jueves, 30 de enero de 2020

Torre de Bellaguarda-Altea. Por Miguel del Rey


La torre de Bellaguarda en Altea formaba parte de un castillo, el de Bellaguarda, un baluarte cristiano a partir del s XIII, en una zona de mayoría islámica, un lugar de defensa de los nuevos pobladores y por lo tanto de un origen muy distinta a una torre del tipo de la Bombarda, de la Galera, incluso la de Cap Negret.
 Resto de la torre en 1970 ( foto gentileza de P. Juan Orozco)

La información es equívoca en la Web de turismo de la Generalitat, donde se incluían simplezas que inducen a error, cuando dice: “La Torre de Bellaguarda formó parte de la extensa red de torres vigía que alertaba de las incursiones enemigas a la costa. Actualmente se encuentra rehabilitada...” Más información: BIC Torre de Bellaguarda 03.31.018-003 ALTEA


Su descripción más ajustada podría ser: “La Torre de Bellaguarda se levanta sobre los restos de la antigua torre defensiva, testigo histórico de la Edad Media en Altea, parte de la fortificación de la que, se tiene datos, existía junto a un núcleo poblacional cristiano en el S. XIV y estuvo en servicio en el S. XVI. En 1990 se efectuó una reforma profunda, adecentamiento y embellecimiento de la plaza de la Canterería, incluyendo una “reconstrucción” no histórica e imaginaria de la torre, levantando más que la torre, el mirador que hoy podemos ver. La torre -hoy inexistente-y el hábitat al que estaba asociada, ocuparían un espacio cuadrangular formado la actual plaza de la Canterería y las casas que la rodean, grafiado en el plano de Francisco de Ricaud de 1740. Plano en el cual la torre ya no se grafía como tal. Mientras que el patio del castillo se pude reconocer fácilmente y también la entrada quebrada al castillo, en el extremo derecho inferior. Hoy fácilmente reconocible en la realidad.

Resto actual de la base de la torre original

Las actuales edificaciones que configuran el arrabal de Bellaguarda se levantan sobre los restos de la antigua fortaleza, conformando la entrada al castillo y el patio del mismo, que es la actual plaza. A la lógica de este conjunto estaba ligado el antiguo Molí de Bellaguarda”. Texto extraído de la “Guía de Altea”, M del Rey, pag 46. Valencia 2014.

Hay que ir ajustando textos en las publicaciones institucionales....

miércoles, 8 de enero de 2020

Adolescente con coche al fondo / Historias cortas de Altea, mi tierra. Por Miguel del Rey





El Ford llega puntual todos los días a las nueve y media a la masía; desde unos minutos antes la chiquillería está pendiente del runrunear del motor al abordar el repecho último del camino y observar el brillo metálico del automóvil entre los olivos y los cipreses. Algunas personas están preparadas para ir al pueblo, allí deben atender a algunos negocios, hacer las visitas oportunas, o quizás los encargos y las compras necesarias para la familia. El chofer del taxi es el habitual de la familia desde años, no hay que avisarle, sube todos los días y al llegar deja el coche en posición en uno de los extremos del patio, cerca del riurau, bajo una gran olmeda que ofrece sombra fresca. Sabe que los viajeros del día nunca son en exceso puntuales, tiene tiempo para bajar del coche y con la gamuza repasar manivelas, pasamanos, faros y radiador; le da una última mirada al habitáculo posterior, las banquetas bien dobladas, los asientos en disposición. En el coche han venido inesperadamente más personas, el otro de los hijos, el oficial de marina mercante que llegó al pueblo a pasar unos días de permiso con su mujer y sus hijas, junto a ellas vienen a pasar el día con los suyos en la masía.


El día se presenta caluroso, aunque este mes de julio no perece aún que estemos en verano. Intuía que hoy iba para rato, las hijas de la casa han llegado con él desde Altea, pasaron la noche en el pueblo para asistir con alguno de sus hermanos al baile en el Casino de Canasta, donde actuaba un terceto apoyado por violín, contrabajo, saxo y un jazz-ban, todo un lujo, pero ante todo iban a oír a un amigo de la familia a Jaime G., un experto del clarinete. La madre y el hermano mayor quedaron en el campo, no les hizo gracia alguna esta escapada sin sentido; más a él que a ella, pero esto es habitual desde la muerte de su padre, el mayor ha tomado las riendas de una familia en la que actúa no se sabe bien si como cabeza de familia o responsable de un antiguo mayorazgo. La madre deja hacer a su primogénito, incluso le hace gracia su disposición, pero sus preocupaciones son otras: oyó en la radio lo sucedido en Madrid, el dramático asesinato de un parlamentario. Dios quiera que esto no vaya a más. Por si acaso desea tener cerca de todos sus hijos, aunque algunos de ellos ya tienen edad para volar libres. Son lo único que le importa tras la muerte de su marido justo el día que le iban a nombrar alcalde, era una persona de consenso, piensa; su único consuelo era el pensar que su inesperada ausencia le libró de los graves problemas de cualquier cargo público en estos inestables momentos. 

Francisco, el menor de los hijos de la familia, aún adolescente, ha bajado con los demás a recibir a su hermano y su familia. Le encantan los coches y como siempre se acerca al vehículo para observar, incluso solicitar le deje el chofer maniobrar un poco…Se queda junto al coche, le gustaría que su familia tuviera uno de estos vehículos a motor. Se separa del grupo mientras alguien saca una cámara de fotografiar y propone inmortalizar el momento. La algarabía de brazos para coger a los niños, atender a las señoras, el agruparse para salir en el grupo, hacen que se descuiden los fondos de la placa, el coche sale solo en su parte delantera, el adolescente no se agrupa…

Unos días más tarde cambiará la suerte de nuestros protagonistas.  El coche pasará a servir al pueblo de las maneras más diversas, esperando que su estrella lo salvara de ser instrumento de incalificables “paseos”. La madre y las hermanas pasarán en la masía tiempos convulsos, defenderán con uñas y dientes tierra inmediata a la masía para producir ellas mismas su sustento, bien frente a desesperados ladrones nocturnos o a los grupos sindicalistas que pretenden requisarles día tras día sus propiedades, ya solo les quedan estas últimas tierras; la madre, ella misma bajará al bancal con un garrote y romperá delante de los ”camaradas” sus carteles alegando que ya ha hecho demasiado por la Republica: cuatro hijos en el frente sin saber nada de ellos y dos hijas que no hacen más que tejer jerseys y calcetines a los camaradas del frente: “Esa comida es para mi hijo menor, tuberculoso”, es su grito desesperado. El adolescente contrajo la horrenda enfermedad y la situación se confabula en contra suya, su única esperanza quizás venga de la penicilina, pero quienes la dispensan de contrabando comercian indecentemente con ella, la sustraen del comercio legal y la facilitan por medio de truques cada día más difíciles y cuando ya no queda nada de oro en casa, aceptan fincas que cambian por cajas del milagroso medicamento… pero no hay remedio, la fortuna juega contra el joven que quedará para siempre en su condición de adolescente.

sábado, 9 de noviembre de 2019

El Grupo Jardinero Aire Libre visita el Cementerio Británico en Valencia

Desde los años 1863 se crea en Valencia el Cementerio Británico, cuya construcción se inicia en 1879 y completa en 1907 con la fachada y capilla construidas por Antonio Martorell, incluyendo unas elegantes vidrieras diseñadas y construidas por Vicente Sancho y Fuster, recientemente restauradas.
El lugar, atendido por voluntaria/os de la colonia británica en Valencia, ha sido visitado hoy por el Grupo Jardinero Aire Libre, en una vista patrocinada por la Fundación Cañada Blanch, y atendida amablemente por responsables del cementerio. La visita a este interesante y recóndito lugar, que mantiene cierto aire romántico, se ha completado con una lectura de poesía en castellano e inglés, acompañada por música de cuerda. Al final del acto, el Grupo Jardinero ha plantado un limonero en recuerdo de la visita.
Una fría, pero hermosa, mañana de noviembre.



lunes, 13 de mayo de 2019

El paisaje del Huerto de San Francisco en Altea a través de la obra de G. Palau, por Miguel del Rey


La actual iglesia del convento de San Pedro y San Francisco es el único cuerpo existente de lo que fue el convento franciscano que surgió al amparo de la antigua ermita de San Pedro, situada en la parte norte del arrabal del mismo nombre, en el extremo norte del denso poblado de pescadores, muy activo durante el siglo XVIII. Instituida la Orden Franciscana en Altea en 1728 y construido el convento en tierras de la hoy casi olvidada partida del Bol, una zona de fértiles huertas regadas por el Riego Mayor y en cuyas playas a lo largo del Setecientos y el Ochocientos, hubo gran actividad pesquera y de comercio marítimo.

            El convento se empezó a construir a partir de 1728, año en que se instalaron en dicha ermita los religiosos de Benissa, siendo muy prolongada la edificación del conjunto de sus instalaciones en el tiempo, ya que además de los elementos conventuales propios de estas instituciones: Iglesia, claustro, refectorio, cocinas, celdas y estancias del Prior, huerto y cementerio, disponía de hospicio y hospital, así como de espacios para docencia.

            El convento franciscano fue desamortizado tras las leyes de Mendizabal en 1835. La iglesia quedó como templo abierto al culto dependiente de la iglesia parroquial de Altea, mientras que el resto edificio paso a propiedad pública y los terrenos de los huertos fueron comprados por familias alteanas, compras sancionadas de excomunión por la Iglesia en aquellos momentos. A lo largo de 1968 se derribó el vetusto edificio tras años de abandono y en aras de un cierto concepto de modernidad, con el callado resquemor en muchos ciudadanos de que se estaba perdiendo algo muy propio, como indican algunos autores.

            El huerto jardín.-

            Se extendía al noreste del convento, entre un camino rural que lo bordeaba por el oeste y las tierras que daban ya a la playa en aquellos momentos. En el preciso dibujo de Francisco Ricaud de 1740, encontramos un jardín compuesto de pequeños cuarteles en forma cuadrada o rectangular, con algunas geometrías elípticas o circulares. En estos pequeños parterres se pueden entender perímetros de recorte que bordean algún árbol central, junto a arbustos en macetas que marcan los ángulos, definiendo un gran número de particiones posiblemente especializadas en plantas medicinales, olorosas o de puro disfrute.  En el plano vemos que de la acequia del Reg Major baja una importante hijuela hasta este punto, la hijuela del Bol que regaba el jardín a partir de un cajero dispuesto longitudinal desde el oeste del huerto. Alguna de las zonas del jardín, quizás más retiradas, estarían dedicadas a campo santo, pues son varias las referencias documentales de enterramientos en el convento, generalmente en el propio huerto, además de los que se hicieran en la propia iglesia.



Detalle del Plano de F Ricaud. "Altea y sus Contornos" Valencia, 1740

            Al fondo, hacia el noreste, el jardín se convierte en huerto, también subdividido en pequeños espacios; por el dibujo parecen existir variedades distintas de arbolado, pues el dibujo indica distintas texturas. Las tapias no se ven arboladas ni vestidas por vegetación, pero si atendemos a otros jardines culturalmente próximos, como el de Penàguila o el antiguo Huerto de la Barbera en la Vila, con quien guarda cierta similitud, podemos suponer que estas tapias de obra, estarían vestidas con arbustos olorosos y de elegante colorido.

            Más tarde, tras la Desamortización, paso a formar parte de huertos fragmentados, propiedad de las casas que abrían fachada a la actual calle Conde de Altea, y algún pequeño fragmento quedo propiedad de la casa Aynat, hoy desaparecida, con fachada a la actual Costera de Montcau, justo donde ahora abre la Avenida Rei En Jaume.
           
            Su iconografía.-




Izquierda: Paisaje del Huerto del Convento, Oleo, 1926. Col. Privada. Expuesto en "Genaro Palau, Un pintor de Torrent"- Torrent, Enero, Mayo 2019. Comisaria Ester Alba. Foto M del Rey

Derecha: Fresco de la Casa Mompó, hoy desaparecido. Foto remastreada por M del Rey, de un original de Luis Fuster.


            Pocas imágenes, salvo el elegante plano de Ricaud, tenemos del jardín, alguna fotografía desde Bellaguarda, pero poco más. Solo nos quedaba la imagen en fotografía de uno de los frescos perdidos de la Casa Mompó, el que nos sitúa en primer plano una palmera y al fondo el ábside de la iglesia. La exposición en Torrent de la Obra de Genaro Palau nos ha ofrecido más información. Por un lado se ha expuesto el óleo original, previo al fresco, el paisaje pintado para desde él elaborar el fresco de la Casa Mompó. Un cuadro, por cierto, muy similar al propio fresco.

          
Vista del antiguo Huerto de San Francisco. Col. Privada. Expuesto en la exposición "Genaro Palau, Un pintor de Torrent"- Torrent, Enero, Mayo 2019. Comisaria Ester Alba. Foto M del Rey

  A la vez se ha encontrado otro paisaje de gran interés: la puerta y la cerca del huerto. Una imagen en torno a los años 1925-26. Nos presenta el huerto en profundidad, cerrado, con la iglesia del Convento, su torre y su cúpula vidriada al fondo, donde se pueden ver varias palmeras que allí se encontraban. Huerto, que si bien pertenecía a alguna de las casas que se construyeron en su borde costero, dando fachada a la entonces nueva Carretera de Valencia - ya en uso a finales del siglo XIX- correspondería al propio huerto-jardín de San Francisco, o a un fragmento del mismo, tal como se compartimentara en la Desamortización. Es pues, la única imagen que tenemos de lo que fue un precioso huerto, ya casi 100 años después de haber pasado a manos privadas, pero aun conservando parte de su carácter original.

            Nota: parte del texto corresponde al capítulo dedicado al Convento de San Francisco en el libro “paseando por las Altea” M. del Rey, Valencia, 2016, pag. 357-361.







jueves, 9 de mayo de 2019

Genaro Palau y Altea, por Miguel del Rey



Ayer, un día extraño de primavera, ventoso y cálido, asistí acompañado de la comisaria de la exposición “Genaro Palau, un pintor de Torrent”, en las espléndidas  instalaciones del Ayuntamiento su ciudad natal. Ester Alba, la comisaria, me mostró amablemente su labor con el gusto que transfiere el placer de un trabajo que gusta. Me explicó su visión del pintor y su obra, la puesta en valor de un paisajista valenciano de la modernidad “nuocentista”, de esa modernidad que busca reflejar una visión personal, contemporánea de su momento, poco histriónica, de tintas planas en muchos casos, en otros con recursos muy de la época, con visiones innovadoras y muy subjetivas. Compañero de aquella brillantísima promoción de pintores valencianos de finales del S XIX que transformaron y revolucionaron la pintura de paisaje en España, alguna de cuyas figuras tuvieron un fuerte reconocimiento internacional, que en algunos casos eclipsaron a otros brillantes autores. Genaro Palau, fue un polifacético artista, pintor de paisaje, cartelista, diseñador gráfico, artista de artefactos; un personaje que debiera estar más presente en el imaginario artístico valenciano.

 

Vista de la carretera hacia Cap Negret. Fresco desaparecido, existente en la Casa Mompó de Altea, Fotografia de de Luis Fuster. Remaestreada por M. del Rey  

Como alteano, tengo que decir que es precisamente uno de los más importantes pintores del paisaje de Altea de los años 1920, su obra, perdida desgraciadamente en Altea, pues se trataba de frescos en la desaparecida Casa Mompó, se conserva en las imágenes que he podido recuperar y restaurar a partir unas fotografías de Luis Fuster, pero también en los lienzos y estudios preparatorio de los frescos de la Casa Mompó, que en muchos casos se conservan y se presentan en la exposición de homenaje. La cual me ha mostrado paisajes inéditos de mi querida Altea, elementos perdidos, que no había reconocido en las reproducciones fotográficas, y que son de especial interés para reconstruir el imaginario alteano, tan falto de una mirada nueva, distinta, menos complaciente y adocenada, una mirada de un pasado glorioso, muy distinto del que se nos ha querido vender y sigue repitiéndose en muchos casos. Tendremos ocasión de insistir en el tema tras la visión del material de esta exposición. 

 

 Lienzo original preparatorio del fresco sobre Cap Negret. Col. Particular. Foto Ester Alba

Don Genaro Palau Romero, (1868 -1933) Discípulo de Joaquín Sorolla y de Javier Juste y Salvà, fue catedrático de Escuela de BB AA de Valencia en la disciplina de Perspectiva y Paisaje, director de la misma en 1928. La pintura de paisaje, las marinas, los jardines valencianos, tienen en su obra especial importancia; obra que podemos admirar en el Museo Nacional de Cerámica González Martí y en el Museo de BB. AA. de Valencia. Altea fue un lugar muy visitado por el artista y su obra alteana se centró en los frescos de la Casa Mompó. Fueron estos un resumen de su biografía pictórica: donde los paisajes alteanos, las marinas, Cap Negret, el tema de Ifach, estaban muy bien representados en una obra hoy perdida, en la que se podía apreciar su gran dominio del dibujo, color y composición

Los pintores Palau y Mompó -izquierda en primer plano y segunda fila- en la Fonda Ronda en el homenaje a Francesc Martínez i Martínez sobre 1926





lunes, 6 de mayo de 2019

Jardín de las Hespérides- Valencia

Jardín de las Hespérides- Valencia
Tras las visitas de los últimos meses y las inclusión en el Open House Valencia 2019, junto con las múltiples visitas realizadas  últimamente por ejemplo las que ha llevado a cabo el Colegio de Arquitectos en la Semana de la Arquitectura de 2018 o la realizado por el Grupo Jardinero Aire Libre en el mes de abril, en las cuales se ha demandado información sobre el jardín, incluyo estas notas y las referencias, para los interesados.

JARDÍN DE LAS HESPÉRIDES
Año Construcción: 
1998 (1999-2000)
Situación: 
c/ Beato Gaspar Bono s/n




Autor: 
Mª Teresa Santamaría, Miguel del Rey Aynat, Carlos Campos González, Antonio Gallud Martínez
En poco más de 4.000 m2, este jardín relata al visitante la fábula de las Hespérides, utilizándola como hilo argumental para desarrollar una colección de 50 variedades diferentes de cítricos. La escena mitológica de Hércules triunfante con los frutos de oro en la mano, y la metamorfosis de las ninfas en árbol, se apoya en muros de ciprés intermitentes que confluyen con los cítricos en la explanada central cuya vegetación, sin césped, se ciñe al suelo como un mosaico colorido. Se ha buscado el diálogo del jardín con su entorno, fundiendo sus árboles con la arboleda del Botánico y enmarcando las cúpulas del fondo para que formen parte de la misma escena. En un lado del jardín una espaldera de limonero nos conduce a una pequeña fuente que refleja la escultura de Afrodita, diosa protectora de los jardines. El extremo opuesto lo recorre una pérgola vestida con acantos, hiedras y bougainvilleas, que se prolonga hacia la salida con una espaldera de naranjo amargo. De las cuatro puertas del jardín dos son de hormigón, se diría que fundidas con el muro de cierre. Las otras dos, de chapa de acero, insinúan algunos pasajes literarios relativos a la escena mítica que tiene lugar en su interior. El agua, siempre presente, recorre las terrazas y desde la fuente de mármol situada en lo alto, desciende hasta la alberca central que refleja la arboleda del Botánico.
El jardín se propone como una aportación de nuevos lenguajes a la jardinería urbana actual. Es un espacio cerrado que invita a entrar en el mundo de las sensaciones, a relacionarse con la naturaleza formando parte de ella, contemplándola, al tiempo que recupera aspectos olvidados de la historia y la cultura jardinera valencianas. Esta cultura, tan brillante durante los siglos XV y XVI y tan desconocida actualmente, estuvo presidida por el cultivo ornamental de los cítricos, bien en forma de árbol o en maceta pero también en setos y espalderas, utilizando técnicas ya perdidas en las que los lligadors d’horts o jardineros valencianos de entonces, eran verdaderos maestros.
El jardín de las Hespérides tiene diferentes lecturas, ninguna dominante, todas posibles. Lo vegetal y lo mineral se complementa buscando sensaciones, colores, sonidos, formas, texturas y aromas que acompañan al mito y lo trasladan a nuestra vida cotidiana. Premio COACV 1999-2000.
(Texto extraido de la "Guia de Arquitectura de Valencia" CTAV 2007. + Información)

domingo, 3 de marzo de 2019

Los corrales, una estructura exenta o vinculada a la granja agraria, por Miguel del Rey

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Corral en Aitana. Foto de Juan Galiana.
Podemos ver un corral básico aislado en el campo, formado por los dos elementos básicos, un gran patio (ras) y un cuerpo cubierto adosado a uno de sus lados (cobert)
Los corrales en la arquitectura rural valenciana
Separata sobre la arquitectura del corral de ganado, incluida en la última edición -en proceso - del libro ARQUITECTURA RURAL VALENCIANA

Ciertas arquitecturas del mundo rural mantiene unas relaciones particulares con la granja agraria; edificios que en determinados momentos de la historia han albergado incluso a la propia casa campesina o pequeñas granjas, es el caso de los corrales. Estructuras sencillas formadas por dos cuerpos con mayor o menor complejidad, un patio (ras) y unos cobertizos (cobert), que pueden ocupar uno o varios de los lados del patio. Estructuras muy similares a las que encontramos descritas como vivienda en el caso de las casas de época islámica. 

Forma el corral un cuerpo canónico dentro del repertorio de construcciones agrarias que forman parte de éste mundo campesino y ganadero valenciano; tipo que encontramos de manera estable ya en los siglo XVI y XVII, bien como edificio exento o como estructura adosada a la granja agraria de secano  generalmente, aunque esta presente y vinculada con la alquería en muchos ejemplos. Corrales que en estos siglos, y hasta inicios del siglo XVIII, tienen un importante auge en las tierras valencianas y que encontramos a lo largo de todo su territorio, con especial intensidad en las comarcas interiores.

Los corrales en la actualidad son arquitecturas abandonadas, quizás las más ignoradas entre las muchas construcciones obsoletas en un mundo donde lo agrario y ganadero ha soportado una revolución en los últimos cien años. Neveras, casetas de pastor, cucos, cabañas, corrales, barracas, cultura en general de la piedra en seco,  han sido relegadas a un estadio más allá de la memoria.

Tipos de corrales, según Miguel García Lisón.
(García Lisón, M. 2000, 53)

Los corrales no solo eran arquitecturas o espacios acotados adecuados a la explotación ganadera, también fueron lugares, en ocasiones vinculados a las ventas y posadas, a los puntos de guarda, intercambio y refresco de caballerías y ganado. Aislados en las serranías o a los itinerarios generales de caminos, donde se hacían relevos de caballerías, donde habían mulos y caballos de refresco para completar las recuas, los correos, o los propios medios de viajeros que recorrían el territorio en tiempos pasados. 

La Casa de Tros dels Marins en Benissa.
Planta general y en negro cuerpos de época original. Banyuls, A., Pastor, J.  Canelobre, nº49, 112.

Una de los lugares donde más se han estudiado estos corrales es precisamente  la Marina, y en concreto en las llamadas “Cases de Tros” de Benissa (BANYULS, A. Y PASTOR, J., CANELOBRE, Nº49, 2004), unas casas que surgen en el siglo XVII como respuesta a una primera colonización del territorio tras la debacle poblacional  que significó la expulsión de moriscos, y una vez repobladas las tierras por nuevos pobladores mallorquines y también aragoneses y catalanes, que asentados en los núcleos agrupados, poco a poco retoman el pulso económico con la ganadería como base, construyendo casas con corrales en lugares distantes de los seguros núcleos agrupados, en un territorio hostil, plagado de peligros y azotado por la piratería berberisca. 

lunes, 28 de enero de 2019

Un Lugar en la Huerta, por Miguel del Rey. Publicado en "Las Provincias" 27-01-2019


La Alquería de Tronaes es una alquería dieciochesca situada en un entorno marcado por la presencia de las grandes infraestructuras que bordean a la ciudad por el sur. Un lugar de la huerta, hoy en ruina, que como la propia alquería forma parte de un paisaje al que desafortunadamente, nos estamos acostumbrando. Hace poco tiempo fue un enclave atractivo, con vida, en el cual se daban cita alquería, barracas, acequias, caminos, que estructuraban el territorio histórico de la huerta.

No tuvo suerte el lugar, las grandes infraestructuras le alcanzaron de lleno: el nuevo Cauce y las autopista marginales, la ronda Sur, la Fe, las vías del tren… para qué decir, su destino quedó marcado y la ciudad no tuvo clemencia con el lugar. Aún recuerdo el viejo camino de las Escuelas de Malilla, con una controvertida barraca, eso sí, sin demasiado interés, pero que atrajo la mirada de instituciones y de algún que otro ciudadano inquieto. Ello la hizo incorporarse al Catálogo de Bienes Patrimoniales del Ayuntamiento, como a la Alquería de Tronaes. En el caso de la barraca le apoyaban el trazado del camino, la presencia de un entorno poblado con el atractivo de una vida rural a las puertas de la ciudad, más tarde el abandonado, después marginal, hoy en ruina.

jueves, 24 de enero de 2019

La Alquería de Baix, en el Camí Vell de Torrent.- Valencia. Por Miguel del Rey


La alquería de Baix, una de las más antiguas alquerías de la huerta de Valencia, presenta a su vez una de las plantas más enigmáticas de la Huerta. Su configuración, indisciplina estructural, la columna de bella traza que allí encontramos, etc, hacen de ella un raro objeto de interés en el panorama del clasicismo rural valenciano.


El edificio está compuesto por cuerpos de construcción cubiertos a un agua y articulados entre sí con una relación que podríamos denominar aditiva. Similar a la estructura que encontramos en la desaparecida alquería del Fesol de Beniferri. Cada uno de los cuerpos de construcción tiene su propia lógica estructural, con muros que los definen e identifican en planta. Grandes vigas se apoyan entre muro y muro, aunque en ocasiones se apoyan en machones o en columnas de piedra de muy buena factura.

Quizás por su compleja estructura y su difícil legibilidad, unido a gran parte de la naturaleza de sus fábrica, un tapial que podríamos fechar en torno al S XIV o XV, o unas vigueteria interna más propia de siglos pretéritos, hacen pensar que la Alquería de Baix esconde un pasado más complejo que el que nos dan a entender las formas de sus ventanas y algunos fragmentos de muros de ladrillo y esquinas de sillería con acabados clasicistas, que nos sitúan en torno al S. XVII.

La puerta acabada en arco de medio punto, con jambas ajustadas a la carpintería, parece la original. Las ventanas, sus formas, la profundidad de sus jambas, la rejería de la planta baja, apoyan la hipótesis de una edificación originaria del siglo XVII; las cubiertas, sus aleros, hacen referencia a épocas más modernas, cuestión ésta que es muy habitual por las frecuentes restauraciones y reconstrucciones de cubiertas a lo largo del tiempo. 


No podemos evitar situarla como producto de una remodelación clasicista de un edificio quizás tardomedieval; una remodelación que debiera estudiarse detenidamente y que quizás ello nos diera claves sobre las antiguas arquitecturas que construyeron la alquería en épocas anteriores. Saber con ello el enigma de la bella columna clásica o clasicista que reutiliza o conserva desde tiempos remotos; una pieza bien tallada, con un elegante collarín. Una columna que posiblemente fuera de un bello e ignoto edificio. 



Un remate clasicista conformando una pilastra, un acabado propio del siglo XVII, lo encontramos en la esquina principal, junto a rejas de una calidad singular. 



viernes, 18 de enero de 2019

La ermita de Santa Bárbara en Vinalesa, por Miguel del Rey




Situada en el barrio de Santa Bárbara, saliendo hacia Moncada encontramos la ermita dedicada a la advocación de Santa Bárbara es un edificio de una sola nave con tres cuerpos en profundidad que mantienen los contrafuertes exteriores al templo, cubierta por una cubierta a dos aguas con un frontón en fachada rematado por una sencilla espadaña de una ventana donde se ubica una campana.

La fachada es muy sencilla, incluye un panel cerámico sobre la puerta, construida esta por un arco plano de ladrillo, más una ventana superior construida de la misma manera. Un zócalo de piedra y unas fábricas de mampostería revocada, recientemente restauradas. En el lateral derecho de la fachada existe un reloj de sol de factura moderna.

miércoles, 16 de enero de 2019

Recordando aquella preciosa Alquería de Tronaes en Valencia, por Miguel del Rey


La Alquería de Tronaes es un viejo caserón, una alquería de finales del siglo XVII o inicios del XVIII, situada en un entorno marcado por la presencia de las grandes infraestructuras metropolitanas que se sitúan entre la Ronda Sur y la V-30, próxima a la nueva Fe. Un antiguo paisaje de huerta, hoy en ruina, que como la alquería forma parte de un paisaje al que ya, por desgracia, nos estamos acostumbrando.

Nos encontramos frente a una alquería sedera, un edificio que incluye una planta baja, donde se albergaba la vivienda, y una gran andana de tres niveles de servicio incluidas en un único espacio, con tres niveles de huecos en altura procurando facilitar la ventilación de la gran andana. Compuesto el edificio por dos crujías en paralelo a fachada, estructuradas a partir de un potente eje centrado en planta, adjetivado por el vano central y por los arcos de medio punto en la fachadas anterior y posterior, donde se sitúa laventanas saquedas, su interior violentado, parecen ser el triste destino de los Bienes de Relevancia Local en el municipio de Valencia. Lo que hace incomprensible que se elaboren catálogos y se pretende dar la imagen de un cierto interés por el patrimonio. 

domingo, 23 de diciembre de 2018

Un pueblo de piedras, cal y yeso. Los paisajes de las canteras alteanas, por Miguel del Rey (cast-val)


Los paisajes de las canteras alteanas

Capítulo del libro “Paseando por las alteas” Miguel del Rey, Valencia 2016., Pag 312-315- Cast-Val.


(cast) Altea ha sido desde milenios tierra de molta pedra, piedras varias, de calidad, distinguiéndose materiales de naturalezas muy distintas, unos formados por sedimentación y fuertes compresiones tectónicas de componente caliza, otras areniscas y otras de origen volcánico procedentes de la solidificación del magma, como el basalto y el pórfido; rocas compuestas por feldespato y piroxeno en el caso del basalto, con una coloración negra y tonos verdosos, o bien, en el caso del pórfido, un magma que une cristales de feldespato y cuarzo, con un tono rojizo muy oscuro.

Piedras de buena calidad, que en el caso de las calizas incluían vetas y discontinuidades que no permitían grandes sillares o bloques de ciertas dimensiones. Las calizas se distinguían en dos clases, por su color y resistencia, la negra y dura de Les Quintanes y la gris más blanda, de la antigua Cantera de Les Rotes o de Bellaguarda.

Desde antiguo se encuentran restos de extracciones de piedra por procedimientos muy diversos, desde canteras a cielo abierto, como tradicionalmente ha sido la cantera de Les Quintanes en el monte de su nombre, lindante con el río Algar, aunque también encontramos extracciones en pozos, a la antigua manera romana en las inmediaciones del Caixer Alt en el monte del Mandem. Podemos encontrar canteras  para la extracción de vetas en mina, como las canteras de Calces o del Mohinyo en la foia de Altea la Vella.

Los vestigios más antiguos nos hablan de piedras calizas grises-rojizas, la estela íbera de Altea la Vella, o la piedra negra del mercado de la Vilajoiosa, del siglo II, posiblemente de alguna cantera del monte de Les Quintanes. También tenemos referencias, aún por verificar arqueológicamente, como hemos indicado al estudiar el trazado del Reg Nou o de Dalt, de la existencia de trazados posiblemente romanos en la zona del Caixer Alt, junto a las canteras del Mandem.
Canteras posiblemente romanas del Caixer Alt

La Altea medieval se construye con piedra caliza más blanda, de color gris pajizo, como es el caso del molino de Bellaguarda; sillares bien formados, que perfectamente pueden ser locales y extraídos de la cantera que debió estar en servicio en la parte sur la colina donde ahora se sitúa Altea, en la zona lindante con el antiguo camino Real, la Vía Dianium que ya estaba en uso en época romana. La piedra de la época renacentista, la fundacional, así como la de las obras del siglo XVIII, utilizan esta caliza gris, una piedra relativamente blanda, de aspecto muy similar a la arenisca, como podemos ver en el Portal Nou de 1743, posiblemente de la misma cantera de Les Rotes.

Restos de la que fue la Cantera de Bellaguarda, en sus últimos momentos como cantera de yeso

En la actualidad, la única cantera en servicio, aunque sin extracción (parece que sólo procesa y transforma en machaca el material existente) es la cantera de Les Quintanes. Su importancia ha sido enorme en el paisaje y en la arquitectura alteanas, muchas casas se construyeron con sus piedras calizas negras, características. Las encontramos en los grandes tajamares de los viaductos modernos del S. XX, en los muros de contención de las obras públicas y en los márgenes que aterrazan los bancales y configuran el territorio.  La cantera se explotaba históricamente desde varios frentes con propiedades distintas, siendo el más importante el que abría hacia el norte y que absorbió a la pequeña cantera de Calces abierta en la parte oeste del monte. Existe una antiguo frente al sur que estuvo en explotación, con un tajo importante de extracción. El momento álgido de esta cantera  fue entre 1933 y 1944, cuando se construyó el puerto de Altea con bloques transportados por ferrocarril entre la cantera y la obra portuaria, y más tarde en los momentos de expansión constructiva de los años 1970 a 1990.

La cantera de Les Rotes estuvo en uso hasta la primera mitad del siglo XX, en parte vinculada a la producción de cal, con un horno existente en el antiguo camino de Alacant del cual da noticia oral el amigo Manolo Torres. En la actualidad la urbanización de su entorno ha ocultado el corte de la cantera, del que quedan algunos restos en los que se puede ver la textura y coloración de la piedra. Algún estudioso indica la posibilidad del uso de esta piedra en la Valencia de época foral.

La cantera de Cap Negret, cantera de basalto y pórfido que estuvo en producción en la primera mitad del siglo XX, con extracción masiva de material en torno a los años 1930-34, material que se exportaba por barco a ciudades próximas: Alicante y Valencia. Esta cantera eliminó por completo las huellas del castillo y la torre de Cap Negret, que hasta finales del siglo XVIII estuvo en servicio sobre el túmulo basáltico que da nombre al cabo.


Restos de la cantera de Cap Negret con vetas de pórfido en la actualidad

La cantera de Calces estuvo en servicio en la primera mitad del siglo XX, según cita R. Llorens en su libro “Diccionario de Altea y sus cosas”, pág. 223. A lo que hay que añadir la cumplida información se da en el capitulo 11-15 de este libro. Hay que insistir en la importancia de la explotación de pórfido para adoquines, con los cuales se adoquinaron los ensanches de la ciudad de Valencia a partir del embarcadero de La Olla, al que hacemos referencia en este libro. Empresas como Nebot y Cia. y más tarde Jiménez de la Iglesia y su empresa CLEOP, fueron arrendatarias de la cantera de la familia Calzas del Castillo, hasta que una vía de agua arruinó la explotación. Más al norte, próxima a ella, en el camí Fondo se encontraba la cantera del Mohinyo, que explotaba parte de esta veta porfídica.


Clot de la Cantera de Calces, una vez inundada por la vía de agua sobre los años 1940
ALTEANES
Capítol del llibre  “Passetjant per las altees” Miguel del Rey, Valencia 2016., Pag 312-315- Val. 

UN POBLE DE PEDRES, CAL I GUIX: ELS PAISATGES DE LES PEDRERES 
(Val) Altea ha sigut des de fa milers d’anys terra de molta pedra. Un lloc de pedres diverses, de qualitat, distingint-se materials de naturalesa molt diferent, uns formats per sedimentació i fortes compressions tectòniques de component calcari, de gres i altres d’origen volcànic procedents de la solidificació del magma de composicions més o menys similars, el basalt i el pòrfir, roques compostes per feldspat i piroxè en el cas del basalt, amb una coloració negra amb tons verdosos o bé feldspat i quars en un magma que els uneix en el cas del pòrfir, amb una tonalitat rogenca molt obscura.

jueves, 20 de diciembre de 2018

“Regni Valentiae Typus” editados por G. Kremer y J. Hondius- Amsterdam 1607. Por Miguel del Rey



Se trata de una de las muchísimas versiones del plano “Valentiae Regni Olim” de Abraham Oertel -latinizado como Abraham Ortelius-, con original fechado en Amberes en 1585. Es un plano posiblemente para alguna edición resumida de cartografía, en la que se reduce parte de la información de A. Oertel, centrándose en los elementos defensivos del territorio, en las fortificaciones, la costa, los ríos y montes, más que en otros aspectos de la geografía. Desaparecen gran número de poblaciones y se sustituyen por el nombre de los valles donde se ubican, dejando constancia de las atalayas y castillos existentes.

Esta información cartográfica la extraigo de mi libro “ Paseando por las Alteas”  (Valencia 2016, 25) y en concreto en el plano “Valentiae Regni Olim” de Abraham Oertel -latinizado como Abraham Ortelius-, podemos observar la ubicación del “río de Altea”, además de un asentamiento en “Lo alto de Bernia” -el Fort- y varias atalayas fortificadas, como la torre Bombarda. La torre de la Galera es posible que en este momento no estuviera construida. Por supuesto no existe aún la fortaleza de Altea. Es este un plano muy fiel que ha sido copiado hasta la saciedad por la escuela holandesa, sin variaciones ni puestas al día, de manera que podemos ver como en las copias de diversos editores holandeses afincados en Amberes y más tarde en Amsterdam, se van repitiendo estas referencias hasta mediados del siglo XVII. 

Entre los planos de esta serie, podemos distinguir las diversas ediciones del propio Oertel de 1603, algunos con variantes más sencillas del plano, aunque con gran valor icónico, donde tan sólo representa las ciudades, villas y accidentes geográficos de importancia, remarcando que en esta selección está presente Bellaguarda. Tras él, hay que distinguir los denominados “Regni Valentiae Typus” editados por G. Kremer y J. Hondius- en Amsterdam en 1607 y posteriormente en 1609, que no aportan más información.

martes, 4 de diciembre de 2018

Camino de Alfara a Carpesa, por Miguel del Rey




Saliendo por el Convento de San Diego de Alfara y hasta la ermita del Calvario de Carpesa encontramos un antiguo camino tardomedieval, hoy con la forma de carretera rural sin andenes laterales.



El camino entre Alfara y Carpesa sigue manteniendo un carácter rural y se desarrolla por un paisaje de huerta interesante, muy característico de la huerta del arco de Moncada. Conecta estos dos pueblos casi en paralelo al trazado del barranco del Carraixet. El paisaje muestra la transición de los huertos junto al trazado de la acequia de Moncada y el progresivo cambio a huertas de hortalizas y cultivos herbáceos de la huerta de Tormos. Ese paisaje va adquiriendo profundidad a medida que nos acercamos a Carpesa, ya que los huertos arbóreos de Alfara dejan un campo de visión restringido. Hacia el sur podemos observar la silueta de los poblados de Carpesa, Bonrepos i Mirambell, Vinalesa, etc. con los correspondientes hitos de los campanarios que anuncian desde lejos los distintos pueblos