martes, 9 de abril de 2024

Primeras imágenes de la barraca valenciana, por Miguel del Rey

 Primeras imágenes de la barraca valenciana*

*Extraído del libro "Arquitecturas en Tierra Fértil, M. del Rey, Alicante 2023

Tabla de la “Predel.la de les Santes” Museo de Bellas Artes de Valencia. Tabla de Santa Margarita. Con detalle de la edificación al fondo a la que se refiere Sánchis Guarner como primera imagen de una barraca en la pintura valenciana. Retablo atribuido modernamente a Vicent Macip, S. XVI

               La barraca que hemos conocido es una construcción de planta paralelepípeda próxima a las proporciones 1/3, cuyos muros laterales se construyen de adobe sobre una cimentación de mampuestos y bolos con morteros de cal, e incluyen pies derechos de madera sobre los cuales se levanta una cubierta vegetal de gran inclinación formada por planos de cañizo revestidos de gavillas de gramíneas, "Phragmites australis", o en su caso "Ammophila arenaria", cuyo nombre valenciano son respectivamente senill o borró. Ambos planos de cubierta se atan por una viga de coronación que recoge la estructura triangulada arriostrada por tirantes. Las fachadas anterior y posterior se construyen con planos no portantes, que en un origen incluían un gran pie derecho central que soportaba el extremo de la viga de cubierta. Es una construcción típica, hoy escasa, que se ha convertido, tras un fuerte proceso de idealización, en el símbolo de la casa de la huerta de Valencia.

             Se ha utilizado como vivienda o anexo económico, tanto en los núcleos agrupados como en la arquitectura dispersa, de manera que ya en el siglo XIII (Lamperez y Romea, P. Madrid 1922. 80) se citan núcleos agrupados de población construidos por barracas próximos a la ciudad. Tradicionalmente se han mantenido, tanto en lo disperso como en lo rural agrupado, conjuntos de barracas que han generado a lo largo del tiempo normativas adaptadas a este tipo de construcciones. Podemos ver en el plano del párroco Llorenç Mansilla de inicio del siglo XVIII (Divo Tomae Apostolo, Valencia 1722) (2) la abundancia de barracas dispersas en las huertas desde Vera al mar, en el entorno de la ciudad de Valencia, incluyendo la línea de barracas del Cabanyal

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Detalle de alineación de barracas a lo largo de la playa del cabanyal. Imagen del plano ”Términus Parrociae Divi Thomae”. (Llorenç Mansilla, Parroquia de S. Tomás. Valencia 1722).

              El parcelario generado por estas barracas ha servido para levantar sobre él otros tipos de construcciones que las han sustituido (Gosalvez, V. Valencia 1915/1998) pero que conservan de ellas, en un primer momento, tanto la proporción, como la distribución del espacio interno.

               La condición efímera de los materiales que la construyen, han dejado en ocasiones pocos restos, razón por la cual existen pocos indicios para determinar la existencia de estas viviendas campesinas en tiempos anteriores a las representaciones pictóricas, o modernamente a la fotografía, pero podemos suponer que antiguamente las habitaban colonos y se situaban en torno a las alquerías señoriales, existencia de la que dan noticia algunos de los autores a los que nos hemos referido.

               Sobre la imagen de la barraca es interesante observar que no existe una referencia iconográfica anterior al siglo XVIII, ya que las imágenes firedignas que A. Winjgaerde hace del entorno de la ciudad de Valencia, no incluyen barraca alguna, menos en primer plano, para que podamos apreciar estas construcciones en el siglo XVI, lo cual es algo sorprendente. Es precisamente Llorens Mansilla en 1722, en el plano antes citado quien nos muestra las barracas, por cierto muy similares a las que nos mas tarde podemos apreciar en la fotografía de paisaje de la segunda mitad del siglo XIX.

 

Detalle de la barraca en la Tabla de la “Predel.la de les Santes” Museo de Bellas Artes de Valencia. Tabla de Santa Margarita.


               El profesor Sanchis Guarner hace una incursión en el tema de la forma de la barraca y nos refiere a la iconografía de una primera barraca en la pintura del s XVI, al mostrarnos la existencia de una de ellas en el fondo de la Tabla de la “Predel.la de les Santes” (fig II-44 y 45), que se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Valencia; en concreto en la Tabla de Santa Margarita, atribuida al Mestre de Cabanyes. Pero esta afirmación fue revisada por estudiosos en historiografía contemporánea del arte (Benito, F. Madrid 1993). Este, revisa la afirmación del profesor Sanchis Guarner y por su parte, atribuye la obra a Vicent Macip, s XVI, indicando que es una obra de fuerte influencia renacentista. Otros autores analizan las construcciones referidas por Manuel Sanchis Guarner y observan en ella una construcción a la manera de los fondos flamencos, muy distinta a un paisaje costumbrista valenciano de la época (L. Tamborero,M. Del Rey, Valencia 2002, 107-117), lo cual nos aleja de la idea de encontrarnos ante una típica construcción local de la época; aunque hay que señalar que estas construcciones si que pertenecen a la misma familia de la barraca, pero con un desarrollo de más complejidad, como encontramos en las arquitectura centroeuropea.

               La barraca ha sido el tipo de casa habitual, tanto dispersa como agrupada, de las clases trabajadoras, bien sea en el campo o en los núcleos de pescadores. Esto se ha dado en las comarcas de la Plana, de l´Horta y de las tierras de Orihuela y el bajo Vinalopó (Caro Baroja, J 3ª Ed. T. II. Madrid 1981), aunque otros autores restan importancia a esta abundancia o papel de la barraca en la casa campesina en la comarca de l’ Horta (Casas Torres, J. M. Madrid, 1944, 149).

               Las transformaciones económicas y sociales que se producen en l’Horta durante el siglo XIX e inicios del siglo XX,  relativas al cambio y adaptación de la casa campesina a la nueva cultura y economía urbana y la adecuación a la industrialización por la clase trabajadora en los grandes núcleos urbanos,  provocan una fuerte obsolescencia de la barraca, un tipo de construcción difícil para asumir cualquier proceso evolutivo que permita adaptarse a las nuevas condiciones de uso que requiere la vivienda, provocando la sustitución tipológica, como hemos indicado anteriormente. Factores higiénicos, de seguridad pública, influyen en la sustitución y abandono de las barracas, existiendo leyes y órdenes municipales que limitan y hasta prohíben, no sólo su construcción, sino incluso el mantenimiento de las barracas existentes (Gosalvez, V. Valencia 1915/ 1998,33) como ocurrió en los primeros años del siglo XX, cuando la barraca, por todos estos factores, entra en plena decadencia.

martes, 12 de marzo de 2024

El Paisaje del Riurau, por Miguel del Rey

El paisaje del riurau.  Texto extraído del libro "Lonjas, Porches y Riuraus" (en prensa).Miguel del Rey

Desde los años 60 del siglo XX, la transformación del territorio ha sido tan potente en las antiguas comarcas dedicadas al cultivo de la pasa, en particular en la Marina, que es difícil hacerse una idea de cómo era aquel paisaje y el territorio agrario, ya no el de cuánto nació el riurau a finales del siglo XVIII, sino el que vivimos tiempo atrás, por ejemplo en los años 1960, las personas que tenemos ya una edad.  


Paisaje con riuraus en un sistema agrario en producción en el primer tercio del siglo XX. Parcent (La Marina). Foto: Autor desconocido

Los paisajes del riurau, en su momento, también tuvieron una transformación más o menos rápida, marcando el carácter del lugar, la economía e incluso la forma de vivir. La transformación fue tan potente como fulminante el declive, y junto a ello el cambio del paisaje y del paisanaje en ambos sentidos, por lo que las huellas de lo agrario se han borrado en muchísimos lugares. Hoy incluso, la funcionalidad primigenia del porticado del riurau es ajena a gran parte de la población a grandes áreas de estas comarcas. El desuso, en los últimos decenios, ha llevado a estos paisajes a una obsolescencia aumentada por dos factores de radical importancia: la transformación social y económica del territorio, y la ruina del agrario, potenciando así el abandono del campo, el agricultura y sus paisajes.

Paisatge de Riuraus entre Benissa i Senija. Foto Miguel del Rey

Pese a su continuada obsolescencia, la huella permanece en el territorio, a veces acompañada de cierto aire de desidia y ruina, en el mejor de los casos con algunos edificios recuperados, bien por su transformación en espacios propios de las casas rurales y también de recreo o en su caso, cobijando las nuevas necesidades del mundo agrario, como cocheras o almacenes, etc. Hay que tener en cuenta en los últimos años la voluntad reivindicativa de algunos grupos culturales, en ciertos lugares de la Marina y Vall d’Albaida, de recuperar un paisaje perdido, de reanudar la memoria de un pueblo, de revivir las palabras habladas en sus espacios, o bien apoyar nuevas funciones sociales en estos espacios restaurados.


Evolución del paisaje de riuraus en el Coll de la Creu en Tárbena (La Marina). Vista del paisaje en los
inicios del siglo XX, Autor desconocido. 
En las imágenes siguientes, estado actual y planta de uno de los edificios que podemos observar en la foto histórica y estado actual del lugar: Foto y dibujo MdR



De los riuraus existentes, los felizmente restaurados y la larga lista de ruinas que son el resto, cabe decir que han marcado no sólo el paisaje, sino la manera de habitar, de vivir en estas áreas meridionales, han incidido sobre el lenguaje y la toponimia propia del lugar, dando forma y nombre a este modo particular y tan mediterráneo de utilizar los porticados como alternativa de habitación durante largas temporadas del año, haciendo propia y dando forma a una manera atávica de vivir en estas latitudes.

En algunos lugares del territorio se transforma el concepto que la sociedad tenía de ese patrimonio; nuevas visiones observan con interés estos espacios como lugares sociales, de intercambio cultural o económico, incluso con uso próximos a las nuevas  culturas del vino de uva moscatel, del de la variedad del antiguo “giró” y otras nuevas y viejas variedades; unido esto a la conciencia social en ciertos niveles, a los que nos hemos referido. Esto puede apoyar su puesta en valor y la permanencia de una cultura, hoy con nuevos medios y técnicas en el ámbito agrario, junto con una nueva apreciación por la arquitectura, con la rehabilitación y restauración de estos edificios porticados. Permitiendo comprender y valorar estos paisajes físicos y culturales, no sólo como evocación nostálgica, sino como alternativa de regeneración de la economía agraria y, por tanto, del propio paisaje en aquellos lugares donde aún sea posible.