miércoles, 27 de mayo de 2020

Un ángel en la frontera. Loa a Miguel Giner, por Miguel del Rey


Un ángel en la frontera. Loa a Miguel Giner*
Como continuación de la entrada sobre el Casino de Peparra, es interesante sacar a colación un personaje que nació y habito en ella y que tiene una honrosa y valiente historia que merece estar en la memoria de los alteanos y las personas de La Marina.


                                    Miguel Giner con uniforme del Cuerpo pericial de Aduanas
                                      Sello conmemorativo a Miguel Giner del Estado de Israel


La historia, ocurrida en la frontera pirenaica en 1943 en plena Guerra Mundial y cuyo protagonista es el alteano Miguel Giner, tiene los ingredientes de un guión cinematográfico, de una de esas historias calladas de riesgo, humanidad y grandeza de espíritu.

En el pequeño puesto fronterizo de Les en los primeros meses de 1943, en plena posguerra española y con la presión de la locura nazi en su máxima expresión, el responsable de la Aduana era Miguel Giner Giner. Un grupo de judíos formado por niños y mujeres junto a unos hombres que decían ser polacos, en un gran estado de excitación, intentan pasar la frontera huyendo del terror y cumpliendo órdenes no se les permite el paso. El responsable y su mujer –pues la aduana era el mismo domicilio conyugal- tras el altercado quedan desolados ante los gritos de socorro de estas personas al subir a un camión de alemán que los devuelve a Francia, una escena que no se les borraría de por vida. Unos días más tarde el alteano conoce de boca de un oficial alemán responsable de la frontera de Bagneres de Luchón la suerte de los desgraciados: “esos judíos que llegaron aquí y los que capturamos en las montañas se los entrego a los SS y la Gestapo, ellos los matan”. Estas palabra confirmaron las peores sospechas de Miguel Giner y fue plenamente consciente del horror, del destino de aquellas personas rechazadas en la frontera. Tras ello no solo cuestionó la moralidad de las órdenes recibidas, se dispuso a ayudar de manera callada a los cada vez más numerosos grupos de fugitivos de la barbarie que conseguían llegar por las montañas, labor que realizó apoyándose y facilitando la complicidad de ciudadanos anónimos del pueblo y con la callada colaboración de Dolores Llopis Benimeli, su mujer.



La historia se desveló no hace mucho tiempo tras una llamada telefónica de Vicente Giner, el hijo del matrimonio -un niño en aquella época- a un periodista de investigación, a Eduardo Martín de Pozuelo, quien reconstruyó la historia y la publicó en varios capítulos en “Magazine”, en “La Vanguardia” y en otros periódicos, a resultas de dar luz sobre unos hechos que íntimamente guardó Vicente durante setenta años y de los que quiso informar para dar a conocer las acciones de personas anónimas y callados funcionarios españoles ante el holocausto nazi. Historia que se ha dado a conocer fuera de nuestras fronteras a través de la gestión de su sobrino, mi primo Félix Aynat, quien ha sabido atender la voluntad de la familia con el ansia de conocimiento de periodistas, investigadores, instituciones, etc.

La historia, por su humanidad, por su riesgo y valentía, merece ser conocida y honrar a sus actores; por ello queremos acercarnos a Miguel y Dolores, el matrimonio alteano protagonista de esta heroicidad. Miguel Giner nace en Altea sobre 1900 y queda huérfano de padre a los 12 años. Catalina Giner, su madre, vuelve al seno familiar, a la casa nº 2 de la calle muchos años llamada del Alferez Beneyto, hoy costera de Moncau, donde vivieron junto a los hermanos José, Vicente y Salvador Agulló Zaragozí. Se trata del edificio que siempre conocimos en Altea como “el Casino”, aquel precioso Casino de Peparra con amplia terraza soportada por columnas de fundición sobre la plaza del Convento y cuyo salón debió por entonces guardar los encendidos ecos de los discursos liberales: los del diplomático, vividor y revolucionario alteano Miguel Jorro, o las diatribas de los seguidores del partido radical de Vicente Beneyto, allá por los finales del siglo XIX.

Miguel Giner, nuestro protagonista nace con el siglo y a sus 25 años aprueba las oposiciones al Cuerpo Pericial de Aduanas, ocupando precisamente la plaza de la Aduana de Altea.  Se casa con Dolores en 1928, de cuya unión nacen Vicente (1930) e Isabel (1931). Al estallar la Guerra Civil lo trasladan a Barcelona, donde marcha el matrimonio dejando a sus hijos al cuidado de la familia en Altea. Al finalizar la guerra un nuevo traslado al Valle de Arán, al puesto fronterizo de Les, reúne a  la familia, primero va con sus padres Isabel y más tarde se une a ellos el hijo mayor, Vicente.

Aduana de Les

Precisamente es en Les donde ocurren los hechos a los que nos referimos y que se inician a finales de Junio o principios de Julio de 1943, un puesto de frontera de clima de montaña donde la dura posguerra trascurre sin excesivas privaciones, las normales de un pueblo -en aquél tiempo- aislado por la nieve del resto del país unos ocho meses. Tras el primer grupo llegaron otros muchos que encontraron la comprensión de la aduana y de los guardias que “evitaban” ver a los cada vez más numerosos grupos de fugitivos y a los vecinos que les ayudaban, para así conseguir su objetivo: pasar la frontera y salvarse de una muerte segura; todo ello hasta que cambiaron las ordenes de Madrid y se permeabilizo el paso de estos fugitivos. Entre los primeros grupos llegaron Inge Berlín, a sus 19 años, o la joven madre Esther Guita, con su hija Françoise Bielinsky, que pasaron la montaña por Les huyendo desde Paris tras dejar en un campo de concentración al padre de la criatura. Estos hechos han sido estudiados y verificados por instituciones como la Fundación Internacional Raoul Wallenberg que trabajan sobre la Memoria Histórica del Holocausto. Los beneficiados por aquellos hechos son multitud, diseminados por las Américas, por Israel, por todo el mundo, personas agradecidas a un ángel discreto, callado, anónimo, que falleció en 1969 en Alicante, su posterior residencia, y que nunca habló de aquellos horribles recuerdos de 1943, ni de su posterior actividad que tanto le honra. Su persona y su actitud nos muestran un perfil humano y una condición moral singulares, pero gracias a Dios repetidas en un grupo de conciudadanos que supieron reaccionar en esos momentos de horror y miseria humana. Sea pues valorada la acción de Miguel y de Dolores, y apreciada en todo lo que se merece en su querida Altea a través de la información que nos suministra Felix Aynat Llopis.


Miguel del Rey Aynat, Altea, Mayo de 2014
En honor de mi tío Miguel Giner 
*Publicado por Diego Coello en INFORMACIÓN de Alicante- 2014



1 comentario: