domingo, 18 de julio de 2021

Roy Campbell y Altea, por Miguel del Rey

 


Roy Campbell y su mujer  Mary Margaret Garman

Dentro de la bohemia alteana previa a la Guerra Civil, aquella primera bohemia que trajo a Altea a personajes de gran renombre en la cultura musical (los Sagi-Vela), la pintura (Benjamin Palencia, Genaro Palau, etc), hay que nombrar a literatos como Roy Campbell (*1901, Durban, Sudáfrica-†1957, Setúbal) que se asentó en la Altea al inicio de 1935, habitando modestamente -de manera particular- en pleno campo alteano, buscando como él decía, las esencias lejos de cualquier convencionalismo. Fue poeta, escritor satírico, traductor e hispanista, considerado por T. S. Eliot, Dylan Thomas y Edith Sitwell, como uno de los mejores poetas del periodo de entreguerras. Su búsqueda anímica le llevó a una vida azarosa entre el sur de Francia, Altea y Toledo, allá por los primeros años 30 y hasta 1936.

La Casa Calces en la Foia d'Icard, en los años 1960. muy próxima a la imagen de la casa en la que vivió Roy Campbell

En 1921 contrajo matrimonio con Mary Margaret Garman, con quien tuvo dos hijas, Tess y Anna Campbell. Fue aficionado al alcohol, además de a la cultura y lengua españolas, traduciendo a Federico García Lorca, San Juan de la Cruz, etcétera. Publicó su primera colección de poemas, The Flaming Terrapin en 1924 cuando tenía solo veintidós años de edad y tras ello se aproximó al Círculo de Bloomsbury.

Al principio de la década de los 30, tras una crisis mística, Campbell rompió de forma brutal con el grupo Bloomsbury, tras publicar su sátira The Georgiad, calificándolos de intelectuales sin intelecto. Abandonó el marxismo militante y abrazó el catolicismo, razón por la cual fue el centro de los ataques de sus amistades en los de Bloomsbury y sobre todo de la propia Virginia Wolf. Abandonó Inglaterra y marcho a la Provenza y luego a España, estableciéndose en Altea, viviendo en la casa Calces de la Foia d’Icard con su mujer y sus hijas, donde en 1935 abrazó el catolicismo.

La rectitud y santidad de vida de los campesinos de la Provenza y de España, donde el catolicismo se integraba como parte de la vida cotidiana, le impactaron profundamente. Tuvo influencia en otros escritores conversos de la poética inglesa, como por ejemplo en Tolkien, quien admiraba enormemente a Campbell, llegando al extremo de dedicarle un personaje de su obra Aragorn, en “El Señor de los Anillos”.

La casa y el porche 

Su particular vivencia del conflicto español, el fusilamiento en Gandía de su amigo, el párroco que lo bautizó en Altea, y sobre todo el suceso ocurrido con los Carmelitas de Toledo en 1936, asesinados todos ellos tras la quema del convento en Toledo, tras confiarle los manuscritos de San Juan de la Cruz -que el llevó a Portugal y más tarde a Inglaterra, desde donde los devolvió  tras la Guerra Civil- gracias a lo cual se salvaron del fuego, le llevaron a denunciar públicamente desde Inglaterra el terror comunista en España. Inmortalizó con un poema, «The Carmelites of Toledo», la tragedia de la que había sido testigo presencial. Más tarde denunció la inmoralidad a la Alemania nazi y lucho contra Hitler con el ejército inglés.

Su fuerte personalidad, junto a su disposición contraria a los críticos de su época -mayoritariamente izquierdistas- o su enfrentamiento con la todopoderosa Virginia Woof, pueden haber mermado inmerecidamente la valoración de su legado poético y literario, recientemente reivindicado en el mundo sajón, como uno de los mejores escritores de entreguerras.

Finalizada la guerra, y tras algunos años, se estableció en Portugal, a principio de la década de los 50, traduciendo del español, francés y portugués con brillantez.

La Casa Calces en la Foia d'Icard en la actualidad

Fuentes:  “Salvó los manuscritos de San Juan de la Cruz” El Mundo 12-02-1012 – Información oral facilitada por el amigo Juan Rodríguez, la tradición oral alteana, junto a mi experiencia personal.

martes, 6 de julio de 2021

El Molí de Benimussa en Altea / por Miguel del Rey



El Paisaje

El molino de Benimussa se sitúa sobre una terraza fluvial en la margen derecha del río Algar. Se accede a él, tanto desde el camino que transcurre por la orilla derecha del río, como bajando desde el camino del Mandem.

Plano general del molíno, con la balsa, la sala de muelas, el socaz con la salida del agua y la balsa de decantación, junto a la casa de molinero y los antiguos almacenes. Dibujo de Miguel del Rey

Forma parte del sistema hidráulico del Reg Major y se sitúa en una zona de gran valor patrimonial donde destacan elementos propios de la cultura del agua, pues no sólo existe en la zona este molino; próximo a él encontramos el molino dels Moros, el motor de Picó, la galería de Benimussa, los cauces de los Riegos Mayor y Nuevo, también encontramos en la zona sus acequias en uso, e incluso alguno de los antiguos trestelladors, sistemas de cierre o apertura de agua al molino desde la acequia, etc., piezas originales que aún podemos ver en alguna de las acequias y que están allí desde tiempo inmemorial. La actual construcción incluye gran parte del sistema original de almacenamiento, descarga, sala de molienda, decantadores de agua y del socaz de salida del agua para reintegrarse en el sistema de riego, junto a la vivienda del molinero y los almacenes de apoyo a la actividad, hoy reconvertido todo ello en una casa de recreo.

La arquitectura del molino.


  la sala de muelas en la actualidad

Desde la acequia madre del Reg Major, sale una hijuela que bordea el molino, permite la entrada del agua en la balsa. Tras ser utilizada el agua como fuerza motriz moviendo las paletas y las muelas del molino, desagua por el socaz a la propia acequia madre. 

La balsa, de no excesiva capacidad y de gruesos muros de gravedad, es de forma irregular con un potente sistema de caída de agua - el cup- para dar presión a las paletas en los cárcavos y con ello mover las muelas que se encontraban en la sala de molienda. Esta se encuentra en estos momentos incorporada a la vivienda que se desarrolla en las antiguas instalaciones del molino y se cubre con una bóveda ligera de ladrillo a panderete. 

El Cup y las salidas del agua tras la sala de rotación de las muelas y la  balsa de decantación antes de volver el agua a la acequia principal

Bajo ella, oculta en la actualidad, está la galería de paso del agua que discurre perpendicular a la sala y desagua en unas balsas de decantación, una de las cuales se usa como piscina doméstica de la vivienda. Tras ella nace la acequia de desagüe. En su momento el molino incluyó dos muelas de molienda, almacenes y una casa del molinero, hoy ampliada como vivienda que se extiende por todas las instalaciones, conservando en buenas condiciones los espacios internos y externos del antiguo molino. El molino estuvo en servicio hasta los años 1950 del siglo XX.

*Publicado en el libro “Paseando por las alteas” M. del Rey, Valencia 2016

domingo, 4 de julio de 2021

El acueducto romano dels Arcs en Altea, por Miguel del Rey


Levatamiento hipotético de la parte central principal del acueducto a su paso por el Barranco dels Arcs. 
Dibujo MdR sobre la sección real del lugar

Al sur de Altea se encuentran los restos de un acueducto romano que atraviesa el barranco de les Arcs, posiblemente levantado entre los siglos II o III de nuestra era, forma parte de la estructura hidráulica que llevaba el agua del río Algar a la antigua villa romana del Albir. Su estructura se prolongaba a lo largo de unos 410 m. y constaba de 31 basas o machones, según los estudios realizados por este autor junto al arqueólogo Jaume Martínez y al historiador Pere Soler, llegando algunos de ellos a levantar 12 m. sobre el suelo a su paso por el barranco, según los planos y mediciones realizadas, manteniendo con ello el agua sobre la cota 25m. de altura, aproximadamente. De su estructura sólo quedan los restos de unas cuantas basas, sumidas en el más completo abandono a pesar de su declaración de BIC.


Vista de un resto de las basas a mediados de los años 60. Foto de la Revista Altea.

Recreación hipotética parcial del acueducto haciendo coincidir el resto arriba fotografiado en el dibujo, a partir de los restos encontrados, las impostaciones, de arcos y las paredes de los vanos superiores, que aún se pueden observar. Dibujo MdR



La acequia que conducía el agua se identifica, en la actualidad con el tramo extremo meridional del trazado del Riego Nuevo o Reg de Dalt, en particular el ramal que por el túnel de les Boqueres -obra en este caso romana- atraviesa el extremo norte de la colina sobre la que hoy se asienta Altea. Este ramal se prolonga hasta el llamado Tapó del Vicari, una hijuela por la que desciende y cuyo cajero se alinea casi completamente con el inicio del trazado del acueducto en su parte norte, lo cual hace suponer que se trata evidentemente de la misma estructura, variada en su configuración por el paso del tiempo -19 siglos- y tras un sucesivo expolio de materiales, en particular de la sillería que configuraba el monumento. En la actualidad, en las horas del atardecer, situados en línea con la acequia del Vicari, podemos ver el reflejo por donde pasaba el agua romana.

 

Ubicación del acueducto en toda su extensión en el plano general de la zona dels Arcs.

El desembarco posterior al acueducto, al sur del barranco, no está localizado de manera segura. En la actualidad se encuentra a muy poca distancia del trazado final del Riego Mayor o Reg de Baix a su paso por el barranco en dirección a Cap Blanc y el Albir, cauce que discurre sobre la cota 14 m. aproximadamente, más baja que la cota de servicio del acueducto, necesaria para conducir el agua hasta la villa romana del Albir.

Restos de las basas 

Por los restos encontrados, la estructura del acueducto debió constar de un doble sistema compositivo. Una basa aún existente hace unos años, y que mostramos en la imagen de la pág 152, nos proporcionaba una valiosísima información sobre las fábricas y la impostación de los muros. De su análisis podemos entender -o suponer- cómo se construía la arquitectura del acueducto. Y si bien no tenemos noticia de cómo resolverían los vanos, se supone que debieron construirse a la manera de la cultura romana, con arcos de medio punto. La toponimia del lugar “els Arcs” no ofrece duda al respecto. El cuerpo inferior, el basamental, incluía una línea de impostación sobre la que se levantaba un cuerpo superior del que quedaba algún resto material, que me temo esté sólo presente en la imagen a que nos referimos. En él, se intuía en la parte superior, la presencia de una jamba, además de dos sistemas de impostación: el de base de un posible sistema superior de arcos, y el que marcaría el nacimiento de la propia arcada superior, con arcos más pequeños. Sobre este sistema, de arcos sencillos o dobles, según la altura a resolver, se remataba la construcción, como es propio en los acueductos romanos de esta época, con el cajero por donde circulaba el agua. El paso por la parte más baja del barranco, donde la cota de servicio es de unos 12 a 13 m. de altura sobre el suelo, obligaría a disponer de altas basas o de una impostación inferior y algún cuerpo suplementario para llegar hasta el lecho del barranco. 

Acequia del Rec Nou a su salida del túnel romano de Les Boqueres, para llegar próximo a la conexión con el acueducto dels Arcs. Acequia dejada perder impunemente en los últimos años.. Foto MdR

Posiblemente estamos frente a un acueducto con varios niveles, solución bastante común en el mundo romano; niveles que se van suplementando a medida que baja el nivel del suelo. Por su tipología, atendiendo a los restos comentados con caras superiores de jambas que indican arquillos elevados, podríamos estar frente a un modelo de los utilizados a mediados del S. I d.C. (ver nota 1). Por la altura para atravesar el barranco y por los restos que quedan, o quedaban hasta hace unos años, entendemos que este acueducto alteano se podría resolver sólo con dos alturas. A la manera de hipótesis, basándose en los restos analizados y visto el trazado, las dimensiones de las basas y las distancias entre ellas, el autor se atreve a dibujar una hipótesis que sería necesario verificar, si ello es posible ya en este momento, hipótesis cuya parte más certera es la basa tomada de la realidad que ofrece la fotografía, donde son evidentes los restos de jambas superiores e impostaciones en las fábricas; en cualquier caso, no es más que una posible hipótesis de trabajo hasta que se desarrolle un estudio arqueológico y formal capaz de dar luz sobre uno de los monumentos más interesantes de la antigüedad, en Altea y en el territorio valenciano. Indicar además  que el estado en que se encuentra este monumento habla de la falta de interés de nuestra sociedad por su historia y sus orígenes.

(1) Por la época y la hipótesis, similar al existente en Provenza sobre el río Gard. El francés, de unas dimensiones mucho más grandes y con tres niveles

Nota: Publicado en el libro "Paseando por las alteas". M del Rey, Valencia 2026.

viernes, 25 de junio de 2021

Castillo de Bellaguarda en Altea, por Miguel del Rey

 Castillo de Bellaguarda- Arquitecturas ausentes. Altea *

*Publicado en el libro "Paseando por las alteas" M. del Rey,Valencia 2016. 

    Plano de la Villa de Altea F. Ricaud- Valencia 1740

Los restos de la Torre de Bellaguarda y del Castillo que se construyó en su entorno se asentaron sobre una antigua alquería islámica transformada a partir de 1383 en el núcleo cristiano de Altea, manteniendo el nombre de Bellaguarda -en ocasiones Altea en la documentación del S. XVI- denominación que se alterna en la cartografía, en función de las escuelas respectivas, como vemos en el primero de los planos generales del Reino de Valencia previos a la refundación de Altea, el plano “Valentiae Regni Olim” de A. Oertel-Amberes 1585 y las copias sucesivas.

        

La torre y el hábitat amurallado circundante ocuparían un espacio cuadrangular, en torno a la actual plaça de la Cantereria, posiblemente rodeado de otras construcciones o bien un recinto más amplio en torno al castillo, cuestiones éstas a falta de estudiar por los arqueólogos. El molino de Bellaguarda pertenece a la lógica de la colonización alteana de esta época, situándose muy cerca de este asentamiento. El conjunto del castillo de Bellaguarda incidie fuertemente en la estructura parcelario que aún podemos apreciar en la zona, cuyos orígenes documenta perfectamente F. de Ricaud en 1740. En su dibujo podemos entrever los restos de lo que fue el castillo cristiano y distinguir un promontorio interno que quizás fueran los de la torre en estado ya de ruina, a no ser que dicha torre coincidiera en su base con alguno de los cuerpos allí dibujados. También puede tratarse de la acumulación de material del antiguo horno de alfarería -la cantereria- que hubo hasta época moderna en el lugar.

En el año de 1563 se cita Bellaguarda en el “Discurso sobre la fortificación y defensa del Reyno de Valencia” que redactaron el Mestre Racional y Juan Bautista Antonelli al rey Felipe II con fecha de 30 de Marzo de 1563. Se indica en dicho documento la necesidad de artillar a la denominada “fortaleza” de Altea (Bellaguarda) con piezas capaces de defender desde el Albir a Cap Negret, combinando con Benidorm la defensa de la Sierra Gelada. Dedica unos párrafos a las dotaciones necesarias para completar la defensa: “La fortaleza de Altea (Bellaguarda) se pondrá a mejor defensa de lo que está y se proveerá de artillería como se esta dicho .....Altea de un cañon pedrero y cuatro morteretes y diez mosquetes”. Para más adelante indicar: “En la fortaleza de Bellaguarda se le haran los tres baluartes y foso como esta traçado y se proveera de un cañon pedrero que alcance a Jaedor reducto de enemigos y de mas muniçion para tirar y poveeran ruedas exes y cureñas de respecto para las pieças que alli ternan”. El castillo estaba defendido “con doce hombres que enviaba el Valle de Guadalest” que tenían obligación de reconocer a diario la playa desde la Pedrera y hasta el Albir para evitar o anunciar la presencia de bajeles moros…”.

 

Actual torre de Bellaguarda. Una reconstrucción ahistorica

Si bien la documentación escrita es precisa a lo largo del S. XVI, no existe documentación gráfica, de hecho, no hay constancia de que se construyeran baluartes y fosos como allí se indica, aunque en obras actuales en la zona, se pueden apreciar algunos muros con cierto carácter y altura respetable en la parte noroeste de la Plaza de Cantereria. En 1990 se efectuó una reforma profunda de la plaza, incluyendo una “reconstrucción” no histórica de la torre, levantando el mirador que hoy podemos ver.

lunes, 31 de mayo de 2021

El CAMINO de ALICANTE y la VIA DIANIUM. Entre Alfaç, Altea y Calp, por Miguel del Rey

 El CAMINO de ALICANTE y la VIA DIANIUM.

Inédito, a publicar en la próxima edición del libro “Paseando por las alteas”. Miguel del Rey

Altea se encuentra situada en el perímetro costero de La Marina, lugar de paso de uno de los caminos históricos que han surcado nuestras tierras desde tiempo inmemorial. La Vía Dianium fue el primero de esos caminos que se han ido superponiendo unos sobre otros a lo largo de la edad antigua, el medievo y la edad moderna. El camino de la costa que unía Alicante con Denia era un eje perimetral importante, un camino carretero que se complementaba, dadas las vicisitudes orográficas que presentaba, con las vías marítimas. Camino que llevaba en los últimos siglos de su existencia el nombre de Camí d’Alacant, y más tarde, cuando en el siglo XIX se construye poco a poco la carretera N-332, se pasa a denominar Camí Vell d’Alacant, que unía Calp, Altea y Benidorm con Alicante, en el trayecto entre Valencia y Denia. Su denominación legal era de “camino carretero”, mientras el tramo entre Valencia y Denia era “camino real”, igual que entre Santa Faz y Alicante.

El término de Altea siempre ha presentado una problemática particular por la presencia de dos elementos de cierta importancia, el primero el río Algar, un río mediterráneo de corto recorrido, pero con fuertes avenidas que en ocasiones obligaban a vadearlo con barcazas en su desembocadura, cuando el camino, a la altura del Molí de la Torre, un verdadero paso con control, quizás con peaje en algún momento de la historia, no permitía el paso por un cauce sin puente. Pero el gran obstáculo era el paso de la sierra de Bèrnia a la altura del Barranco Salado, la cual se debía pasar por el paso del Collado, un tortuoso y peligroso camino que bajaba hasta el cauce y remontaba la ladera oeste de la montaña de Toix; Todo ello, previo el paso por los distintos barrancos que desde la sierra de Bèrnia desaguan en las playas y acantilados alteanos, siendo uno de los más importantes el barranco de la Galera.

El camino en la actualidad es practicable a tramos, ha perdido su continuidad y se han conservado algunos fragmentos con un cierto carácter

Sus referencias históricas y planimétricas son importantes. Su datación romana esta fuera de duda, como vía secundaria vinculada a la Vía Augusta, con salida desde Lucentum para viajar a Denia, a la que volvía por las inmediaciones de Xàtiva. En los tramos alteanos no se han realizado las prospecciones arqueológicas pertinentes para conocer su verdadero trazado y naturaleza de la vía. Existe un trazado en el Plan de Protección de la Vía Dianium redactado por la Generalitat Valenciana, con un recorrido en algunos puntos algo sorprendente, coincidente en parte con el camino medieval, cuestión que en principio parece lógica.



Trazado del camino histórico entre Alicante y Denia a su paso por el Alfaç-Altea y Calp.  En Rojo continuo el camino medieval.  En trazo discontinuo la propuesta de Consellería del trazado de la Vía Danium, coincidente con el camino, excepto en el tramo de el Alfaç a Altea, que es este caso la traza por la costa.  El punto en Altea indica la cruz de término de acceso a la fortaleza del siglo XVII, con las dos entradas desde Valencia y Alicante hacia el Portal Vell.  Plano de Miguel del Rey y Antonio Gallud.

Del camino medieval y de época moderna tenemos referencias gráficas en la cartografia a partir del siglo XVII, y sus descripciones literarias son incluso anteriores. Quizás la primera, como muy bien indica el documentadisimo Bolg "Metidos en Carretera", es la que nos muestra el “Reportorio de todos los caminos de España, hasta ahora nunca visto, en el que hallará cualquier viaje que quiera andar muy provechoso para todos los caminantes”, compuesto por el valenciano Pedro Juan Villuga en 1546 incluía, entre sus 139 itinerarios, del cual dice: “camino llano por la marina” entre Valencia y Alicante de 30 leguas de longitud, que discurría por Catarroja, Silla, Sollana, Sueca, Cullera, Gandía, Oliva, Denia, Jávea, Teulada, Benisa, Calpe, Altea, Benidorm, Villajoyosa y Alicante.  Sin entrar en más detalles.

También aparece este “camino de Valencia para Alicante” en el “Repertorio de caminos” realizado por Alonso de Meneses en 1576, en el “Mapa Geográfico del Reyno de Valencia”, realizado por el geógrafo Tomás López en 1788. El “Mapa del Reyno de Valencia”, elaborado por Antonio Josef Cavanilles en 1795, nos muestra, como vemos en la imagen que acompaña, el trazado y una descripción del camino.

Antonio Josef Cavanilles en 1795, nos muestra el trazado e indica la existencia de un camino real entre Valencia y Denia y en el acceso a Alicante desde Santa Faz, mientras que el resto del recorrido contaba con un camino de herradura.

El autor describe el paso por el collado de Calpe: “No léjos de la villa (Calp) en la misma costa está el cabo Toix, que es occidental de la ensenada de Calp, en cuyo cabo, como queda dicho, se termina la cordillera que viene desde Confrides con los nombres de Serrella, Bérnia y Toix. Media entre Serrella y Bérnia un profundo barranco que parece interrumpir la comunicación; y entre Bérnia y Toix un collado, que llaman vulgarmente el puerto de Calp: por este atravesé el monte, dexando atrás hácia el nordeste el llamado Oltá, cuyas raices son de yeso, las faldas bien aprovechadas, y aptas para almendros, algarrobos y sembrados, y el resto hasta la cumbre sumamente escarpado y estéril. Pisaba un suelo peñascoso, y la poca tierra que se percibia era de albarís: cultívanse en aquel terreno almendros, algarrobos é higueras, con algunos sembrados. Las plantas nativas son todas conocidas, y entre ellas la carlina afelpada. Iba baxando el puerto, y quedaba á la izquierda sobre un cerro la torre del Mascarát: atravesé el cauce seco del barranco Salado, y ladeé un cerro batido por las olas, siguiendo una espaciosa senda hasta llegar á otra segunda torre llamada de la Galera”.

Es interesante la descripción gráfica y literaria de Pascual Madoz en su “Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar” de 1845, pues nos describe el camino, junto con los fragmentos ya en construcción de la nueva carretera que lo sustituirá, a la vez que nos informa del mal estado de dicho camino y las penurias para conseguir recorrerlo y el tiempo que en ocasiones tarda el correo en llegar desde estas tierras a Valencia.

Fragmento del Plano de Pascual Madoz en su “Diccionario geográfico-estadístico-historico de España y sus posesiones de ultramar” de 1845, pues nos describe el camino, junto con los fragmentos ya en construcción de la nueva carretera que lo sustituirá.

La descripción pormenorizada y más precisa de este camino, justo en el momento de construcción de parte de tramos de carretera, nos la ofrecen en 1853 los capitanes del Cuerpo de E. M. del Ejercito, D. Nicolás Lloret y Reimer y D. Manuel Cortés y Morales, en su “Ytinerario de Catarroja a Alicante por Alcoy y de Alicante al mismo punto de partida por el litoral”. Incluimos de él las descripciones de dos de los puntos conflictivos a su paso entre Altea y Calp: el paso de Collado en Toix y el paso del barranco de la Galera

Del Collado indica: “El camino de herradura entre Altea y Calpe que se dirige desde el SO al NE es muy inconveniente, desigual y pedregoso, hallándose el mal paso conocido en el país, por el Collado de Calpe, en una de las ramificaciones de la sierra de Bernia que forma el cabo de Toix al NE de Altea.

Abierta una parte aislada de la caja del nuevo camino carretero es preciso construir un puente de gran elevación sobre el barranco del collado para evitar la subida a la cima de este ultimo, pero suspendidas las obras por su gran coste no se saca ventaja de lo ejecutado dando lugar a que se inutilicen los capitales invertidos...”.

Paso este del Collado que en 1884, por el retraso de las obras del puente del Mascarat, aún se mantenían en uso y el mismo mal estado, tal como indica la orden de la Diputación de Alicante de adecuar el Paso del Collado para las diligencias entre Ondara y Alicante, dado el estado del camino carretero y la imposibilidad de usar los tramos de carretera nueva en esta parte del itinerario.

El paso del barranco de la Galera hasta llegar al Collado, lo describen los militares de la siguiente manera: … “pasado el barranco de Galera, que no lleva corriente más que en épocas lluviosas, así como los otros barrancos que hay antes, se separa el camino de la costa  e internándose en la cordillera que forma el cabo Toix, ramificación del monte Serrella y sierra de Aitana, empiezan las subidas y bajadas que se aumentan en puntos notablemente y conforme se avanza en la marcha para pasar el barranco y collado de Calpe, puede decirse que el camino se convierte en un desfiladero completo, tanto por el gran declive de las estériles montañas que se elevan a izquierda, como por los muchos escarpados de piedras que estas tienen, mayormente en sus cumbres y que imposibilitan  el franqueo sin largos rodeos. El paso por este camino será muy pesado para las tropas por las muchas cuestas y la naturaleza del piso pedregoso en especial después del trozo del camino carretero construido y en la mala subida al collado. En el descenso a  la parte NE desde la cima del Collado se encuentran semejantes accidentes, reuniendo el camino las mismas circunstancias que por el otro lado y siendo sucesivamente más suaves las pendientes permite el cultivo  en algunos puntos para sembrados y garroferales escalonados como los de este país, hasta que cerca del corral de Pere Roig el camino, más distante ya de la cordillera que se pasó, queda en disposición de ser flanqueado por infantería, siendo el piso menos pedregoso y sin variar  los cultivos en el intervalo que queda hasta Calpe. El barranco del Collado está seco ordinariamente y sus márgenes son sumamente escarpadas y muy elevadas ala izquierda del punto por donde lo atravesamos”

Se complementa este texto sobre el antiguo camino carretero y su transformación en carratera a lo largo de la mitad del siglo XIX, con una descripción a la vez realista e incluso dramática que nos ofrece “La Ilustración Española y Americana” en su número del 30 de enero de 1892, como indica el blog antes citado, donde compara la situación anterior y posterior del paso por el Collado, antes y después de la construcción del puente del Mascarat. Dice así: “Hasta 1884, los viajeros que tenían que atravesar este sitio, transportados por las diligencias de Alicante á Gandia, contemplaban estremecidos el pavoroso abismo, al cual descendía el pesado vehículo por un estrecho camino en ziszas, que parecía más propio para el tránsito de hatos de cabras que para el de carruajes tirados por ocho caballos. Gracias á la pericia de los mayorales, ordinariamente se salvaba el mal paso sin percances que lamentar, subiendo á la parte opuesta del famoso barranco por otro camino de no mejores condiciones que el de descenso. Y lo más sensible del caso era, que al llegar al fondo del desfiladero, el conductor de la diligencia llamaba la atención de los que la ocupaban sobre dos enormes estribos de robusta sillería que indicaban el emplazamiento de un puente colosal, y luego, alzando el brazo, indicaba allá arriba, en medio del plano vertical de las rocas que limitan el barranco, una, al parecer, boca de mina, á la que correspondía otra enteramente igual en el plano frontero. Aquellas eran las pavorosas entradas de dos túneles, que sólo aguardaban que el puente se elevara hasta ellos para suprimir la solución de continuidad, permitiendo á la nueva carretera atravesar sin obstáculo el Collado del Mascarar. Veinte años ha durado la construcción de esta obra, una de las más notables llevadas á cabo por los ingenieros españoles; y desde 1885, el viandante, después de atravesar el túnel, se asoma estremecido por la contemplación del abismo á la baranda del puente, cuya clave se eleva 59 metros sobre el fondo pedregoso del barranco”.

El trazado del camino histórico en este caso llano, coincidente con la Vía Dianium, en el tramo de la Cala de Soio en la Olla de Altea. Tramo que bordeando la playa llega hasta al extremo donde divisa la vista y el camino sube y salva salva el barranco de la Galera, tomando cota hasta bajar más tarde, ya en las proximidades del barranco Salado, para seguir por el Collado. Foto MdR

Bibliografía:

“El tramo del Mascarat de la N-332 ... “ del blog: “Metidos en Carretera”

CAVANILLES, A. J.:  “Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia”. Valencia, 1795. Ed. Albatros, Valencia, 1985

COELLO, F. y MADOZ, P.: Mapa de la Provincia de Alicante, dentro del “Atlas de España y sus Posesiones de Ultramar”, Madrid, 1855

LLORET y REIMER, N. y CORTÉS Y MORALES, M. “Ytinerario de Catarroja a Alicante por Alcoy y de Alicante al mismo punto de partida por el litoral”

 


 


 


miércoles, 12 de mayo de 2021

Arquitecturas Ausentes: Las Vegas, un bar con mucho arte, por Miguel del Rey

 

EL BAR MUSEO LAS VEGAS*                        Sobre 1960 en la C/ Conde de Altea

*Publicado en el libro “Paseando por las alteas”, Miguel del Rey, Valencia 2016

Un grupo de amigos frente al Bar Las Vegas.  Colección L.F

Las Vegas fue en Altea, junto al Bar Terraza, uno de los primeros establecimientos que se abren en Altea a finales de los años 50, rayando los 60, con una nueva manera de entender la hostelería. Un bar de tapas, un bar de vermut, un bar de copas, pero con cócteles particulares y entendiendo que una nueva clientela está presente en la economía alteana: los turistas.

Sus clientes marcan un carácter que Pepe Hortelano supo potenciar perfectamente para su negocio: Las Vegas, por su nombre es un referente en sí de modernidad; con ello pretendía atraer a la bohemia artística que por aquellos años vio en Altea un lugar propio, adecuado a su manera de vivir, un lugar que ofrecía algo particularmente interesante: un paisaje y unas formas, unido a una manera de entender la vida, lo cual fascinó a una élite de pintores y artistas nacionales y junto a ellos, a sus colegas centro y noreuropeos, personajes muy diversos y tan carismáticos como Rita Hayworth o Ernest Hemingway.

Don José María Planelles, ese inolvidable alcalde moderno de aquella Altea postfranquista, nos cuenta en su precioso libro “Benjamín Palencia y Nosotros”, Alicante 1963, como se gestó este “Bar Museo Las Vegas” y de qué manera se aproximó a estos personajes, con su “cen quiu veri moch”, y “cómo a cambio de un buen resopón a base de huevos fritos y buen vino tinto, un grupo de pintores empezó a pintar unos frescos en sus paredes. Allí el sueco Bengt Ellis, con el torso desnudo, pintaba personajes del mar, Sum Miller insistía en sus burros, Mike Trompe pintaba mujeres enlutadas...“.

 Una escena marinera, fresco de B. Palencia existente en el Bar las Vegas, hoy desaparecido, Imagen extraída del libro “Benjamín Palencia y nosotros” Alicante, 

Una preciosa referencia a este paradigmático bar fue la loa del entrañable don José María a la “nikolasca”(1), la bebida insignia de Las Vegas. la construye a partir de una conversación que presenció entre Pepe Hortelano y Benjamín Palencia, dos buenos amigos:

  “   - Bueno, vamos a ver qué es eso (dice el pintor).

Pepe corta sendas rodajas de limón, les pone un terrón de azúcar encima, y las espolvorea con café molido. Al lado una copa de coñac, y le contesta:

- Nos comemos el limón con el azúcar y el café, y nos bebemos los coñacs. ¡Nikolasca! Delicioso...”

Fotografía con dedicatoria de B. Palencia. Colección Familia Hortelano.

domingo, 9 de mayo de 2021

Los trabajos y los días, fotos de Hilga Miller con texto de Hesiodo-1

(cast) Al salir las Pléyades, hijas de Atlas, comienza la cosecha, y el cultivo cuando ellas se oculten. Se ocultan durante cuarenta días y cuarenta noches; y cuando el año corrido, aparecen de nuevo en el momento en que se afila el hierro. Tal es el uso campestre entre los que cultivan las tierras fértiles de los profundos valles, lejos del mar resonante. Tienes que estar desnudo cuando siembres, desnudo cuando aras, desnudo en la cosecha, si quieres llevar a cabo los trabajos de Demeter en el momento propicio, si quieres que cada cosa crezca en su estación ...

“Els treballs i els dies”. Hesíode * por Miguel del Rey ,a partir de las fotos de Hilga Miller, publicado en la revista “Riuraus Vius” nº 6- Calp-Altea


(val) En sortir les Plèiades, filles d’Atlas, comença la collita, i el cultiu quan elles es ocultin. S’oculten durant quaranta dies i quaranta nits; i quan l’any va corregut, apareixen de nou en el moment en què es esmola el ferro. Tal és l’ús campestre entre els que cultiven les terres fèrtils de les profundes valls, lluny del mar ressonant. Has d’estar nu quan sembris, nu quan llaures, nu en la collita, si vols Ilevar a terme els treballs de Demeter en el moment propici, si vols que cada cosa cresca en la seua estació ...






martes, 4 de mayo de 2021

Riurau del Tío Amadeo en Altea, por Miguel del Rey

RIURAU DEL TÍO AMADEO*. Finales del S. XIX, inicios S. XX. Partida de Sogai / Altea

* Textos publicados en la “Gúia de Altea” M. del Rey  (Val 2014) en castellano e inglés, y en “Paseando por las alteas” M. del Rey en castellano y valenciano (Val 2016)

(cast) Esta pequeña granja rural se sitúa en la ladera de una de las colinas al norte del cauce del Algar, sobre terrazas soleadas propias para lo que fue el cultivo y la elaboración de la uva-pasa. La casa responde al tipo básico de casa compacta de dos crujías que encontramos en el resto del territorio valenciano; casas campesinas de vivienda en planta baja más una planta superior para almacenamiento de cosechas, cubiertas a dos aguas y alero horizontal. La casa incluye un riurau adosado a fachada principal, más otro corto secadero que se desarrolla frente a la fachada lateral. Es uno de los ejemplos más genuinos de lo que fue la arquitectura agraria alteana del siglo XIX, desgraciadamente en muy mal estado en la actualidad.

La estructura y su partición interna es la típica de estas casas: una primera crujía que incluye un vestíbulo central y estancias laterales, más una segunda con un espacio amplio donde se encontraban la cocina, y una gran estancia de vida doméstica con escalera de acceso a planta alta con usos de almacenamiento de cosechas.

El riurau que nos presenta este edificio es del tipo de vanos adintelados soportados por potentes machones, lo que ofrece una imagen fuerte y muy limpia al coincidir el dintel con la línea de carga y zunchado de cubierta. Esta forma de construir el riurau la encontramos en la parte central de la Marina, entre Pedreguer y Altea, con ejemplos muy característicos en Calp. En esta masía se han perdido el resto de piezas y elementos de la cultura de la uva pasa: horno de escaldar la uva y el sequer, el espacio exterior para extender los cañizos, del que quedan restos en la explanación existente en una terraza de la colina sobre la que se asienta esta granja agraria.

(val) Aquesta xicoteta granja rural se situa en la vessant d’un dels tossals al nord del llit de l’Algar, sobre terrasses solejades pròpies per al que va ser el cultiu i la elaboració de la pansa. La casa respon al tipus bàsic de casa compacta de dues crugies que trobem en la resta del territori valencià; cases camperoles d’habitatge en planta baixa més una planta superior per a l’emmagatzematge de collites, cobertes a dues aigües i ràfec horitzontal. La casa inclou un riurau adossat a façana principal, més un altre curt secador que es desenvolupa enfront de la façana lateral. És un dels exemples més genuïns del que va ser l’arquitectura agrària alteana del s. XIX, desgraciadament en molt mal estat en l’actualitat.

L’estructura i la seua partició interna és la típica d’aquestes cases: una primera crugia que inclou un vestíbul central i estàncies laterals, més una segona amb un espai ample on es trobaven la cuina, i una gran estància de vida domèstica amb escala d’accés a planta alta amb usos d’emmagatzematge de collites.

El riurau que ens presenta aquest edifici és del tipus d’obertures amb llindes suportades per potents pilars, el que ofereix una imatge forta i molt neta al coincidir la llinda amb la línia de carrega i congrenyat de coberta. Aquesta forma de construir el riurau la trobem en la part central de la Marina, entre Pedreguer i Altea, amb exemples molt característics en Calp. En aquest mas s’han perdut la resta d’elements de la cultura de la pansa: forn d’escaldar el raïm i el sequer, l’espai exterior per a estendre els canyissos, del que queden restes en la explanació existent en una terrassa del tossal sobre la que s’assenta aquesta granja agrària.


(Inglés) The “masía” is placed on the slope of one of the hills located on the north of Algar River, on typical sunny terraces dedicated to the growth and recollection of raisins. The house responds to the basic type of a compacted house with two bays that you can find on the rest of the Valencian territory; housings on the ground floor plus a superior floor which is used as a harvest warehouse. These houses also have a gable roof with a horizontal eave. The house also includes an attached “riurau” to the main façade plus another shorter eave that develops laterally. The house is one of the most genuine examples of the 18th / 19th century agricultural architecture; unfortunately they are currently in a really bad condition.

The structure and its interior partitions are typical of these houses, the rest of the spaces between supporting elements includes a central hall and lateral rooms, plus another one with a similar wide space where the kitchen and a huge living room are placed. The living room has an access stair that leads to the superior floor which is used as a harvest warehouse.

viernes, 23 de abril de 2021

Bandoleros en Confrides... Un relato de Miguel del Rey

 

Hoy día de Sant Jordi, solo para amantes de la literatura, presento una descripción incluida en mi libro “Bartolomé, entre la Ilustración y la Revolución”*, donde se describe una viaje entre Gorga -en la Vall de Çeta- y la Costa -Altea, Xàbia y La Vila-, de una familia adinerada, en los momentos inmediatos al final de la Guerra de la Independencia, un momento convulso y difícil donde el bandolerismo toma ya carta de naturaleza. El paso por Confrides es peligroso….
* "Bartolomé, entre la Ilustración y la Revolución", Valencia 2014, Miguel del Rey

           "Para organizar el viaje de vuelta hacia la costa, Bartolomé ha mandado aviso a Francisco Javier Alveno –su cuñado- diciéndole que esa mañana pasarán por el puerto de Confrides. Desea que atienda las cuestiones oportunas para que las partidas armadas no les molesten. Le ha pedido que se acerque hasta Ares para acompañarles a pasar el puerto. El grupo no debe viajar con dinero o joyas, todo lo recogerá alguien de confianza y lo bajará en un viaje menos aparatoso hasta Altea o Xàbia. Es muy probable que aún con el salvoconducto de su cuñado no estén libres de alguna impertinencia por parte de éstas gentes desesperadas por un futuro incierto y más aún sedientas de venganza ha-cia colaboracionistas y afrancesados. Por la noche, Purificación y Luisa insistieron en bajarse algo de dinero y algunas joyas a pesar de la rotunda negativa de Bartolomé, el cual, de madrugada mandó venir al carpintero para hacer un pequeño doble fondo bajo el suelo del carruaje del Bolufer, cerrado de nuevo con tablas viejas y sobre las que han dejado caer la alfombra de viaje del coche. Cargan algunas viandas -embutidos en su mayor parte- y igual que alguna bolsa de dinero dispuesta para ser fácilmente encontrada en un posible registro y toman el camino al salir el sol.

    Las tres hermanas Olcina y la hija de Francisca, Vicenta María, viajan juntas en el coche del Aragonés con la chiquillería menuda de la familia y escoltados por Pedro María Aragonés a caballo. José Bolufer con los chicos mayores ocupa el otro coche, acompañados por Bartolomé, cuyo caballo va atado al propio carruaje.

-           ¿Cómo ves las cosas Bartolomé? –dice José Bolufer-

-           ¿Te refieres a la nueva situación tras la huida de los franceses?

-           Me refiero a todo. ¡Dios mío, qué tiempo nos ha tocado vivir! Las noticias en el campo de Xàbia y Denia no son nada buenas. La anarquía se ha adueñado del territorio. ¡No sé si estás al tanto de cómo están las cosas! – le dice cuando observa que los chicos están algo distraídos-. La ausencia de poder –continua- ha dado alas a las parti-das de bandoleros.

-           Si es por los bandoleros, no sólo están en las tierras del Marquesado, pronto los vas a ver; en el momento que pasemos Ares, seguro que tendremos algún encuentro. Si aparecen, mantén la calma y ante todo no te des a conocer, quédate con los chicos. En el momento que pasemos Benasau subiré a caballo e iré caracoleando a los coches o distanciándome para ver el camino por delante. Si dicen alguna impertinencia, no digáis nada, ni contestéis, digan lo que digan. Espero que Francisco Javier, mi cuñado, se una a nosotros, está atento al viaje; seguro que nos alcanza en breve. Si no fuera así ya ha-blaré yo con quien sea; tú no dejes a los chicos y en el caso de una situación más con-tundente, te resistes, pero un poco y luego les das la bolsa.

-           No sabía que el Alveno estaba tan amigable con esa gente.

-           ¡No te confundas con él! Es un patriota y da gracias a que venga en nuestro apo-yo

-           Bueno… éstas cosas no me gustan nada ¿Y lo de los Olcina?¿Cómo lo ves?

-           Vicente lo preparará todo ¿no es así?

-           Eso ha dicho. Aunque lo he visto un poco nervioso –dice el Bolufer-.

-           Coincido con él en que no es el momento de ir a Valencia, ni de hacer la parti-ción. Que por cierto ya está prácticamente resuelta tras la tasación de nuestra suegra, que en paz descanse. Una mujer muy previsora -dice Bartolomé- ¿No te parece?

-           Y muy amante de sus hijas. La valoración de la herencia libre no sé si traerá co-la. Por cierto, nunca hablamos del regalo áquel que les hizo a Luisa y a tu mujer el año pasado. Fue una acción que le honró.  Fueron las más valiosas mil ochocientas libras que he visto en mi vida. Liquidaron el desprecio que en su día le hicieron a Pura.

-           Del dinero de mi mujer y de las donaciones de los Olcina no tengo nada que objetar. Hace tiempo que no me preocupa su dote. Ni cuando era poca, ni ahora. Si se lo dieron... suyo es.

-           Veo que no se te olvidó el resquemor que te dejó lo de la dote. Son cosas pasadas, olvídate ¿Y con lo tuyo que vas a hacer? ¿Si se estabiliza la situación, vas a retomar el negocio de navegación en Altea?

-           No sé. No es el momento de preocuparse por estas cosas. Lo que me tiene en vilo ahora es como vamos a reconducir el cobro de censos. Quién nos iba a decir que la invasión francesa sería favorable a aplicar censos y luismos a la manera del “Antiguo Régimen”, como ellos dicen.

-           Los franceses apoyaban el cobro de ésos censos porque se quedaban con parte del dinero.

-           ¡Por lo que fuera! Veremos ahora cómo rehacemos los cobros y como se tomarán los señores las posibles lagunas en el pago.

-           Lo más grave será rehacer las arcas de la Corona. Sin comercio y con la idea de independencia que parece que por ciertas colonias se dan, no sé de donde saldrá el oro para organizar lo público si fallan las partidas que vienen de las Indias.

-           ¿Padre, si vienen hombres armados, dispararemos? Dice uno de los chicos mayores.

-           Nadie va a disparar y no va a pasar nada. Vosotros callados si aparece alguien. Y al suelo si el tío os lo dice.

-           Don Bartolomé, debería subirse al caballo –dice el cochero-. No oigo trinar a los pájaros desde hace un rato; ésto está demasiado quieto.

-           Gracias. Subo y cabalgo hasta Ares delante de ti. Ve atento y no saques el fusil en ningún caso. Los coches siempre juntos.

-           Padre, no se vaya -dice el joven Antonio-

Don Pedro María Aragonés, a caballo y vistiendo uniforme de oficial de la marina española, queda al cuidado de los dos carruajes mientras Bartolomé se aleja y ojea por las lomas cercanas, se acerca a los recodos del camino. Antes de entrar en Ares, un silbido suave pero insistente le hace otear el bosque. Dos figuras se distinguen bajo la intensa sombra de una encina. Echa mano instintivamente al pistolón que previamente había cargado. Seguro que uno de ellos es Francisco Javier. Está convencido. A medida que se acerca la segunda figura le empieza a ser familiar ¿quién será? Le hacen señas. Van vestidos con chaquetilla corta y pantalón ajustado con manta enrollada al hombro. “¡Tomás!” Susurra Bartolomé.

-           ¡Que gusto veros! ¡Javier! ¡Tomás! Verdaderamente la amistad se demuestra en ciertas ocasiones.

-           Siento lo de tu suegra –le dice su cuñado-. Las veces que hablé con ella me pareció una señora amable, a la vez que culta; igual que don Miguel Olcina.

-           Su muerte estaba anunciada. Bueno, vamos a ver. Las mujeres están preocupa-das. ¿Como va todo por ahí Tomás?¡Que gusto verte!

-           Todos bien, pero… tal como están las cosas y cuando Javier me lo comentó, no podía por menos acompañarles ¿cómo se les ha pasado por la cabeza viajar en éstos momentos y con dos coches?

-           No exageres Tomás. No van a tener problemas, pero tu sobrina, la de Vila-Joiosa, debe bajar también por Guadalest. No sé cómo está Aitana por la vertiente sur. Diles que lo más prudente es que viajéis todos juntos hasta la costa; al menos hasta Polop. Ahora es el momento en que debemos hacernos los encontradizos con la partida que está cerca del puerto de Confrides: saben algo. Tomás conoce a alguno de ellos y ésta mañana ha pasado por allí para hacerse el encontradizo y por cómo le han hablado les debe haber llegado alguna información sobre un grupo de viajeros. A mí no me han visto, he dado la vuelta por las sierras de la Solana y no he pasado por el puerto. Nosotros hace más de dos horas que nos hemos encontrado en el lugar convenido. No hay que perder tiempo. Iremos los dos y les saludaremos. Tomás apoyará al señor de Aragonés con los coches por si hubiera problemas; habéis sido en exceso confiados con tan pocos hombres de apoyo.

Javier repasa todos los puntos. Pregunta si trajeron lo que les dijo: las viandas y alguna cosa para ayudarles en su vida montaraz. Indica que le deje hablar a él, aconseja a Bar-tolomé que se muestre campechano y no se altere frente alguna impertinencia en el trato. A lo lejos se ve llegar el grupo de coches. Los chiquillos de Ares han subido al camino al ver de lejos la polvareda. Bartolomé baja hasta el camino y hace cargar lo ya previsto en las alforjas. Se despide del grupo y les dice que les sigan a una distancia prudente, sin parar cuando él se meta un poco en el monte a la altura del puerto. Y una vez pasado éste, que no les esperen al vencer la cuesta, y que tomen carrera hasta Confrides; él y Javier les alcanzarán. Habla con el Aragonés sobre la estrategia, informa al señor de Bolufer. Tomás saluda a las señoras y queda en retaguardia del grupo. Purificación está aterrorizada al ver toda esta preparación. Se oyen los ruegos a su marido: “¡Bartolomé, por Dios...!”

Al llegar al alto del puerto los dos cuñados se desvían hacia la derecha y toman un ca-mino que se adentra en el monte. Los carros van cerca de ellos, les ven meterse en el bosque. Purificación está preocupadísima y les propone a las señoras rezar el rosario. Siguen su camino, aceleran en la bajada, tal como les han dicho, sin llegar nunca a galopar.

-           Buen día. -dice Francisco Javier a un personaje que sale de detrás de una roca y se queda en el medio del camino-.

-           Este capitán español quiere saludar al jefe.

-           Mucho capitán … pero en los coches que han pasado habían mujeres bien vestidas.

-           En los coches no había nada que te importe.

De entre la espesura surge alguien que parece mandar la partida; un personaje grueso, mal carado, con ademanes más que groseros: “¿Es usted Bartolomé de Calces? Pues dé recuerdos a su hermano de mi parte”. El Calzas le saluda con un gesto, llevándose el dedo índice a la frente y separándolo ligera y rápidamente: “Con gusto se los daré”

Francisco Javier Alveno retoma la palabra: “El señor de Calces, quiere dejaros algo para comer y pasar el tiempo mientras guardáis el paso por el puerto”. Les deja caer las al-forjas que había preparado. “Tenéis pan negro, algo de embutido, salazones y paquetes de picadura. ¡Ah! y una bota de vino”.

-           Señor de Calces, todo es bueno y los hombres tienen buena gana. Por cierto, también nos vendría muy bien algo de dinero.

Saca una bolsa con libras y algún escudo, que ya había preparado por si acaso. La so-pesa, para que el personaje la valore, y se la lanza al aire diciéndole el Calzas: “Siempre viene bien el dinero, sobre todo si es para una buena causa. Sólo espero que guardéis bien éste paso y no dejaréis que por él pase francés alguno”.

-           Así será. Y por cierto, sabe vuestra merced ir por el mundo- dice el jefe de la partida, entre arrogante y cínico- ésa capa de le cubre es de buen paño, vendría que ni pintada para hacer guardia por la noche... y vuestra merced seguro que estará a resguardo en la chimenea mientras nosotros cerramos el paso a los franceses. Por cierto ¿han visto franceses entre Alcoi y Confrides? Por aquí no pasarán ni los franceses, ni los afrancesados, ni los que nos sangran con los censos. Las cosas ya no van a ser como eran.

-           En cualquier caso, no queda ni un francés en muchas millas. Así pues, señores, que Dios sea con ustedes.

-           Caballero, olvida dejarnos la capa...

Francisco Javier les dice a los guerrilleros que va a acompañar a don Bartolomé hasta la calzada y volverá con ellos para organizar la resistencia ante la nueva situación al haberse largado los franceses. Al unirse a su cuñado, observa la indignación de Barto-lomé: “Ya me dirás cómo nos quitamos ahora a ésta gente de encima. Armados y due-ños de los caminos”

-           ¡Pues así están las cosas cuñao! El problema será desacostumbrar a ésta gente que se ha hecho a la vida montaraz y no tienen otra cosa que hacer.

-           ¿Has visto la desfachatez en la manera de robar? ¿Qué me dices de las amena-zas? ¡No han sido veladas! Fueron bien directas.

-           También he visto tu sangre fría. Has estado muy bien ¡Corre! Únete al grupo y apretad, pero con cuidado en las cuestas abajo; bajar la ladera de Aitana sin parar, llegar cuanto antes a Callosa. No creo que tengáis problemas, allí no puedo hacer nada. Me vuelvo con estos... no sea que se lo piensen dos veces. Lo de la capa ha colmado la desfachatez...

-           ¡Olvídalo! Pero aguántalos... se estarán repartiendo el botín con las navajas en mano. Gracias por todo y tú, atento a tu persona. Un saludo a mi hermana y a tus hijos. No podemos parar a verla, pero bajad cuando podáis por Altea, sabéis que siempre sois bienvenidos.

Bartolomé galopa fuerte y alcanza al convoy; da las órdenes para que sigan rápido has-ta Benimantell, allí pararán un rato a comer algo. Se acerca a las señoras para tranquilizarlas. Su mujer pretende darle la mano por la ventanilla.  Le pregunta qué ha sucedido, cómo es que va sin capa con el frio que hace... Pedro María se acerca a él con el ca-ballo para conocer lo sucedido.

-           ¿Cómo fue?

-           Ya te contaré con detalle. No se puede esperar nada bueno de estos personajes

-           Para tu conocimiento, peor están por las montañas de Crevillente y los alrededo-res de las sierras de Alicante. El Barbut es el dueño de los caminos y de los negocios.

En la fonda de Benimantell piden comida, mientras los viajeros interrogan a Bartolomé sobre lo sucedido. Él, en presencia de los niños, suaviza la descripción y sobre todo sus impresiones. Pero indica que la comida será frugal, deben partir inmediatamente hacia Altea. Les hace alguna seña a las señoras de que ya les contará. Su mujer le aconseja que se abrigue y sale de la posada para buscar ropa de abrigo entre el equipaje. “Bartolomé, cuánto he sufrido ¿estás bien?” –le dice, cogiéndolo del brazo-. El caballero con-testa a medias sus preguntas, lo cual aumenta el desconcierto de la señora. José Bolu-fer les ha seguido y le ruega a Bartolomé que le comente. No puede soportar desconocer los detalles.

-           ¿Qué quiereís que os diga?- dice Bartolomé- hasta me han robado. Con guante blanco, pero robado.

-           ¡Por Dios! ¿Pero te atracaron?

-           Ya iba preparado. Llevaba una bolsa con dinero, además de las viandas que me dijo mi cuñado. ¡Pero hasta la capa!

-           Me tienes que decir exactamente qué pasó. Mañana cuando salga hacia Xàbia seguro que vamos  a tener problemas. ¡Si ya se lo dije a Francisca! No son tiempos para ir por éstos caminos. Mañana tengo que estar preparado

-           No puedes ir solo, te acompañaremos hasta Calp y desde allí dos hombres con buenos trabucos te escoltarán hasta tu casa. Saldrás a primera hora, y debes ir con la galerita de casa, no debes llevar el coche, es un poco escandaloso. Ya te lo mando yo dentro de unos días. Pasado Gata, no creo que tengas problemas hasta casa.

En Altea, Bartolomé hace entrar el carruaje en la cochera y procede inmediatamente a recuperar el cofrecillo que había guardado. Lo abre y ve estupefacto que contiene todas las joyas de las hermanas y las 1.811 libras de Purificación. Lo recoge. Cierra con la ayuda de su hijo Juan el doble fondo del suelo y sube entre perplejo y algo indignado por la temeridad de bajar todo ese dinero sabiendo cómo están las cosas. Purificación, con una sonrisa le recibe en la puerta de su alcoba

-     ¿Parece que te has llevado una sorpresa?

-           ¡Una temeridad! ¿Cómo se te ha ocurrido? Se nota que no les viste las caras a los de la montaña.

-           No voy a dejar de resolver mis asuntos por cuatro descamisados –dice la Olcina con fingida suficiencia- y menos ahora que dispongo de dinero para mis necesidades.

-           ¿Qué tienes previsto? Con ésas medias palabras, seguro que ya tienes dónde invertirlo.

-           Si usía tiene a bien mañana acompañarnos, Luisa y yo misma le mostraremos una casa estupenda que hemos visto a buen precio. No todo tiene que ser en ésta familia -dice con una sonrisa- propiedad de los Calzas... "