“Y al fondo, el mar” (MdR, 2026) hace referencia al tema de las migraciones de las clases populares en los finales del '800 y los inicios del siglo XX en Altea
En las últimas décadas del ‘800 y las iniciales del siglo XX se hacen patentes las hambrunas y el desequilibrio social en un pueblo atacado por etapas de malas cosechas y peor salubridad en las instalaciones públicas, lo que incide fuertemente en un deterioro social que se refleja en recurrentes brotes de cólera y otras epidemias, que si bien se dan en todo el estado, se ceban particularmente en la población alteana. Como resultado, un pueblo que fue próspero y emprendedor se estanca demográficamente, falto de empuje para acometer un cambio estructural en los negocios, incapaz de generar sinergias propositivas y de crear riqueza. Este hecho favorece un proceso de emigración creciente.
Las migraciones marcan el último tercio del siglo XIX y los años primeros del siglo XX. Las hay ocasionales a tierras más o menos próximas, con retorno al pueblo tras una corta etapa, estas son una constante en el tiempo, cuyo objeto es la recogida de productos agrarios en otras comarcas, como la vendimia o el arroz en Sueca.
Anuncio en prensa de la época. La ruta hacia las próximas tierras de Argelia en línea regular en la cual interviene el armador don Juan Beneyto
Más importante es la sangría humana que representa la
inmigración a otras tierras. Parte de ella desde las playas alteanas donde
anclan buques de líneas directas con Oran, línea que se anuncia en los
periódicos de la provincia a precios “reducidos”; en esos barcos viajan, en un
primer momento, hombres que buscan un futuro de trabajo en la Argelia francesa,
y que más tarde son acompañados de la familia completa. A la tradicional
relación con las idas y venidas al norte de África, se une la emigración a Argentina
y en algún caso a Nueva York, otra de las alternativas, como también sucede en
todo el territorio valenciano.
Familia alteana en Oran, foto remitida a Altea, sobre 1910 Archivo MdR)


