món global.

L'àmbit de la cultura inclou el que és propi d'un grup, d'una societat més o menys acotada, que en ocasions pot tornar la mirada cap als seus ancestres, cap als seus vincles perduts amb la natura. Tradició, llengua, cultura en totes les seues facetes, són manifestacions d'aquest món. El rural en aquest cas és paradigma de la cultura, ja que ens acosta als orígens, als avantpassats.

Existeix per suposat un segon àmbit, vàlid, però que en ocasions ha mantes un equilibri amb l'anterior, el constitueix la civilització, vinculada al pensament dels pobles i les relacions entre societats, sent el seu escenari la ciutat i la seua escala les nacions, els grans territoris; pròpia d'uns homes cada vegada mes allunyats de la terra, però cada vegada més lliures del seu propi destí, on l'amnèsia es transforma en una força fecunda davant del lligam immobilista de la memòria o de la pressió social.

Un equilibri entre tots dos àmbits és el necessari per a les persones en el nostre moment històric. I aquest és precisament el que es va trencar de manera brutal en el procés d'urbanització de l'entorn del Camí del Pouet. La mort del Pouet i les posteriors amputacions de la resta del patrimoni, són producte de batalles perdudes en una societat que vivia moments de triomf del que és urbà com a antítesi d‘allò rural, com si tots dos fossin necessàriament incapaços d'una coexistència, ja no només a lo urbà, sinó, com és el cas, en allò metropolità.

Amb el Pouet es va perdre un traçat i un paisatge, unes arquitectures i una societat que les habitava. D'allò queda la memòria i unes poques construccions descontextualitzades. Els seus traces violentament esborrades per una concepció impròpia de les ciutats dels països i les societats civilitzades, en les que cal assumir el procés de transformació cuidant a no esborrar les petjades que ens identifiquen amb la història com a poble.

Per què ens interessava aquell paisatge?

Situat a l'entorn de les sèquies de Mestalla i Rascanya, al Sud-oest de Campanar, al Camí del Pouet prenia el nom d'un pou d'ús públic situat en una de les dilatacions del conjunt de les cases del Racó del Pouet. El camí es formava després d'una bifurcació cap al Sud del Camí del Cementeri que parteix des Campanar. El seu entorn va ser un lloc tradicional d'implantació d'arquitectures des de temps immemorial, com ens donen notícia tant la cartografia històrica, com les pròpies construccions, els seus tipus i fàbriques. Des del segle XIV tenim datades construccions al llarg del camí, de manera que ho feien un lloc particularment fèrtil per conèixer el procés de transformació de la nostra arquitectura, fins i tot el com havien anat canviant conceptes com el de "alqueria", a més dels tipus de cases que van donar aixopluc a les diferents classes socials al llarg de la història.

La seua ubicació entre dos sèquies històriques i en capçalera, ens permetia trobar al lloc un gran nombre de molins i artefactes propis de la cultura de l'aigua, sistemes ancestrals, parcel·lacions particulars de les propietats, sistemes que ens oferien una gran informació antropològica sobre el nostre poble. D'aquí el gran interès d'aquesta zona. Per això la lluita que es va dur a terme i gràcies a la qual es van salvar algunes cases, en un context en què sempre són alienes, ja que no se les esperava en aquest convit.

 Què arquitectures trobem?

En l'inici del camí podem trobar prop del Molí del Comte, l'Alqueria de Victòria, una granja agrària de finals del XIX. Propera a ella, trobàvem l'esvelta i potent barraca de Llenya. Després un grup de cases adossades s'arribava a l'Alqueria de Puchades, una complexa estructura agrària. A partir d'aquí el camí canviava de ritme, les edificacions s'espaiaven, apareixent alternativament a banda i banda. Les vistes s'obrien i apareixien fragments d'horta en tot el seu esplendor. El foraster i Barberà, eren interessants alqueries en aquesta part del recorregut, fins a arribar a l'enclavament del Pouet. Allà, el camí es dirigia cap a l'Oest, cap al riu Túria que està ja proper. A la cruïlla es trobaven les restes de la que va ser una gran alqueria senyorial, l'anomenada de Nel·lo el Xurro enderrocada per la desídia. Alqueria important que albergava després d'ella el conjunt de Cases del Pouet, potser, cases relacionades amb aquesta antiga alqueria en els seus moments d'esplendor. Allà, podrien habitar colons i treballadors de la pròpia alqueria, on es trobarien infraestructures de suport al món rural o domèstic d'aquesta estructura del poblament medieval de l'horta.








Una petita ermita, de factura moderna i sense qualitat arquitectònica, se situava en una de les cantonades de la corba del camí. En aquest nou recorregut, tornava a augmentar la densitat de construccions a la banda nord del camí. Alqueries com la de Bandera i la del Crist se situaven en aquesta part, edificis aquests de poc interès arquitectònic. Més endavant, cap al sud, s'espaiaven les construccions i vam trobar l'Alqueria de Benlloch o Belloc, un edifici amb restes importants d'una antiga alqueria medieval que ja és citada amb aquest nom en el Pla d'Ascencio Duarte-S. XVI-. Al costat Nord i al costat de la sèquia de Rascanya, trobàvem l'Alqueria de Colóm. Enfront d'ella i l'altra banda del camí, l'alqueria del Raio. Les dues alqueries, Colom i Raio, juntament amb el paisatge que oferia la sèquia, tenien un interès paisatgístic particular, que es complementa amb l'interès històric, arquitectònic i etnològic de tots dos edificis.

El recorregut del camí, en la part que aquí ens ocupa, acabava en arribar a l'Alqueria del Rei, un conjunt complex d'edificacions al voltant d'un dels edificis més interessants de la zona, una alqueria típica de l'arquitectura del XIV- XV valencians, un BRL de l'Ajuntament de València, que estava en molt bon estat i després de la seua expropiació s'ha abandonat i violentat